El «sabor del saber» y el saber académico actual (II)

Enrique Gervilla Castillo

Facultad de Ciencias de la Educación

egervill@ugr.es

[1] Publicado en: Revista de Educación, 340. Mayo-agosto 2006, pp. 1039-1063.

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Situación actual: ¿un saber sin sabor?

Los medios de comunicación social frecuentemente nos dan a conocer múltiples informaciones sobre la situación actual y evolución de nuestro sistema educativo: fracaso escolar, violencias, motivación de los estudiantes, esfuerzo, salidas profesionales, etc. En tales informaciones podemos encontrar tantos aspectos positivos como negativos. La pregunta que nos formulamos, ante tan variadas informaciones, se centra en clarificar el «sabor del saber» en nuestras instituciones académicas.

 

Quienes nos dedicamos a la enseñanza fácilmente constatamos el deseo, de no pocos alumnos, de alcanzar las máximas calificaciones con el mínimos esfuerzo sin importar demasiado el nivel de conocimientos adquiridos. Para muchos alumnos, sobre todo universitarios, los apuntes, y a veces fotocopiados, son la única fuente de información ante el examen o evaluación[1]2. Internet colabora a fomentar tal situación con ciertas páginas como el «Rincón del vago», «La salvación», etc. ¿Cuántos alumnos asistirían a nuestras clases si, desde el inicio les garantizamos el aprobado o, más aún, el sobresaliente? Algunas experiencias que hemos conocido en este sentido no han podido ser más desilusionantes. El saber parece haber perdido su buen sabor, y tal divorcio genera problemas de disciplina en las aulas, apatía, desinterés, y hasta violencias…, conducentes, en no pocos casos, a un malestar docente y discente manifestado en frecuentes bajas laborales del profesorado (múltiples de ellas debido a enfermedades mentales), fracasos escolares, controles, exámenes, ejercicios, etc.

 

Los siguientes datos son suficientemente ilustrativos de cuanto venimos diciendo. En el mes de diciembre del pasado año 2003, la Ministra de educación daba a conocer la situación escolar no universitaria de nuestro país con relación a la Unión Europea. El titular del ABC, como síntesis de los datos ofrecidos, afirmaba: Educación reconoce los «sangrantes» niveles de fracaso escolar entre los alumnos españoles.

 

España es, desde hace una década, el segundo país de la Unión Europea con mayor tasa de fracaso escolar: desde el año 1994 ha aumentado un 6%. El abandono de la Educación Secundaria Obligatoria alcanza en estos momentos el 29%. Máxime cuando el número de alumnos escolarizados ha disminuido en más de un millón en la última década, pasando de 8 millones en 1994 a poco más de 6 millones y medio en 2003.Así, seguimos siendo el país de la Unión Europea con mayor tasa de abandono, tan sólo superado por Portugal con un alarmante 45%.Por otra parte, los estudios evidencian que existe una repercusión del entorno socioeconómico de los alumnos.

 

Según estudios del Instituto Nacional de Estadística mientras cerca de 40% de los extremeños, andaluces y manchegos abandonan el sistema educativo al cumplir los 16 años, sólo lo hacen el 10% de los vascos, navarros o madrileños. El escaso interés, el aburrimiento y la falta de compresión de los docentes parecen ser las principales causas del fracaso escolar según los jóvenes españoles que abandonas los estudios (www.abc.es, 2003).

 

El último Informe de la OCDE del año 2003 ofrece datos similares en este mismo sentido: de los 27 países evaluados, lo estudiantes españoles ocupan el puesto 18 en compresión lectora, el 19 en cultura científica y el 21 en cultura matemática. Como ha reconocido el propio Gobierno, los valores de rendimiento de nuestros estudiantes se sitúan en el cuarto inferior de los países considerados; lo que significa que son mediocres (Zapatero, 2003).

 

Estudios del mes de mayo del año 2004, realizados por el PP y CCOO manifiestan los crecientes conflictos en las aulas, así como el aumento de bajas laborales por amenazas o agresiones del profesorado. En el año 2003 aumentaron la violencia en las aulas un 5% en relación con el año anterior, según el informe del PP. Un profesor de un instituto de secundaria vive una media de 44 situaciones conflictivas al mes: el 60% son enfrentamientos, el 30% insultos, el 9% amenazas y el 0,5% agresiones, según CCOO (Villalba, 2004, p. 16).

 

En este mismo sentido, los datos de la encuesta de UNICEF (1999) realizada durante los años 1999-2000 en 15 países de América Latina y en la Península Ibérica entre niños y niñas de edad comprendida entre 9 y 18 años, indican que en España un 40% de los niños y adolescentes declaran tener dificultades en la escuela y –lo que es más grave aún– sólo el 10% manifiestan ir al colegio «porque le gusta».

