Sólo la mitad de los padres acompaña a sus hijos en la lectura

Por Alfredo Dillon
CLARÍN. Buenos Aires, 13 de febrero de 2014
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Lo revela una encuesta realizada en todo el país. Casi todos reconocen los beneficios de la lectura, pero prefieren hacer otras actividades con los chicos.

La cama puede ser la mejor escuela para la imaginación. Cada noche, antes de dormir, es una oportunidad para alimentar la creatividad y la fantasía de los chicos, y acompañarlos en el viaje que cada libro representa. Una gran ocasión, que se repite día a día pero suele desaprovecharse: según un estudio reciente de TNS Gallup, con la participación de la Fundación Leer, la mitad de los padres en Argentina reconoce que el hábito de leer junto con los hijos es poco frecuente. Paradójicamente, la gran mayoría admite que la lectura favorece el aprendizaje, mejora el vocabulario y la gramática.

Los datos surgen de entrevistas a más de 1.200 personas de todos los niveles socioeconómicos del país. El trabajo fue encargado por Mc Donald’s en el marco de una campaña de promoción de la lectura, que distribuirá 2 millones de libros infantiles. El 96% de la gente reconoció la importancia de leer desde temprano, el 95% coincidió en que estimula la imaginación y el 86% cree que fortalece la relación padres-hijos.

Sin embargo, son pocos los que se sientan a leer con sus hijos: sólo la mitad (49%) respondió que lo hace con alguna frecuencia. Apenas el 9% declaró leer con sus hijos todos los días, 2 de cada 10 dijeron hacerlo varias veces por semana, y la misma proporción (20%) lo hace al menos una vez por semana.

Los datos invitan a revisar la vieja letanía de que “los chicos no leen”: según los expertos, la premisa para sembrar el hábito de la lectura es que los adultos den el ejemplo. Y ese ejemplo empieza por casa. “Podemos preguntarnos, desde nuestro lugar de adultos, de qué modo acercamos a los chicos a la lectura, cómo se las presentamos, qué ejemplo les damos. Es esencial preguntarnos de qué manera influye en los chicos y adolescentes la relación que los adultos establecen con la lectura y a su vez con las nuevas tecnologías”, sostiene Rebeca Anijovich, profesora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés.

La reflexión apunta a un factor crucial: la omnipresencia de las pantallas, que suelen competir con los libros. La mayoría de los entrevistados admitió que prefiere hacer otras actividades con sus hijos, como jugar con la computadora, tablet o Playstation, o mirar televisión (24%). También mencionaron la falta de interés en la lectura (14%), la falta de tiempo (12%) y el aburrimiento (8%) como barreras para instalar este hábito en los chicos.

“La lectura en pantalla y la lectura en libros no son excluyentes sino que proponen diferentes maneras de leer. Por eso es importante que los padres –y también la escuela– ofrezcan situaciones que inviten a leer en ambas escenas y también a crear puentes entre estas”, explica a Clarín Andrea Brito, especialista en lectura y educación de Flacso. Y ejemplifica: “En el caso de la literatura, leer en un libro un cuento clásico y buscar su versión multimedial en la web, o bucear y leer variadas historias en ambos soportes, son caminos posibles”.
Anijovich coincide: “El libro en papel como único formato ya no es el principal protagonista de las lecturas de los chicos. Tenemos que observar y analizar lo que ocurre detrás de las pantallas: los hipertextos, las imágenes, las producciones multimedia y otras fuentes de consumo y uso de los más jóvenes”. Aprovechar la tablet o la computadora para compartir una narración aparecen ahora como opciones que combinan los nuevos dispositivos con la vieja –pero vital– práctica de leer.

Los chicos aprenden a leer leyendo, y esa costumbre los transforma: “Si uno ha leído 50 libros, el libro número 51 lo lee de otra manera. Eso va a dar resultados a lo largo del tiempo. Y esos resultados se pueden ver en muchos lugares: se van a ver en la clase de Lengua, en el uso de la biblioteca en la escuela y en el uso de la palabra oral y escrita de ese chico en los distintos espacios de su vida”, sostiene María Teresa Andruetto, autora de varios libros de literatura infantil.

Los resultados de la última prueba internacional PISA confirman que un chico que lee con sus padres logra un mejor desempeño en la escuela. Según el informe PISA, los estudiantes de 15 años cuyos padres leyeron libros con ellos durante su primer año de primaria tienen puntuaciones “significativamente más elevadas” que el resto. Y agrega: “La ventaja en el rendimiento entre los estudiantes cuyos padres les leen en sus primeros años de escolaridad es evidente, independientemente de los antecedentes socioeconómicos”.

