Educación en democracia: el cambio es ahora

Luego de conocerse la presentación del Primer Ministro ante el Congreso de la República, la forma cómo los medios han tratado el tema educativo, no ha sido muy objetiva. Ha sido manifiesta la ausencia en la invitación –donde estuvo un ex viceministro, el secretario general del SUTEP y el presidente de la Comisión de Educación del Congreso- de representantes del Ministerio de Educación: Ministra, viceministros.

Es bueno que se tome nota de este comportamiento sesgado para con un sector tan sensible en su gestión, en su enfoque y en sus relaciones.

¿Se respetará la Carrera Pública Magisterial?, ¿el SUTEP avala todo lo planteado por el Primer Ministro? ¿Se seguirán oponiendo a la evaluación docente? etc, fueron de manera general las preguntas de los conductores de los medios ¿preguntas de quién si no se les ha invitado a los medios?, buscando de un lado hacer “pisar el palito” a algunos y a otros anatematizar anuncios como la anulación de la municipalización de la educación iniciada. ¿Es que los medios sólo buscan la confrontación a nombre de la libertad de expresión? ¿Cuándo los medios remontarán esta idea de la confrontación y verdaderamente empezarán a generar opinión constructiva, crítica, de aporte y educación a la sociedad?

Todos sabemos que estamos en otra gestión gubernamental, que los estilos y formas de actuar cambian necesariamente, pero parten de una raíz común: la democracia. Y eso de lo que todos hablan, apreciamos que no se vive, que no se practica. ¿Por qué?.

¿Por qué todo lo que escuchamos desde que ganó el actual régimen tiene que ver sólo con lo económico? Que las grandes inversiones; que debe darse a conocer el gabinete, que debe saberse quién será el ministro de economía, el presidente del BCR; que la bolsa de valores baja, sube, se pone nerviosa, son las opiniones de la mañana a la noche. ¿Y lo social no cuenta? Muy poco, casi nada. Sin embargo a pesar de reconocer que la brecha es profunda qué poca atención y materia gris ponemos en buscar formas de acortarla. Y ni qué decir de la educación. Parece que la palabra calidad –utilizada hasta la saciedad por el régimen anterior- ha mitigado las críticas. Y no es así. Falta mucho por hacer. Pero poca atención se le puso, se ha creído que tenemos una educación de calidad y que como existe amplia cobertura, ya no es problema. ¿Cuándo se le puso poca atención?

No nos hemos dado cuenta que la educación nacional transcurre entre las enormes esperanzas que en sus maestros tienen los alumnos y lo poco que pueden aprender. El trabajo a realizar es enorme.

La “calidad” educativa que se nos ha vendido hoy constatamos que ha sido un globo lleno de aire, que para una buena formación y actualización docente es necesario continuar desarrollando las competencias pedagógicas de los docentes, pues es la llave que permitirá a los alumnos lograr aprendizajes significativos que logren hacerles cambiar sus opciones en la vida. No se trata de cambiar el currículo sin evaluarlo previamente para afinarlo de acuerdo a los propósitos que se quieren conseguir en torno al modelo de país y de ciudadano que se formará. No se trata de aprestar y profundizar a los alumnos en matemáticas y comunicaciones como se ha vuelto bandera de éxito, pero qué hacemos con alumnos que pueden manejar operaciones, fórmulas y demostrar teoremas, expresarse y comunicarse para que todos los comprendan y dejar de lado la formación en humanidades.

Fernando Reirmes nos recuerda que “Mientras los educadores continúan trabajando para lograr estos propósito de los siglos XIX y XX, deberán asumir los desafíos del siglo XXI consistentes en desarrollar las disposiciones y competencias cognitivas y metacognitivas que permitan funcionar eficazmente en una sociedad globalizada.”(Reimers, Fernando. Educar para la Democracia…Teleconferencia. Consejo Provincial de Pichincha 2003). Así nos encontramos en todo en educación.

