ANCHONGA: UN ALENTADOR PROGRAMA DE ALFABETIZACIÓN BILINGÜE

Manuel Valdivia Rodríguez
FORO EDUCATIVO Lima – PERÜ
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El Día Internacional de la Alfabetización, 8 de septiembre, no es un día de festejos ni celebraciones. No tenemos mucho que celebrar, pues en un mundo con altísimo desarrollo tecnológico las personas analfabetas se cuentan por cientos de millones. Son personas que ignoran la lengua escrita no por incapacidad ni desidia de cada uno sino porque les tocó nacer en sociedades injustas y dispares. En el Perú, contradiciendo las declaraciones de gobiernos anteriores, todavía tenemos una inmensa cantidad de personas en situación de analfabetismo cuya cifra ni siquiera conocemos. Felizmente, aunque no son muchos, hay esfuerzos tendientes a aliviar la situación. Uno de ellos es el que se realiza en Anchonga, un distrito pequeño de Angaraes (Huancavelica). Es un programa de alfabetización bilingüe de mujeres campesinas hablantes de quechua, que viene desarrollándose desde el año 2006 ejecutado por la ONG Tierra de Niños con el soporte financiero de la Fundación Stromme (Noruega)[1]. Este programa ha conseguido apoyar a 960 mujeres, casi toda la población femenina rural de Anchonga, en sus esfuerzos por aprender a leer. La cantidad de mujeres atendidas no es grande, considerando el panorama nacional; sin embargo, para cada una de ellas constituye un logro enorme haber descubierto que podían leer y escribir. Pero, aparte de haber conseguido sus metas, el programa de Anchonga deja enseñanzas aprovechables para las labores de alfabetización en medios rurales donde la población habla una lengua indígena como materna[2].

Tierra de Niños organizó el trabajo con una estrategia basada en círculos de 20 señoras[3] participantes a cargo de una promotora. Cuando las señoras de los círculos con que se trabajaba en un momento lograban los objetivos propuestos, las promotoras pasaban a trabajar con círculos nuevos. Este tránsito sucedía generalmente al cabo de un año dividido en dos etapas de aproximadamente cuatro meses cada una. Así, las promotoras, ocho en total, fueron desplazándose por el territorio de Anchonga hasta cubrir la meta de poco menos de mil señoras. Esto ha demorado varios años dado que, por limitaciones financieras, la cobertura anual no podía ser grande, pues solo se podía sostener ocho círculos cada vez. Sin embargo, esto ha traído beneficios para la formación de las promotoras, puesto que la conducción sucesiva de varios círculos fue enriqueciendo su experiencia y haciendo que resuelvan mejor las múltiples situaciones que se debe enfrentar cuando se trabaja con adultos que no han tenido experiencia escolar y que llevan una vida de trabajo que complica su asistencia a programas educativos. Es difícil, por ejemplo, confiar en ejercitación individual en el hogar, pues las señoras no tienen ni tiempo ni facilidades materiales para hacerla. Hay que tratar de conseguirlo todo en las sesiones presenciales y aun así, el avance tiene problemas. El principal es la asistencia, que puede no ser egular por causas atendibles (una lluvia torrencial, la enfermedad de una criatura, el extravío de una oveja). Sin embargo, la matricula en los círculos se ha mantenido casi intacta no porque se premie a las mujeres con algún obsequio o porque se las sancione de algún modo sino porque ellas son conscientes de su progreso en el aprendizaje.

Alfabetización en quechua
Las mujeres que serían atendidas por el programa desde el 2006 eran todas campesinas hablantes de quechua. Entre ellas había, como es frecuente en la sierra, mujeres que podían comunicarse en castellano; pero, dado que todas tenían en común el quechua como lengua materna, se decidió que el programa se ejecutara concentrándose en la lectura y escritura en quechua. Así, hasta el año 2012, con la estrategia de cobertura por círculos, ya toda la población femenina adulta de Anchonga había sido atendida con un programa de lectura y escritura en quechua. Aunque con distintos niveles de eficiencia, se podía decir que los objetivos habían sido logrados con la mayoría de las señoras. Algunas de las mayores, muy pocas, leían con dificultad solo textos preparados para el aprendizaje; otras, la mayoría, se sentían ya dueñas de nuevas capacidades, tanto que comenzaron a participar con más solvencia en las asambleas de la comunidad, en las reuniones de los clubes de madres o del presupuesto participativo. Y las que tenían hijos o nietos en la escuela tenían el gusto de compartir con ellos sus experiencias de aprendizaje. El tiempo de ejecución del programa no había pasado en vano. Además, en los últimos años no eran solo señoras. Muchos varones se habían integrado a los círculos, entre ellos algunos dirigentes comunales y varios esposos, al comienzo desconfiados; ingresaron incluso jovencitos y jovencitas matriculados en secundaria, que se acercaron porque querían leer también en quechua.

