EL AULA COMO ESPACIO PARA CONSTRUIR LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN: APORTE DE LOS MATERIALES EDUCATIVOS

Martha Vargas de Avella / Coordinadora Regional / Proyecto Materiales Educativos CAB/GTZ
En el libro: MATERIALES EDUCATIVOS / CONCEPTOS EN CONSTRUCCIÓN / LOS MATERIALES EDUCATIVOS, HERRAMIENTAS DEL CONOCIMIENTO

La calidad se ha convertido en un término de utilización común en la educación actual. Sus compresiones son variadas como también sus formas de abordarlas. Es un concepto que se incorporó a la educación desde el ámbito de la gestión empresarial; es decir, la calidad en un principio fue entendida como producto o servicio para satisfacer las necesidades de quien la demanda.

Desde esta perspectiva, la calidad educativa es un producto cuya eficiencia se comprueba a través de índices de matrícula, retención, promoción de estudiantes, años de escolaridad y monto de los presupuestos dedicados por los sistemas sociales a la educación.

Esta comprensión de la calidad, vigente hasta 1989, condujo a una concentración de las acciones políticas en factores como el incremento de la cobertura y la capacidad de retención de los sistemas. La evaluación y la valoración de los sistemas educativos se centró en las variaciones de estos indicadores y en efecto, a nivel universal, hubo modificaciones positivas tanto en cobertura como en tención, pero no se produjo ningún mejoramiento en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Con la Declaración Mundial sobre Educación para Todos en 1990. Se cambia la concepción de la calidad y se incorporan nuevas dimensiones a su conceptualización.

“Que el incremento de las posibilidades de educación se traduzca en un desarrollo genuino del individuo o de la sociedad, depende en definitiva de que los individuos aprendan verdaderamente como resultado de esas posibilidades, esto es, que adquieran conocimientos útiles, capacidad de raciocinio, aptitudes y valores.” (Jomtien, 1990)

Esta manera de ver la calidad de la educación satisface a quienes la consideran en cambio, como actividad social y como proceso de construcción humana mas que como producto o servicio. La educación es de calidad si por sus resultados se mejora la calidad de vida de las personas, si los estudiantes alcanzan los desempeños socialmente esperados y por su influencia, se cumplen los propósitos de equidad y bienestar social de los pueblos.

El término calidad de la educación por su amplia difusión, se ha desdibujado y aparece en el ambiente educativo con tantos matices y significados que apreciarla o medirla depende de quién realice la estimación. Es decir, está sometida a la apreciación subjetiva de los propios individuos.

Para el Proyecto Materiales Educativos se optó para una comprensión de la calidad de la educación como “gestión basada en la escuela”, identificando unas condiciones que resultaran acordes con los proceso de Reforma Educativa que se adelantan en los países participantes en el Proyecto.

Las condiciones planteadas fueron las siguientes:

• Responsabilidad de la gestión a cargo del propio centro educativo. Esto significa asumir que es la escuela quien gestiona el proyecto educativo bajo su responsabilidad y que son las autoridades escolares, los docentes, padres de familia y alumnos quienes por consenso avanzan hacia el logro de las metas que las escuelas se proponen lograr. Este es un sentido de búsqueda de la autonomía de la escuela para cumplir sus compromisos con la sociedad.

• Autonomía en la decisión. El logro gradual de niveles de autonomía, permite que la escuela se convierta en un ambiente democrático y colaborativo, dentro del cual, las decisiones que afectan a todos los actores, deben ser tomadas por ellos mismos.

• Modelo de dirección, fundamentado en la participación equilibrada de las diferentes instancias que actúan en la vida escolar y que se refleja en las aulas, porque ellas son el espacio donde ocurre la formación de los ciudadanos; en consecuencia, el objetivo fundamental de la dirección participativa es crear el clima y posibilitar los recursos que incentivan la colaboración.

• Un nuevo sentido del control, entendido fundamentalmente como mecanismo que asegura el avance hacia las metas de calidad que se han establecido por consenso, de manera que es posible, replantear, adecuar, corregir, operar sobre los factores y variables que dificultan el logro del proyecto educativo escolar.

