UNA TARDE CON HOWARD GARDNER

José Luis Coronado
Licenciado en Filosofía y CEO en INED21.
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Hoy prosigo la serie una tarde con Howard Gardner.
Uno de los psicólogos más prestigiosos y mediáticos a nivel mundial, y autor de la teoría de las inteligencias múltiples con su obra: Frames of mind. The theory of multiple intelligences (1983). En este diálogo, iré referenciando directamente varias de sus textos más conocidos y otros que, aunque en obras de aplicación histórica de su teoría, me parecen interesantes con el objetivo de iluminar y de problematizar algunas de sus afirmaciones más fuertes. Antes de empezar, tres consideraciones: Howard Gardner tiene una prosa fluida, alejada de cualquier academicismo envarado respecto al lector, donde la claridad y el rigor pueden ir de la mano; tengo la sospecha de que es un autor más citado que leído, seguramente por la amplificación mediática de su obra en marcha. Esto último se basa en ciertas afirmaciones que se hacen a partir de su obra que no se sostienen en una lectura directa. A lo largo de esta pequeña hermenéutica, haré referencia a algunos de estos tópicos sin fundamento.

Por último, una confesión personal del estudiante de filosofía y psicología que fui: es uno de los autores que me iniciaron en la cultura científica que, como les dije en esta serie, tanto echaba en falta en mi época de juventud.

Actualmente igual, y no sólo en el gremio filosófico. Una de las carencias de cierta intelectualidad en español, es creer que se puede reflexionar y analizar espontáneamente desde la disciplina que uno ejerce. Se puede, pero el precio es la irrelevancia y el anacronismo de lo que se dice.

Aplicándolo al debate educativo: ¿cómo se puede avanzar e innovar sin un conocimiento riguroso y actualizado de las corrientes psicológicas, pedagógicas, sociológicas o neurocientíficas? La matriz educativa es una matriz compleja. En verdad, hay menos innovación y originalidad que la que se supone normalmente.

El núcleo de la teoría de Howard Gardner podemos explicarlo a través de varias de sus afirmaciones.
Veamos: definirá inteligencia como “un potencial biopsicológico para procesar información que se puede activar en un marco cultural para resolver problemas o crear productos que tienen valor para una cultura” (“La inteligencia reformulada. Las inteligencias múltiples en el siglo XXI; Paidós”); junto a las siete inteligencias que Howard Gardner expuso en 1983: lingüística, lógico-matemática, musical, corporal-cinestésica, espacial, interpersonal e intrapersonal, en esta obra donde matiza y prolonga su teoría, abre la posibilidad de la existencia de tres más: naturalista, espiritual y existencialista; ¿qué criterios debe tener la delimitación de esas inteligencias?

Aquí, muchos comentaristas pasan por alto algo que el propio autor define como esencial: “Mi enfoque era totalmente diferente. En lugar de basarme en los resultados de unos instrumentos psicométricos, propuse un conjunto de ocho criterios separados”. Los enunciamos por “raíces disciplinarias” en palabras de Howard Gardner: la posibilidad de que una inteligencia se pueda aislar en casos de lesiones cerebrales, y que tenga una historia evolutiva plausible (ciencias biológicas); la existencia de una o más operaciones identificables que desempeñen una función esencial o central, y la posibilidad de codificación en un sistema de símbolos (análisis lógico); un desarrollo bien diferenciado y un conjunto definible de actuaciones que indiquen un estado final, y la existencia de idiot savants, prodigios y otras personas excepcionales (psicología evolutiva); contar con el respaldo de la psicología experimental y contar con el apoyo de datos psicométricos (investigación psicológica tradicional).

Un matiz que añade el autor y que hace explícito su evolución intelectual: “Hoy podría presentarlos de otra manera y destacaría mucho más la relevancia de los datos interculturales”. La influencia de Mihaly Csikszentmihalyi y David Feldman la reconoce directamente. Un ejemplo es el concepto de ámbito como “un conjunto organizado de actividades dentro de una cultura, que suele estar caracterizado por un sistema de símbolos específico y por sus correspondientes operaciones”.