 

En el nivel universitario, las cifras son igualmente preocupantes. Así, bajo el título: Universidad y fracaso escolar, el diario El Mundo (2003) nos ofrecía los siguientes datos: alrededor del 25% de los jóvenes de 18 años en la Unión Europea no continúa sus estudios. En el caso de España, la tasa de abandono es similar: el 26%.Aquí, como en el resto de Europa, la mayoría de los abandonos –el 60– se producen en el primer curso. Las cifras ponen de relieve la gravedad del problema: para los jóvenes, por lo que supone de fracaso personal; para las familias, que ven frustradas sus expectativas, y para la sociedad, que debe reflexionar sobre la suficiencia y eficiencia de los recursos

dedicados.

 

Expertos cualificados, afirmaba el citado diario, han examinado las causas de estos índices tan grandes de fracaso, argumentado como razones más destacadas: el aburrimiento derivado de unas metodologías educativas poco o nada atractivas; la irrelevancia de algunos programas para el desempeño de una profesión; las expectativas poco realistas respecto a lo que la Universidad puede ofrecer; las dificultades de transición de la enseñanza media a la superior, o la incompatibilidad entre el alumno y la propia institución. Pero sobre todo la preparación de un buen número de estudiantes que acceden a la Universidad.

 

El Informe del Plan Nacional de la Calidad de las Universidades (PNECU), tras el análisis de 939 titulaciones, el 64% del total, entre otros datos, indicaba que el 28% de los alumnos abandona los estudios universitarios, y el 74% de los jóvenes que se gradúan tardan más de lo previsto en los planes de estudio (El País, 2003).

 

Especialmente ilustrativos son los datos obtenidos en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada. El Grupo de Investigación «Valores Emergentes y Educación Social» de la Junta de Andalucía inició en el año 2000 un trabajo de investigación conducente al conocimiento de los valores de los futuros educadores[2]. Tras aplicar un mismo test de valores, durante tres cursos académicos consecutivos (2000-2003), a los alumnos de Magisterio de todas las especialidades, así como a los estudiantes del primer ciclo de Pedagogía, se obtuvo la siguiente jerarquía de valores[3]:1º afectivos (puntuación: 40,46); 2º morales (36,61); 3º ecológicos (35,49); 4º individuales/liberadores (32,62); 5º corporales (31,51); 6º estéticos (25,65); 7º sociales (24,91); 8º Instrumentales/económicos (21,25); 9º intelectuales (19,65) y 10º religiosos (9,82).

 

La jerarquía de valores precedente manifiesta la fuerza del valor afectivo (1º) entre los futuros educadores, así como la debilidad del valor intelectual (9º).De modo más concreto es importante, en el tema que nos ocupa, analizar la fuerza de cada uno de los vocablos que han dado como resultado este penúltimo lugar del valor intelectual en la jerarquía total de valores[4]. Esta infravaloración hace difícil el aprendizaje, pues como ya afirmó Confucio: «No enseñar a un hombre que está dispuesto a aprender es desaprovechar un hombre. Enseñar a quien no está dispuesto a aprender es malgastar las palabras» (Mello, 1998, p.55).

 

CUADRO I. Valores Intelectuales

 

Año 1º

Año 2º

Año 3º

Saber

1,59

1,59

1,54

Enseñar

1,53

1,60

1,58

Inteligencia

1,49

1,43

1,36

Conocimiento

1,31

1,43

1,32

Aprender

1,31

1,44

1,47

Pensar

1,16

1,30

1,31

Leer

1,13

1,36

1,29

Memoria

1,08

1,16

1,14

Reflexionar

1,08

1,25

1,23

Libro

1,01

1,23

1,21

Investigación

    0,96

1,08

0,91

Deducir

0,92

1,10

1,01

Universidad

0,88

1,00

0,89

Alumno

0,79

0,96

0,99

Ordenador

0,79

0,92

0,90

Facultad

0,72

0,82

0,76

Ciencia

0,52

0,70

0,62

Biblioteca

0,44

0,72

0,60

Tema

0,38

0,62

0,53

Profesor

0,37

0,58

0,66

Asignatura

0,35

0,56

0,47

Apuntes

0,16

0,39

0,34

Estudiar

0,03

0,43

0,35

Conferencia

-0,01

0,24

0,17

Evaluación

-0,44

-0,25

-0,19

 

Es importante resaltar en el Cuadro precedente, la máxima valoración –y en los tres años consecutivos– de los vocablos relacionados con el saber general: saber, enseñar, inteligencia, conocimiento, aprender, pensar, leer…, así como la mínima valoración de las palabras cuando éstas hacen referencia al saber institucionalizado: biblioteca, profesor, tema, asignatura, apuntes, etc. Rechazo, incluso, de dos actividades reiterativas en nuestras Universidades: conferencia y evaluación.

 

Los universitarios –según estos datos– desean saber , pero no desean saber ,o bien lo desean mínimamente, la sabiduría oficial impartida en las Universidades, esto es, lo que el Ministerio y las Universidades dicen que es necesario aprender. Las causas de ello son múltiples e interrelacionadas: unas institucionales, otras ambientales y otras personales. Baste recordar los numerus clausus, la masificación de las aulas, la escasa preparación pedagógica del profesorado; la falta de motivación de los alumnos; la mínima valoración del esfuerzo; el ambiente social, impulsor más del aparentar que del ser; las dificultades en las salidas profesionales, y un largo etc. que merece la pena investigar.

