Acoso e intimidación escolar

Milagros Figueroa Campos /// Facultad de Psicología, UNAM

[1] Publicado en: http://educacionyculturaaz.com/analisis/acoso-e-intimidacion-escolar/

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El acoso escolar es un problema cada vez más reconocido en la escuela, con mayor frecuencia en primaria y secundaria. El interés social y mediático en este tema se explica porque afecta a todos los implicados (agresores, víctimas u observadores), además de que tiene efectos en la autoestima y el proyecto de vida de cada uno de los perjudicados.

El acoso escolar se define como un comportamiento negativo, repetitivo e intencional que llevan a cabo uno o más individuos contra una persona que tiene dificultad para defenderse. Es una relación interpersonal caracterizada por el desequilibrio de poder o fuerza, ocurre de manera repetida durante algún tiempo y no existe una provocación aparente por parte de la víctima.

Violencia y acoso escolar

La violencia es una conducta que hace uso de medios coercitivos para dañar a otros y satisfacer los intereses del agresor. A partir de esta concepción se hacen dos distinciones: una conductual, no planeada, reactiva (hostilidad) y otra intencional, deliberada o premeditada (instrumental); también hay diferencias en las formas de la violencia: directa, física y abierta versus indirecta, verbal o relacional.

El acoso escolar empezó a documentarse desde 1973 por el psicólogo noruego Dan Olweus, quien realizó investigaciones con estudiantes víctimas de acoso, maltrato, amenazas e intimidación por parte de sus compañeros (bullying, en inglés y mobbing, en noruego y danés).

Existen comportamientos de acoso escolar directos o encubiertos, que son comunes entre los alumnos de países europeos, americanos y asiáticos, tales como: apodos, burlas e imitaciones; acusaciones falsas, desprecio y críticas por ser diferente (vestido, apariencia física, etnia, etcétera), ridiculización; agresiones físicas, hurto o destrucción de objetos personales, extorsiones, chantajes, exclusión social, insultos verbales y rumores.

Se sabe que el acoso físico es el más habitual entre los hombres, en tanto que las mujeres utilizan formas más sutiles e indirectas, como: calumnias, rumores y manipulación de las relaciones de amistad. El acoso verbal es la forma más común en ambos géneros. Por lo general, los “escenarios” del acoso escolar son patios y baños escolares, así como terrenos baldíos cercanos a la escuela.

Recientemente, el uso de celulares e internet con fines de agresión, en diversas formas, ha generado el llamado ciberbullying o acoso cibernético.

Características para identificarlo

Las víctimas o acosados presentan cambios repentinos de humor, además de tristeza, depresión, pasan mucho tiempo solos y no salen con sus amigos; abandonan bruscamente actividades que antes realizaban acompañados; su rendimiento escolar se ve afectado sensiblemente, así como su cuidado personal.

Pueden, además, presentar síntomas como: dolores abdominales y de cabeza, vómitos, etcétera; evitan ir a la escuela; se quejan frecuentemente de ser objeto de insultos, burlas o agresiones en la clase, en el patio escolar o a la salida de la escuela; con frecuencia esconden huellas de peleas, como puñetazos, golpes y heridas.

El agresor (“bully”) se caracteriza por su necesidad de poder y dominio. Se ha encontrado que las condiciones familiares violentas en las cuales han crecido favorecen la hostilidad hacia su entorno. Generalmente, tienen bajo rendimiento escolar y su comportamiento agresivo se ve recompensado en forma de prestigio o un liderazgo negativo.

Los observadores o testigos constituyen el tercer agente. Éstos desarrollan ansiedad y frustración como resultado de la incapacidad para detener las agresiones. Se ha visto también que pueden participar de manera activa, estimulando o festejando la violencia, lo que eventualmente puede convertirlos en acosadores.

