¿La inversión en educación lo soluciona todo?

Luis Miguel Saravia C.

Educador

Lima – Perú

 

  1. Aclarando y afirmando. Pareciera que pasó el tiempo de la calidad y empieza el de la inversión. Como dice el pueblo esto no es chicha ni limonada, pero hace mucho tiempo se nos dijo que no se puede echar vino nuevo en odres viejos. Si lo hacemos perderemos vino y odres. Hoy la agenda indica inversión, sin darnos cuenta que aún faltan muchas cosas previas  para hablar de que tenemos una buena educación.

 

Pero como van las cosas lo que se hará en estos meses (29) que llevan al término del actual gobierno, será más de lo mismo. Se ha sembrado inseguridad, indiferencia, retardo en decisiones sin importar el impacto en las regiones, en la sociedad. No nos acercaremos al abismo, pero lo que se ha ido construyendo con la mano, se borra con el codo. Tecnocracia es la opción preferida en lugar de tratamiento político de los temas y problemas que tiene el país. ¿Dónde quedó la inclusión? ¿Dónde quedó la participación? ¿Dónde quedó la solución de los problemas sociales agobiantes en el interior del país? ¿Dónde la institucionalidad? ¿Dónde la construcción de la ciudadanía? ¿Dónde la democracia? Todo se derrumbó de la noche a la mañana. ¿Por qué? Los analistas harán sus análisis y aportes. Lo que le queda al pueblo es que nuevamente es postergado en sus demandas por preferir pragmatismos provenientes de una falta de percepción de lo que es un Estado que no solo se fije en inversión, sino en desarrollo, en valorar todo aquello que tiene como centro a la persona humana.

 

Cuesta creer que volvemos a preferir el cemento, fierro y ladrillo, que el desarrollo personal de los alumnos, la formación y el desarrollo profesional de los docentes. Deseamos que el año escolar se inicie de acuerdo a declaraciones, discursos de las autoridades educativas, pero existen hechos y razones que no auguran éxito. Esperamos equivocarnos.

 

  1. 2.    Un editorial y una noticia. El día domingo un diario local editorializa: “Educación para el crecimiento”. (EL COMERCIO 23.02.14) Se entiende que es la posición del diario que representa una tendencia en la opinión pública. Sin embargo no es una tendencia que represente la posición mayoritaria de la población del país.

 

Sin duda lo que se acota en el editorial puede tener alguna validez, pero por el sesgo y énfasis que se pone quiere dejar de manifiesto que son muchas las trabas que se ponen para invertir; que existen pocas facilidades para servir a un mercado que demanda mano de obra calificada.

 

Pero ¿la educación ofertada debe ser para crecer solamente o para desarrollarnos como personas y como país? Ni una palabra sobre la estructura del Estado obsoleta y causante de los retrasos. Nada sobre instituciones que tienen un formato muy antiguo que hacen difícil responder a las demandas que se dan en el campo educativo. No se trata de “romper” formas y costumbres en beneficio de, sino de construir un sistema educativo que desarrolle procesos de desarrollo de las personas, antes que crear instituciones que sólo se dediquen a autorizar y sellar franquicias y modelos porque la inversión lo requiere.

 

La estructura heredada en educación es muy compleja. Las decisiones pasan por revisar lo que es el sistema educativo que tenemos para un país intercultural, que tiene muchas brechas que solucionar, que tiene inequidades ancestrales y que tiene aún a la pobreza como caldo de cultivo de las desigualdades cotidianas. Las acciones a emprender son estructurales. No es con meros maquillajes que se puede lograr los cambios en un sistema educativo que es obsoleto para el siglo que transcurrimos. Tampoco una reforma puede aplicar paliativos para una afección centenaria y comportamientos oligárquicos que no resisten la dinámica de los cambios y el ejercicio de valores civiles, éticos y democráticos.