De todos modos, el impacto de un libro –sea en formato impreso o digital– trasciende ampliamente los aprendizajes escolares. “También me parece que se puede ver en la autestima de los chicos –añade Andruetto–. Un chico acostumbrado al tránsito por los libros se siente más seguro de sí, de la palabra que usa y de la relación con los otros. Leer es también un acto de arrojo, es como abrirse al mundo y sentirse en libertad de desechar materiales. Es ir buscando las palabras de otro para encontrarse a uno mismo. Porque lo que uno hace cuando lee no es entender al que escribió, sino entenderse un poquito más a uno mismo y al mundo en que uno vive”.

Es un momento valioso para compartir
CYNTHIA AHARONIAN
Maestra y mamá de Iván (8) y Iara (11)

A mis dos hijos, Iván (8) y Iara (11), les leí desde que eran bebés, y hoy son lectores independientes. Creo que la lectura tiene que empezar desde pequeños. Yo lo hacía a la noche, como una rutina: nos lavábamos los dientes y después leíamos, todos los días un poquito. Muchas veces se quedaban con ganas de más. Y ahora a mi hija tengo que decirle que apague la luz, porque se queda leyendo.

Me parece que leer les da a los chicos gran libertad de pensamiento, y les alimenta la imaginación. A su vez, les da herramientas para la vida, y les brinda más seguridad para tomar decisiones. Por otro lado, es un momento valioso que compartís con tu hijo, un espacio placentero para ellos y para uno.

En sus primeros años, es como cuando te sentás a amamantar a tu hijo. Cuando dejé de darles la teta, reemplazamos ese momento por un cuento o una canción antes de ir a dormir.

Una opción fantástica es ir con ellos a la librería a elegir un libro: está bueno porque así ellos van armando su biblioteca personal. Hay que ir buscando lo que a cada chico le gusta.

Creo que el gusto por la lectura se transmite con el ejemplo y pasa de generación en generación: mi hija ahora es una verdadera apasionada de la lectura y mi mamá también: es adicta a los libros. Para ellas, un libro es el mejor regalo posible.

Es un espacio muy nuestro, le leo y le brillan los ojos
Mercedes Casais
Profesora de Educación Física y mamá de Kiara (4)

A Kiara (4) le leemos todas las noches: algunos días su papá, otras veces yo. Lo hacemos desde que tiene un año, y en este tiempo fue armando una biblioteca propia. Ahí hay historias de princesas, libros educativos, diccionarios con dibujos, textos en inglés y castellano, obras de María Elena Walsh, historietas, libros con stickers y con rompecabezas. Le encanta la lectura asociada al juego y los libros que, mientras los leés, te van proponiendo actividades.

Aunque ella todavía no sabe leer, muchas veces jugamos a que me “lee”, porque muchas de las historias ya se las sabe de memoria. Entonces elige un libro, pasa las páginas y me lo va recitando. Ella disfruta mucho de este momento, es como un premio para ella. Es un espacio muy nuestro, un momento que compartimos madre e hija. Cuando leemos le brillan los ojos, se interesa genuinamente. Y se lleva sus libros adonde va, sea a la casa de una amiga o al jardín.

Kiara aprendió a hablar muy rápido, y es más desenvuelta que la mayoría de los nenes de su edad. Yo prefiero que en vez de estar con el televisor o en la computadora esté leyendo. También tiene su rato para esas cosas, como todos los chicos, pero se lo restrinjo. Cada noche no se duerme con la tele, sino abrazada a su libro.
Los beneficios de leerles a los chicos

* Según Patricia Mejalelaty, directora ejecutiva de Fundación Leer, un chico al que se le lee con frecuencia “habrá vivido diversas experiencias de lectura, conocerá más géneros literarios, sabrá de las fórmulas de los cuentos tradicionales y podrá anticiparse en el relato, reconocerá las diferentes secuencias y recursos literarios; en fin, sabrá de qué se trata”.

* Además, un chico con muchas experiencias de lectura tendrá más vocabulario, habrá desarrollado más y mejor su lenguaje escrito y oral. En consecuencia, podrá pensar más ampliamente, habrá extendido su imaginación y creatividad, conocerá más escenarios y personajes.

* Un chico que participa de espacios de lectura en voz alta “tendrá mejor capacidad de escucha, apreciará los turnos de habla, sabrá analizar lo que escucha, estará dispuesto a dar su interpretación y a escuchar la de otros”, asegura Mejalelaty. En síntesis, tendrá las condiciones para convertirse en un lector autónomo, pensante y crítico.

* El momento de la lectura es también un espacio de encuentro entre padres e hijos, un ritual placentero en el que ambos comparten un relato que les gusta, y que da pie al diálogo íntimo. A través de las historias que compartimos, los vínculos se refuerzan y se cargan de afecto.

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