PARA AFUERA FLORES, PARA ADENTRO TEMBLORES

Faltan cinco días para el cambio de gobierno, se va García con su egolatría a cuestas y entra Ollanta Humala con la incertidumbre como bandera y la suspicacia como tarjeta de presentación. ¿Signo de los tiempos? No, signo de ausencia de una clase política que no tiene representación, que se extinguió no en contiendas de debate, ni en posiciones extremas o conservadoras, sino en el ostracismo. Fruto de la cosecha sembrada por Fujimori que anatematizó a los partidos políticos y de los propios partidos que por intereses hipotecados, consumieron sus reservas de planteamientos, de militancia.

Una realidad incierta que nos brinda un escenario inmediato lleno de expectativas y gestos para el exterior y de incertidumbres para el interior. Señales, guiños al gran capital para decirles que todo sigue igual (¿también las preferencias e intransigencias del gran capital?), que todo se hace dentro de los marcos legales, respetando la Constitución y al final sin hacerse ajustes en los contratos, se negociará, se trabajará en torno a buscar consensos. Es decir, puente de plata y alfombra de flores.

La ciudadanía se informa por los medios de un Plan para los 100 días, pero nadie lo conoce. No ha sido publicado. ¿Cómo se puede afirmar y demandar credibilidad si no se dan signos apertura para una participación consciente y aceptación de lo que se tiene programado? ¿Cómo pretender que exista aceptación si las señales siguen siendo interferidas por declaraciones y desmentidos?

En el sector educación se ha promovido como posible ministro de educación, durante el presente mes al vice ministro de gestión pedagógica a través de los medios y se le ha visto muy solícito en entrevistas en radio y TV. ¿Se ha evaluado realmente su gestión? ¿Qué dicen los docentes de aula del pais? ¿Qué dicen los directores de las instituciones educativas del país? Una persona que ha estado 11 años en el cargo ¿es la indónea para impulsar la llamada “revolución educativa”? ¿Qué de la llamada reforma educativa impulsada en su gestión, o de la emergencia educativa de hace tiempo? ¿Puede presentar como resultados? ¿Acaso hemos podido remontar los bajos índices de aprendizaje en comunicación y matemáticas? ¿Es el perfil que tiene el actual gobierno para un ministro de educación? La suma de años no necesariamente indica idoneidad para el cargo. No siempre antigüedad es clase.

Este viernes que pasó nos enteramos que ha sido aprobada la norma mediante la cual los directores regionales y de la unidad de gestión educativa (UGEL) serán incorporados a la Carrera Pública Magisterial (EL PERUANO 22.07.11). Nos preguntamos si esta norma se podrá aplicar y qué implicará en todo este proceso? ¿No hubo tiempo en estos meses para haberse planteado este añadido?

Otra nota nos informa que el Ministro de Educación reaccionando sobre el informe de la comisión de transferencia. Ha dicho que se entrega “un sistema educativo largamente superior al recibido” ¿Se evaluó la gestión anterior acaso? También ha dicho que existe una lectura poco técnica de las cifras entregadas; también que el docente que ingresó a la CPM se ha revalorado en su condición profesional, su autoestima y el reconocimiento de saberse valorado como el mejor (EL PERUANO 22.07.11). Otras aclaraciones que son reiteraciones sobre el mismo tema que nos hubiera gustado sean planteadas hace tiempo y cara a cara con los docentes y sus dirigentes. Pero lamentablemente en la gestión opaca del Ministro Chang fue imposible el diálogo y evidente que se antepuso el debate antagónico partidario, antes que el técnico.

Hoy es tarde para informar y cuando hubo tiempo, no se hizo. Hubo espacios y se prefirieron otros de complacencia en donde el docente no era invitado. Si la comisión de transferencia recogió en su informe lo expuesto que ha causado esa reacción ¿dónde estuvieron el Ministro y sus viceministro para decir cómo era la situación? ¿Los delegados oficiales designados no fueron acaso responsables de sus palabras y sus datas? Quisiéramos saber si les han pedido cuentas.

Otros personajes voceados como postulantes a ministros de educación, no han hecho presencia en medios, no han sido promovidos de manera sostenida. ¿Es que un cargo de esta responsabilidad y naturaleza no requiere un perfil que el nuevo gobierno debería tener? ¿Nunca se vió a un personaje aspirante al cargo promoverse como lo hemos vistos estos días? ¿Quién lo auspicia? Muchos maestros y maestras han preguntado sino existe la vergüenza ajena, pues eso han tenido, al ver esta postulación desde el desempeño de un cargo público.

¿Es que se nos quiere decir y hacer sentir que cualquiera puede ser Ministro de Educación? ¿Qué concepto de la educación tiene el gobierno entrante? ¿No existen en el país profesionales de la educación capaces de poder tener un desempeño profesional a cargo de un Ministerio que requiere de voluntad de conocimiento y empatía con la educación y sus actores, antes que el pago de cuotas políticas?

Sin duda estos días y horas habrá muchas elucubraciones. Muchas propuestas, muchos postulantes, también muchos esclarecimientos y disconformidades. Pero debemos pensar que esta es otra oportunidad que se le presenta a nuestra patria para salir adelante con la promoción de la equidad, de la inclusión, tan olvidadas en décadas.

Esperemos que la designación esperada guarde concordancia con lo que ha sido el discurso político. Esperemos que el discurso presidencial ponga el marco e indique el rumbo por el cual debe transitar la sociedad, las instituciones, los movimientos sociales, los gremios en la perspectiva del desarrollo y la equidad.

