Los hábitos de la TV invaden la escuela

Los especialistas debaten cómo aprovechar en el aula las horas de los chicos ante la pantalla.
Los chicos argentinos miran cuatro horas y veinte minutos de televisión por día en promedio, según la consultora Total Research. Estudios internacionales han determinado que, al terminar la educación secundaria, un estudiante ha pasado, como mínimo, unas 11.000 horas en el colegio, frente a unas 15.000 horas delante de un televisor y unas 10.500 oyendo música.
Pero no es todo: la exposición de los chicos a los medios audiovisuales crece y se diversifica con la popularización de la computadora, Internet, los videojuegos y los videoclips.
La cultura de la imagen, el zapping, la navegación y el chateo son opciones vertiginosas, que prometen respuestas rápidas y brindan emociones fuertes. Y conviven cada vez más con una escuela que, en palabras del académico Alfredo van Gelderen, en muchos aspectos “se ha quedado en el túnel del tiempo”.
¿Cómo puede y debe interactuar la escuela con esta explosiva realidad de los medios electrónicos? Su impresionante desarrollo, ¿podría transformar la institución escolar?
Van Gelderen no lo cree, “porque para la formación integral de la persona la escuela es una institución privilegiada; en cambio, para la información es una institución débil”, dice.
“En esta pelea desigual -agrega-, la escuela se ha puesto en la peor de las posiciones, se ha reducido a un papel informativo y es ahí donde pierde y no puede presentar batalla, porque su fuerza está en la transmisión cultural con intención formativa.”
Por eso la escuela no puede seguir ignorándolos, “sino que tiene que formar buenos receptores de mensajes, tiene que formar sentido crítico y criterio estético, y tiene que hacer comprender a los padres los mensajes no morales que reciben sus hijos”, advierte Van Gelderen.
Decodificar mensajes
No en vano se dice que, en este fin de siglo, ya no es suficiente con saber leer y escribir para comprender la realidad. La persona que no tenga los instrumentos para decodificar los mensajes de los medios puede llegar a ser identificado como un nuevo tipo de analfabeto. “De allí la importancia de que los chicos comprendan el significado y las implicancias de estar viviendo en un contexto crecientemente audiovisual”, dice Sara Shaw de Critto, presidenta de la Fundación Televisión Educativa.
Por eso mismo hay quienes sostienen que, antes que una computadora en cada aula, lo que hace falta es un buen maestro en cada aula, porque de nada sirve formar chicos capaces de navegar por Internet si después no saben qué buscar o qué hacer con la información que allí obtienen.
“La preocupación social que comienza a manifestarse sobre los niños y los nuevos medios está estrechamente vinculada con dos factores: por un lado, el tiempo que dedican a la televisión, la computadora y los videos, y por otro, los valores y las representaciones que transmiten esos medios”, sostiene Critto.
Su preocupación es que los chicos logren un cierto control sobre el uso que hacen de estos medios, porque la realidad es que hoy, si bien nacen involucrados en un mundo tecnológico, no reciben una formación que les permita comprender que no sólo se trata de herramientas útiles, sino que también corporizan un nuevo tipo de organización social.
“Si se considera que la educación es un proceso por el cual se incorporan y transmiten conocimientos, habilidades y valores, queda claro que a la televisión y a los medios interactivos les cabe un papel determinante en la sociedad actual. Por eso es tan importante ofrecer a los chicos pautas de análisis e instrumentos adecuados para tomar decisiones autónomas sobre los mensajes que reciben”, explica.
Alejandro Correa, gerente de programas especiales de TV Quality-Educable -sistema privado de televisión educativa, que llega en forma gratuita a 10.000 escuelas de todo el país- da por sentado que el chico que creció con la tecnología ve el mundo distinto, tiene una forma de pensar y un marco conceptual diferentes.
“Pero uno ve que los planes de estudios se van actualizando muy lentamente para asumir esos cambios. Por eso, yo diría que no es que el chico no le preste atención a la escuela, sino que la escuela no le presta atención a ese chico de hoy, mucho más acostumbrado, por otra parte, al ritmo televisivo que al ritmo académico”, opina.
Correa también descarta que la escuela deje de existir, pero cree que seguramente redefinirá su papel, “y aquí sí las nuevas tecnologías van a cumplir una función central, porque los chicos tienen una natural inclinación hacia estas herramientas, que ofrecen un enorme potencial educativo”.
Por su parte, el especialista en nuevas tecnologías Alejandro Piscitelli ha dicho que los nuevos medios están disminuyendo la exposición de los chicos frente al televisor, y se estima que en el 2000 esta caída será de 100 horas anuales. “Así -asegura-, las nuevas tecnologías pueden terminar siendo aliadas de la transformación en el proceso educativo.”
“Una estructura mental distinta”
“Los medios les muestran y ofrecen a los chicos una realidad con una velocidad tal que no tienen capacidad de analizar, de abstraer, de conceptualizar, y eso les está generando una estructura mental distinta de la nuestra”, dice Federico Johansen, rector del colegio Los Robles.
Su experiencia le demuestra que los estímulos fuertes que vienen de la mano de la explosión mediática tienen como contrapartida chicos que se aburren cada vez más en la escuela y que demuestran una notable falta de vocación para el esfuerzo.
Johansen trazó el perfil del alumno secundario medio actual, con gran capacidad intelectual, pero desmotivado y con tendencia al menor sacrificio posible, que concurre al colegio por inercia y porque no tiene otra cosa que hacer, dando vida a una realidad que prolifera: la de los “secundarios guardería”, que tienen necesidad, más que nunca, de profesores brillantes para lograr atraer la errática atención de estos estudiantes.
“Antes se ponía en la primera hora al profesor más serio o menos comunicativo, “más goma”, como dicen los chicos, pensando que a esa hora todos estaban bien despiertos para prestarle atención. Hoy tenemos que poner al más locuaz, activo y divertido, para que los mantenga atentos, porque si no se duermen”, confiesa.
-¿Un profesor estilo Tinelli?
-Claro. Pero resulta que el Tinelli de la docencia no existe, ni puede existir, porque lo que nosotros tenemos que pedirles a los chicos es esfuerzo. Y eso es lo que ellos no quieren. Hoy, claramente, el problema no pasa por la inteligencia, sino por la falta de voluntad. Hoy no tenemos tecnología para educar la voluntad. Antes se respetaban los horarios de las comidas, de las salidas, de irse a la cama y, aunque hoy puedan parecer ejemplos estúpidos, lo cierto es que eso iba educando el carácter desde la casa.
-Ahora todo debe ser rápido.
-Claro, como las respuestas mediáticas. Entonces los chicos, cuando tienen hambre, van a la heladera. Antes, tener que esperar la hora de la comida era una forma de educar la voluntad. Antes, a las 10 de la noche los padres te mandaban a la cama y te ibas, te gustara o no. Hoy los chicos ven televisión hasta la 1 o las 2 de la madrugada y después duermen toda la mañana arriba del banco, viven tirados, todo les cuesta un terrible esfuerzo. .

(LA NACIÖN LINE. Bs.As.05.10.99)

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