EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE Hacia la tangibilidad de los contenidos curriculares (II)

Aramis Latchinian[1]

[1] Licenciado en Oceangrafía B iológica; Magister Scientarum EN Cs. Ambientales y Especialista en gestión Ambiental. Cuenta con amplia experiencia de docencia e investigación a nivel universitario en Uruguay y en el exterior y es consultor de medio Ambiente
Publicado en EDUCAR. Año 2 Nº 5 Montevideo, Uruguay. Octubre 1999..
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II. Educación Ambiental y tangibilidad.

En este contexto, el gran objetivo social al que debe apuntar la educación ambiental es la educación de las nuevas generaciones en el congreso el Desarrollo Sostenible (que la explotación que nosotros hagamos de los recursos naturales, no ponga en riesgo la disponibilidad de esos recursos para las futuras generaciones), para lo cual es necesario que la educación ambiental experimente un avance cualitativo hacia su «tangibilización».

 Sin olvidar las instancias de discusión y de elaboración teórica, es imperioso en nuestra opinión, que el buen desempeño ambiental sea tangible. Y no solamente que cada actividad de capacitación produzca una transformación ambiental positiva que deje resultados cuantificables, sino que ese producto sea apreciable para el público y que se convierta en una herramienta para la educación ambiental comunitaria.

 La clasificación de residuos, la siembra de árboles autóctonos y otras iniciativas igualmente importantes no pueden perseguir fines exclusivamente didácticos; el impacto ambiental positivo debe ser un objetivo principal y la mejora en las condiciones ambientales será la herramienta educativa.

 En ese sentido, la Gestión Ambiental se presenta como una herramienta novedosa para la educación ambiental. Hasta hace pocos años sólo las empreas líderes y de mayor visión estratégica implementaban Sistemas de Gestión Ambiental.

 Si entendemos como Gestión Ambiental a las acciones  a las acciones, programas y proyectos que una organización implementa para prevenir o corregir problemas de deterioro ambiental, cuando dichas acciones, programas y proyectos se ordenan en forma lógica y sistemática y se estructuran en torno a una Política o compromiso Ambiental, hablamos de Sistema de Gestión Ambiental.

 Hoy se considera a los Sistemas de Gestión Ambiental como una herramienta válida para cualquier organización y tal vez sean una forma de tangibilizar en centros educativos el buen desempeño ambiental.

 Todo problema de deterioro ambiental por causa de actividades humanas es susceptible de un Sistema de Gestión ambiental y como dijimos antes, los mismos son una forma válida de materializar en acciones concretas la educación ambiental.

 III. Un ejemplo, a modo de conclusión: Clasificación y reciclado de papel en centros educativos.

Hoy existen en países desarrollados cientos de programas de gestión Ambiental con fines educativos en distritos escolares, universidades, organizaciones comunitarias, empresas, parques, jardines zoológicos, museos y centro de estudio de la naturaleza. Estos Programas son gestionados en su mayoría por los mismos estudiantes.

 Si bien la reducción en el consumo energético o en el consumo de agua, la siembra de flora indígena o la protección de la fauna autóctona, pueden ser muy buenos ejemplos de temas a desarrollar transversalmente en los Programas educativos, prestaremos un poco más de atención al reciclado de papel en los centros educativos, debido a que éste puede ser un tema muy tangible y como señalamos antes, el éxito de la transversalidad en la educación depende en gran medida de la correcta elección de los temas.

 Uruguay consume anualmente más de 100,000 toneladas de papel, procedente de eucaliptus (97%) y de pino (3%). De este papel se recupera para reciclar cerca de 35,000 toneladas, con el que se produce papel higiénico, cartón corrugado, papel de baja calidad, cartón gris y maples.

 Más del 90% de los residuos de escuelas y liceos lo constituyen papel reciclable (impresos en general, fotocopias, borradores escritos, papel de embalar, hojas de computadora, diarios y revistas, envoltorios, cartones, papel de fax, recibos, etc.), por lo tanto, un programa de clasificación y reciclado de papel en centros educativos permitiría tangibilizar la educación ambiental en los siguientes aspectos:

 –       Reducción de la cantidad de basura en cerca de un 90%.

–       Conservación de los recursos renovables: una tonelada de pulpa de descartes equivale a 90 árboles de 12 metros de altura (54 pinos y 34 eucaliptos).

–       Obtención de un ingreso económico adicional para los centros educativos, a partir de la venta del papel recolectado y clasificado.

–       Desarrollo de habilidades mientras se recicla papel (restauración de lomos de libros, serigrafía, elaboración de carpetas, tarjetas y otros materiales).

–       Trabajo coordinado con ONG’s dedicadas a la educación ambiental (algunas de ellas se enfocan específicamente al reciclado de papel en las escuelas).

 Nuestro país cuenta con la infraestructura y el equipamiento, con los recursos humanos y tecnológicos para desarrollar una gran Proyecto escolar de reciclado de papel, el cual tendría un impacto ambiental significativo a nivel nacional, cuantificable y claramente tangible.

 Un proyecto de estas características, llevado adelante por niños y adolescentes en los centros educativos y dirigido por la ANEP, sería sin lugar a dudas un inmejorable ejemplo de Gestión Ambiental con fines educativos y se constituiría en una herramienta de integración disciplinar de enorme valor.

 

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