Violencia y educación

1. Distintas caras de la violencia. Abrir los diarios, escuchar las noticias en estos días es preocupante, pues nos remiten a una sociedad en proceso de descomposición como si todos sus componentes estén respondiendo a un solo sino: su autodestrucción.

Hoy nos entretienen con el sainete de la supuesta corrupción de los ex presidentes, con los pronósticos sobre la selección de fútbol o cualquier programa “divertido” y “morboso” de la TV abierta, para “distraer” al público. En este escenario va campeando la violencia, se va incubando cierta manera de ser y vivir, sin que nos demos cuenta qué ciudadanos tendremos en un quinquenio.

Como educadores debemos leer estos tiempos que se ven reflejados de muchas maneras en el aula y en las instituciones educativas. Empezó con la etiqueta del bullying, que no es otra cosa que el maltrato que recibe el niño en la escuela causado por sus pares. Salvo unos brotes nuevos y denuncias de los padres de familia, al parecer el tema se ha controlado.

Sin embargo se ha denunciado estos últimos meses una forma de violencia ejercida por menores de edad, que no se había dado en la sociedad: el sicariato. El asesinato por una paga Pero esta vez, se busca que el asesino sea un menor de edad, porque es inimputable.

Docentes del interior ha confiado que en sus instituciones educativas existen algunos chicos que empiezan a trajinar por estos caminos de la delincuencia, sin reparar hacia dónde van y menos qué será de ellos. Lo único que les interesa es contar con dinero contante y sonante. Con ello consiguen todo, con los estudios muy poco. Una consigna silenciosa que recorre barrios de Lima, de provincias, de zonas rurales andinas y de la selva. ¿Qué hacemos con estudios y “batidas” policiales? ¿Son los programas sociales que se aplican todo lo ambiciosos que deberían serlo? ¿Los programas sociales no pueden reducirse sólo a la entrega de alimentos? Nuestra desnutrición crónica no es sólo alimenticia sino de valores, de educación que responda a las necesidades del pueblo y no sólo a lo que le interesa al mercado.

2. Una historia que empezó hace tiempo. En una entrevista televisada, el alcalde de Casma, provincia de Ancash, al Norte de Lima, narró con preocupación la ola de asesinatos ocurridos en las últimas semanas, por distintos motivos. En varios casos los asesinos son jóvenes del lugar. La población se encuentra aterrada. La dotación policial que debe resguardarla no es suficiente.
En décadas pasadas esa sombra que fue Sendero Luminoso instauró la violencia en el país mediante el asesinato selectivo. Cayeron cientos de civiles, militares, policías. Quedan en archivos de la TV y diarios crónicas y testimonios de una población acosada sin que nadie la defienda. Conocemos la historia y causa vergüenza que a diez años del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación hoy empecemos a vivir otro drama que va enrolando a jóvenes de nuestras ciudades y de nuestras localidades lejanas: unos sirviendo de “mochileros” para llevar droga, otros como asesinos de personas que se resisten a pagar cupos a quienes a nombre de una organización X les ofrecen seguridad.

Qué rápido nos hemos olvidado quienes vivimos esa experiencia de los atropellos sucedidos a una población sumisa, indiferente. Pablo Quintanilla en su columna en Diario 16 nos recuerda: Con el brote de terror iniciado por Sendero Luminoso en los ochenta, se abrió una caja de Pandora de la que salió lo peor de nosotros mismos. Salió lo peor de quienes iniciaron la guerra, de quienes para protegernos intentaron sofocarla y de la sociedad civil que no supo cómo reaccionar apropiadamente ante esta situación, polarizándose y repitiendo la guerra interna, aunque ya no con balas y sino con enfrentamientos verbales que son, igualmente, formas de violencia. No nos hemos recuperado plenamente de esa situación, por lo que nuestra endémica tendencia a la polarización y al enfrentamiento político destructivo constituye, de alguna manera, manifestaciones de aquello que no hemos procesado adecuadamente. (http://diario16.pe/columnista/32/pablo-quintanilla/2564/a-diez-aa-os-del-informe-de-la-cvr)

Lo sucedido en la capital de la provincia de Casma y en el distrito de Camporredondo (Amazonas), en estos días, donde están involucrados jóvenes sicarios es un toque de alerta. Antes los medios habían publicitado a un joven sicario llamado Gringasho, implicado en el asesinato de dos presuntos delincuentes. Y quedó el hecho en el anecdotario policial y el morbo de cierta prensa.

Las autoridades hacen lo que deberían, pero no cuentan con las herramientas legales pertinentes como aquellas que se refieren a este tipo de sicarios menores de edad ni pedagógicas que permitan prepararlos para una verdadera reinserción en la sociedad. Por ello al retornar a la calle, reinciden en el delito, en el asesinato pues lo tienen como una norma de vida. Hace días mostraron los talleres que se desarrollan con los jóvenes recluidos, pero no se habló del enfoque pedagógico que se brinda. Es una ocupación, para utilizar el tiempo y salir “sabiendo algo”, dicen los instructores. ¿Y el desarrollo personal? ¿Las emociones de esos jóvenes, no requieren reparación?

