El Arte de Narrar

ANDREA ARRIETA es Licenciada en Ciencias de la Educación y Rectora del Instituto Argentino de Narración Oral (ADENO). Saber cómo contar un cuento y jugar con las historias puede ser una herramienta ideal para comunicarse desde un espacio diferente, generar complicidad y establecer un vínculo afectivo con los niños.
Fundación Leer
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Fundación Leer: ¿Qué lugar tuvo la narración oral en la historia y cuál es su importancia en la sociedad actual?

Andrea Arrieta: La narración oral es un arte tan antiguo como el hombre. Nació, en principio, como un espacio de esparcimiento, como una actividad para disfrutar de las historias. Con el tiempo fue cumpliendo diferentes funciones, por ejemplo: mientras no existía la escritura, la forma de comunicarse y formarse era a través de la vía oral. Así se conservaban las tradiciones, la cultura, las informaciones, los acontecimientos que sucedían en el ámbito histórico. Posteriormente, los narradores orales fueron adquiriendo más funciones. Hoy ya no nos informamos a través de la narración oral, pero sí podemos recuperar tradiciones, costumbres y las historias de nuestros antepasados.

Sin embargo, la sociedad en la que vivimos está muy atravesada por la tecnología y, hoy en día, se perdió el contacto con algo tan importante como es la palabra hablada. Muchos afirman, con razón, que cuando las cosas se dicen oralmente ?las cosas son?, ?las cosas se hacen?. Esto tiene que ver con que al nombrar las cosas, al decirlas, les damos una existencia mayor que si las pensamos o las escribimos. Además, la palabra dicha tiene mucho valor porque permite un contacto con el otro de un modo diferente al que se puede establecer hablando por teléfono, a través de Internet o por otros tipos de medios. Esta instancia de comunicación está vinculada con el afecto, con la atención y genera un clima de mayor intimidad. La narración oral permite, justamente, darle un espacio a la palabra hablada y esto es fundamental en tiempos tan dominados por lo visual.

F.L.: ¿Cuáles son los aportes específicos de la narración oral en el ámbito educativo?

A.A.: En primer lugar, la narración oral les permite a los alumnos de cualquier nivel disfrutar de la palabra a través de los cuentos y las historias. Desde ya, uno puede aplicar la narración oral con distintos fines en el aula, por ejemplo: para promover la lectura, difundir la literatura o introducir temas de conversación. Aunque la narración en sí misma no tenga una finalidad, el que cuenta se propone algo con el cuento. Siempre a través de las historias se abre la posibilidad de imaginar y disfrutar otra realidad. Los cuentos transmiten una visión del mundo, una forma de pensar, una forma de ser del hombre.

En rasgos generales, la narración oral ayuda a pensar, a recordar historias, a recuperar costumbres y tradiciones. Incluso es un recurso para que los niños que se expresan con monosílabos o tienen dificultades comunicativas aprendan a manifestarse oralmente. Escuchar a otro contar y utilizar de determinada manera el lenguaje produce una especie de contagio en el niño. De la misma manera, el hábito de la narración oral puede generar en el niño deseos de ir a buscar esos cuentos que escuchó, para leerlos y encontrase, nuevamente, con esas historias. En definitiva, estamos hablando siempre de una práctica que enriquece muchísimo el vocabulario. Pero es importante destacar que la narración oral no se limita al trabajo con los chicos. Nosotros apuntamos, desde el Instituto, a formar profesionales que puedan trabajar en distintas áreas de la comunidad.

F.L.: ¿Cuáles son, entonces, las áreas en las que un narrador oral puede desempeñarse?

A.A.: Un narrador puede desempeñarse en centros de salud, en medios de comunicación, en hogares de menores, en centros culturales, entre otros lugares. Los alumnos, antes de terminar la formación en nuestro Instituto, tienen contacto con distintos contextos. Porque no es lo mismo contar un cuento en una escuela primaria que en un hogar de menores, o en una escuela de Barrio Norte que en una de un barrio carenciado.
Un narrador, como trabajador independiente, puede vincularse con distintos equipos de trabajos en diferentes instituciones. Hay espacios donde se trabaja con problemáticas muy difíciles, como un hogar de menores donde el hecho de que los chicos puedan encontrarse con la palabra, además de necesario, es placentero. No a todos los chicos les cuentan cuentos sus papás o sus abuelos. La narración oral es, entonces, otro modo de brindar afecto.