En cuanto a la aludida “revolución educativa” esperemos de más precisiones. Muchos son los abrojos que hay que sacar y quemar. La estructura estatal del sector requiere una reingeniería. En cuatro meses (agosto-noviembre) se puede hacer un redimensionamiento de lo que debe ser el aparato estatal que debe ser el soporte de dicha revolución.

Esta “revolución educativa” debería precisar qué proyecto de sociedad se quiere construir a futuro. Esto debería influir en los aspectos políticos, económicos, sociales, culturales y tendrá que ver con la democracia, la libertad, la equidad, la inclusión, la solidaridad de todos los peruanos. Por ello debería quedar claro sobre qué bases conceptuales se sustentará la “revolución educativa”. No se trata sólo de más cemento, fierro y ladrillo; de equipamiento moderno y tecnología. Pero ¿se habrá pensado cómo sería “la revolución educativa” para responder a las demandas de nuestra diversidad? ¿Se habrá pensado que el nuevo sistema educativo fruto de la propuesta de revolución debería preparar para comprender y proyectar la sociedad moderna?

Es muy cómodo nombrar que en educación se hará una revolución, pero llevarla a cabo requiere equipo y especialistas, maestros bien formados, actualizados, remunerados. ¿Alguien ha venido pensando esto desde el futuro gobierno o primero se ha sumido en recibir la transferencia para ponderar después qué se puede hacer?

Imagino que debe existir cierta confusión al pensar seriamente en promover una “revolución educativa”. Sin duda es una tarea importante, tanta como cuidar el diseño macroeconómico y sus variables. Quienes estamos en esta lucha por una educación auténtica debemos recordar que existe un continuum en la reflexión educativa que empieza con el texto de Edgard Faure (Aprender a ser. La educación del futuro) y le sigue el de Jaquecs Delors (La educación encierra un tesoro), textos que no han sido muy conocidos y menos leídos e inspiradores del diseño de política educativas para enfrentar las demandas del desarrollo sostenible del país.

Todo este marco debe concertarse con los que el Proyecto Educativo Nacional (PEN) plantea y demanda. Sin duda habrá que hacerle algunos ajustes. En estos años desde su presentación ocurrieron muchas cosas, promesas y cambios que recomendarían una puesta al día.

Existe sí un conocimiento de la Ley General de Educación que establece que cada región tenga sus PER y que esperan una aprobación para ser asumidos y desarrollados. No soñar con una nueva ley de educación, pues ese rollo es perder tiempo para no hacer nada.

Esta podría ser la base que haga percutar la revolución educativa pero con una política educativa coherente y con actores que denoten creatividad, interés y que no se adapten a determinadas tendencias que distorsionen el desarrollo de los procesos educativos.

Pero para ello se requeriría una institución de primer nivel como debe ser el Ministerio de Educación que debería redireccionar su función hacia el de diseño de la política educativa nacional, supervisarla, monitorearla, evaluarla y analizar los resultados. De otro lado promover el desarrollo de capacidades del personal de las Direcciones Regionales de Educación para que asuman de manera competente y profesional sus funciones.

La tutoría del Ministerio de Educación para el desarrollo de los procesos educativos, debería dar paso a esa promoción del desarrollo de las capacidades profesionales, para alcanzar una competitividad en el cumplimiento de funciones y metas locales, regionales.

Se trata de una modernización de la gestión educativa que genera la burocratización, la morosidad y mediocridad en el cumplimiento de las funciones.
Realizar una revolución educativa implica una gran exigencia y responsabilidad del gobierno y de la comunidad educativa y de la sociedad toda, con sus respectivas instituciones. ¿Estamos preparados? ¿Existe la voluntad política para ello? Debería demostrarse desde el primer momento.

Se percibe y siente que en el campo de lo social, no se responde con la precisión que se hace ante la demanda de la economía. Rápido se ha respondido ante las sugerencias de los grupos de poder ¿Por qué? Aquí se ajusta bien los versos que cantaba Mari Trini: “ “Entre la lluvia y el viento, / Tuve el primer pensamiento, / Y como miré a la izquierda / Alguien me tiró una piedra. Ayayay” .

¿Será que esa “piedra” hace pensar dos veces en la decisión? Al parecer existe cierta coincidencia, sino no se explica la falta de comunicación. ¿Tendrán tiempo el elegido para ser Ministro de formar equipo técnico acorde con lo que la revolución educativa requiere?

No se trata de corregir omisiones, interpretaciones, tendencias sino decisiones, concepciones y formas de desempeñarse en el ejercicio de funciones que por lo general son de servicio y no sólo de autoridad. La Ley General de Educación en su art. 79º y 80º prescribe lo que es el Ministerio de Educación, su finalidad y las funciones que debe desarrollar. ¿Cuánto de ello deberá revisarse? ¿Cuánto de ello deberá reformarse? ¿Cuánto de ello deberá actualizarse?

Que la euforia de la designación y juramentación de estos días patrios no permita relegar lo sustantivo del mandato y las acciones a dirigir con liderazgo y no desde el anonimato; desde el protagonismo y no desde la normatividad. ¿Habrá llegado la hora de afrontar las crisis educativa en consonancia con los objetivos nacionales? Los días, semanas y meses de lo que queda del año no irán dando la pauta. Veamos primero si el designado tiene la talla que se requiere. (23.07.11)

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