¿Las tabletas los hacen más inteligentes?

EL ESPECTADOR. Bogotá 30 de enero de 2015


Investigadores estadounidenses cuestionan las políticas que pretenden llevar de tecnologías de la información todas las aulas del mundo.

En 2001 se lanzó en Colombia el programa Computadores para Educar. / Página web Mintic

¿Qué tan efectivas son las tabletas y computadores que los gobiernos pretenden llevar a las escuelas de manera masiva? Esta semana, el diario The New York Times intentó responder esa pregunta revisando lo que ha ocurrido en Estados Unidos.

En un artículo de prensa, la periodista Susan Pinker reseña varias investigaciones que le permiten concluir que “llevar más tecnología a las aulas se ha convertido en una panacea para los políticos, aunque existen cada vez más pruebas de que los estudiantes ‘conectados’, especialmente los de las familias más pobres, no muestran una diminución en las brechas de calidad educativa”.

En 2006 apareció One Laptop per Child, una de las primeras estrategias mundiales masivas para vender la idea de que si todos los estudiantes mayores de seis años del mundo tuvieran un portátil podrían desarrollar más competencias en las distintas áreas del conocimiento.

La iniciativa logró instalar en sus primeros seis años 2’500.000 equipos en 41 países, habilitados para 21 idiomas, “pero el programa no estuvo a la altura. Las máquinas eran lentas y frágiles, y cuando los niños pobres las recibían pasaban más tiempo jugando con ellas y encerrados en sus habitaciones que charlando con sus padres o sus amigos y resolviendo las tareas”, dicen los investigadores de la educación Mark Warschauer y Morgan Ames, de la Universidad de California, quienes en 2012 publicaron la investigación: One Laptop per Child: Estudio de caso de un experimento radical.

Según Larry Cuban, profesor emérito de la educación en Stanford, a menudo hay un repunte inicial en el compromiso de los niños con sus estudios motivado por la curiosidad de probar aplicaciones interactivas atractivas, “pero la novedad desaparece después de unos meses”, reseña en The New York Times.

En Colombia, el programa Computadores para Educar, encargado de entregar tabletas y portátiles a cientos de estudiantes de escuelas públicas, rurales y urbanas, nació en 2001 bajo la iniciativa del presidente Andrés Pastrana, quien quiso importar el modelo Computers for Schools impulsado en Canadá.

El objetivo era recolectar computadores dados de baja por empresas públicas y privadas para su reacondicionarlos y posteriormente entregarlos sin costo a escuelas públicas. A esta iniciativa se fueron sumando estrategias como las que hoy lidera el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, en cabeza de Diego Molano, destinadas a llevar tabletas y portátiles a niños de escasos recursos con el fin de mejorar sus procesos de aprendizaje.

Para este fin han sido capacitados miles de maestros y padres de familia, buscando una verdadera aplicación de estas tecnologías para los propósitos pedagógicos, aunque el mismo programa ha revelado dificultades en los adultos para asumir el reto, debido en parte a la falta de conocimientos básicos en tecnología y las difíciles condiciones en que se vive y se enseña en las escuelas rurales colombianas.

El Gobierno se trazó la meta de llevar terminales para conectividad a internet al 100% de las sedes educativas públicas y ofrecer un computador por cada 12 niños matriculados.

Entre 2012 y 2014 entregó 418.600 tabletas destinadas a innovar los procesos de enseñanza y aprendizaje al ofrecer más de 40 aplicativos por cada dispositivo para uso pedagógico en áreas como matemáticas, lenguaje, inglés, ciencias y sociales.

Aunque no existe un estudio detallado que revele de qué manera el acceso a estas tecnologías ha impulsado avances en los procesos de aprendizaje locales después de 14 años de iniciado el programa en Colombia, en los resultados de pruebas internacionales de Pisa, el sistema educativo colombiano no demuestra avances. Al contrario, pierde puestos.

En Estados Unidos, los economistas Jacob Vigdor y Helen Ladd, de la Universidad de Duke, hicieron seguimiento durante la década pasada del progreso académico de casi un millón de estudiantes de escasos recursos que recibieron computadores bajo políticas similares, y encontraron que los estudiantes no mejoraron sus habilidades en matemáticas ni en lectura, sino que ocurrió todo lo contrario.

“Encontramos una disminución en las competencias. Cuando llegaron sus computadores, sus calificaciones en lectura cayeron por un precipicio. No sabemos por qué, pero podemos especular. Con ningún adulto que los supervise, muchos niños utilizan sus dispositivos para jugar, navegar en redes sociales y entretenerse”.

La mayoría de los investigadores coinciden en que estas tecnologías sólo son realmente útiles cuando hay un maestro de alta calidad detrás de su utilización, pues, más que tecnologías, a los jóvenes les cambiarán la vida los buenos docentes.

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