DÍAS DE VERANO, DÍAS DE DESCANSO, DÍAS DE CAPACITACIÓN

1. Empezó el verano, con la consabida subida de la temperatura, de la neblina para quienes están en la costa, de lluvias para los andes y la selva. En este escenario, el maestro empieza su descanso, sus vacaciones. Las más de las veces se traslada al centro poblado más cercano o a aquel de mayor rango en la región y casi siempre viaja a la capital.

Su tiempo lo pasa entre inventariar lo que ha realizado y lo que vendrá el próximo año. En las zonas del interior por lo general el trabajo cambia por las rutinas de labranza o negocios para poder contar con un poco más de recursos y afrontar el nuevo año de la familia.

En ese inventariar por lo general desea seguir algún curso de su especialidad para mejorar su desempeño profesional; en otros casos, establecer relaciones que le permitan acceder a otras formas de superación. El propósito es contar con más recursos para poder tener otras comodidades: internet en casa, una computadora, o acaso uno laptop; matricularse en algún curso corto y familiarizarse con su contenido.

En su etapa de formación le dijeron sus profesores que debería superarse, mediante cursos a seguir en vacaciones y esa recomendación le quedó impregnada y como rutina busca casi siempre todas las vacaciones, algo más que aprender, que conocer.

Pero surgen las primeras dificultades. Tiene familia y debe dedicarle parte de su tiempo y la atención debida. Pensar en desarrollar con su pareja e hijos actividades en conjunto, ajustadas a sus ingresos. Por ello en esta situación no basta el querer sino el poder.

Días de descanso deben ser las vacaciones. Pero un maestro ¿puede gozar verdaderamente de vacaciones? Difícil. Para un maestro en el Perú, las vacaciones tienen otro significado. Como se expresó anteriormente, la actividad de descanso se tensiona entre sus demandas profesionales y las responsabilidades familiares que debe atender.

Descansa poco pues debe seguir trabajando. No puede disfrutar plenamente de lo que la sociedad le oferta –cuando puede- para poder divertirse, disfrutar de su tiempo libre. Preocupaciones de toda índole forman su agenda para estos días de vacaciones. Si quiere algo diferente tiene que invertir y ahí están a sola firma los viajes en avión o en bus a determinado punto del país, no cuenta con los recursos económicos suficientes salvo endeudarse. Todo cuesta, hasta un momento de ocio en una sociedad de consumo.

En suma ¿puede tener vacaciones y momentos de ocio quien vive con un sueldo que con las justas es el doble del mínimo vital? Al parecer es difícil. Y el mercado aprovecha para “invitarlos” a cursos, cursillos, talleres y otras actividades donde el “anzuelo” es que les reportará cierta cantidad de horas para su evaluación profesional respaldada por el consiguiente certificado. Poca oferta oficial diversificada existe.

2. Días de actualización y capacitación. Una de las actividades de los profesores que pasan las vacaciones en las capitales de las regiones o en la capital de la República es actualizarse o capacitarse.

Actualizarse significa ponerse al día en los temas de su especialidad. Capacitarse es profundizar en una materia no sólo siguiendo cursos sino mediante lecturas de una bibliografía selecta. Pero ¿qué oferta el mercado? Muy poco de calidad, sí mucho sobre temas de moda mediante talleres, jornadas, cursillos, donde lo teórico es muy superficial. Por ejemplo se puede ver en los diarios las ofertas de temas de moda. Últimamente el tema de moda es el bullying. Talleres, seminarios para estudiar qué hacer con esta “plaga” que se ha “descubierto” recientemente y que el docente desde que se inicia en la profesión la vive y la maneja. Pero el tema es más profundo para que sea visto en talleres al paso.

Sería conveniente que estas actividades de actualización y capacitación se articulen con lo que los temas que la política educativa viene desarrollando.

La oferta y la demanda en el verano lo permiten todo. Es más, estamos gozando de una economía sólida, que no está contaminada por la crisis. Y ese es el mejor cartel para establecer la oferta y garantizar calidad. Pero ¿quién la supervisa? ¿quién la garantiza?