Esta conceptualización significa que las responsabilidades en la calidad de la educación no están por fuera del aula, no son decisiones externas a la escuela. El desarrollo de los proyectos educativos no opera como una imposición de los Ministerio de Educación; se toman en cuenta y respetan los lineamientos trazados en la política educativa, en los currículos vigentes, pero la responsabilidad de su materialización en acciones formativas es de la escuela y no de la escuela en abstracto, sino de ella, inmersa en una realidad histórica y cultural que es conocida por los educadores; realidad que se transforma en las aulas, en el ejercicio cotidiano de la pedagogía.

La revalorización del trabajo de aula por parte de los maestros y maestras del Proyecto Materiales Educativos, ha logrado que el concepto de “calidad de la educación” adquiera un nuevo sentido. El aula como espacio de interacción permanente, del diálogo, la búsqueda y la construcción personal y colectiva es el sitio para lograr calidad de la educación.

Este concepto teórico se construye de manera práctica en las aulas del Proyecto se verifica, en la medida en que los niños y las niñas después de seis meses de iniciada la experiencia, no sólo mejoraron sus resultados académicos, sino, además, empezaron a expresar su cariño por la escuela. En los tres países, al iniciar el nuevo año escolar no se registró deserción en las escuelas piloto. Los alumnos estaban deseosos de regresar a las aulas para utilizar sus materiales educativos y disfrutar esta nueva forma de aprender.

Las transformación educativas ocurren en las aulas y son posibles, si los educadores comprenden acciones conscientes hacia propósitos definidos pero a la vez flexibles, que den lugar a acontecimientos inesperados fruto de la creatividad, la participación, la dinámica de los niños y las niñas y de la incorporación de los materiales educativos ya que su adecuada utilización da lugar a situaciones de aprendizaje nuevas, muchas veces no planificadas.

En las escuelas del Proyecto los acontecimientos cotidianos en las aulas pasaban desapercibidas por los maestros y maestras. La rutina diaria impedía escuchar atentamente los comentarios, las preguntas e inquietudes de los alumnos; el movimiento y la propia risa de los niños y niñas eran reprimidos por considerarse perturbadores. En la medida en que comenzaron a transformarse las aulas, todos estos factores se canalizaron a favor de los aprendizajes congnoscitivos, del desarrollo de habilidades y destrezas procedimentales y actitudes y valores.

La circulación libre y respetuosa de los alumnos, el manejo del espacio, fueron motivos de reflexión por parte de las niñas y los niños. El tomar conciencia sobre la importancia de no perturbar al compañero, de moverse cuidadosamente, de reconocer el aula como un espacio que se comparte, fueron aprendizajes actitudinales. “El movimiento es un factor indispensable para la construcción de la conciencia.” Esta frase de Montessori expresa la importancia que tiene en la formación de los alumnos el desarrollo gradual de la noción de espacio, de disponibilidad y manejo del mismo; el desplazamiento y el movimiento corporal que le permiten al alumno construir los conceptos de equilibrio y orden, de respeto por el lugar de compañeros, hasta que, poco a poco descubre las formas de controlar los ritmos de desplazamiento de un sitio a otro sin perturbar a los demás.

El aula es sin lugar a dudas, el espacio para el crecimiento integral de las niñas y los niños y no un sitio cerrado donde los alumnos están tristes, se aburren e inmovilizan. Ella es, como concepto más amplio, el lugar donde ocurren las interacciones entre los sujetos, en torno al conocimiento como objeto de aprendizaje. El aula, sea ella pequeña o un amplio espacio, es el sitio dentro del cual se aprende. Se aprende intersubjetivamente y del ambiente.

Este espacio para crecer y para aprender es pues, el lugar del desarrollo humano, de la cooperación y del encuentro. El aula en síntesis, es el lugar de la pedagogía y en consecuencia del mejoramiento de la calidad de la educación. La construcción que tome en cuenta de los diferentes factores que inciden sobre la formación del niño, ocurre fundamentalmente en las aulas y las transformación de las aulas es el comienzo de la transformación de la escuela. Todos los lugares de la institución tienden a modificarse, por modestos y pequeños que sean. El Proyecto Materiales Educativos cuenta con un caso ejemplar de esta transformación.