Atendiendo a la demanda: hacia la lectura en castellano
Cuando el proyecto estaba por concluir, se hizo más fuerte una exigencia apenas mostrada al comienzo: leer en castellano. “Ya sabemos leer en quechua; queremos saber en castellano”. Ante esto, se tuvo que Implementar una tercera etapa dedicada a la transferencia de las capacidades adquiridas en quechua para la lectura en castellano, y para ello se retomó el trabajo con algunos de los círculos. La experiencia ha demostrado que esta transferencia es posible, y que puede ser lograda en tiempo más breve dado que las señoras participantes ya conocían los mecanismos de la lectura. Es que, en el fondo, solo se aprende una vez a leer; lo demás se consigue aplicando las capacidades fundamentales a una segunda lengua.

Al término de su tiempo, el programa puede ostentar la condición de programa de alfabetización bilingüe, no porque se haya trabajado en las dos lenguas simultáneamente, sino porque las participantes terminan por leer y escribir en dos lenguas: en la materna, el quechua, y en castellano. Hay, sin embargo, un lado preocupante: ¿Qué va a pasar después con ellas? Como todos los pobladores del campo, viven en entornos donde lo escrito tiene poca presencia. No existen textos en quechua y los que hay en castellano están escritos para hablantes de esta lengua como materna. ¿Para qué se trabajó entonces? En primer lugar, para cumplir con el derecho de toda persona en el mundo actual: el derecho a la lectura y a la expresión escrita. En segundo lugar, para fortalecer (“empoderar” es el término usual) a las mujeres campesinas quechuas, siempre las más postergadas en su educación, y, en tercer lugar, para crear un ambiente que favoreciera la educación de los niños anchonguinos.

Alfabetización de las señoras; educación primaria bilingüe para los niños
La afirmación final del párrafo anterior necesita de una explicación. Tierra de Niños y la Fundación Stromme habían decidido aplicar, también desde el 2004, un programa de Educación Intercultural Bilingüe en las 16 escuelas primarias de Anchonga[4]. Pero pensaron que la aplicación de este programa sería mejor si se apoyaba a las madres con el programa de alfabetización. Así, se habló de una estrategia en tenaza, con dos brazos que se cierran. El Proyecto implementó lo necesario para que ambos programas avanzaran. En las escuelas, el programa correspondiente fue aceptado por los docentes y tuvo una aplicación que dio los resultados esperados. A juzgar por la experiencia, la estrategia adoptada puede tener los resultados que se espera. Ahora, hay niños y niñas anchonguinos que leen en dos lenguas, y mujeres mayores, muchas de ellas madres de los alumnos, que también lo hacen, igualmente en dos lenguas.

La metodología de la alfabetización
Si para el castellano los procedimientos alfabéticos y silábicos son vitandos – pues comenzar por las letras y por las tablas silábicas no es enseñar a leer- para el quechua todavía lo son más. El quechua es una lengua aglutinante. Cualquier oración escrita en quechua aparece a los ojos del lector como una secuencia de unidades bastante complejas, en las que no se puede reconocer palabras sueltas sino frases con sus elementos estrechamente unidos. Dado ese carácter era preciso emplear un procedimiento distinto, que respetara y aprovechara las características de la lengua. Para el programa de Anchonga se decidió emplear un método de base oracional, en el cual cada unidad de aprendizaje parte de un diálogo sobre aspectos de la vida cotidiana en el campo huancavelicano, seguido de un trabajo con oraciones referidas a esa realidad, para terminar en un examen analítico, trabajando con palabras y sílabas, y creando nuevas palabras y nuevas oraciones. Este método fue el diseñado en el Perú en época de la reforma educativa, cuando se trabajó con el libro “Amigo”, y fue usado después por el Proyecto Experimental de Educación Bilingüe de Puno (GTZ/MINEDU), a partir de 1975, para la enseñanza de la lectura a niños de habla quechua y aimara. Este método, enriquecido por la experiencia y por la teoría que vino después, es el que se aplicó en Anchonga, tanto en las aulas de educación primaria como en el programa de alfabetización, aunque con materiales apropiados para cada edad y con un contenido distinto.

