POSTMODERNIDAD EDUCATIVA

José Luis Coronado
Licenciado en Filosofía y CEO en INED21. Escribo en INED21, y otras cosas que me apasionan…
Ined 21
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La postmodernidad tuvo muchas definiciones.
Recuerdo algunas: el final de los grandes relatos que nos describió Lyotard; la tolerancia de un pensamiento débil que G.Vattimo reflexionaba como resultado del final de la metafísica; la verdad como simulacro, esa verdad paradójica que constituye nuestra sociedad mediática, que Baudrillard fue narrando sucesivamente.

Lo que sigue es una hipótesis que quiere acercar el discurso filosófico y el discurso educativo.

La idea que defenderé es que hubo una postmodernidad educativa, que al menos se puede enunciar en tres argumentos: ninguno es original, solo queremos verlos en conjunto para dar una síntesis adecuada de lo que analizamos.

Seguramente hay otros que pueden ampliar y profundizar lo que se inicia en esta rápida reflexión.
Estos argumentos necesitan matizaciones que no pueden defenderse en este espacio, pero son argumentos que sintetizan esos cambios profundos que, muchas veces, pasan inadvertidos. O, más preocupante, hemos incorporado sin un análisis de los mismos.

Toda crítica es, antes que nada, autocrítica. Siguiendo una línea kantiana: la razón educativa debe comprender sus límites y posibilidades.

La postmodernidad educativa en sus diferentes modalidades ( corrientes, leyes y prácticas pedagógicas) fue sustituyendo progresivamente la importancia central del conocimiento por otras habilidades o competencias.
Si las sociedades industriales tenían una continuidad y linealidad que nos permitía construir nuestra biografía personal y profesional como una narración continua, esa postmodernidad reconoce la fragmentariedad de los procesos económicos y sociales, de ahí que los procesos educativos se transformasen en coherencia.
Sennet tiene páginas brillantes describiendo estas transiciones.

Frente al conocimiento fuerte, la habilidad de adaptarse continuamente; frente a una educación de contenidos, una educación de habilidades y actitudes. Esa sustitución nunca fue completa, pero jerarquizó el conocimiento en un lugar secundario.

Cuántas veces hemos escuchado esa jerga educativa que menosprecia los contenidos como memorismo vacío. Recordar una obviedad: conocimiento es lo contrario de memorismo. Conocer es un proceso más complejo que almacenar contenidos sin conexión interna.

La postmodernidad educativa sustituyó la cultura del esfuerzo por una cultura del juego.

Hemos vivido una época educativa, la postmodernidad, donde todo tenía que ser divertido. Si un contenido o procedimiento no cumplía ese objetivo, se desdeñaba con argumentos como anacronismo, falta de actualización pedagógica o incapacidad personal.

Esfuerzo implica la construcción de una voluntad, esfuerzo implica la negación del cortoplacismo, asumir que hay objetivos que se consiguen a medio y largo plazo.

Lo hemos dicho y lo repetimos: también hubo especulación educativa. Es curioso como muchos de los que defendían estas tendencias, ahora transformen rápidamente sus presupuestos: también existe el oportunismo educativo. Este se define como la adaptación de un discurso a lo que tu época quiere escuchar. Es fácil ser contemporáneo, sobre todo desde cierta endogamia universitaria.

La postmodernidad educativa sustituyó el ideal humanista y educativo de persona por un ideal tecnológico y economicista.

La postmodernidad es la sincronía filosófica y social de un cambio de modelo de producción: de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento incipiente.

El desarrollo de las nuevas tecnologías transformó todos los campos y ámbitos de producción. Lo importante era construir sujetos técnicos que necesitaba este nuevo capitalismo. El ideal humanista se iba arrinconando en la nueva cultura tecnologizada: ¿para qué sirven el arte o las humanidades? ¿para qué sirve saber leer literatura o desarrollar una capacidad crítica filosófica? ¿qué rentabilidad puede producirnos ese ideal humanista?

Demasiadas preguntas que vuelven periódicamente a la actualidad educativa: comenzó en la postmodernidad educativa. Una pregunta: ¿lo seguimos siendo? A veces, hay herencias que deberíamos rechazar, ¿por qué? Porque nuestra época conectada necesita nuevas respuestas y soluciones educativas.

Comprender esta postmodernidad educativa es comprender una época que comienza hace poco más de treinta años.
La sociología y la filosofía reflejó inmediatamente estos cambios que estaban transformando nuestra vida individual y social.

La educación es una parte de un todo, también hubo una educación postmoderna.

Hoy vivimos otro cambio de época: nuestra sociedad conectada lleva nuestras preguntas que aún están siendo formuladas.

El peligro de los sistemas educativos es evidente: su lentitud para el cambio profundo puede ser su anacronismo anunciado.

Hagamos caso a Álvaro Siza: “el tiempo es un gran arquitecto. Quien no cuenta con él se pierde”.

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