EDUCACIÓN e INCLUSIÓN

Muy sesudos artículos se ha escrito últimamente sobre el tema inclusión. Pocos referidos a su relación con educación a política a seguir si se quiere transformar el sistema educativo..

Ya la UNESCO en su Cuadragésima octava reunión de noviembre de 2008 elaboró un documento de referencia titulado “LA EDUCACIÓN INCLUSIVA: EL CAMINO HACIA EL FUTURO”. En su introducción plantea “La educación inclusiva es un proceso que entraña la transformación de las escuelas y otros centros de aprendizaje para atender a todos los niños, tanto varones como niñas, a alumnos de minorías étnicas, a los educandos afectados por el VIH y el SIDA y a los discapacitados y con dificultades de aprendizaje. El proceso educativo se lleva a cabo en muchos contextos, tanto formales como no formales, en las familias y en la comunidad en su conjunto. Por consiguiente, la educación inclusiva no es una cuestión marginal, sino que es crucial para lograr una educación de calidad para todos los educandos y para el desarrollo de sociedades más inclusivas.” (http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/Policy_Dialogue/48th_ICE/CONFINTED_48-3_Spanish.pdf).

Quienes desde el campo educativo han abrazado este enfoque no deben olvidar que es un proceso que conlleva la transformación de las escuelas para atender a niños y niñas y no se quedan sólo en la atención a los discapacitados. Quienes así lo vienen haciendo, están distorsionando el sentido de la inclusión desde la educación.

La justificación que se da para el tema del desarrollo y la inclusión, debe ajustarse también el sistema educativo como parte de la estrategia de lucha contra la pobreza y la reducción de brechas que la desigualdad produce entre los sistemas y las personas. Haciendo la educación más inclusiva se contribuye a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, a garantizar que la enseñanza primaria sea universal. Por ello preocupa, por ejemplo, cómo la articulación con los objetivos de la EPT, nos aleja de alcanzarlos en 2015. En este sentido la UNESCO advierte que no se entiende aún lo que es educación inclusiva y lo que ella involucra.

La educación inclusiva se fundamenta en el derecho a la educación. Este es un derecho humano básico que está en la estructura de una sociedad más justa, que supone un impulso a la agenda de la Educación para Todos, desarrollando formas de habilitar a las escuelas para que atiendan a todos los niños y niñas de su comunidad, como parte de un sistema que no excluye ni asimila. Se centra en todos los alumnos, prestando especial atención a aquellos que tradicionalmente han sido excluidos de las oportunidades educativas, tales como los alumnos con necesidades especiales y discapacidades, niños pertenecientes a minorías étnicas y lingüísticas, y otros. ¿Este concepto está en el discurso y se percibe en el sistema educativo nacional?

Consideramos que falta mucho aún para apropiarnos de los conceptos y del espíritu que conlleva la educación inclusiva. No es compasión, tampoco es sólo compartir con los demás aquello que consideramos que les hace falta. Todo lo contrario, es velar porque todos los niños y jóvenes puedan gozar del derecho a la educación. ¿Están nuestras escuelas habilitadas para atender a todos los niños y niñas, cualquiera que sean sus características, desventajas y dificultades? ¿Está nuestra política educativa adecuada a la educación inclusiva? ¿Cómo se fomentan las prácticas de la educación inclusiva para atender a todos los niños y jóvenes sean cuales fueren sus características personales. ¿Se cuenta con los docentes preparados para asumir esta tarea?

La educación inclusiva es un concepto en evolución y no la “varita mágica” para que se termine la exclusión, la inequidad. Es una concepción para orientar las políticas y estrategias causantes de la discriminación, la desigualdad, la exclusión. No se crea que es la fórmula para eliminar los obstáculos a partir de la participación de todos los educandos en el aprendizaje. Lo central es que se fundamenta en los derechos de la persona y a partir de ellos debe exigirse revisar y reformular aspectos del sistema educativo, de la política educativa. Por ello la educación inclusiva es un proceso continuo en un sistema educativo que evoluciona de manera permanente, que establece prioridades para detectar a los que no pueden acceder a la educación y aquellos que no aprenden estando escolarizados. ¿Esta concepción se viene manejando?

Nuestro país requiere una educación inclusiva que parta de valorar la diversidad, de aceptar que existe inequidad, que no todos los niños y jóvenes tiene acceso pleno a la educación. Centrarse y quedarse sólo en atender la discapacidad y hacer creer a la comunidad que en eso consiste la educación inclusiva es pura demagogia. Y ese es el mensaje que ha quedado en la comunidad, pues se sigue considerando la inclusión como una manera de atender a los niños con discapacidades en el contexto de la educación regular. ¿Acaso este no es el mensaje que nos han venido dando? ¿Qué tanto se han preocupado de hacer un esclarecimiento sobre el contenido del término y de la política a seguir?