El método no desecha el trabajo intermedio con sílabas, que en quechua se organizan en un repertorio más fácil de manejar que en castellano. El análisis silábico de palabras desprendidas de textos que ya han sido leídos y escritos, permite la construcción y lectura de nuevas palabras, frases y oraciones, lo cual es bueno cuando se trabaja en castellano y todavía mejor cuando se trabaja con miras a un enfoque bilingüe, pues el conocimiento del repertorio silábico quechua se constituye en herramienta de base para el desciframiento de palabras castellanas, naturalmente con el añadido de los repertorios correspondientes a nuevas consonantes.

Como ya hemos relatado, el Proyecto se vio ante la necesidad de continuar con la lectura y escritura en castellano. Entonces, surgió la gran pregunta ¿Cómo hacerlo? ¿Qué metodología emplear? En la bibliografía sobre alfabetización existe muy poca documentación sobre el pasaje de una lengua a otra en cuanto a lectura y escritura[5]. No hay orientaciones para un caso como el que se hallaba el programa de Anchonga: apoyar a mujeres que ya sabían leer en una lengua para que pudieran hacerlo en una segunda lengua, el castellano, con la dificultad agravante de que esta era manejada en grado diverso por las personas aprendices. El Proyecto, entonces, decidió diseñar una metodología especial y aplicarla con algunos de los círculos, observando paso a paso lo que sucedía y modificándola en función de lo que se fuera observando. Las exigencias para la creación de una metodología eran muy grandes. El aprendizaje de la lectura y escritura en quechua había contado con un hecho favorable: todas las señoras participantes tenían el quechua como lengua materna y lo manejaban con solvencia en forma oral; pero no sucedía lo mismo con el castellano, pues la diversidad de niveles era muy grande (sin que el más alto fuera totalmente solvente).

A fines del 2013 se diseñó la metodología y comenzó a ser aplicada en 2014, en un total de ocho círculos con 160 señoras participantes, que acudieron voluntariamente a la convocatoria. Este detalle es importante: no han sido participantes seleccionadas entre las mejores del programa en quechua sino que manifestaban poder comunicarse en castellano[6] (más bien se ha tenido que limitar la inscripción). La metodología que se comenzó a aplicar está mostrando ya resultados muy alentadores. Se basa en actividades participativas en las que se trabaja con el léxico castellano de las señoras, el que posean, que no es igual en todos los círculos. En cada unidad (que ocupa dos sesiones) hay un momento en que se trabaja con textos discontinuos que se van construyendo en la pizarra con el aporte de las señoras y la ayuda de la promotora. Se trata de listas, esquemas gráfico verbales, mapas semánticos y oraciones con variaciones paradigmáticas, que permiten que las señoras expongan el vocabulario castellano que conocen y manejan, vean cómo se escribe y sepan cómo leerlo. Las promotoras han introducido además la construcción de vocabularios bilingües, lo que permite una revisión de la lectura y escritura en quechua. En las últimas unidades se está aprovechando parte de la riqueza musical de la sierra pues se lee y canta canciones con versos en quechua y versos en castellano. El material construido en la pizarra y pasado a carteles de papel es el primer material de lectura, que permite además la introducción de grafías del castellano que no se emplean en quechua. Luego, se lee textos sencillos referidos a la realidad de Huancavelica, organizados en primero en forma de textos concatenados y luego en párrafos, que son ya textos continuos.

La metodología que hemos descrito someramente está dando resultados, más rápidamente donde las señoras tienen mayor manejo de castellano. Ellas saben ahora cómo leer en castellano y, como ganancia lateral, han mejorado su lectura de quechua. Faltará todavía un trabajo de fortalecimiento de las capacidades de lectura en ambas lenguas, que podría corresponder a lo que se hace a partir de tercer grado en las escuelas regulares, pero esta labor ya no estará en manos del proyecto, que no dispone de recursos para ir más allá. Tocaría al gobierno regional, a través de la DRE y de otras de sus oficinas, avanzar con el trabajo, para lo cual podría contar con el asesoramiento de Tierra de Niños.

