Cuando el mensaje son los golpes

LA CAPITAL. Rosario 03 de mayo de 2014
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El asesinato de una adolescente cerca del colegio al que asistía sacude hoy los noticieros. Golpizas similares, aunque sin el desenlace fatal de Junín, se registraron por estos días en Berazategui y Paraná.

El asesinato de una adolescente cerca del colegio al que asistía sacude hoy los noticieros. Golpizas similares, aunque sin el desenlace fatal de Junín, se registraron por estos días en Berazategui y Paraná. El foco de la violencia se centra en la escuela y la indignación ante estos hechos crece. Una vez más, los chicos —víctimas y victimarios— vuelven a ser objeto de debate.

Medios y comunicadores hablan sobre una juventud “perdida y sin rumbo”. Y es ahí donde brota la preocupación por el uso de la violencia como forma de resolver los conflictos. Un escenario que sin dudas inquieta, pero que también debiera servir como un llamado de atención para aquellos que un mes atrás celebraban o cuanto menos eran indulgentes con los linchamientos a jóvenes en situación de robo en distintas ciudades del país, con el asesinato de David Moreira en barrio Azcuénaga como caso más doloroso.

Doble estándar o hipocresía de quienes festejaban las muertes por linchamientos públicos pero que hoy se horrorizan porque los chicos, sus hijos, resuelven los problemas a las trompadas en el patio o en la puerta de la escuela. ¿Cómo exigir templanza y límites a los adolescentes si puertas adentro, y ante otros hechos, el discurso que baja es de odio y venganza? Lo que pasó con Naira también fue linchamiento. No hay eufemismo que valga.

El debate excede así a la escuela e implica una profunda discusión respecto de ciertos discursos que con liviandad circulan a nivel social, político y mediático. Una reflexión que permita contrarrestar el mensaje de los golpes.

“La escuela es una caja de resonancia de la violencia”
El psicoanalista Fernando Osorio reflexiona sobre el crimen de la alumna de Junín y alerta sobre el bullying.

El brutal crimen de Naira, una chica de 17 años golpeada por un grupo de jóvenes a la salida del colegio en la localidad bonaerense de Junín, volvió a encender las alertas respecto del bullying y sus consecuencias más extremas. Pero también, sobre la violencia social que permea a las instituciones educativas.

Estrategias de abordaje, el rol de los padres y de los docentes, y la figura de autoridad son algunos de los ejes sobre los que propone reflexionar sobre este caso Fernando Osorio, psicoanalista y autor entre otros del libro “Violencia en las escuelas” y el más reciente “Bullying. Matón o víctima. ¿Cuál es tu hijo?”, además de contar con una vasta trayectoria y experiencia en asesoramiento a escuelas sobre esta problemática.

—¿Cuál es su mirada sobre lo sucedido en Junín, que derivó en la muerte de Naira?

—Para que sea considerado una situación de bullying como tal, tiene que haber cuatro protagonistas principales, que son el matón o autor intelectual, el colaborador que ejerce el maltrato de forma directa, testigos silenciosos que participen de la escena y la hagan consistente, y efectivamente una víctima. El de Junín es un caso claramente de bullying, porque además tiene todo el perfil de la premeditación, una planificación sistematizada. Y cuatro tipos de violencia: física, verbal, psicológica (acoso) y simbólica (humillación y segregación por condiciones sociales, físicas culturales, etcétera).

—¿Cómo impacta o interpela este tipo de casos a la sociedad?

—Creo que está reflejando un aspecto que es bastante complejo como la decadencia de la autoridad, la imposibilidad de poder adecuarse a una normativa. Hay mucha impunidad a partir de situaciones que quedan completamente fuera del marco de una legalidad. Los chicos van incorporando esto como parte de la vida y efectivamente la escuela funciona como una caja de resonancia de todos estas cuestiones; y como aparece la violencia aparece la impunidad, el libre albedrío que cada uno considera que tiene que hacer, donde son los chicos en algunos casos —en combinatoria con los procesos de crianza que también están cuestionados— los que van creciendo en este marco de impunidad y de falta de legalidad interna. Y cuando se enfrenten con una situación donde ya la ley social y la jurídica sean las que intervengan tampoco la van a reconocer. Respecto de la premeditación y saña que hubo en Junín, te das cuenta de que el agresor es alguien que tiene rasgos de impulsividad muy patológicos lindando con la perversidad, porque la chica ya estaba desmayada en el piso. E incluso una de ellas le agarró la cabeza y se la golpeó contra el piso. Es decir, ya el nivel de violencia y maltrato excede cualquier situación que uno podría decir que es de malestar o tensión entre ellas. Acá hay rasgos patológicos claros de los victimarios.

—¿No cree que hay cierta hipocresía en un sector de la sociedad que se indigna con este caso y que fue cuanto menos contemplativa con los linchamientos semanas atrás?