 

El tono del editorial es quejumbroso, pero a la vez reduce la salida a la complejidad del problema a una palabra: invirtiendo. Pareciera que todo se soluciona con la inversión. Esa es la nueva consigna para contar con una educación para el crecimiento, y se olvidan de que se trata de seres humanos y no de mercancías; de personas que requieren desarrollar sus capacidades y aprendizajes y no sólo para responder en función de las maquinarias, de las demandas del mercado. Ni una línea sobre el fomento de la innovación y creatividad, requisitos importantes en esta era de competición, de globalización, de economía, del conocimiento.

 

Pero allí no termina el asombro pues en otro diario se da cuenta de que el Ministerio de Educación convoca concurso CAS para especialistas en Economía y en Inversiones (LA REPÚBLICA. 23.02.14). ¿Es que la política educativa ya responde en pared a lo que el mercado requiere? Se pide inversión, y se responde afirmando lo planteado. Ya el ministro actual lo dijo. Por ello no nos llama la atención.

 

¿A dónde va nuestro sistema educativo? ¿Quiénes investigan, reflexionan sobre lo que debe hacerse actualmente? Se nos dice que debe cambiarse el currículo y se habla ya de un marco curricular, que pocos conocen, pero lo difunde “docentesenredsantillana” previa inscripción. ¿Por qué no el Ministerio? Pregunto: ¿se ha evaluado el anterior DCN, cuáles son los resultados? ¿Quién ha elaborado el marco curricular que se anuncia? ¿Qué expertos lo analizarán? ¿Será consultado a los docentes?

 

  1. Así vamos andando curtidos de soledad. Premunidos por una cohorte de yupis (Castilla boys) llegados al gobierno este verano y que creen tener la receta para todo lo que requiere el país, levantando la palabra mágica: inversión. Mejor educación si existe inversión, mejores aprendizajes si existe inversión, mejores profesionales si existe inversión. ¿Mejor sistema educativo, si existe inversión? Entonces por qué cuesta llegar a invertir el 6% que recomiendan las instituciones internacionales? Malabares hacen los políticos y especialistas para justificar por qué no se llega a esa meta.

 

Nuestra población y en especial nuestros analistas están convencidos que los fundamentos de la crisis que vivimos en educación tienen su base en el supuestamente improductivo trabajo que las escuelas realizan. Por ello nos venden el discurso de que estamos como estamos porque por lo general las personas y los jóvenes de manera especial, carecen de las competencias y de atributos cognitivos necesarios para volver nuestra economía más dinámica y competitiva.(La educación como coartada, Pablo Gentili. El País.Madrid, 26.02.14). ¿Dónde descubrirán sus competencias y sus capacidades? En la escuela. Una verdad de antología, pero se olvidan quienes nos traen la buena nueva del discurso de la inversión en educación.

 

Las cifras que nos muestran son fabulosas para invertir en infraestructura. Cerrar la brecha que se tiene hoy en día demoraría unos 15 años. “Por ello, es urgente mejorar los procesos de gestión y ejecución del sector público, así como promover la implementación de mecanismos de cooperación público-privado. Desde el Minedu desarrollamos una ambiciosa agenda de trabajo con el sector privado orientada a implementar mecanismos de participación como obras por impuestos y asociaciones público-privadas (APP). El objetivo: complementar los esfuerzos públicos y acelerar el ritmo de inversión en infraestructura educativa.” (Esfuerzos conjuntos PARA MEJORAR LA INFRAESTRUCTURA EDUCATIVA. Juan Pablo Silva. Secretario de Planificación Estratégica del MINEDU. El Comercio 26.02.14) Importante planteamiento y mirada en perspectiva. Para educación inicial nos dice el artículo se tiene identificados proyectos de inversión pública por aproximadamente 800 millones de soles. Estos proyectos se ajustan al “temido” SNIP. Pero su financiamiento no está asegurado. Se avanzan los expedientes técnicos. Su ejecución está pendiente para infraestructura de escuelas medianas y grandes por casi S/.1.000 millones, cifra que va creciendo. ¿Qué son escuelas medianas y grandes? ¿Son acaso para primaria y secundaria?

