Cada materia se aprende mejor a cierta hora del día

LAURA BETANCUR
El Tiempo. Bogotá 03 de mayo 2014
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Estudios revelan que la historia se comprende más a primera hora, y la física, a media mañana.
Nada más trágico para algunos estudiantes que empezar con clase de matemáticas un lunes a las 7 de la mañana. Todavía con sueño, sin superar el fin de semana y con las ecuaciones en el tablero, a muchos les cuesta concentrarse o acaban dormidos en sus sillas.

Y aunque la creencia popular dicta que temprano se está más despejado, y por lo tanto es más fácil comprender la geometría o los teoremas, expertos pedagogos lo desmienten.

Christian Hederich, investigador de la Universidad Pedagógica y autor del libro Ritmos cognitivos en la escuela colombiana, asegura que temprano en la mañana es ideal para memorizar, sin necesidad de mucha comprensión. “Además, la resolución de tareas complejas se hace mejor en la mitad de la mañana, no tan bien al final de esta, cuando es preferible dedicarse a actividades motrices”.

Todo tiene soporte en postulados como los de la teoría de la activación, según los cuales en ciertos momentos del día la corteza cerebral tiene mayor estimulación e incluso que estos patrones pueden variar de una persona a otra. Esa es la razón por la cual en la noche algunos se vuelven más agudos, mientras que a otros les resulta más fácil aprender durante el día.

En su investigación, Hederich concluyó que materias como historia, ética, religión, ciencia política, biología, que implican más la recepción que el procesamiento de información, se deben dar en las primeras horas de la mañana; en cambio física, química, español, inglés y matemáticas se tienen que ubicar entre las 9 y 11 del día (si es la jornada de la mañana), porque la atención y la disposición fisiológica del estudiante es mayor y puede analizar y resolver problemas con más facilidad.

Hacia el mediodía, cuando se llega a un estado de excitación mayor, deben privilegiarse actividades motoras, como clases de educación física, artística o danza. El caso se repite en el mismo ciclo, en la jornada de la tarde.

Sin embargo, Hederich asegura que estas recomendaciones poco se cumplen en las escuelas colombianas, cuyos horarios suelen variar de acuerdo con las actividades pedagógicas. Además, el interés principal es cumplir con la meta de horas dictadas, más allá de cómo estas se hayan estructurado.

En Colombia, según el decreto ministerial 1850 del 2002, se tienen que dictar mil horas anuales en primaria y 1.200 en bachillerato, lo que equivale a 25 y 30 semanales para cada ciclo.

Para Jairo Arenas, ejecutivo de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode), en muchas ocasiones no se pueden tener criterios pedagógicos para la elección de los horarios, porque los directivos docentes tienen la meta de cumplir las asignaciones dictaminadas por el Ministerio.

Rosa María Pérez, psicopedagoga con más de 15 años de experiencia en el ámbito escolar, opina que el sistema educativo aún es muy rígido y no busca transformarse para innovar en aspectos como el diseño de horarios, por lo que una optimización de este solo se podría dar en colegios de educación personalizada o de pocos alumnos.
Innovación con ‘software’

El ingeniero electrónico Fabio Suárez Chilma, magíster en Ingeniería Industrial de la Universidad Nacional de Colombia, en Manizales, y profesor de colegio, desarrolló un software que prioriza los ritmos cognitivos de niños y niñas al momento de hacer el horario.

“Es el único software que incluye la variable del estudiante. Los colegios más grandes y la mayoría de los privados tienen programas que les ayudan a crear sus horarios; sin embargo, en los públicos y pequeños, el rector y el coordinador pueden pasar varias semanas intentando que los horarios se organicen”, asegura Suárez.
Con este desarrollo se optimizan los horarios de clase teniendo en cuenta los tres ciclos de aprendizaje que investigó Hederich. Durante dos periodos académicos, Suárez Chilma puso a prueba los horarios mejorados en 450 estudiantes de sexto y séptimo de una institución educativa en Manizales.

Los resultados demostraron que en los cursos donde se había diseñado el horario, privilegiando las clases de mayor exigencia analítica en las horas adecuadas, hubo un 22 por ciento menos de estudiantes que perdían materias que en aquellos donde se mantuvo el horario tradicional del colegio.
El momento ideal para hacer tareas

La psicopedagoga Rosa María Pérez asegura que las tareas, actividades de refuerzo y entrenamiento para el estudiante también deben regularse con un horario. La recomendación es que se hagan después de que el niño llegue del colegio.

“Si el niño pasa la tarde viendo televisión y no hace las tareas hasta la noche cuando los padres llegan, será muy difícil volverlo a conectar con el trabajo académico”, asegura Pérez. También insiste en que el lugar y las condiciones en las que se hacen las tareas deben ser constantes para crear el hábito en los niños.

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