La tarea de hablar de educación inclusiva implica un compromiso muy fuerte que se decida a trabajar por construir una sociedad más justa, equitativa, solidaria. También que se diseñen políticas sectoriales que aborden el abanico de factores sociales, económicos, políticos, culturales que vienen generando exclusión en el sistema educativo. ¿Estamos conscientes de esto? No nos parece. Una reforma educativa con enfoque inclusivo apoya y atiende la diversidad de todos los educandos, con el objeto de eliminar la exclusión social generada en términos de raza, clase social, origen étnico, religión, género y aptitudes.

La conferencia de UNESCO referida nos dice que “Esto implica que todos los que se desempeñan en un contexto determinado (país, distrito, comunidad o escuela) trabajen juntos y apliquen los datos de la investigación para sortear las barreras que enfrentan varios educandos para acceder a la educación. ¿Qué significa todo ello en términos de políticas? ¿Qué debe hacerse para que los sistemas educativos fomenten prácticas que puedan efectivamente atender a todos los niños y jóvenes, sean cuales sean sus circunstancias y características personales?” (ED/BIE/CONFINTED 48/3). Al respecto es necesario revisar la literatura que se ha difundido sobre educación inclusiva y sobre todo el aporte de la UNESCO y también las experiencias en su desarrollo. Existen muchas formas de entender el concepto de educación inclusiva así como múltiples políticas, estrategias y experiencias que se vienen dando.

En este sentido, la educación inclusiva como política educativa debería basarse en los derechos fundamentales inherentes a todo individuo independientemente de las diferencias, para desarrollar plenamente su potencial; ampliar los servicios educativos y de atención a la primera infancia; prolongar la educación básica más allá de la enseñanza primaria a fin de incluir el primer ciclo de enseñanza secundaria, prestando atención a aspectos tanto de equidad como de calidad; ofrecer oportunidades de educación no formal de calidad con posibilidades de reconocimiento formal de las competencias adquiridas en marcos no formales y otras formas de transición entre la educación formal y no formal; adoptar estrategias más dinámicas y diversificadas de enseñanza y aprendizaje y currículos flexibles que respondan a la diversidad de las necesidades de aprendizaje; y mejorar los programas de formación y perfeccionamiento profesional de los docentes. En conjunto, los resultados iniciales de estas actividades preparatorias indican claramente que el fomento de la inclusión, tanto en la educación como en la sociedad, es una preocupación común en todos los países y regiones. (ED/BIE/CONFINTED 48/3).

Por ello la tarea de construcción de una educación inclusiva requeriría de un sistema educativo renovado, abierto y fundamentado en el derecho de las personas a tener una educación que involucre a todos los niños y niñas del campo y de la ciudad. No se trata de “programas parche” sino de un cambio en la concepción y enfoque de la educación, de las estrategias a desarrollar y que trascienda la temporalidad de un gobierno.

El inicio del presente gobierno en el sector educación debería centrarse, además de las tareas prioritarias del sistema, en diseñar la estrategia para que nuestra educación sea realmente inclusiva y pase del discurso a la operación. No se puede promover una educación inclusiva a partir de un discurso que enumera lo antagónico a la inclusión, si todo el sistema está diseñado para hacer de la política educativa efectista, basada en la amplia cobertura, en la donación de textos escolares, en el diseño curricular centralista y no que contenga los saberes básicos que debe tener un alumno de acuerdo a su desarrollo cronológico solamente; el currículo debe enriquecerse con el aporte de las demandas regionales, reconceptualizar términos como aprendizaje (¿qué significa esto para el niño rural, andino, de la selva?); conocimientos fundamentales (¿cuáles? ¿los del mundo desarrollado, occidental? ¿y los nativos?). Es decir recuperar lo que EPT planteó en Jomtien (1990) y lo reiteró en Dakar (2000) que “… establecer una visión de conjunto: universalizar el acceso de todos los niños, jóvenes y adultos y fomentar la equidad. Se trata de identificar activamente los obstáculos que tienen que enfrentar algunos grupos para acceder a las oportunidades educativas. También es cuestión de identificar todos los recursos disponibles a nivel nacional y de la comunidad y de ponerlos en juego para superar esos obstáculos.” (Op.CIt).

Precisa además, que “debe tener en cuenta las necesidades de los pobres y los desfavorecidos, en particular los niños que trabajan, los habitantes de zonas rurales distantes y los nómadas, y las minorías étnicas y lingüísticas, los niños, los jóvenes y los adultos afectados por conflictos, el VIH y el SIDA, el hambre y la mala salud; y los que tienen necesidades especiales de aprendizaje”. (Op.Cit).

¿Vamos en esa dirección en el discurso y en las decisiones que se vienen tomando? ¿En qué momento se romperá la inercia y se abrirá una capacitación y debate pedagógico sobre lo que encierra la educación inclusiva?

Este enfoque debe guiar al sistema educativo para realizar los cambios que a darse en la política educativa. Diseñando escuelas que respondan a una estrategia global de la educación inspirada en nuevas políticas sociales y económicas. Todo ello exigiría un cambio considerable en la institución educativa, en las Unidades de Gestión Local, en las Direcciones Regionales de Educación y en el propio Ministerio de Educación. Nada se logra con declaraciones sobre la inclusión como política social, si esta no se ve, no se palpa, no se aprecia en la vida escolar cotidiana. La apuesta es crear un sistema educativo inclusivo que haga posible la orientación integradora, se combata la discriminación, se logre una influencia para crear una sociedad integradora y se logre una educación para todos.