—Creo que esto es parte de una sociedad enferma que, por ejemplo, se queja constantemente de los hechos de corrupción y termina votando a las mismas personas que los cometieron. Y para esto es lo mismo: hay un gran cuestionamiento a cómo se maneja la autoridad, pero cuesta pedirles a los padres que les pongan límites a los chicos y no les permitan que desarrollen procesos de autonomía anticipada, donde desde muy chiquitos tienen permisos y disponibilidad de objetos para los que no están preparados, con un nivel de autonomía que termina siendo un riesgo para ellos mismos. Y en la escuela, si los chicos ven que no hay ningún tipo de sanción frente a lo que ocurre, la sensación es de una impunidad absoluta. Si nadie castiga ni es castigado, lo que hace es confirmar que la impulsividad es algo que se puede desarrollar y que no hay autoridad ni límites.

—¿Cómo se puede trabajar esto desde la escuela?

—En mis recorridos hago una propuesta que se llama Equipo de Relevamiento de Situaciones de Acoso. Trabajo con las escuelas para que cada una construya su equipo de trabajo con docentes, tutores, alumnos y padres. Un trabajo que no implica ni siquiera un presupuesto extra para la escuela, es de prevención de la violencia. Se arman estos equipos que funcionan desde el nivel inicial, para que desde temprano incorporen la noción de autoridad y disciplina como parte de los procesos de crianza, enseñanza y aprendizaje dentro de la escuela. Y que no lo tomen simplemente como algo del ámbito castrense, autoridad y disciplina como el sometimiento y autoritarismo, sino como parte de la convivencia. Entonces lo que hacemos es proponer el armado de estos equipos donde hay una gran participación de los chicos, para que desde el nivel inicial vayan tomando conciencia del daño que puede provocar la violencia institucional y el acoso presencial y cibernético.

Respetar a los chicos para prevenir la discriminación

Desde el Inadi ofrecen programas de formación y guías para trabajar en las aulas y evitar los hechos de violencia.

“La mejor manera para prevenir situaciones de violencia y de discriminación es trabajar respetando a los chicos, y de alguna manera que los chicos se miren en ese ejemplo”. La opinión es de la delegada del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) en Santa Fe, Stella Maris Vallejos. Llega ante la consulta sobre qué hacer para prevenir situaciones de violencias en las escuelas. El Inadi ofrece programas de formación a los docentes.

La terrible noticia de la muerte de Naira, la alumna de 17 años, tras los golpes que le dieron tres compañeras desató el debate sobre los hechos de discriminación y de violencia en sus diferentes manifestaciones. ¿Qué hacer? ¿Cómo prevenir en el ámbito escolar? Vallejos dice que no hay que generar pánico ante este tipo de noticias., pero sí hay que estar atentos a las situaciones que pudieran desencadenar reacciones violentas. Y considera que no alcanza sólo con hablarles a los chicos del tema, con la palabra, sino también que es imperativo el ejemplo.

Recuerda que en el Inadi reciben consultas de muchos padres, que asisten “con cierto miedo” de que su hijos sean víctima de algún tipo de acoso escolar. “Estas cosas están ocurriendo, hay que estar muy atentos, para prevenirlas. Cada vez que ocurre una práctica discriminatoria o un chico es víctima de hostigamiento de parte de un compañero eso siempre genera violencia”, advierte.

Qué hacer. Agrega que por lo general el acosador es quien aparece como una especie de líder en el grupo: “Es muy simpático, entrador, chistoso. Entonces suele ser gracioso que le haga una cargada a alguien por su aspecto físico, su indumentaria, por otras razones”. Para la especialista aquí lo primero a hacer es quitarle protagonismo y público a estas reacciones, “porque de eso se alimenta quien acosa”.

“Y aquí —continúa— es el docente y todos los que son parte de la comunidad educativa los que tienen que saber mirar eso y hacerlo notar”. También recuerda que estos hechos no son solo de un acosador y acosado, sino que hay responsabilidad en quienes miran esas situaciones y no hacen nada. “De alguna manera participan pasivamente”, explica.

¿Cómo sabe una mamá que su hijo está siendo víctima de un hostigamiento en la escuela? Vallejos menciona algunas pistas muy comunes como que llegue con la ropa rota, que le falten los útiles, que no tenga ganas de ir a clases y cambie sus hábitos, entre otras. “Ni bien tiene esa sospecha hay que buscar ayuda, hablar con el equipo docente o bien consultar en el Inadi”, ofrece.

Es fundamental —profundiza— que los hechos advertidos no sean ni minimizados ni pasados por alto: “Hay que ser muy claros y marcar lo que está mal, y de alguna manera ofrecer la posibilidad de reparación. Lo peor es hacer como que no pasó nada”.

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