CAPITALISMO Y ESCUELA

Josep Maria Turuguet// Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA.

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No sé si soy el único (tal vez sea el último) que se ha dado cuenta de que cuando se habla de los objetivos de la educación se dejan sentir notables contradicciones, al menos aparentes. Y escribo para intentar aclararme. Les invito a reflexionar conmigo.

La escuela se proclama como formadora de ciudadanos conscientes y libres pero actúa como formador y filtro de recursos humanos y emite mensajes subliminales de sumisión. El mismo lenguaje que usamos para hablar de la escuela muestra, a mi parecer, una cierta ambivalencia, como si según cómo y cuándo fuéramos liberales y según cómo y cuándo fuéramos comunistas. Individuo y comunidad, no debería haber contradicción pero todos sabemos que hay contradicciones en la práctica. He usado a propósito la expresión “recursos humanos”.

La escuela es una institución ambigua por sí misma. Nace del Estado y de la Iglesia pero sirve a la empresa. Unos son socializadores por naturaleza, la otra es privatizadora en origen. Aunque todo lo humano se contamina, para bien y para mal.

La empresa es empresa de uno, en principio, para una cosa. El Estado y la Iglesia se crearon para gestionar la totalidad. La empresa, por definición, no puede tener la vista puesta en la totalidad, aunque le convenga. La empresa es la “acción del hombre en el mundo”. Todo lo que tenemos lo tenemos gracias a la empresa. La empresa es el músculo de la humanidad, la construcción del mundo humano. Sin empresa se vuelve al caos. Pero el mundo se puede construir de muchas maneras y no todas las empresas son meritorias. Nadie puede emprender esperando a comprender la totalidad, todas las implicaciones físicas y sociales de lo que va a hacer. Después de doscientos años comprendemos que hasta el aire debería tener precio y deberíamos contar con él antes de emprender. El problema del ser humano está en la comprensión de la totalidad, en el espacio y en el tiempo. Eso es imposible. Posiblemente lo será siempre, pero quizá llegaremos a aproximaciones suficientes. Por eso hablaba el otro día de Segunda Ilustración. Posiblemente necesitaremos una tercera y una cuarta.

La Iglesia y el Estado (tomados metafóricamente) fueron creados con vocación totalizadora. Son los primeros síntomas de la madurez de la especie. La verdad está en el todo (y ahí fuera, por supuesto). Por eso los bancos, empresa, pueden dar becas (además con el lustre de una mano real), contribuir a la enseñanza y seguir siendo furibundos neoliberales. Saben (o intuyen) que su misma debilidad social es decir su incapacidad (y su desinterés) en el TODO les facilita su éxito en la empresa parcial que tienen. La sociedad es un todo y la competencia empresarial supone el triunfo de la parte. Confundir el todo con la parte es su negocio. No pretenden ayudar a TODA la sociedad a salvarse (defederán que no podrían), sólo ampliar el madero para que se agarre más gente. Que muchos se ahogarán o se pasarán la vida flotando miserablemente se da por descontado aunque se evite el decirlo. Todos han de remar, aunque en realidad, no caben todos en el barco. Muchísimos van agarrados en el agua, esperando que aparezca un nuevo remo y un nuevo bote o muera un remero. Es el tipo de máquina que en que consiste el capitalismo. La única que tenemos por ahora que funcione globalmente. ¿Inventaremos un nuevo tipo de barco orgánico, ampliable según la demografía y amable con todos? ¿Será un invento de alguien o un invento de todos? Lo boicoteará alguien que vea su PARCELA perjudicada?

Habrá quien diga que el mundo es el barco y que a medida que se comprenda mejor su funcionamiento, todos tendrán en él el lugar que merecen. Pero no es así, el mundo no da nada sin alguna maquinaria y la actual no funciona para eso. Más allá de la Física, la Química y las TIC está la tecnología política y jurídica. La ley principal, con infinidad de pequeñas enmiendas es, ahora mismo, “el ganador se lo lleva todo”. Supongo que llegará un día en que el mundo no se dejará explotar con esa maquinaria primitiva, pero mientras tanto se sufrirá mucho. Esperemos que no sea siempre.

Curiosamente la palabra libertad es un término equívoco. No se puede entender un texto histórico sin saber qué se entendía por libertad en cada momento. En cada momento de la historia, los mejor adaptados poseían capacidades diferentes, diferentes “capitales humanos” y defendían “su libertad” como “la libertad”. Los demás eran “recursos”. Hemos vivido la época de la FUERZA y la época del COMERCIO. En las dos ha habido gente con mucho capital y gente que apenas valía para recurso, con abundantes intermedios. ¿Conseguirá la escuela moderna que todo el mundo tenga un gran capital? ¿Que todo el mundo (diez mil millones) sea capaz de “añadir valor”? Sería deseable, por supuesto. ¿Seremos todos capital y recurso a la vez? ¿Seremos todos socios? Parecería bonito.

Una curiosa novela de ciencia ficción, Los lenguajes de Pao, de Jack Vance, propone una “ingeniería social” en la que se forman sociedades a medida simplemente creando lenguajes. Se crea un dialecto viril para niños que resultarán guerreros, uno sofisticado para los que han de ser científicos, etcétera. En la novela funciona. No creo que sea tan simple en la realidad y se pueda crear un mundo adánico inventando un lenguaje adánico, pero me suena que los lingüistas han demostrado que las palabras que usamos algo influyen en la realidad que creamos o mantenemos. Si siempre hablamos y sólo hablamos con términos como “capital humano”, “recursos humanos” o “valor añadido”, ¿no estaremos perpetuando la maquinaria actual? Los economistas son sus ingenieros. Y son también quienes mejor pueden diseñar maquinarias nuevas. Aunque a menudo les encanta el brillo de la que tienen.

Es evidente que mientras funcionemos con la “maquinaria” que tenemos (el capitalismo) esas palabras nos son útiles. Pero ¿no deberíamos innovar en lenguajes que inspiren mecanismos nuevos? Posiblemente términos como “valor añadido” siempre servirán. “Capital humano”, es posible. Pero “recursos humanos”… yo lo iría desterrando.

El problema de la escuela es su ambigüidad. Su alma está en el futuro de la Humanidad, pero su cuerpo está lodosamente enraizado en el presente, de ahí las contradicciones al hablar de ella. El capitalismo es la parcialidad que tenemos, basado en la inteligencia más que en la conciencia. Yo diría que el ser humano se define por los difíciles equilibrios entre esas dos potencias nuevas: inteligencia y conciencia. La inteligencia resuelve problemas, la conciencia, equilibra. La inteligencia tiende a mirar hacia adelante. La conciencia echa miradas atrás para ver si falta alguien. El empresario sólo puede mirar hacia delante con breves miradas de reojo a los lados (qué hacen en PISA los coreanos, por ejemplo). Si quieres que sea tu proyecto el que salga adelante no puedes perder de vista a LOS OTROS. Pero tampoco puedes detenerte a contemplar el TODO. ¿Puede hacerlo la escuela? Debería, creo.

Sé que no he dicho nada muy concreto. Prácticamente he pensado en voz alta. Cada frase suena coja, cada argumento, parcial. No he logrado dar con la frase-discurso que exprese el TODO. Tal vez estas líneas ayuden a alguien a conseguirlo.

 

 

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