 

Otras investigaciones realizadas, en el ámbito nacional, con ciertas matizaciones, confirman estos mismos datos: la infravaloración de los conocimientos institucionales, y de los representantes del saber académico. Los jóvenes no encuentran en las instituciones educativas orientaciones para dar solución a sus problemas fundamentales e inquietudes vitales, datos bastantes graves desde la visión educativa.

 

Así en reciente estudio, Jóvenes 2000 y Religión, publicado el mismo año 2004, (Fundación Santa María, p. 25) entre jóvenes cuyas edades comprendían entre los 13 y 24 años, confirma que el saber relacionado estrechamente con los problemas de la vida no se encuentra en los colegios:

 

CUADRO II

¿Con quién compartes las inquietudes sobre los grandes problemas de la vida?

Con los amigos                                                                                                                                                         70

Con los padres                                                                                                                                                     36             

Con la pareja                                                                                                                                                         29

Con nadie                                                                                                                                                              15

Con algún sacerdote o religioso                                                                                                                                  4

Con algún profesor                                                                                                                                                 2

La misma Fundación Santa María en Jóvenes españoles 99 confirma los mismos datos bajo la pregunta «¿Dónde se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo?» Las respuestas en porcentajes desde el año 1989 fueron las siguientes:

 

CUADRO III

                                             1989                  1994                         1999                           1999-1989

En casa, con la familia

23

50

53

+30%

Entre los amigos

31

35

47

+16%

En los medios de comunicación

34

30

34

=

En los libros

28

20

22

-6%

En los centros de enseñanza (profesores)

14

21

19

+5%

En la Iglesia (sacerdotes, parroquia, obispos)

16

4

3

-13%

En los partidos políticos

16

4

-14%

Otros

4

1

1

-3%

En ningún sitio

8

2

3

-5%

Ns/Nc.

4

0,4

-4%

N =

4.548

2.028

3.858

 

 

Los jóvenes, no obstante, desean un alto nivel cultural, una buena preparación profesional, así como tener éxito en el trabajo. Así lo manifiestan los datos del Ministerio de Trabajo y Asuntos sociales Jóvenes y estilos de vida (Comas, 2003, p. 187), ante la pregunta: Importancia que tienen estas cuestiones en tu vida:

 

CUADRO IV

                                                                                                               Medida

Tener buenas relaciones familiares                                                                                                              8,76

Vivir como a cada uno le guste sin pensar en el qué dirán                                                                       8,26

Tener muchos amigos y conocidos                                                                                                             8,23

Tener éxito en el trabajo                                                                                                                                8,17

Tener una vida sexual satisfactoria                                                                                                               8,10

Obtener buen nivel de capacitación cultural y profesional                                                                      7,97

Llevar una vida moral digna                                                                                                                           6,97

Respetar la autoridad                                                                                                                                      6,52

Hacer cosas para mejorar mi barrio o comunidad                                                                                       5,71

Interesarse por temas políticos                                                                                                                      3,76

Preocuparse por cuestiones religiosas o espirituales                                                                                 3,16

 

Los datos precedentes ponen de manifiesto que la sabiduría impartida en nuestros centros docentes ha perdido sabor e interés para muchos al no dar respuesta a los problemas fundamentales de la vida de los alumnos. La filo-sofía ha perdido la fuerza del filo (amante) y se ha quedado sólo en la pasividad de la sofía (sabiduría).Hoy, para buena parte de los estudiantes, el saber institucional, al perder su sabor, se ha convertido en un alimento desabrido, que es necesario comer, no por el placer y el sabor del mismo, sino por razones ajenas y externas al mismo. Situación más parecido al enfermo que toma la desagradable medicina, necesaria para sanar, que al placer que ocasiona una sabrosa comida o bebida.

 

Ello, en modo alguno, indica la apatía o desinterés por la sabiduría en general, sino el pasotismo o minusvaloración del saber impartido en nuestras instituciones, por cuanto el ansia o deseo de saber es algo connatural a todo ser humano, como ya afirmara Aristóteles cuatro siglos antes de a. C.


[1] A finales de julio del presente año 2004,una emisora de radio, hacia una entrevista a un profesor universitario. Entre las varias anécdotas que éste narraba, una me llamó especialmente la atención, por cuanto ya reflexionaba yo sobre este tema: Un estudiante americano, al despedirse tras concluir su estancia en España, el profesor le preguntó sobre algunas diferencias entre los estudiantes universitarios españoles y americanos, el alumno respondió que le había llamado mucho atención ver que aquí los estudiantes no llevan libros.

[2] Para una mayor información sobre esta investigación,Vid. Gervilla, 2002, pp.7-25. Recordamos al respecto que el número de alumnos (N) del primer año fue de 945, del segundo de 666, y del tercero de 602.

[3] El intervalo de puntuación oscila entre menos y más 50. La puntuación corresponde al primer año, permaneciendo similar en los dos cursos sucesivos.

[4] Intervalo para cada palabra: -2 y +2.

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