Torbellino (de ideas)

REVISTA TRÁFICO DE EXPERIENCIAS
Nº 1. FLACSO. Buenos Aires, junio 2014
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Un huracán recorre la escuela -se llama Bruno…-. ¿Destruye, su agite, o moviliza? La normalización de los díscolos era tarea esencial del paradigma disciplinario; aunque la sombra disciplinar aún tiñe la escolaridad, proliferan situaciones donde “los díscolos” son tomados más bien como oportunidad para que la escuela explore ella misma sus posibles formas no normales.

1. ¿Surrealismo?1
Bruno entra abruptamente al aula de primer grado, corre alrededor, se sube a una mesa y grita “¡Yo soy el rey!”. Tras él, y casi tan atropelladamente, una maestra entra e intenta bajarlo entre gritos y ademanes.

Él, desafiando desde una posición inalcanzable; ella, entre la frustración y la cólera. Mientras tanto, alrededor de ellos, los chicos sentados en sus mesas, y el maestro de pie cerca del pizarrón, los miran atónitos, descolocados por lo que (casi de manera surrealista, hay que estar ahí para verlo!) está pasando.

La escena se desarrolla de pronto con velocidad, y en un esfuerzo por bajarlo, Bruno se le escurre, y vuelve a salir corriendo, esta vez rumbo al pasillo y con el mismo grito triunfal.

Así se siente Bruno en esos momentos, un Rey a quien el mundo le parece un espacio donde hacer, lisa y llanamente, lo que se le canta, cuando se le canta.

¿Y por qué digo esos momentos?

Porque se repiten a diario, y en diferentes momentos del día, escenas más o menos parecidas a ésta, donde se ponen en juego lucha de poderes, violencia, gritos, corridas y escapes.

2. En movimiento.
Empecemos por decir que Bruno debería cursar 2do grado, de acuerdo a la reglamentación de escuelas. Comparte el aula con unos 20 compañeros y dos maestras referentes (una a la mañana y otra a la tarde). El grupo viene junto desde el año pasado, y Bruno ya había tenido un primer año difícil. Pero durante su 2do grado las cosas fueron a peor. Golpes, burlas, gritos, útiles rotos, insultos, etc. Luego de distintos episodios (el último terminó con su maestra en el piso con un golpe en el abdomen por caerse tratando de agarrarlo en un pasillo) la situación fue tomando carácter de urgente y se hizo evidente la necesidad de pensar entre varios qué hacer.

3. (Des) Andando caminos.

Directora y maestra referente prueban alternativas flexibles para Bruno dentro del aula pero estas no dan el resultado esperado.

Además, las situaciones desbordan el aula y toman por sorpresa recreos y muchos otros espacios compartidos. El tema empezó a copar las reuniones semanales de maestros, llenando de silencio y cavilación los minutos que pasaban sin respuestas.

Surgió entonces la idea de probar qué pasaría si estuviera en 4to grado durante un tiempo, para estar con chicos más grandes que tal vez lo “ayuden” a estar más calmado (esto también puede leerse como bajarle el copete), y con un docente varón; tal vez un referente masculino que pueda acompañarlo (teniendo en cuenta además que fuera de la escuela sólo un hermano mayor le da algo de atención).

Por las tardes, en vez de estar en 2do grado, participaría de un taller de dibujo al que asisten otros 2 compañeros de la escuela y que está coordinado por un maestro.

Luego de varias reuniones y lograr acuerdos y compromisos entre Bruno, su madre (único -y “a medias”- referente fuera de la escuela) y la supervisión, se decide intentar por un tiempo esta alternativa.

Parece funcionar, al principio. Bruno cumple con las tareas y permanece más tiempo dentro del curso. Se muestra cordial con su maestro y en los recreos logra contenerse más. Tres, cuatro semanas pasan y el compromiso de Bruno se desploma. Ya le costaba mucho mantenerse en el grado y se repetían episodios de escape del aula, corridas, insultos y golpes por toda la escuela. Su paso era como el de un huracán que arranca de cuajo las cosas.

“Bruno no pudo mantenerse dentro del aula asignada en ningún instante de la mañana.

