EL DISCURSO EDUCATIVO: ¿IDEAL COMPARTIDO O PALABRA VACÍA? (II)

Esteban Barrantes Clavijo

Investigador, Sociedad Colombiana de Pedagogía

PRETEXTOS PEDAGÓGICOS REVISTA DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA DE PEDAGOGÍA

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 El Discurso Como Estereotipo

 A pesar de las múltiples posturas –heterogéneas– que se pronuncian socialmente sobre la escuela, se mantiene una tendencia homogenizante del discurso educativo, vertebrado por conceptos como: calidad, cambio, formación integral, innovación, investigación, competitividad, etc., los cuales delimitan la problemática y/o las situaciones que exhortan a emprender una mirada sobre la escuela. La diseminación de estas palabras -consideradas centrales-, con las que se otorga un sentido genérico «ideal compartido socialmente» a los enunciados que circulan en el discurso imperante, nos hablan de la existencia de un consenso en torno a una aspiración: la transformación de la escuela.

La idea de que hay que “mejorar la calidad de la educación” «es indiscutible», para todos los sectores, posiciones y roles sociales, lo mismo que la aceptación de las nociones tomadas como eje para concretar tal aspiración. El discurso, entonces, se hace homogéneo, se convierte en un discurso ideológico que se gobierna a sí mismo, en tanto se repiten sus enunciados, o sea, se convierte en un estereotipo.

En relación con este punto de vista, Roland Barthes considera que

“(…) nueve veces sobre diez lo nuevo no es más que el estereotipo de la novedad […] El lenguaje encrático (el que se produce y extiende bajo la protección del poder) es estatutariamente un lenguaje de repetición; todas las instituciones oficiales de lenguaje son máquinas repetidoras: las escuelas, el deporte, la publicidad, la obra masiva, la canción, la información, repiten siempre la misma estructura, el mismo sentido, a menudo las mismas palabras: el estereotipo es un hecho político, la figura mayor de la ideología. “11.

A pesar de esta condición, el sentido como son tomadas la nociones señaladas no es el mismo para cada instancia social y, puede resultar diversa su significación, aún, dentro de contextos específicos, como se puede evidenciar, por ejemplo en el caso de la noción de calidad de la educación, en algunos documentos oficiales12 donde la calidad debe ser realizada en atención a aspectos como: comunicación (reconocimiento de la participación de muchos tipos de códigos), investigación (contrastación empírica de predicciones, conjeturas y teorías), formación ciudadana (las vivencias reflexivas organizadas que se tienen en la escuela pueden permitir al estudiante darle sentido y comprensión a su comportamiento en la sociedad), respuesta a condiciones de contexto y niveles de realización (atender exigencias a nivel de aula, comunidad o entorno de la escuela, y de la sociedad en general).

Y más adelanta afirma el mismo documento, “Desde otra perspectiva, la calidad de la educación se puede entender como la relación que guarda la educación, no sólo con los indicadores y dimensiones de análisis propios de la dinámica interna del sistema, sino también con las realidades sociales históricas específicas “13.

Parece, finalmente, que el asunto de la calidad resulta siendo un conjunto de condiciones, que no se resuelven en la escuela ni dependen exclusivamente de ella, pues,

“La dinámica de las condiciones internas y del contexto determina los factores que inciden en la calidad de la educación de una institución educativa específica. […] Los factores asociables a niveles superiores de calidad, entonces, se pueden concebir como condiciones internas de la escuela y condiciones del contexto que afectan los logros que ella alcanza. Así, el mejoramiento cualitativo de la educación no es el resultado exclusivo de la vida en la escuela; más bien, éste puede verse como fruto de la dinámica de la institución entre condiciones internas y externas”14.

Dado que la actividad de la escuela está sujeta a múltiples determinaciones, en tanto que a su interior se expresan diferentes sujetos, intereses, tensiones, “verdades”, puntos de vista sobre la función social de la escuela, etc., es de suponer que el discurso adquiere connotaciones que reflejan una imagen deseable o visible para contextos singulares, de acuerdo a la situación y condiciones en que se pronuncian.

Pero, entonces, ¿por qué los conceptos que vertebran el discurso actual (calidad, competitividad, investigación, formación, innovación, etc.) se mantienen para las diferentes instancias –Oficiales, ONGs, investigadores, docentes– que hacen parte del sistema educativo? ¿Por qué su repetición ocurre en distintos escenarios y, aún, para expresar intereses disímiles?

En resumidas cuentas, cuando aparecen expresiones “de moda” en el contexto educativo, ¿quién se pronuncia? Y bien, estamos por pensar que nadie dice, que no hablamos de algo sino que algo habla en nosotros, por fuera de nosotros.

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