 

Sobre la forma como se realizarán estas obras de infraestructura el Secretario de Planificación estratégica escribe “¿Qué planteamos para las APP? Una estrategia para que empresas privadas se encarguen de la construcción, equipamiento y mantenimiento de las instituciones educativas, garantizando con ello la sostenibilidad de la inversión y resultados educativos en el largo plazo… El trabajo entre los actores públicos y privados es una oportunidad para avanzar más rápido a una educación de calidad.” (Esfuerzos conjuntos PARA MEJORAR LA INFRAESTRUCTURA EDUCATIVA. Juan Pablo Silva.)  Si el Estado no tiene recursos ¿cuál sería su aporte? ¿Nuevos préstamos? ¿Nuevo endeudamiento o aval para que empresas privadas consigan los recursos? ¿Quién gana y quién pierde? ¿No estamos cayendo en un modelo del cual hemos tenido ingrata experiencia en décadas pasadas?

 

Interesante el planteamiento. Pero, no se dice nada de la escuela pública. ¿Por qué? ¿No es acaso ella una de las principales herramientas que tenemos para impulsar el progreso, sembrar valores democráticos, y el bienestar de nuestro pueblo, la relevancia de su cultura? No se trata sólo de mejorar para servir. ¿A quién?

 

Volviendo a la infraestructura ¿se construirá las escuelas con una matriz arquitectónica única como se hizo en época del fujimorismo o se respetará la diversidad regional? ¿se considerará las recomendaciones pedagógicas para infraestructura escolar, equipamiento, materiales educativos, mobiliario escolar y demás recursos que se requieren en el proceso educativo? Debe tenerse en cuenta la cultura, la historia de los pueblos. Que no se repitan experiencias anteriores de comprar materiales estandarizados que servían solo para la costa y no para sierra y selva. ¿Cuesta mucho invertir en respetar el enfoque pedagógico, intercultural en este proceso?

 

Esta cita de Gentili esperemos permita pensar a quienes dirigen y deciden sobre política educativa para no invertir en vano y seguir endeudado al país. Sería bueno,…, que los economistas convencionales, además de dedicarse a criminalizar y cuestionar a la escuela y a los docentes, utilizaran su imaginación para ayudarnos a transitar por estos los caminos del bienestar económico. Haciéndolo, realizarían mejor su trabajo y un valioso aporte al futuro de la humanidad. No es a la escuela a quien le cabe producir los insumos para que la economía se vuelva más competitiva. Por el contrario, la educación debe transformarse en una oportunidad para comprender el mundo en que vivimos y ayudarnos a construirlo sobre los principios de la solidaridad, la igualdad y la más radical defensa de los derechos humanos, la paz y la justicia social. Ya lo hemos repetido más de una vez, inspirados en Paulo Freire y en las pedagogías emancipatorias que tanto nos ayudan a imaginar un porvenir mejor para nuestros pueblos: la educación no cambia el mundo, la educación cambia las personas, y son ellas las que harán del mundo un lugar más digno y acogedor. La educación es el espacio, la plataforma, la cuna donde se gestan la esperanza y la utopía que brindan energías a nuestra lucha por sociedades donde el ser humano sea algo más que un valor de cambio y el conocimiento un bien común del que todos puedan apropiarse. (EL PAÍS. Madrid, 26 de febrero de 2014)

 

Por ello no pensemos que el discurso de la inversión en educación puede reemplazar al enfoque de los aprendizajes, la postergación de capacitaciones a los docentes y la actualización de la ley de Carrera Pública Magisterial. Inversión sí, pero también para que los otros campos de la educación sean atendidos con la misma urgencia. (1º.03.14)

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