A su vez, decidió abrir una tapa de cierre de un caño de agua y se generó un desborde de la misma en todo el patio. No pudo reconocer sus errores y tampoco volver a su aula.

Luego, durante un largo rato lanzó piedras a compañeros y le fue imposible respetar la voz de autoridad de los directivos.

Ante la puesta de límites sobre lo que se puede y no se puede hacer en la escuela, decidió comenzar a revolear los papeles del escritorio de la secretaría por todos lados.”

Fragmento de un informe elaborado por el maestro de 4to grado.

Y de vuelta a pensar…

4. En equipo (o Por el camino amarillo, en busca de Oz…)1

“Cuando conversamos, tanto en reunión de maestros, como en la reunión más acotada con los maestros de Bruno, asumimos que queremos armar una estrategia que aloje y contenga a Bruno.

Armaremos una agenda de cada día y semanal, de la que él deberá participar y que los adultos sostendremos.

Acordamos en la importancia de sostener a Bruno con propuestas que lo estimulen y habiliten su creatividad”2.

Ante la negativa de la supervisión de que permanezca en cuarto grado, y enfatizando la necesidad de que vuelva a su grupo de referencia, directores y maestros pensaron y elaboraron el “Proyecto puente con válvula de escape”, una trayectoria especialmente pensada para Bruno. En principio (y a modo de excepción) Bruno asistiría sólo mediodía a la escuela y se retiraría luego del almuerzo. Una docente que en ese momento se encargaba de trabajos más personalizados con algunos chicos decide “apadrinarlo” y compartir la mañana exclusivamente con él. Con una agenda diaria minuciosamente armada y consentida por todos, la idea radicaba en que Bruno pasara las primeras horas del día a solas con esta maestra, y en determinado momento de la mañana entrar a su grupo de referencia, acompañado también por su “madrina”, para realizar distintas actividades.

También contemplaba la posibilidad de que otros maestros se acerquen durante sus horas institucionales a compartir sus actividades. Además el plan incluía momentos a solas con su maestra de grado para poder generar vínculo y confianza, a través de actividades de cuaderno, pintura, música, etc.

La válvula de escape, eran esos momentos en los que Bruno podía “salir a tomar aire”, despejarse y hacer algo que tuviera ganas, como correr por todo el patio o tocar la guitarra, siempre acompañado por algún maestro o directivo, pero como espacio libre y espontáneo.

Durante un tiempo el proyecto pudo llevarse adelante, organizando con precisión los horarios y las actividades para no dejar huecos o fisuras (o al menos intentarlo, ya que cuando los adultos no lograban coordinar horarios se producían desbarajustes. En un momento determinado del plan su “madrina” se tomó licencia por lo que quedaba del año y otra “maestra-madrina” tomó su lugar, pero sólo duró una semana).

A pesar de todo el esfuerzo, las ganas, y la esperanza, con el tiempo Bruno volvió a romper acuerdos y repetir su “rutina” de imprevisión: violencia o tranquilidad, corridas, bajadas de cambio, y nuevamente violencia, charlas y risas o insultos y golpes.

5. Y una vez más…

Sé que ya de todo se ha dicho,
Que mi andar ya no es igual,
Que mis penas son tu cadena,
Que mis ojos son la frialdad.
Sé que has que has dado justo en mi pecho
Munición a voluntad,
Déjame salir de este encierro
No soy tu hombre ni tu verdad.
Uh, no me dejes morir así…
Uh, no me dejes caer en la trampa1

Nuevas reuniones. Nuevos encuentros. Pensar y repensar. Buscarle la vuelta. Supervisión, directores, maestros, madre, doctores…

Se acerca fin de año y probamos un nuevo trayecto especial: esta vez que Bruno estuviera en la escuela sólo 3 veces por semana, un día a la mañana (posiblemente con 5º grado) y dos por la tarde, en el taller de dibujo (al que ahora sólo asistían Bruno y otra compañera). Una maestra particular asistiría el resto de los días a su casa para acompañarlo en tareas pedagógicas, tomando nosotros con mayor énfasis los aspectos vinculares y afectivos. El plan se pone en marcha, aunque a Bruno le cuesta mantener acuerdos o tiempos de espera.
Dice su maestro de la tarde, en uno de sus informes semanales:

Miércoles 13: Habiendo Bruno terminado de comer, comenzó a molestar a los compañeros de mesa, el maestro Juan lo invitó amablemente a participar del recreo con los chicos de 5º mientras esperaba que lo vengan a buscar, y como se negaba a salir, le pedí que vaya a hacer el recreo con el maestro, ya que en cualquier momento lo retiraban. Me arrojó un tenedor a la cabeza.

