CLAVES PARA SER UN BUEN PROFESOR

José Fernando Calderero Dr. En Filosofía y Ciencias de la Educación. Lic. En CC Químicas. Actualmente es Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de La Rioja, UNIR

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En algunos debates con profesores universitarios en los que participo suele haber bastante acuerdo en cuanto a algunas de las necesarias reformas educativas. Sin embargo, observo que reiteradamente se invoca la obligación que tienen los poderes públicos de acometerlas; yo también creo que los responsables de instituciones públicas o privadas tienen esa obligación, pero no estoy nada de acuerdo con que sean los únicos responsables. En mi ya larga experiencia educativa he comprobado que los buenos profesores lo son “per se”, con cierta, bastante, independencia de las circunstancias concretas en las que desempeñan su labor.

Son muchas las voces que afirman que la calidad escolar y académica está directísimamente relacionada con la calidad del profesor; la mía es una de ellas. Para contribuir a esa calidad, comparto algunas de las que considero claves necesarias para ser un buen profesor. Todas ellas son obviamente susceptibles de desarrollo pero aquí me limitaré a enunciarlas:

  • “Contagiar” el propio afán de superación.
  • Concretar la acción educadora en quien tenemos ahora, aquí, Pretender enseñar a la “Humanidad” o a “la clase” es… “humo”.
  • Despertar el hambre de saber y la sed de descubrir.
  • Conseguir que los alumnos sientan el placer de saber, el gozo de inventar y la dicha de sentirse útiles y valiosos.
  • Ayudarles a encontrar los grandes tesoros que cada uno encierra y que suelen para desapercibidos a los ojos ajenos y… propios.
  • Demostrar con una afable y educada pero firme exigencia que tus alumnos te importan y haces que se sientan tenidos en cuenta y apreciados.
  • Seguir siendo siempre alumno.
  • Que le recuerden a uno con afecto y agradecimiento años después de haber terminado sus estudios.

En cuanto al rumbo que bastantes analistas, y miméticamente gran parte de la población, están trazando como deseable para las próximas décadas en los ámbitos educativos considero que es muy peligroso adoptarlo al 100 % sin crítica.

Comento brevemente algunas de las cuestiones que, desde mi punto de vista, habría que cuestionarse; valga la redundancia.

Predominio de las habilidades. Observó con preocupación el “pendulazo” que posiblemente estemos dando al priorizar, quizá exageradamente, la importancia del saber hacer frente a la del saber. Frente a un modelo escolar y académico fundamentalmente centrado en principios, teorías, axiomas se ha despertado una lógica reacción de rechazo que tiende a despreciar todo ello y a considerar casi como lo único valioso lo práctico, lo utilitario. Personalmente considero un error hacer un planteamiento dicotómico contraponiendo dos dimensiones completamente necesarias. De todas formas, mi preocupación en ese sentido va en la línea de advertir que para una auténtica educación es necesario que le demos más importancia a los fines que a los medios de alcanzarlos. No permitamos que se releguen las Humanidades y en particular la Filosofía.

Contenidos del aprendizaje. Hoy día parece indiscutible que los “contenidos educativos” han de ser proporcionados a través de sistemas digitales. Para que el comentario anterior no invite a que se me pueda considerar retrógrado, he de decir que ya a finales de los años 70, principios de los 80, estaba enseñando a mis alumnos de bachillerato a programar en Basic y algunas de mis clases las impartía con lo que entonces se llamaba EAO (Enseñanza Asistida por Ordenador). Es evidente que el mundo digital aporta muchísimo al ámbito educativo, pero es necesario advertir que no todo son luces; también hay sombras. Una educación completa no puede olvidar el desarrollo corporal, la experimentalidad y la interacción con la vida y no sólo con sus simulacros, entre otros aspectos.

Innovación educativa. Sólo daré “dos pinceladas” sobre algunos malentendidos sobre innovación que están en cierto grado configurando el quehacer en algunas, quizá bastantes, aulas. Hay profesores, directivos de instituciones escolares y académicas, alumnos y familias que consideran que por el hecho de utilizar herramientas modernas ya están innovando. Por supuesto que la utilización de recursos más actuales que optimizan el trabajo puede considerarse una innovación. Pero si continuamos “educando” con unos enfoques homogeneizantes que casi sólo le otorgan al alumno el papel de mero consumidor de ideas ajenas, la utilización de recursos innovadores puede ser incluso contraproducente. Puede que haya más innovación en un profesor y unos alumnos capaces de crear sus propios recursos adaptados a sus necesidades reales que en aquellos ambientes en los que profesores y alumnos simplemente son clientes de grandes compañías que de alguna forma “piensan” por ellos.

Hay muchos otros centros de interés en el análisis de la “educación del futuro” que podrían y deberían ser discutidos, pero vayamos “Pole pole”, expresión que, como me dijo ayer un amigo, utilizan los guías en la ascensión del Kilimanjaro para indicar que los objetivos muy exigentes hay que acometerlos gradualmente.

Saludos muy cordiales a todos,

 

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