Sintetizado: mi hipótesis es que la evolución de su obra es la consciencia de la complejización de las relaciones entre factores biológicos, psicológicos y socioculturales. Algo que si ponemos en perspectiva ciertos avances de las ciencias actuales, es comprensible e incluso lógico. Un ejemplo: la aparición y perfeccionamiento de las técnicas de visualización del cerebro que las neurociencias están aprovechando, nos permiten diseñar experimentos donde esa interacción naturaleza/cultura cada vez es más precisa y llena de matices. Otra idea que apunto y que merecería toda una serie de análisis: el desarrollo de la sociedad-red está posibilitando una panorámica de interacciones que suponen una nueva estructura de socialización que nuestro cerebro/mente está configurando y, a su vez, haciendo suyas. Vivimos, es una tendencia creciente, en una galaxia de interacciones que no pudo sospechar la modernidad industrial. Algo que, tarde o temprano, educativamente debe ser afrontado.

Una de las influencias fundamentales de Howard Gardner será su trabajo y colaboración en el proyecto Zero.
Las evidentes consecuencias educativas de su teoría de las inteligencias múltiples, están en su origen también. Éste surge de la iniciativa del filósofo Nelson Goodman en 1967 con el grupo de investigación de la Harvard Graduate School of Education: el arte y las humanidades debían tener un tratamiento riguroso y personalizado en la educación. Un detalle de una mentalidad innovadora y que adelantaba mucha investigación posterior, una declaración del genio de Nelson Goodman: “En una experiencia estética, las emociones funcionan cognitivamente”. Sigue siendo difícil de comprender cómo se diseñan muchos de los currículos oficiales, sobran comentarios.

En 1972, David Perkins y el propio Howard Gardner codirigirán este proyecto revolucionario. Su objetivo es innovar nuevos enfoques para ayudar a los sujetos, grupos e instituciones a desarrollar sus capacidades de la mejor forma posible. Interdisciplinariedad, diversidad de currículo con una variedad de experimentos y perspectivas, todo ello serán señas de identidad del inmenso trabajo que aplicarán en las escuelas e institutos de EE.UU. La importancia de aprender a pensar -aquí David Perkins tiene contribuciones que cualquier docente debería conocer-, y que ello implica utilizar flexiblemente el conocimiento, son en sus investigaciones características de sus trabajos. El modelo de una Escuela inteligente, irá concretándose a través de sus aplicaciones educativas.

La teoría de las inteligencias múltiples hay que contextualizarla dentro de dos ámbitos que me parecen imprescindibles: la historia de la psicología y una corriente crítica de la visión factorial de la inteligencia; la transición de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento.
En el primer ámbito, es un continuador de la línea crítica de la concepción de la inteligencia factorial, según la cual ésta se puede medir cuantitativamente, y que tiene su origen en Alfred Binet, y que tiene en el test Binet/Stanford su aplicación psicométrica, frente esta visión surge una línea crítica que, entre otros, con nombres como Robert Sternberg, el mismo Howard Gardner y los autores que delimitarán lo que se ha llamado el paradigma emocional: Salovey, Mayer, D.Goleman o los trabajos neurocientíficos del genial Antonio Damasio, nos harán comprender ese espejismo de una inteligencia medible y cuantificable. No sólo desde la psicología o las neurociencias, autores tan relevantes como Stephen Gould o Edgar Morin denunciarán este reduccionismo.
El segundo ámbito donde me gustaría contextualizar a Howard Gardner es en la transición de la sociedad industrial a la sociedad el conocimiento, hay que comprender cómo determinados autores y corrientes de la psicología y otras disciplinas, anticiparon ese sujeto que la sociedad del conocimiento iba a necesitar.
Hoy nosotros, habitantes de la sociedad-red como diría Manuel Castells, empezamos a comprender la amplitud y profundidad del cambio cultural que estamos protagonizando. Repetiré una idea que enuncié en otra ocasión: la docencia y los sistemas educativos se enfrentan al mayor cambio educativo de la Historia.

Junto al paso de la oralidad a la escritura, y la irrupción de la imprenta y la posterior democratización de la lectura escrita, es una transformación total y progresiva de toda la sociedad en sus diferentes dimensiones: qué significa público o privado, que significa ciudadanía y democracia, qué significa pensar o escribir en nuestro mundo-red.

Una muestra: una obra como “Las cinco mentes del futuro” es un ejercicio magistral de esta idea. Howard Gardner diferencia tipológicamente esas mentes del futuro: la mente disciplinada, la mente sintética, la mente creativa, la mente respetuosa y la mente ética. ¿Por qué? Demos la palabra al propio autor: “Abarcan tanto el espectro cognitivo como la iniciativa humana, y en este sentido son exhaustivas, globales”.