Viernes 15: Bruno llegó al mediodía, comió tranquilamente , y antes de comer el postre se escapó del comedor, le llevé el postre ya que no quería entrar, y pude llegar a que lo coma, pero se volvió a escapar y empezó a correr por toda la escuela , entró a las aulas a de otros grados provocando a los chicos de primero, tuvo entremedio un cruce con uno de ellos y se insultaron, entró con piedras, siguió escapándose por todos lados con piedras en las manos, y lo seguí de cerca para evitar que se lastimen. Finalmente me tiró un piedrazo a mí delante de su madre mientras ella se iba (acababa de tener una reunión con la dirección y la supervisora acerca de este tipo de situaciones).

Se nos acaban las ideas…

6. La frutilla del postre…

Comienza un nuevo año. Para nuestra sorpresa nos enteramos que Bruno no volvería más a la escuela, ya que su madre decidió cambiarlo a una más cerca de su casa.

Un aire de alivio corre por el cuerpo de cada docente ante esta noticia (al fin y al cabo, antes de ser docentes somos seres humanos), como si por fin nos hubiéramos librado de un problema al que no pudimos encontrarle solución. Eso sí: acto seguido en algunos hubo también tristeza y bronca, no tanto por no haber podido ayudar a Bruno (aunque tal vez, esperamos, en su interior sí hayamos podido afectarlo de alguna manera), sino por no contar con la posibilidad de ensayar con él nuevas alternativas que pudieran alojarlo.

Un torbellino viene. Un torbellino va. Un torbellino pasa, deja algo (huella, marca) y al mismo tiempo también se lleva. Algunos torbellinos pueden ser un desastre o una oportunidad. Un torbellino de ideas para un torbellino de cuerpos (cada uno viene con lo suyo) que ante todo se encuentran y comparten el día a día.

Pedagogía surrealista
por Silvia Duschatzky
Revista Tráfico de Experiencias Nº 1.
FLACSO Buenos Aires, Junio 2014
Cada cosa, cada existente se presenta del modo en que puede hacerlo.

Imaginemos que es la única premisa que asumimos. Cada cosa se presenta del modo en que puede hacerlo. Si nuestro sentir así lo vive lo que sigue es infinito e indeterminado. Cada cosa, en su singularidad, siempre está fuera de lugar. Porque el lugar es la negación de la singularidad. Y la singularidad sólo una nota que empuja los límites.

Dan apela al surrealismo. Breton en su segundo manifiesto surrealista se pronuncia contra el debilitamiento del espíritu. El espíritu, esa fuerza “irracional” que ve más allá de lo que la razón cientificista diría –por ejemplo- acerca de lo conveniente para Bruno, de lo pertinente para un maestro, de lo esperable en una escuela.
Nada está en su lugar en esta escuela. Lugar no es cualquier cosa. Un lugar es un modo de ocupar-lo; por eso la tan remanida frase esto no es una cancha de fútbol más que un eufemismo sintetiza claramente la imagen de lugar como aquello que habla de las cualidades esperadas en los cuerpos ocupantes. El cuerpo pedagógico acotado, medido, temeroso, previsible frente al cuerpo futbolero exacerbado, sudoroso, exultante, indomable.

Decíamos; nada está en su lugar, salvo la negativa de la burocracia que insiste en que Bruno debe cursar el grado que le corresponde por ley. Y si todo es lugar, poner en forma y poner acotadas formas, el pensamiento se torna circular y el tiempo reiterado y pretendidamente previsible.

