Los chicos pasan más tiempo con el celular que con la maestra

Por Marcela Isaías
LA CAPITAL. Rosario 03 de mayo de 2014
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La especialista Roxana Morduchowicz analiza la relación entre los adolescentes y las pantallas. Qué deben saber padres y docentes.

Para los chicos que tienen menos de 18 años convivir con diferentes pantallas no es extraño, más bien parte de su vida cotidiana. Al mismo tiempo acceden a la televisión, a internet y al celular. Un vínculo que no se toma vacaciones como pasa con la escuela. Este debate sobre esa relación suele fascinar tanto como asustar a los adultos. Para despejar dudas, la especialista Roxana Morduchowicz escribió un nuevo libro: “Los chicos y las pantallas. Las respuestas que todos buscamos” (FCE).

¿Está mal que los niños pequeños miren mucha televisión? ¿Es normal que usen internet para todo: para leer, escuchar música, comunicarse, ver películas, hacer la tarea? En ese mundo de pantallas, ¿los chicos de hoy son menos sociables que los de antes? ¿Existe adicción a las pantallas? ¿Cómo pueden los docentes compartir los consumos culturales con los chicos? Algunos de los más de 50 interrogantes tratados en cada capítulo de la investigación que la educadora presentó la semana pasada en la Feria del Libro en Buenos Aires.

La autora es doctora en comunicación por la Universidad de París VIII, con larga trayectoria en analizar ese encuentro entre las infancias, adolescencias y los medios. En charla con LaCapital analiza el desafío que tiene la escuela en no desconocer que el tiempo que pasan sus alumnos con los medios y las tecnologías es mucho mayor que el que comparten con sus maestras.

Para entender. En su análisis insiste que es necesario acercarse, conocer cómo se dan estos vínculos entre los chicos y las pantallas, para poder entender mejor cómo viven, qué piensan, cómo se comunican hoy. “Se trata de partir desde el lugar donde los chicos están y no desde donde creemos que están o queremos que estén”, advierte en la presentación de su libro.

Y no deja de reconocer —en conversación con este medio— que si hay una marca juvenil que como investigadora la sigue sorprendiendo es esa capacidad multifunción que tienen los jóvenes de usar muchos medios y todos al mismo tiempo. También que así para los adultos los lugares de encuentro siguen siendo el café y la plaza, por ejemplo, los chicos buscan “verse” en las redes sociales. Algo —considera— que “no es no mejor ni peor, sino diferente”.

—Está clara la presencia que tienen los medios y las tecnologías en la vida de los chicos: como señala en el libro son unas 1.500 horas en su contra 900 de la maestra. La escuela, ¿toma nota de esa realidad?
—Los chicos pasan aproximadamente 4.45 horas por día en compañía de las pantallas, hablamos básicamente de la televisión, la computadora, la tableta y el celular. Al año, el contacto con los medios y con la tecnología es mucho mayor que la cantidad de tiempo que pasan en la escuela. Esto es lógico porque mientras para la escuela hay feriados, sábados y domingos y vacaciones, para los medios y las tecnología, no. Por el contrario en los recesos escolares el tiempo con los medios aumenta. Por tanto es lógico que al año los chicos pasen más tiempo con las pantallas que en compañía con sus docentes en clase. Esto no es para alarmarse ni preocuparse: es una realidad de la cual la escuela debe tomar nota porque no se puede ignorar las enormes presencia y caudal de información que los chicos traen de fuera de la escuela, básicamente de las tecnologías. La escuela que ignora la presencia de las pantallas y de la nueva cultura juvenil se está alejando de la identidad cultural de los adolescentes y de los chicos. Es fundamental que se abra a todos los lenguajes, las fuentes y medios de comunicación. Si decimos que hoy vivimos en una sociedad multicultural, no es solamente porque conviven diferentes religiones, diferentes etnias, culturas, sino diferentes lenguajes: el oral, el escrito, el audiovisual y el digital.

—Ahora bien, ¿la escuela está en ese camino de hacerse cargo de esa tarea?

—Creo que la escuela lo esta haciendo. Hay que tener en cuenta que nació con Gutenberg. Cuando se creó la imprenta se hizo necesaria una institución que enseñara a leer lo que la imprenta comenzaba a difundir a distribuir en cantidad. Por lo tanto cualquier llegada que no tenga que ver con la cultura de la letra impresa, a la cual la escuela está acostumbrada, lleva más tiempo. La presencia de la televisión y ahora de la pantalla de internet con todo lo que significa en imágenes además de textos cuesta un poco más. Por suerte en la Argentina y en el mundo, cada vez son más los docentes que saben que con los libros de texto no es suficiente, que el libro es un excelente punto de partida pero debe ser complementado con otros lenguajes.

—En ese sentido, ¿qué opinión le merecen los planes de entrega de netbooks como el Conectar Igualdad en Argentina o el Ceibal en Uruguay? ¿Sirven?

—Muchísimo. Porque el primer paso para poder fomentar un acercamiento crítico y reflexivo a los medios y a las tecnologías es poder acceder a ellos. En su momento el programa “El diario en la escuela” facilitaba el acceso al diario y hoy los planes Conectar Igualdad o Ceibal más lo que implementan distintas provincias son sumamente importantes para permitir acortar las brechas digitales que existen entre chicos de diferentes sectores sociales, para que todos puedan acceder a internet con todo lo positivo y constructivo que eso representa.

—Pareciera que hay más interés o preocupación de los adultos por el tiempo que los chicos pasan con las pantallas que lo que hacen con ellas ¿Es así?

—Es verdad que hay mucho énfasis en el tiempo y yo trato de relativizarlo. Con frecuencia cuando me preguntan “¿Cuántas horas debería ver un chico televisión?” o “¿Cuánto tiempo navegar por Internet?”, la verdad que para la desilusión de los que me lo preguntan, suelo responder: “Depende”. Porque a veces dos horas pero con un adulto es mucho mejor y más constructivo que una hora pero solo. El contexto de recepción, es decir con quién está el chico y qué hace cuando ve la tele o está en internet cuando utiliza el celular siempre es más importante que la cantidad de horas. Hay muchas variables que influyen en lo que se llama contexto de recepción.

—Hace años que investiga la relación de los chicos con los medios, con las pantallas y las tecnologías. ¿Qué es lo que más le ha impactado en el último tiempo de esa tarea?

—Me sigue impresionando esta idea de la “generación multifunción” o multitasking (en inglés). Es decir el hecho de que los chicos puedan al mismo tiempo mirar televisión, navegar por Internet, hablar por teléfono, escuchar música y hacer la tarea. Los adultos que fuimos formados en el siglo XX nos cuesta más; porque somos de una cultura lineal, somos de a una cosa por vez y la verdad es que mientras para nosotros el zapping es una actitud ante el televisor, para los chicos de hoy es una actitud ante la vida porque zapean constantemente, cambian de medio, abren 10 ventanas a la vez. Esta es una marca juvenil que los caracteriza. Y lo otro es la manera de relacionarse, que también se ha modificado. Nosotros somos una generación que seguimos viéndonos en un café, en una esquina, en una plaza. Los chicos de hoy se “ven” en Facebook. No es mejor ni peor, son diferentes maneras de relacionarse y de sociabilidad y esto es también una marca juvenil del siglo XXI.

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