EL SÍNDROME “SÍ, PERO…”

José Luis Coronado
Licenciado en Filosofía y CEO en INED21.
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Quisiera desarrollar una observación social que, imperceptiblemente, cada vez se extiende más. No me excuso: puede ser culpa de mi irritación o falta de paciencia. O puede ser que verdaderamente esté pasando. En todo caso, le daré nombre: es el síndrome “sí, pero…”. En cualquier momento puede aparecer en su vida personal o profesional: no se preocupen, sigan leyendo.

Analicemos rápidamente para qué suele servir.

El síndrome “sí, pero…” es una justificación continua de aquello que, de antemano, se sabe es negativo o tiene difícil justificación. Continuamente las élites políticas y económicas, se escudan en este tipo de retórica.

Escuchan una queja o crítica y aparece el síndrome del “sí, pero…”. Un ejemplo: “le comprendo, estoy de acuerdo con usted; sí, pero…”. Tiemblen, a continuación vendrá aquello que no quieren escuchar.

El síndrome “sí, pero…” es una justificación continua para no hacer aquello que debemos hacer. Resumiendo: una falta de profesionalidad.

El subjetivismo alcanza sus niveles más altos. Un ejemplo: alguien en su ámbito laboral debe hacer una función; de pronto, aparece el síndrome “sí, pero…”

No discutan, será imposible la mayoría de las veces: el sujeto en cuestión ha elevado su yoísmo por encima de su deber profesional. No lo hará, y si lo hace: tarde y mal casi siempre.

El síndrome “sí, pero…” es una justificación para no debatir aquello que se está dialogando.

En medio de un intercambio de argumentos, alguien espera su turno y aparece el síndrome. Sin otra novedad, dirá: “sí, pero…”. Lo que viene después, no tiene nada que ver de lo que se estaba hablando. Al acabar, su cara asombrada no será advertida por quien padece el síndrome “sí, pero…”. El ego tiene atajos que pocas veces sospechamos.

Este síndrome “sí, pero…” nos dice algo sobre una mentalidad individual o social. Es peligroso en la medida que incapacita o anula cualquier diálogo. Es peligroso en la medida que justifica una ineptitud o falta de honestidad con uno mismo y con los demás.

Es peligroso cuando es un argumento vacío que busca una falsa empatía, para terminar diciéndonos que es inevitable lo que viene a continuación. Una de las retóricas de la crisis actual: el síndrome “sí, pero…”. Antes de terminar, tengan cuidado: es contagioso. No me hagan caso, puede que sean cosas mías. O no.

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