El trabajo es intenso y quienes lo critican –como ha ocurrido esta semana- no admiten que se pueden tener otros enfoques, se quedaron en que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y eso en educación es un error. Todo es perfectible, por ello las tendencias y enfoques que da cuenta la historia de la educación. Además existen experiencias notables que vienen aportando y de las cuales deben tomar sus resultados quienes dirigen la política educativa nacional, para renovar nuestro sistema educativo ensimismado en preparar los “recursos humanos” para el proceso de desarrollo, para ser más competitivos, para responder a los requerimientos de los TLC, sin tener en cuenta que en un país de inequidades, la persona es primero.

El tránsito a un sistema educativo inclusivo es inevitable si queremos responder al compromiso asumido en EPT, a los Objetivos del Milenio. La UNESCO nos dice que este tránsito se justifica por varios motivos: “Hay una justificación educativa: la exigencia de que las escuelas inclusivas eduquen a todos los niños juntos significa que tienen que desarrollar formas de enseñanza que respondan a las diferencias individuales y que, por lo tanto, beneficien a todos los niños; una justificación social: las escuelas inclusivas tienen la posibilidad de cambiar las actitudes respecto de la diferencia al educar a todos los niños juntos y constituir la base de una sociedad justa y no discriminatoria; y una justificación económica: es probable que sea menos costoso establecer y mantener escuelas en las que se enseña a todos los niños juntos en lugar de establecer un complejo sistema de distintos tipos de escuela que se especialicen en la atención a diferentes grupos de niños.” (ED/BIE/CONFINTED 48/3 – Pág. 13)

Las ofertas que invitan de fuera a seguir determinados modelos o enfoques no debemos recibirlas a “fardo cerrado”, pues han sido diseñadas para otra realidad y otra población. Las agencias y los bancos encandilan con ofertas y modelos que luego fracasan al no responder a un contexto como el nuestro.

El Informe de Desarrollo Humano 2011 contribuye a reforzar los cambios a realizar en el sistema educativo del que tanto se pavonean funcionarios de la gestión anterior. Increíble que nos hayan dicho que se va camino a la erradicación de la pobreza, pues por el crecimiento económico de los últimos años el Perú escaló en el Índice de Desarrollo Humano y se ha ubicado en el puesto 80 de 187 países. Pero la información es engañosa, pues la desigualdad baja el avance del desarrollo (Gestión 03.11.11). Las carencias se observan en educación y en los ingresos que se muestran con un comportamiento de país de desarrollo humano medio o bajo al “…cruzarlo con variables como desigualdad (pierde 23,2% de valor) y sigue descendiendo si se considera carencias en salud y educación y daños al ambiente” (EL COMERCIO.03.11.11). Indudablemente que este informe da pie para hacer cambios y no regodearse en que hacerlos sería negativo, pues habría que empezar de nuevo. Sin embargo, la realidad va demostrando que las medidas tomadas requieren una nueva concepción de la oferta, que las pautas delineadas por agencias y bancos no han respondido a lo que sucede en la realidad concreta de los más pobres, de los excluidos. No se puede pensar en una educación sólo para quienes tienen acceso a un buen servicio, que son los menos, dejando a los más fuera de una mejor educación. Quedarnos en la medición de aprendizajes con categorías estandarizadas es estar de espaldas a una realidad que exige y demanda atención.

No se puede ignorar que existe una íntima relación entre el crecimiento de la inequidad social y el aumento de daños colaterales, sus secuelas y costos, como dice como dice Zygmunt Bauman. No podemos seguir viviendo en una sociedad signada por la pobreza y orientada al consumismo y las ganancias. (DAÑOS COLATERALES. Desigualdades sociales en la era global. Fondo de cultura-Argentina 2011). Y parece que eso nos vendieron como humo mágico para salir de la pobreza, del atraso, del fracaso educativo. Pero ¿Cuáles serán los daños colaterales de una mala educación, mejor de una educación que se dice de calidad y no lo es?

La nueva gestión educativa, ha elegido bien, pues en silencio planifica sin desatender lo realizado. Se trata de construir un sistema inclusivo de educación es una tarea ardua, pasa por la concepción del Estado, por la asignación de recursos, por valorar los aportes de la comunidad, identificar los contenidos básicos que deben aprender los educandos de acuerdo a un currículo adecuado y diseñado en lo básico a nivel nacional e incorporando los aportes regionales. Otro desafío es formar educadores que sintonicen con la educación inclusiva y la hagan suya para poder desarrollar sus potencialidades. Qué bueno sería que pudiésemos comprender la forma de pensar, su concepción del mundo, de la cultura de los niños de las ciudades, de las zonas rurales, de las urbano-marginales, de la selva. Estamos dando los primeros pasos con voluntad política y eso es bueno. (05.11.11)

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