La autoconciencia emocional

Antonio Esquivias.
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En el área de competencias del autoconocimiento la autoconciencia emocional es la competencia central.

Se podría definir como darse cuenta de lo que estoy sintiendo, de qué me ha hecho sentir así, y qué información me está dando esa emoción.

Entre los pasos necesarios para la gestión de una emoción corresponde al momento de “ponerle nombre a la emoción”. Implica un conocimiento, luego la herramienta clave es la razón, en su función más central: etiquetar la emoción.

La autoconciencia emocional es por tanto el perno que une razón y emoción, y por tanto un elemento fundamental para poder gestionar las emociones como seres humanos.

Poner nombre, etiquetar, implica un distanciamiento entre un sujeto que etiqueta y un objeto que es etiquetado. Este es el primer momento en que la emoción es tratada como un objeto, por tanto como algo diferente al “yo”, antes de este preciso momento la emoción forma un todo indiferenciado con el yo, yo y emoción no se diferencian, la emoción hasta este momento es, permitirme el inglés, overwhelming, nos cubre enteramente, es nuestro mundo total. Desde este momento, yo siento pero no soy (solo) eso que siento, soy algo más y esto lo descubro en el hecho de que puedo nombrarlo.

Precisamente por tratar como objeto a la emoción, esta puede ser manejada. Todo manejo, toda gestión empieza con el conocimiento, con el poner nombre. Todo poder empieza en el conocimiento, el conocimiento mismo ya es un poder. Al nombrar convertimos eso que nombramos en un algo, lo hacemos salir de un todo indiferenciado para ser algo, un algo diferenciado. La emoción pasa a ser algo que yo puedo nombrar y por ello tratar de gestionar o manejar.

La razón va a seguir trabajando, una vez que hemos puesto nombre, la pregunta que se hace es: qué sentido tiene ese algo, cuál es la razón que ha hecho aparecer ese algo, lo sintentizo en: de qué me informa. Además la emoción básicamente es información. Una de las 2 razones básicas de la aparición de la emoción es precisamente proporcionar una información (la otra es proporcionar una activación). En este momento la conexión razón-emoción es total, por tanto también lo es la integración de la persona. No hay posible integración de la persona, identidad, sin un grado elevado de autoconciencia emocional.

El paso necesario para saber quiénes somos es saber cómo nos sentimos y que información nos traen esos sentimientos y sensaciones. En la autoconciencia emocional entran tanto sentimientos como emociones y sensaciones, entre en su sentido más general el sentir.

Ya tenemos un algo (emoción) a lo que he puesto nombre y la razón de su estar ahí: proporcionarme una información. Tengo por tanto también una información. En el proceso la razón se ha hecho un nuevo interrogante: Cómo surge esa emoción, qué la ha hecho aparecer. Estamos de nuevo ante un elemento clave de la conformación de la identidad personal: su puente con el exterior, con el entorno, allá en el fondo su puente con la realidad. Es cierto que en ocasiones somos nosotros mismos quienes hacemos surgir nuestra sensación, pero es precisamente dilucidar de dónde proceden nuestras sensaciones y nuestras emociones nuestro puente constante con la realidad que nos circunda, con nuestro entorno, y nuestra posibilidad de sobrevivir como seres vivos con unas necesidades que deben satisfacer en un entorno.

Como se desprende la autoconciencia emocional debe ser fomentada y aprendida desde muy pequeños, desde el mismo nacimiento del bebé humano, como una de las claves de la formación como seres humanos. Esta conexión entre razón y emoción es algo específico del ser humano. Hay que enseñar a reconocer que se está sintiendo y ayudar a ponerle nombre. Este es el comienzo de toda Educación Emocional.

Para la escuela hay dinámicas específicas como el emocionómetro (ver: autoconciencia emocional: el emocionómetro) que es una dinámica para la etapa de infantil/inicial, que deben aplicarse en el aula como una ayuda muy valiosa. Aunque es una competencia que debe fomentarse y estar presente en todas las etapas porque constituye una de las bases fundamentales de la Educación Emocional, para cada una de ellas se pueden encontrar dinámicas adecuadas.

Lo fundamental en mi opinión es que el docente tenga la actitud de fomentar la autoconciencia emocional con sus alumnos de modo constante. Para ello debe haber desarrollado en si mism@ la propia autoconciencia emocional. Sin el propio autoconocimiento de los docentes, no hay posibilidad de una Educación Emocional adecuada. Es un trabajo personal con una fuerte incidencia en las capacidades profesionales. Por eso quiero terminar diciendo que la autoconciencia emocional de los docentes es el primer paso para instaurar las competencias emocionales en la escuela.

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