EL DISCURSO EDUCATIVO: ¿IDEAL COMPARTIDO O PALABRA VACÍA? (IV)

Esteban Barrantes Clavijo

Investigador, Sociedad Colombiana de Pedagogía

PRETEXTOS PEDAGÓGICOS REVISTA DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA DE PEDAGOGÍA

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Lugares constitutivos del discurso

Lugares, espacios o posiciones, que podrían identificarse como constituyentes del discurso:

Lugar del contexto, en el que se ubican los enunciados que “enmarcan” el ambiente social, político y cultural en que se inscribe lo que se enuncia. En este punto, para el caso del discurso educativo, se describen las condiciones a las cuales deben responder los planteamientos. Actualmente, el discurso circulante ocupa este lugar con el concepto de competitividad (que implica las nociones de eficiencia, eficacia, impacto, cobertura, desempeño, etc.), que conduce el quehacer escolar a instalarse en la esfera del mercado de “servicios”. Por tanto, sujeto a la ley de la oferta y la demanda.

  • Lugar del ideal o del deseo social, aquel al que corresponden los enunciados que se orientan teleológicamente, bien sean del orden general (social), o particular (en la educación, las metas institucionales). Así, los propósitos perseguidos desde los llamados “fines de la educación”, calidad, cambio, formación integral, constituyen el aforo de esta posición en el ámbito social, mientras que el acento marcado en los PEI: formación tecnológica, científica, artística, en valores, lúdica, en convivencia, democracia y derechos humanos, señalan el deseo institucional. Es preciso aclarar que la explicitación de los deseos no significa tener éxito (para estar en consonancia con la competitividad), ya que muchas instituciones reiteran enunciados pertenecientes a este lugar, pero desconocen las posiciones que lo complementan, por lo que resultan escasamente altruistas.
  • Lugar de los mecanismos, procedimientos y acciones que articulan las posiciones anteriores (los enunciados no aparecen puros), permitiendo una relación diferencial tanto del sujeto como de la institución, en tanto conduzcan a un grado mayor o menor de satisfacción de los requerimientos mencionados en las anteriores posiciones. En el discurso educativo el vocablo privilegiado actualmente, en este lugar, es el de investigación, como operación formadora y generadora de mejoramiento de las didácticas, metodologías, y demás acciones que conduzcan a elevar o disminuir la valoración del quehacer escolar.
  • Lugar de la verificación o de la realización simbólica (parcial)16. Posición que completa la estructura. Aquí confluyen los enunciados de toda la estructura, y se observa el resultado: la coherencia, organización y articulación mutua, es decir, el sentido del discurso. Las expresiones que pertenecen a este lugar aparecen articuladas, aunque no necesariamente en equilibrio, ya que pueden enfatizar un lugar más que a otro. Tales enunciados son quienes demuestran el nivel logrado por la experiencia y la “reflexión” que la generó, por cuanto exhiben el grado de elaboración. Aquí, la “moda”, exhorta a hablar de innovación, la cual es estimada como un lugar más alto de realización que la educación llamada “tradicional”.

Este último lugar de realización del discurso constituye la explicitación de la manera como se articula en la propuesta el acontecer institucional y su relación con las demandas sociales (la sistematización de las experiencias, sean nombradas como Innovación o de corte “tradicional”, pertenecen a esta posición).

De acuerdo con lo anterior: dado un contexto, definidos unos ideales que respondan al contexto, y propuestos unos procedimientos que conduzcan a hacer efectivo el discurso, tendrá lugar la realización, es decir, la demostración de que la práctica obedece a un discurso.

Para hacer más gráfica la presente propuesta, podemos considerar la estructura del discurso de manera análoga a un Ventilador de cuatro aspas, donde cada una de éstas equivale a un lugar constitutivo de la estructura; El motor correspondería al discurso, el cual puede aumentar o disminuir su velocidad de acuerdo con la cantidad de enunciados y la manera como se relacionen; el centro, o sea, el rotor, sería los sujetos responsables del acontecer interno (maestros y directivos), mientras que, la institución hace las veces de revestimiento y protección del centro; por último, la imagen visual de la escuela, estaría dada por la circunferencia trazada por el movimiento de las aspas.

Según esto, la imagen se forma y se mantiene gracias a la tensión ocurrida en el centro (institución y maestros): por efectos de la fuerza (centrífuga) emanada del movimiento de las aspas (competitividad l calidad, cambio y formación integral l investigación, metodologías y didácticas l innovación o tradición), el centro resiste la presión de acuerdo a la velocidad-fuerza con que éstas giren, y puede soportar en proporción a la naturaleza del material que lo cubre. Dicho material, lo constituye la nominación que designe a la institución (innovación = flexible – tradicional = rigidez), de modo que la tensión sobre los sujetos pertenecientes a una innovación es mayor en virtud de la flexibilidad de “aquello” que lo envuelve, en razón de la exigencia de defender el carácter de la institución; mientras que en una institución que sea señalada como tradicional, la tensión soportada por sus miembros es menor, debido a que sus actuaciones no están en función de responder por la institución, sino por sí mismo en un espacio que así lo permite.

Entonces, la imagen de la escuela (el círculo trazado por el giro de las aspas) resulta inmóvil a pesar del movimiento y la velocidad que la produce, de manera que la exterioridad de la escuela puede ser inmóvil para la sociedad, a pesar de que adentro «Todo» acontece vertiginosamente, afectando irremediablemente al sujeto que esté colocado a su interior.

Sin embargo, siguiendo con esta analogía, podríamos pensar que la imagen visible no es solamente la circunferencia, sino también el reflejo de su sombra y el viento que invade el espacio en que se instale, de acuerdo a la dirección en que este artefacto gire: institución, instancias de control y vigilancia, comunidad académica, entorno social, etc.). La imagen, entonces, cambia de acuerdo a quien se dirija el discurso, pues, el objeto del mismo es “refrescar” un ambiente, llámese éste Ministerio de Educación Nacional, comunidad educativa, gremio docente, discusión teórica, etc. De acuerdo con lo anterior, el discurso habla en nosotros, en términos de proporcionar lugares, que ocupamos discretamente y en donde los sujetos estamos abocados a llenarlos con palabras que reclaman ser pronunciadas, a fin de mantener la estructura que las engendró y en la cual sus inventores quedamos atrapados

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