Lo mismo pasa con la tercera edad y con las escuelas; es importante permitir que entre la palabra para disfrutar de historias a partir de las que se pueda generar un montón de cosas más.

F.L.: ¿Cuáles son los recursos específicos con los que un narrador debe contar?
A.A.: Desde el Instituto trabajamos con la idea de que no hay un modo correcto o incorrecto de narrar, sino que cada uno tiene que encontrar su propio narrador interno y, a partir de ahí, trabajar para ir puliendo su propio estilo. Cualquiera puede contar, de hecho todos somos narradores, todos podemos contar las cosas que nos pasan, historias que nos contaron o una película de cine. Pero, por supuesto, hacerlo profesionalmente, ya sea como narrador que se dedique a contar cuentos en distintos ámbitos, o como un docente que quiera aplicar la narración oral a conciencia dentro del aula, requiere de ciertas técnicas

Un narrador oral trabaja fundamentalmente con la palabra. Además tiene que reconocer que tiene recursos propios, como el cuerpo y la voz, que son un medio de comunicación. Principalmente la voz, porque es a través de la palabra como se comunica. Pero también a través del cuerpo, porque uno también dice, aunque no diga nada, con el modo de pararse, de moverse, con los gestos que hace, con las miradas, con el lenguaje no verbal que utiliza. Por otro lado, parte de la técnica tiene que ver con que no se cuenta un cuento de memoria, sino que se trabaja con la memoria emotiva y con aquellas cosas del cuento que más le llegaron al narrador, desde distintos tipos de emociones: la alegría o la tristeza. En algún punto, también el que cuenta es un poco un seductor, intenta atraer la atención del otro, y lo logra, fundamentalmente, por lo que a él mismo le pasa. Además, tiene que tener un conocimiento de cómo manejar el espacio, porque no es lo mismo contar un cuento en un ámbito abierto, en una plaza, en un aula de la escuela o en un auditorio para 200 personas. Hay recursos externos con los que puede trabajar el narrador, como el vestuario, la iluminación, la música u objetos que complementan la palabra. Por último, es muy importante el trabajo de selección y adaptación de los cuentos.

F.L.: ¿En qué consiste ese trabajo de selección y adaptación de los cuentos?

A.A.: El trabajo literario con los cuentos es fundamental. No es lo mismo contar que leer. Un narrador necesita hacer un trabajo de adaptación con el texto porque los códigos que tiene el lenguaje hablado son diferentes al escrito. Por otro lado, dentro de la especialización que nosotros damos, los docentes tienen la materia Literatura Infantil y Juvenil cuyo objetivo es abrir el abanico de posibilidades y aprender a trabajar con esos cuentos. La principal estrategia es pensar en el público, por ejemplo, si voy a trabajar un cuento para chicos tendré en cuenta determinados elementos que son importantes destacar para ese público. Cuando trabajo para chicos más grandes tomo en cuenta otras cosas. Para esto tengo que poder entender de qué está hablando el cuento, a través de qué personajes lo hace, cómo se presentan esos personajes y si hay predominio de acciones o descripciones. La idea es que al aprender la herramienta y la técnica puedan trabajar con cualquier tipo de cuentos y elijan las opciones que más les gusten, teniendo en cuenta que no es lo mismo contar un cuento a un chico de cinco años que a un público adolescente.

F.L.: ¿Qué diferencias principales se pueden marcar entre estos dos públicos?

A.A.: A un chico de cinco años probablemente le atraigan las historias en donde prevalezcan las acciones, donde el narrador tenga que focalizar la atención desde lo visual. Asimismo, las historias serán más concretas y más lineales, y el narrador no se detendrá tanto en las descripciones, ni trabajará con profundidad los personajes. Con los adolescentes, en cambio, el narrador puede abordar, tal vez, otras temáticas a partir de historias de aventuras o más intimistas. En este caso, comúnmente, el narrador se nutre más de literatura de adultos.

En todos los casos, lo importante es tener muy en cuenta al público, y esta es una de las principales cuestiones en la preparación de un narrador. El narrador no monta su espectáculo al margen de todo. Como cuenta ?con? el público y así se genera la comunicación, tiene que estar muy atento a qué es lo que pasa con los cuentos que eligió contar. Puede ser que el narrador piense o imagine su repertorio para determinado ámbito y cuando llega al lugar se da cuenta de que los cuentos que eligió no son los indicados para ese clima porque, por ejemplo, hay mezcla de adultos y chicos, entre el público. Por eso, resulta fundamental la flexibilidad, que sólo la da el entrenamiento.

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