Quisiera compartir parte de las respuestas de Oscar Ugarteche, economista peruano prestigioso que dice unas verdades que sirven para abrir el entendimiento: “Me contabas que tus alumnos de doctorado en Alemania les llevaban una tremenda distancia a tus alumnos de México. ¿Cómo se explica? * A ver, la primera cosa es la capacidad de formularse ‘la’ pregunta que lleva al tema de investigación y que vas a contestar en los próximos cinco años. Una investigación gigantesca, al final de la cual el doctorando demuestra que tiene capacidad para generar conocimiento de la frontera. Y es duro, porque la capacidad de generar ‘la pregunta’ viene de todo lo que has leído de historia, de filosofía, de literatura, etc, hasta el momento en que haces esa pregunta. Porque la vida –esa es la gran diferencia entre la educación anglosajona y la del resto del mundo– es más compleja que solo explicar cómo y por qué funciona algo de una cierta forma.
Pero ¿por qué la diferencia?
Los alemanes leen más, están más expuestos a conocimientos complejos.
En Europa el ambiente es más cosmopolita y diverso que por estos lares…
Es más cosmopolita pero, además, la formación básica en Alemania así como su equivalente francés son muy densos y no es así en otros lugares. Y a México, que tuvo un sistema educativo tan bueno, le ha pasado lo que le ha pasado. Hicieron estas reformas educativas del Banco Mundial, le quitaron los cursos de Historia, le metieron más matemáticas y entonces los chicos, básicamente lo que hacen son modelos. Y entonces no pueden hacerse preguntas.
Solo modelos…
Sí. Parte del problema de la nueva educación es que le has quitado al chico el sentido del ‘para qué es’ y le das el sentido de la medición. Y ese es un problema del oficio de economista, que se ha convertido en un oficio de medición. Y claro, si haces una pregunta grande, eventualmente tienes que medir, pero una cosa es medir porque te haces una pregunta grande y otra cosa es que la pregunta sea ‘¿cuánto pesa?’ ¿Eso qué importa?
Es perder el punto…
Mira la estupidez del problema peruano, me parece una bellaquería. Estamos de regreso al siglo XIX. Tenemos un modelo ¿no? Sí. ¿Genera divisas? Sí. La elasticidad es alta y entonces genera crecimiento, bestial. Entonces, crecen las exportaciones y, efectivamente, por cada punto que crecen, el PBI crece 0,4%. ¿Ya? Bueno, la medición ya está. Ahora, ¿genera empleo? No. ¿Distribución del ingreso? No. Y a los beneficiarios de este modelo, la gente que tiene la tierra, ¿qué le negocias? ‘Dame tu tierra, yo te devuelvo contaminación’.
Seguimos en eso…
Bueno, alguien, en alguna parte –y esa debería ser la tesis de algún doctorando peruano–, tendría que preguntarse: ‘¿por qué el Perú persiste en un modelo de desarrollo de esa naturaleza tantos siglos después?’. ‘¿Por qué en el Perú el empleo y la distribución nunca importaron?’. (EL COMERCIO,07.01.12)

Sin duda, una entrevista que habría que leer completa. Pero para el propósito de este artículo hasta ahí la cita que tiene mucho contenido. Nos hemos acostumbrado, fieles al modelo, a recibir “recetas” para buscar mejores aprendizajes, pero ¿serán realmente mejores? ¿No será que también está respondiendo la oferta de tener la respuesta fácil y no saber en profundidad el contenido de los conceptos empleados? Ahora los maestros hablan de pertinencia, de eficacia, de eficiencia, de matrices, de indicadores, pero ¿desde qué perspectiva? ¿Cuál es el contenido pedagógico de estas palabras? ¿Cuál es el contexto desde las que usamos?

Pareciera que hemos dejado banalizar el contenido educativo, pedagógico. Lo hemos reemplazado por lo fácil, lo mecánico, por resultados (¿de qué tipo?). ¿Y en qué momento profundizamos el conocimiento, cuándo empezamos a construir un discurso pedagógico acorde con nuestra sociedad intercultural, diversa, bilingüe? ¿Por qué hemos puesto la pedagogía en el patio trasero de la escuela?

Los esfuerzos aislados de quienes luchan por un discurso interdisciplinario y coherente no son tenidos en cuenta y menos invitados a la mesa. Hoy como lo ha dicho el Primer Ministro hay que ser pragmático. Y en ese empeño parece que se podría alinear toda la oferta educativa. No habrá “Gran transformación” como se prometió. ¿Qué significa esto para el sector educación? Si no hay cambios y se prefiere el pragmatismo de que sirven los esfuerzos desplegados, preparando el inicio escolar de 2012?

3. Concluyendo. El maestro en vacaciones busca mejorar. Pero se encuentra con preguntas y supuestos que no surgen ni de indicadores, ni de matrices, menos de evaluación de resultados, de la vida diaria del maestro. Surgen al leer o escuchar declaraciones de quien detenta el poder en una democracia débil, con instituciones frágiles y con ciudadanos que aún dependen de tutorías para que se les respete. Cuánto debe construirse aún y la educación tiene la responsabilidad no sólo de mejorar los aprendizajes, sino de formar a los ciudadanos que el país necesita. (14.01.12).

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