Factores de riesgo-protección

A partir de investigaciones de tipo longitudinal, se ha sugerido que existen factores de riesgo cuando éstos tiene un efecto negativo; y de protección, cuando intervienen en forma positiva. En el caso del acoso escolar, los principales factores de riesgo/protección se clasifican en individuales, familiares, escolares y socioculturales:

Individuales: sexo, edad, agresividad, rendimiento académico, personalidad, autoestima y habilidades sociales;

Familiares: estilos de crianza, tipo y número de miembros, socialización, relaciones y conflictos familiares;

Escolares: desigualdad y entorno social, actitud del profesor, capacitación del docente para atender los problemas de disciplina en el aula, sistema y manejo de la disciplina, tamaño y estructura organizativa de la escuela, entre los principales;

Socioculturales: las pautas de socialización en la escuela que constituyen el reflejo de la realidad social y cultural propia de cada país.

Investigaciones

La investigación del acoso escolar en Europa se realiza desde hace varias décadas en los países escandinavos, aunque también destacan Gran Bretaña, Irlanda o Bélgica (en éste último se creó el Observatorio Europeo de la Violencia Escolar); en Asia, sólo países como Japón y Australia tienen estudios en la materia; en América del Norte, Estados Unidos y Canadá acaparan la producción de literatura especializada en acoso escolar; finalmente, en América Latina destacan los estudios realizados en Argentina, Brasil, Chile, Nicaragua y República del Salvador.

En México, en el año 2007, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (inee) realizó un estudio sobre disciplina, violencia y consumo de sustancias nocivas para la salud en primarias y secundarias a nivel nacional utilizando un enfoque cualitativo en una muestra constituida por 20 escuelas secundarias públicas (generales, técnicas y telesecundarias) a través de entrevistas a alumnos, docentes y directivos. Los datos obtenidos fueron semejantes a los de alumnos de primaria y secundaria en Alemania, España y Argentina en relación al tipo y frecuencia de participación en peleas, daños a instalaciones escolares, robo y/o actos de intimidación, burlas, daño físico y miedo de asistir a la escuela. Se encontró, además, la siguiente relación: a menor promedio escolar, mayor índice de violencia. En cuanto a las diferencias por género, el análisis muestra que existe un mayor índice de acoso entre hombres.

Sobre el contexto familiar, se informa que la escolaridad de los padres influye en la tendencia de los alumnos a participar en actos violentos: mientras más conflictivas son las relaciones en el hogar, mayor es el índice de participación de los alumnos.

Estrategias para afrontarlo desde la escuela

Es bien sabido que al interior de la escuela se entrelazan individuos y grupos que interactúan en el aula, patio de recreo y otros espacios comunes. A partir de estas relaciones se han desarrollado diferentes teorías explicativas que proponen que los individuos están inmersos en una comunidad organizada e interconectada en cuatro niveles o contextos que influyen en el comportamiento de los individuos.

Bajo este enfoque se diseñaron programas de prevención e intervención dirigidos a la familia, donde se incluyen y desarrollan aspectos fundamentales, como las relaciones padres-hijos, los valores inculcados, así como la asesoría para padres de alumnos en riesgo.

Existen resultados positivos cuando se utiliza un enfoque que incluya el barrio en el que la escuela se ubica y promueva el diálogo con la comunidad. Sólo de esta forma se elaboran programas que involucran a todos los actores del proceso educativo.

Se han diseñado estrategias de formación y actualización en los que los profesores detecten e intervengan los problemas de acoso, con orígenes y teorías de agresión y violencia; técnicas y estrategias para la solución de conflictos; negociación en el aula, educación en valores, para la paz, la democracia y los Derechos Humanos.

Para los alumnos se han incluido contenidos, estrategias, competencias, valores y actitudes que favorecen un clima de convivencia y aulas libres de acoso, además del desarrollo de habilidades sociales desde diferentes enfoques psicológicos, como el humanista, cognitivo-conductual y psicosocial, entre otros.

A modo de conclusión se destaca la importancia de la atención psicológica para los afectados por este fenómeno para enfrentar las consecuencias negativas relacionadas con el bienestar emocional, social y físico de los individuos, pues las secuelas trascienden los límites escolares e influyen en todos los ámbitos.

Se sabe que a corto plazo se presentan trastornos del sueño, ansiedad, aislamiento, marginación, rechazo social —real o imaginario—, ansiedad, baja autoestima y percepción generalizada de minusvalía y a mediano y largo plazos, se ha encontrado que los individuos que fueron víctimas de acoso escolar presentan dificultades para establecer relaciones emocionales e íntimas basadas en la confianza, así como la presencia de síntomas depresivos.

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