La escuela de Villa Callapa, en La Paz, era la más pequeñas y deteriorada de las escuelas del Proyecto. La idea de transformarla desde la actividad que se desarrollaba en las aulas, ocurrió poco a poco. Primero con la incorporación de los materiales educativos y la necesidad de organizarlos en rincones de aprendizaje, al alcance de los niños y las niñas. El pequeño patio de recreo, las baterías de baños, la oficina del director, se fueron incorporando como un aula más, en el sentido de que las interacciones que ocurren en cada espacio, son oportunidades de aprendizaje para los niños y las niñas.

Seis meses más tarde, la misma modesta escuela, se había transformado en un ambiente decoroso, con nuevo concepto de convivencia y responsabilidad, en donde los aprendizajes de los niños y las niñas se han incrementado, como lo demostró la investigación de seguimiento del Proyecto; los maestros y maestras, el director, los padres de familia y los alumnos, han realizado reparaciones, adecuaciones del local y dotaciones para convertir a la escuela desde sus aulas, en un lugar para aprender.

Las escuelas en este proyecto de transformación logran establecer muchos vínculos; cuando en ellas ocurren cambios importantes en la dinámica de la cultura escolar y en los aprendizajes de los alumnos, las comunidades empiezan a interesarse y no sólo los padres de familia, sino las autoridades locales y también las organizaciones de la sociedad civil, se convierten en aliadas de los cambios. Este fue el caso de Villa Callapa.

Los alumnos y las alumnas aprenden cuando su participación en el aprendizaje es activa, cuando pueden establecer amplias redes de significado en relación con el mundo físico y social que les rodea. Esa participación debe ser facilitada por los educadores, orientando los procesos hacia las posibilidades de construcción personal, a partir de los conocimientos que ya poseen los alumnos para que éstos sirvan de fundamento de los nuevos aprendizajes. Los maestros y maestras deben diseñar actividades que estimulen a sus alumnos a observar, analizar, opinar, formular hipótesis, buscar soluciones, a descubrir el conocimiento por sí mismos.

La tarea de convertir el aprendizaje en un verdadero acto de conocimiento, es un reto para los educadores porque su trabajo consiste en organizar sus aulas de clase como ambientes para que los estudiantes aprendan a aprender y aprendan a pensar. Por ello, se deben crear ambientes adecuados para que los niños y las niñas: observen, clasifiquen, jerarquicen, descubran por sí mismos; en esta tarea, los materiales educativos como apoyo didáctico juegan un importante papel.

A partir de las experiencias realizadas en el Proyecto Materiales Educativos, ha sido posible dilucidar la importancia de lo que ocurre en las aulas. Los maestros y maestras han materializado el concepto de calidad de la educación que antes era una declaración teórica y ambigua y lo han logrado de manera práctica, a partir de la reflexión iniciada en torno a los materiales impresos y no impresos utilizados como herramientas de conocimiento. El rol del profesor en este contexto, consiste en proporcionar el apoyo, la guía necesaria para que el alumno, por su propio esfuerzo, asuma la responsabilidad de aprender.

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Existen corrientes teóricas que consideran la calidad de educación desde diferentes perspectivas. Entre las más reconocidas, están “el modelo de escuelas eficaces” que partió de investigaciones sobre los factores que hacen que unas escuelas sean más preferidas que otras por los ciudadanos. Algunos de estos indicadores son: Visión de lo que se desea, planificación participativa de proyectos, liderazgo pedagógico reconocible, clima que facilita el aprendizaje, énfasis en el dominio de capacidades básicas, participación de los padres de familia, resultados académicos, entre otros.
Otra corriente que teoriza la calidad, es la atribuida a Herman (1994) “educación basada en resultados”, dentro de la cual, toda la actividad educativa está concebida para obtener resultados positivos. Todos los alumnos puede aprender, si la escuela está centrada en lograr los mejroes resultados. Otro modelo es el desarrollado por Capezio (1993) se denomina TQM – Calidad Total en la gestión. Se fundamenta en dos axiomas complementarios:1º Calidad es la satisfacción del cliente y, 2º el concepto de calidad no tiene límites.

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