El compromiso con el oficio, la clave de todo buen maestro

LA CAPITAL. Rosario, 10 de mayo de 2014
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Reflexiones sobre la tarea de los docentes en la actualidad Es necesario explicitar la importancia de la educación del hogar y la escuela para enfrentar situaciones nuevas que lesionan la convivencia social
En la actualidad los delitos y hechos vandálicos repercuten en la sociedad y acaparan la atención del público y medios de comunicación, como también el reclamo correspondiente para reprimir y/o superar esta situación. Ante ello cabe reflexionar: ¿Por qué algo tan importante en la vida de los seres humanos como es la educación no ocupa tanto espacio en los medios, ni en los comentarios y debates de la ciudadanía y sus organizaciones?

Ante esto, creo que es necesario explicitar la importancia de la educación del hogar y de la institución escuela para enfrentar situaciones nuevas que lesionan la convivencia social. También para determinar políticas que alienten a eliminar sustancialmente los hechos de denuncia permanente, brindando apoyo, sustento y capacitación a los agentes de instituciones básicas en la vida de la República. Y esto para que se recupere el liderazgo en la formación y desarrollo social, especialmente de los jóvenes de manera de asegurarles un devenir más confiable, solidario, democrático, respetuoso de los derechos humanos, justo, veraz, ecuánime, abierto al encuentro de todos.

Mucho por hacer. El maestro, dicho como expresión genérica y de todos los niveles, tiene mucho por hacer. Si junto a la sociedad, las autoridades políticas, los especialistas intentan comprometidamente alcanzar la meta que todos anhelan al ingresar a la docencia, que es ser “un buen maestro”, consecuentemente la escuela irá en el mismo sentido.

Definir la condición que se señala (ser “un buen maestro”) es harto difícil. Creo que hacerlo es propio solamente de los estudiosos del área. Pero, por ser mi preocupación durante mis 42 años de carrera docente, desde maestro rural hasta supervisor seccional, me arriesgo a señalar sucintamente y como un intento orientativo, que el compromiso docente es el puntapié inicial para alcanzar dicha condición. Abarca un espectro muy amplio que linealmente comienza con el niño de ese grupo a cargo, de ese turno, de esa escuela, de la familia, del personal docente, de una comunidad escolar inserta en el barrio, la población; y se alimenta con proyección a la comunidad regional, provincial, nacional y esto último como concepción emocional de patria.
Es decir, este compromiso se construye estableciendo una buena comunicación con el otro, en las instancias que corresponde a la organización social señalada antes.

La relación sociocultural es de carácter emocional, se asienta en la predisposición de aceptación del otro, es donde coadyuvan la tolerancia, la acomodación de intereses en base al respeto por las diferencias, que es lo que nos iguala y establece vínculos duraderos, aumenta las coincidencias y aspiraciones individuales, y da seguridad al ser comprendido, reconocido, apreciado. Todo se habla, se analiza, se debate, se dan soluciones a los problemas, se consolidan el afecto y el respeto, afirmando y construyendo principios, convicciones, cuyo resultado será una ética y moral concertada.
Cuando lo expresado anteriormente se da en un movimiento de ida y vuelta, se conforma un espacio común y confiable, de colaboración y de apoyo para mejorar el hacer y sus resultados, promoviendo un trabajo responsable, haciendo más eficiente lo escolar y ampliando sus consecuencias sociales.

Al considerar el compromiso, respecto del alumno, éste debe tener un tratamiento muy especial dado que es básico para el éxito de su tarea y —lo más importante— para el desarrollo de su futuro. Es necesario establecer una relación de empatía, determinante para que se sienta comprendido, interpretado, aceptado, seguro, estimulado para el encuentro con todos los que comparten el tiempo escolar.

Lo técnico pedagógico para el desarrollo del trabajo docente es también un pilar indiscutible. Es necesario actualizarse permanentemente, ser estudioso de las nuevas propuestas. La orientación que le dé a su tarea debe ser conocida, conversada con los padres y si es necesario interesarlos y comprometerlos en su conocimiento. Este consenso facilita el proceso enseñanza-aprendizaje.

Ambiente democrático. Es fundamental la construcción de los conocimientos y que esto se produzca por operación activa. A través de trabajos grupales que garanticen cambios de ideas, debates, estudios compartidos, ejercicios, proyecciones, procesos de observación, análisis, internalización, adaptación con otros, como norma del acto educativo. El aprendizaje con todos y el habla aseguran en este pasaje escolar el mejor concepto de pertenencia social y el de patria como el lugar común que nos contiene.

La labor docente siempre debe llevarse a cabo en un ambiente democrático, de afirmación individual y colectiva, para contribuir de esta manera a la construcción y, con el tiempo, a la afirmación y perfeccionamiento de aspectos nobles que propicien una ética y moral aceptadas por la sociedad a la que pertenecen, con principios y convicciones que conformen una personalidad firme, austera y solidaria. Todo lo explicitado referente a los alumnos vale en la relación con los demás actores de la comunidad escolar.
Para completar el concepto que define ser “un buen maestro”, personalmente estimo que la actividad gremial debe asumirse plenamente, ya que lo docente y lo gremial hacen a la defensa de la educación pública y su bien ganado prestigio.

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