El trabajo en matemática
El tema de la matemática es un asunto sensible. Esta área no ha sido dejada de lado por el programa pero es preciso decir que no se ha tenido un desarrollo propio, original, puesto que lo que se ha hecho es similar a la forma como se trabaja en otros programas de alfabetización. Pero se tiene la convicción de que hay mucho más por hacer todavía, con un fuerte requerimiento de investigación. Como todas las mujeres de pueblos rurales, las señoras anchonguinas emplean mentalmente una matemática no escrita de un modo que no conocemos. Al intervenir en sus operaciones de compra y venta hacen “cuentas” con los enteros y decimales propios del sistema monetario; en sus operaciones de trueque utilizan unidades de volumen, e igual emplean formas de conteo y cálculo matemático en sus tejidos a telar y a mano; de la misma manera aplican la regla de tres al calcular cantidades de abono o de insecticidas, y recurren a formas de agrimensura sin papel ni lápiz. ¿Cómo lo hacen? ¿En qué lengua? ¿Cómo registran sus resultados? ¿Cómo razonan? Estas son preguntas que –hasta donde sabemos- nadie ha respondido, ni aun quienes se ocupan de la etnomatemática. Inquietudes de este tipo son las que retienen el optimismo del Proyecto porque requieren de investigaciones para las cuales se necesita expertos en matemática que hablen quechua y que sean capaces de dialogar con las señoras para arribar a observaciones válidas. Esto, por ahora, no es sino un proyecto muy a futuro.

Pasos siguientes
La ejecución del programa de alfabetización bilingüe a cargo de Tierra de Niños y la Fundación Stromme, va a iniciar un nuevo período en otros distritos de Angaraes. Esta será ocasión para reajustar materiales y metodologías, y avanzar en puntos todavía no tocados suficientemente como es, por ejemplo, la relación de la alfabetización con actividades productivas. Más adelante habrá la posibilidad de compartir aprendizajes, estrategias, metodologías, materiales y otros para reforzar la educación de la población adulta de los medios rurales andinos. El personal directivo y ejecutivo de las dos instituciones que han llevado a cabo la experiencia tiene la convicción de que su labor ha sido fructífera, pero que resta todavía mucho camino por andar.

NOTAS
[1] Debo mencionar los nombres de personas que decidieron llevar adelante un proyecto con aristas muy complicadas: Susana Tapia, Directora de la Oficina Regional de la Fundación Stromme; Percy Avilés, Presidente de Tierra de Niños, Natalia Medina y Alicia Tráñez, Coordinadoras del Programa, desde Lima y Huancaveliza, respectivamente, y a las ocho infatigables promotoras (hay dos varones, que tendrán que resignarse al sustantivo en femenino porque están en minoría).
[2] Puedo hablar de este programa porque tuve la fortuna de ser uno de sus actores, ya que fui convocado desde el comienzo para diseñar la metodología de alfabetización, asesorar la preparación de los materiales y participar en las acciones de capacitación de las promotoras de alfabetización, todas huancavelicanas. Lo que digo en este artículo es una parte de lo que se podría exponer –y de hecho tendrá que serlo- cuando la experiencia sea sistematizada.
[3] En el trato corriente del Proyecto hablamos siempre de señoras. Se nos hace difícil hablar de mujeres o de participantes. Por eso sigo empleando este término en el artículo.
[4] La aplicación de este programa concluyó en 2010. Tierra de Niños y la Fundación Stromme hicieron entrega de la propuesta (diseño, metodología, prototipos de materiales) a las autoridades educativas y políticas de Angaraes, que ofrecieron dar los pasos siguientes para que el programa se mantenga y se expanda, ya sin participación de las instituciones promotoras al comienzo. No tenemos noticia de lo que se ha avanzado. Una versión resumida del informe final puede ser hallada en formato PDF en el siguiente enlace: http://tierradeninos.org/web/ong_contenidos/files/PUBLICACIONES/eib_anchonga.pdf
[5] Hasta donde sabemos, el único trabajo donde se menciona este asunto es el excelente libro de Sarah Gudschinsky, “Manual de Alfabetización para Pueblos Prealfabetas”. México, SepSetentas, 1974.
[6] Al respecto, debemos hablar de otra carencia. Al parecer no existe una metodología e instrumentos para la evaluación del empleo de castellano por parte de personas que lo tienen como segunda lengua

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