La única verdad es la realidad decía el general. Nosotros afirmamos, lo único pensable es el modo en que las cosas se presentan. Y lo que se presenta es lo que se le escapa a la voluntad-voluntarista. Lo que se presenta es lo que queda por pensarse. Lo que se presenta es ciego a la comprensión automática como a esa visión que cree ver cuando “ve” anclada en la evidencia fáctica, tan escueta en las gateras del realismo (expresión que le robo a María Moreno1)

Un título posible del relato que nos presenta Dan podría ser Historia de un fracaso. Sí, de un fracaso. El fracaso no es la declaración de una impotencia sino el registro de un exceso de real que se nos fuga; se fuga al entendimiento. El fracaso de una meta, de una expectativa, de un exitoso final tiene su contrapartida. El fracaso de los fines es la afirmación de los “medios”, de los procesos, de los tanteos.

Cada prueba no lo es de nuevos intentos que por fin sean exitosos; cada prueba porta una nueva información. En cada prueba aprendimos algo, sabemos otra cosa, buscamos más preguntas, eventualmente mejor formuladas, probamos otros funcionamientos. Cada prueba, si sabe leer la información devenida de su propia experiencia, puede arrojarnos a nuevas conquistas.

El fracaso es la afirmación de una vulnerabilidad que frente a lo que nos excede no cesa de nutrirse de mejores recursos para hacer (devenir) de ese exceso un asunto interesante.

El fracaso de los fines es la emergencia de los “verdaderos” problemas.

Y el verdadero problema que se nos impone de la experiencia con Bruno es admitir que no sabemos de las detonaciones intempestivas ni de los modos en que las relaciones pueden consistir. Que necesitamos seguir a la caza de esas señales de enquistamiento no para descifrarlas sino para destrabarlas. En Bruno, en cualquier otro pibe, en nosotros mismos cuando tentados por volver las cosas a su lugar, nos enquistamos. En la escuela y sus aparatos obsesionados en evitar “fracasos”.

Pedagogía surrealista… ¿es una pedagogía de los “fracasos”?

Uno, dos, mil ricos fracasos
por Agustín Valle
por Silvia Duschatzky
Revista Tráfico de Experiencias Nº 1.
FLACSO Buenos Aires, Junio 2014

Si no estuvieran los chicos, la escuela no tendría razón de ser: hay evidencias que sin embargo es preciso, a veces, volver a enunciar. Los chicos nunca son un escollo, ni un obstáculo; sí, en cambio, un problema. Los chicos-problema pueden dar dolores de cabeza, también alegrías enormes por lo que se logra armar. Siempre, son una invitación al pensamiento –invitación ciertamente violenta, como es lo real-.

Es gracias a los pibes que provocan un no saber qué hacer que la escuela puede pensar sus formas posibles.

Pensar, investigar, probar. ¿Éxito y fracaso qué son, cómo se miden? ¿Qué es un “resultado”? Se diría que los intentos de la escuela por contener a Bruno fracasaron –ya decir “intentos” es una elección terminológica con implicancias-, por cómo terminó la historia: Bruno fuera de la escuela. Pero ese es el final de la historia solo desde un punto de vista, bajo una expectativa determinada (que sabe lo que tiene que pasar). No se sabe cuál es el final de la historia. Sí se sabe que la escuela no sabía cómo ser una morada para Bruno, y ensayó.

Que Bruno le ponía una pregunta a la escuela y esa pregunta no fue dejada sin experiencia. Se hizo la experiencia de una pregunta.

Hay una escena de Lost: -“Vos traés gente a la isla, y al final, siempre termina igual”. –“Al final puede ser. Pero todo lo que pasa en el medio, es puro progreso”. Más allá del ideologema progreso (como si se avanzara en línea a un objetivo preexistente y destinal), al liberar a las prácticas del juicio del final –de la condición juzgante de su presunto final-, se habilita mucha potencia: la potencia de la experimentación de las formas, la potencia de los recorridos. Después de “fracasar” con Bruno, la escuela ahora tiene mucho más amplia la imagen de lo que puede –y Bruno, acaso, acaso también.

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