3. ¿Qué hacemos desde la escuela? Es otro reto que tiene que asumir nuestro sistema educativo. La violencia que se viene dando en la sociedad tiene en los menores de edad y jóvenes a sus principales “consumidores” ¿Cuál ha sido la reacción frente al bullying? La dación de una ley llamada antibullying (Ley Nº 29719, junio, 2011) que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas, pero recién en diciembre del año pasado se expidió una directiva para que se implemente un plan de lucha contra la violencia.

También se informa que el Ministerio de Educación viene trabajando una estrategia contra la violencia escolar que será presentada en julio. Consideramos que no se trata sólo de una estrategia y campaña, se debería formar a los futuros docentes y actualizar a quienes están en ejercicio para que sepan cómo desempeñarse frente a este problema.

Consideramos que debe empezar a abordarse el tema de la violencia que es el caldo de cultivo no sólo del bullying, también del sicariato. Aquel que da plata fácil, que invita a la deserción, que le brinda mano de obra al narcotráfico no sólo para la recolección de la hoja de coca sino para el transporte en mochilas por rutas poco transitadas. Poco se ha estudiado este problema y sin embargo va en crecimiento.

En Colombia tenemos el espejo. Se tiene información y experiencias de trabajo en las escuelas. Un reporte periodístico decía “El sicariato no es una novela, es una realidad que se enfrenta en las principales ciudades del país. Los gatilleros o asesinos a sueldo son una máquina de muerte que hace efectivo el precio que ponen por la vida de cualquier persona.” (Radio Carcaol, setiembre, 2008) Referente a la educación y a la escuela otro investigador colombiano nos dice: “la violencia que ha permeado a la escuela no sólo es producto de la pobreza en que viven la mayoría de los colombianos, sino que el entramado de la cultura del narcotráfico desde la década del ochenta ha incidido en muchas instituciones educativas, tanto oficiales como privadas, las cuales se convierten en expendios y en focos de iniciación de esta cultura de la droga que ha incrementado enormemente la violencia en Colombia y en nuestras escuelas.” (CARLOS ALBERTO JIMÉNEZ V. La violencia escolar. PHD Profesor Titular Universidad Libre – Pereira. Colombia). Y continúa: “…la escuela se ha vuelto muy permeable a estos núcleos de comportamiento social violentos que comienzan en el hogar, y que continúan en las ciudades y se afianzan en el terreno escolar, convirtiéndose allí en un detonante ideal para los diferentes tipos de violencia social.”

Por ello el enfoque que se le debe dar al problema de la violencia no es remedial y menos sólo de cursos especializados, sino que debe tenerse un enfoque pedagógico diferente, a partir de la información recibida. Una emisora de Lima a través de su corresponsal expresara sobre el tema “Estos cursos estarán dirigidos a alumnos del nivel secundario, si bien en Lambayeque no tenemos referencia de sicarios que se encuentren en las escuelas, vamos a prevenir este tema y aconsejar a los menores para que no se involucren en actos delictivos a temprana edad”, (RPP. 25 de Marzo 2013). ¿Sobre qué planteamientos se harán estos cursos?¿El tema de la violencia en la escuela debe ser central en el debate en los equipos de docentes en las escuelas y definir una estrategia pedagógica de tratamiento. No es recurriendo a recursos legales solamente que se revertirá decisiones de comportamiento juveniles.

El funcionario dijo que los maestros tratarán estos temas de manera muy didáctica en las escuelas para orientar a los adolescentes. Agregó que se coordinará con representantes del Ministerio Público y la Policía Nacional para que brinden las charlas en todos los colegios de la región. También manifestó que por ahora los temas serán incluidos dentro de las horas de tutoría y que se empezará en colegios que se ubican en distritos con mayor índice delictivo.

Consideramos que mientras la violencia escolar sea tratada desde el punto de vista penal y policial y con programas parche, para salir de la ocasión, los resultados no serán buenos. Éstos relativizan la visión del docente y no consideran que existen factores generadores de conductas sociales, que los alumnos llegan a la institución escolar con una carga de información violenta que han aprendido en su entorno familiar, y a partir de los medios de comunicación masiva, especialmente en la televisión y en los videojuegos, que inundan la mayor parte de su cotidianidad. Poco a poco los alumnos interiorizan formatos de violencia que luego reproducen en la escuela.

El sicariato perpetrado por menores de edad está de moda en los niños y jóvenes. Los juegos que tienen hoy pasan por acosar y quitar la vida al contrario. Todo para tener “billete” en el bolsillo. Se sienten triunfadores. El alcalde de Casma Rommel Meza Cerna nos recuerda que hace tres años, con el hallazgo de una veta de oro en el cerro El Dorado, en la comunidad de Huanchuy, distrito de Buenavista, empezó a asomar este fenómeno que ahora les quita el sueño a cientos de familias en Casma. ¿Qué pueden hacer los docentes si no están preparados? ¿Cómo empezar a “curar” ese daño social en una comunidad desconcertada? Existen otros temas que generan violencia y explotación y que deberían abordarse: el problema de la trata en los campamentos mineros donde niñas y jovencitas son explotadas ¿Podemos seguir hablando de mejora en los aprendizajes si el daño está inserto en el proceso de desarrollo de los niños y jóvenes? Problemas que los docentes deben afrontar porque no es sólo policial el tema. ¿Están preparados? ¿Qué puede hacer el Ministerio de Educación para abordar este problema? Tarea ardua, pero urgente. (01.06.13)

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