Vuelvo a otra obra por la que siento predilección. Les dejo algunos pilares de un ensayo histórico de Howard Gardner: “Mentes creativas. Una anatomía de la creatividad. Paidós”. En él estudia y aplica su teoría a esa creatividad múltiple que representan Sigmunt Freud, Albert Einstein, Pablo Picasso, Igor Stravinsky, T.S. Eliot, Martha Graham y Mahatma Gandhi.

Allí afirma que su sistema explicativo se basa en tres elementos principales: “un ser humano creador, un objeto o proyecto en el que ese individuo esté trabajando, y los otros individuos que habitan el mundo del individuo creativo”. Estos elementos toman sentido en las relaciones entre ellos: “la relación entre el niño y el maestro, la relación entre el individuo y el trabajo al que está dedicado, y la relación entre el individuo y otras personas de su mundo”. Quien lee este ensayo, no puede seguir adoptando ese romanticismo de la cultura popular a la hora de explicar la creatividad o el genio.

Una lección de psicología histórica y de amenidad. La globalización actual y nuestra creciente civilización digital están demandando habilidades y competencias que muchas reformas educativas siguen ignorando. El mundo político, económico, social y cultural está en un dilema: seguir utilizando esquemas cognitivos y emocionales de una modernidad industrial, o explorar e ir ajustando esas nuevas mentes que protagonizan nuestro presente y futuro, al devenir del mundo-red que inevitablemente se extenderá a nivel global.

Voy a tematizar algunos problemas y mitos que debe abordar directamente la teoría de Howard Gardner.
Hay algo que me admira siempre de su obra: esa constante autocrítica y depuración de la misma, seguramente porque es consciente de su impacto mediático y de la posibilidad de banalización o de malentendidos que produce.

Un primer problema: es la investigación neurocientífica en su cartografía cerebral la que debe ir validando o no su teoría de las inteligencias múltiples, y ello desde una concepción modular del cerebro predominante aún en la actualidad. Pero ya existen ciertas líneas que critican esta perspectiva: un reto a esa diferenciación de las inteligencias múltiples.

Otro riesgo, en mi opinión, es la multiplicación teórica que parece asumir Howard Gardner, tanto en su enumeración de inteligencias como en los criterios que asume para su validación. Como tal, dejo esa problemática abierta.

Cambiando de perspectiva, es una de las teorías científicas más simplificadas y que más confusiones produce. Ya desde 1999, aunque nos lo ha vuelto a recordar el Whasington Post recientemente en un artículo al que llegué a través de mi admirado Javier Tourón, Howard Gardner advertía que no es lo mismo inteligencia que un estilo de aprendizaje, un estilo cognitivo o un estilo de trabajo. Aún así, se sigue repitiendo el tópico. Pero el mismo autor sí nos dice algunas directrices que las escuelas IM, basándose en su teoría, deberían llevar a la práctica: que no somos todos iguales, que no tenemos la misma mentalidad y que la educación actúa con más eficacia si se tienen en cuenta estas diferencias en lugar de negarlas o ignorarlas. El gran reto de la educación del s.XXI: la personalización de la tarea de enseñanza-aprendizaje.

Acabo con ciertas impresiones que me acompañan constantemente. Impresiones que son una rebelión interna y que intento plasmar en el proyecto INED21. Sigo releyendo a Howard Gardner como un antídoto contra la uniformización del aprendizaje.

Contra la educación industrial, pasiva y mecanizada, que no reconoce el talento individual a través del esquema un contenido igual-de la misma forma-para todos.

Contra aquellos que piensan y practican que la personalización del aprendizaje es una quimera.

Contra las políticas educativas que nunca leerán psicología, pedagogía, sociología y neurociencias actualizadas y aprovechables.

Contra esos países endogámicos donde sobresalir es sospechoso, y que no respetan ni admiran la meritocracia.
Contra un mundo que no sabe nuestro nombre: ahí comienza para mí la pasión educativa.

Sí, me sigue emocionando el talento creativo allá donde esté: nunca pide permiso y se queda en nuestra vida para siempre. Vayan directamente a las obras de Howard Gardner si no lo han hecho. Les envidio: es el placer de descubrir a uno de los autores vivos más interesantes de la cultura contemporánea.

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