Nos dicen que debe educarse para la competitividad y no se nos dice que antes debemos tener alumnos competentes, para tener ciudadanos diferentes que respondan a los desafíos de la pobreza, la inequidad, la falta de empleo, la violencia, la protección del medio ambiente, la desnutrición y también a la carencia de libertades para hablar, pensar y actuar en una sociedad democrática. Todo lo contrario se va dando en la educación de calidad que hoy oferta el Estado. Nos hicieron creer en espejismos, en que habíamos salido del último puesto en las medias de PISA, pero no nos dijeron que casi no nos movimos del lugar, pues Haití con el terremoto sufrido ya no compitió.

¿Estamos satisfechos de la educación brindada en estos últimos once años? No siempre la antigüedad ha sido clase como también quieren hacernos creer. Se nos habló de educación ciudadana, de educación en valores, pero no se preocuparon antes de plantearse qué tipo de ciudadanía, qué valores. Las últimas elecciones donde la figura y apellido del personaje más nefasto de la década pasada hoy en prisión, disputó la segunda vuelta, dice mucho de la clase de ciudadano que se ha formado en la escuela. La juventud producto de esa educación de la que hoy los ex funcionarios se enorgullecen, estaba respaldando esa candidatura. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué la juventud se inclinaba por el resurgimiento de un régimen que destruyó instituciones e hizo de la educación bancaria su mejor arma de convocatoria? ¿Por qué se atendió y cayó en el juego del canto de sirenas del modelo económico, del mercado, sin percatarse de las brechas sociales que tenemos? ¿Por qué aplicar modelos que vienen fracasando en otras regiones? ¿Qué resultados para la gran mayoría de la población ha dado el Decreto Legislativo Nº 882 Ley de Promoción de la Inversión Privada en Educación? Sus defensores arguyen lo que el mismo Ministerio de Educación sustentó en la aprobación del Reglamento de Instituciones Educativas Privadas, “…corresponde al Estado reconocer, valorar y supervisar la educación privada, en concordancia con la libertad de enseñanza y la promoción de la pluralidad de la oferta educativa.” En nombre de esa libertad hoy han surgido las franquicias en educación: firmas que replican el nombre de escuelas ofertando una mejor educación, con buenos locales y maestros calificados. ¿Ello garantiza una buena enseñanza y una buena educación?

Podrán decirnos como hace poco que una cosa es ver el vaso medio lleno o el vaso medio vacío en cuanto a resultados educativos. Pero esto es controversial y ahora lo vemos. Hubiera sido preferible ver a dicho funcionario que vea el vaso medio vacío y no se relaje diciendo que todavía está medio lleno. Con esos argumentos se entretuvo a la ciudadanía por años y se justificó la mediocridad.
Hubo poca preocupación por platear una educación para una sociedad democrática, que permita el desarrollo de competencias en todos los alumnos, en los ciudadanos, para valorar la diversidad, para ser libres, para respetar al otro. Se habló si de participación, pero no se dijo cómo se educa para la participación democrática. El alumno de hoy es educado de acuerdo a concepciones y contenidos del siglo pasado, por ello cualquier novedad educativa externa es asumida creyendo que es la solución. ¿Qué pasó con la visita de funcionarios de educación de Finlandia? ¿Qué de los viajes de funcionarios peruanos a Finlandia para apreciar la experiencia y los logros del país que obtuvo el primer lugar en la prueba PISA? ¿Qué de la experiencia que se viene aplicando?

No todo es conocimiento de punta, ni manejo de tecnologías de última generación. Lo difícil es educar para desarrollar competencias que permitan la participación democrática, que incluyan conocimientos cívicos que a su vez requieren habilidades y disposiciones que permitan pensar por cuenta propia, comunicarse debidamente, poder tener acceso al conocimiento y utilizarlo en diversas disciplinas y temas; aprender de manera continua, trabajar en equipo. En una palabra apropiarse y comprender la importancia y mecanismos de la participación.

Todo ello demanda una formación del profesor que le permita perfeccionar su capacidad de comunicar ideas a sus alumnos en grupos, organizar, negociar intereses diversos, establecer consensos. Por ello la práctica en los docentes debe permitir el desarrollo de habilidades y disposiciones que son fácilmente transferibles a la vida ciudadana. ¿Se ha brindado una formación de calidad a los docentes para pedirles luego que se responsabilicen de la formación en valores, que promuevan y practiquen la participación respetando las diferencias?

