Buscándole la vuelta a la escuela: entre rutinas y sorpresas

Por Mariana Caballero / Maestra, profesora en ciencias de la educación
LA CAPITAL. Rosario 31 de Mayo de 2014
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El reto diario de volver a encontrar significados valiosos a las tareas de enseñar y aprender. También de superar hábitos que sólo llevan al aburrimiento.

La escuela es para algunos de nosotros el lugar que más hemos transitado. Con los años, la mirada se nos acostumbra a lo escolar y podemos reconocer en dicha experiencia una suerte de “esqueleto” que sostiene el día. Ritos de banderas y de actos, firma de asistencia y avisos de ausencia, saludos a la entrada y a la salida, sonrisas generales. Esta estructura tiene sus variantes, pero saludar cada vez que entramos a un curso, pasar la hojita para que firmen la asistencia o revisar en nuestra mente adónde dejamos el tema en la última clase son modos repetidos de andar la escuela. Sin embargo, entre lo instituido y lo instituyente se mueve la posibilidad del cambio, la fisura o la risa.

Rutina 1: La rutina es como la piedra que Sísifo (ese sufrido personaje de la mitología griega) debía subir todos los días a la montaña para verla caer, y en ese instante girar sobre sus talones e iniciar de nuevo, suspirando, la misma tarea hasta el fin de la eternidad. Pero, ¿es cada día igual al otro? ¿Es la piedra igual todos los días? ¿Es igual Sísifo hoy que mañana? Caramba, ni la piedra, ni Sísifo, ni el suspiro son iguales. La escuela tiene sus piedras de rutina, pero en ella las tareas nunca son idénticas. ¿Se podrá decir entonces que “nos repetimos diferentes”? Un pequeño gesto puede marcar el contraste en ese mundo chico que a veces parece moverse en automático.

En esa escuelita primaria se recitaba una poesía al inicio de la jornada. Pero ese día la maestra Ana de primero hizo algo distinto. Una ronda alrededor del mástil, el canto de los chicos de la mano y la emoción ante aquellas voces chiquitas que le cambiaban el rostro a ese saludo cotidiano. Algo había variado.

Sorpresa 2: La profesora caminaba por el centro de la ciudad y le sonó un mensaje en el celular. Lo miró en el medio de una peatonal llena de gente y empezó a leerlo. La primera línea decía: “Profesora: Ud. ha sido declarada cesante…”. No podía creer lo que leía y lo volvió a mirar. Pero, ¿qué había pasado? ¿Se debería a su participación en asuntos gremiales? Preocupada, pasó a leer la segunda línea “…debido a que Ud. no utiliza la cinta punzó en su vestimenta. Firmado: Juan Manuel de Rosas”. El alma le volvió al cuerpo. Se trataba de un trabajo de historia de la educación que consistía en redactar y enviar un mensaje de texto de época. Otros le siguieron: “Los afrancesaditos se reúnen esta noche en el Salón Literario. No les van a quedar ganas de juntarse. Nos vemos allí, a las 21 horas. ¡Viva la Santa Federación!”. La profesora siguió caminando mientras pensaba en la sorpresa que ella misma se había llevado con esa consigna de trabajo.

Risa y emoción 3: La estudiante ya había desaprobado una vez el examen final de la materia historia. Su profesora, Gabriela, le había sugerido que preparara un tema que la apasionara y un modo interesante de presentarlo. Para esta segunda oportunidad la joven había estudiado mucho: analizó y trajo libros de lectura del primer gobierno peronista. Se preocupó tanto por la materia que movilizó literalmente hasta a su abuela, quien fue grabada en el celular por la nieta que rendía examen cantando, entusiasta y de pie, la marcha peronista.

Final: Cada clase es una oportunidad de encuentro, debate e intercambio. Es que en realidad la escuela se sostiene sobre una fina tela: la de los vínculos que sepamos construir. Y la rutina, la risa, la sorpresa o el tedio escolar podrán transformarse en la medida en que esos vínculos se construyan desde el diálogo y la confianza.

Porque en la escuela, sostener es también encontrar, perder y volver a encontrar significados valiosos junto a nuestros compañeros de ruta: los profesores y los directivos, los padres, los porteros y los estudiantes que nos cuestionan y nos hacen pensar. Superar ciertas rutinas es un imperativo contra el aburrimiento. Sólo desde la trama de esos vínculos nos permitiremos tejer junto a la comunidad prácticas creativas que nos ayuden a pasar por entre las dificultades de esta compleja tarea de enseñar. Y allí vendrán entonces la belleza de la risa, la sorpresa, el pensamiento y la emoción. En definitiva, lo más humano de los encuentros escolares.

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