Con esta pincelada –que puede tener otros trazos- queremos hacer patente que lo que nos dijeron en el discurso educativo del gobierno pasado no todo fue cierto. Fue un espejismo que ha costado mucho al Estado con resultados deficientes. Pero no es recomendable hacer “borrón y cuenta nueva”. Todo lo contrario. Evaluar técnica y pedagógicamente lo realizado y de un lado seguir desarrollando lo que se adecúe a los objetivos y perspectivas del PEN y no dejarlo de lado. Es un trabajo que se espera de una gestión diferente. ¿Qué hacer con la impresión de textos? ¿Es recomendable? ¿Qué dicen experiencias y estudios? ¿En una época de nuevas tecnologías no sería necesario dar un salto cualitativo y replantear el objetivo y sentido de los textos?; ¿Qué hacer con el Colegio Mayor Secundario? ¿Acaso no es parte de la EBR que se le dio un estatus diferente por obra y gracia del Presidente García sin contar con una fudamentación pedagógica enmarcada en la política educativa?; ¿Qué hacer con los colegios emblemáticos si no se valora la necesidad de actualizar al director y docentes? ¿Qué hacer con la capacitación docente dependiente del Ministerio y no descentralizada? ¿Qué hacer con un Ministerio de Educación que teniendo nuevas responsabilidades no acompaña los procesos de desarrollo de la descentralización? ¿Por qué seguir generando dependencia y no promover el desarrollo de capacidades de los funcionarios responsables de la educación en las regiones?

Hemos ingresado a una nueva etapa. Tenemos un gobierno diferente. El equipo que está a cargo de la educación del país, indica un cambio de generación, un cambio en los objetivos políticos, pedagógicos, en los enfoques que deben darse al proceso educativo. Es decir una visión diferente, que tiene una lectura de los problemas educativos del país y que requiere una renovación en su legislación, en su normatividad, para que no se traben los cambios que se requieren y que se entorpecen por la frondosidad legislativa.

En la política educativa no todo puede ser continuidad, sino debe darse un punto de quiebre luego de la evaluación de lo realizado. Ese punto de quiebre es esperanzador pues está sintonizado con las necesidades educativas que requieren los hijos de las familias peruanas. Los tiempos no están para seguir cometiendo “crímenes morales” contra los más pobres, como lo dijo el sacerdote Gastón Garatea, cuando comentó las irregularidades cometidas por funcionarios (unos 10 mil) en el periodo gubernamental pasado, en la ejecución de los programas sociales y las obras públicas.(Andina,1.09.11). También en educación debería hacerse una revisión de cuentas, pues en nombre de la calidad predicada se realizaron muchas cosas que no han dado resultado. Pero sin quedarse en el anécdota y comparar quién hará más y quién menos.

El mensaje de mejora en educación debe tener como eje promotor y articulador la política de inclusión social. ¿De qué sirve que la iniciativa privada se lance con avisos costosos a promocionar sus programas educativos, que no son sino proyectos de inversión, si están incubando –de repente sin saber o sin querer lo que en Chile estamos viendo- una deuda por la educación de nuestros hijos? ¿Será que entre los hijos de las clases populares que en cada familia son numerosos tendrán que “sortear” quién se educará en escuela privada? ¿y el resto de hermanos? Que vayan a la escuelita pública. ¿Eso es practicar la inclusión social? ¿No será que seguimos sembrando exclusión sin querer queriendo?

Una Educación en democracia demanda cambios ahora; demanda darle el nivel que le otorga la Ley General de Educación: al Ministerio de Educación (Cap.V.Art. 79 y 80); a las Direcciones Regionales (Capítulo IV. Art. 76 al 78); a las Unidades de Gestión Educativa Local (Cap. III. Art. 73 al 75); y al protagonismo de las Instituciones Educativas (Cap. II. Art. 66 al 72). Es el camino que se debería transitar para empezar a vislumbrar el proceso de inclusión que en educación se ha confundido sólo con cobertura. Nuestro sistema educativo debería estar articulado a los procesos de desarrollo que se impulsarán desde el gobierno central y por supuesto de las regiones y desde los gobiernos locales. Este es un aprendizaje nuevo, que debe abordarse. Mañana será muy tarde. (03.09.11)

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