Tres pasos para enseñar a nuestros hijos a resolver problemas

Elena Roger Gamir  / Pedagoga – Solohijos

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Qué pasa si a pesar de las opciones y consecuencias tu hijo no cambia de postura? ¿Por qué enfrentarnos contra nuestros hijos cuando surge un conflicto en lugar de buscar con ellos una solución que respete las necesidades de todos?

La técnica de resolución conjunta de problemas permite encontrar entre ambas partes una solución satisfactoria tanto para padres como para hijos, sin necesidad de que haya vencedores ni vencidos. Tu hijo podrá participar en la elección de la solución, se sentirá respetado y comprendido y se involucrará en la decisión tomada.

El mejor momento:

Cuando todos estáis en calma, en frío, y podéis controlar las emociones.

Método:
  1. Hablar de tus necesidades y de las suyas, así como de vuestros sentimientos.
  2. Buscar soluciones conjuntamente sin evaluarlas. Tan solo escribir todo lo que se os ocurra, sean practicables o no.
  3. Decidir entre ambas partes cual es la solución o soluciones más interesantes, las que son más respetuosas con todas las necesidades y dificultades, desechando las que no interesen.
Beneficios:
  • Tu hijo ha participado en el acuerdo y lo ha aceptado, por lo tanto es más probable que funcione que si la decisión la han tomado los padres unilateralmente.
  • Es un buen método para conocer las dificultades que tienen los hijos, dificultades que a menudo ignoramos o nos esconden los verdaderos motivos del conflicto.
  • Todos salen ganando: tu hijo no quedará frustrado porque ha de obedecer “porque lo dices tú” y no acabará ganando porque no cederás por cansancio a su tozudez.
  • La familia aprende a negociar, sin que ello sea sinónimo de perder la autoridad. Tu hijo aprenderá a hacer concesiones, a proponer ideas creativas, a ponerse en la piel de los demás, contribuyendo a su maduración y a la maduración de la familia en general.
Un ejemplo práctico:

Enrique, 13 años. No consigue mantener en orden su cuarto. Las peleas son diarias con sus padres. La mejor manera para que cambie de actitud es involucrarlo en el problema.

  • Madre: Casi a diario por la mañana tu habitación tiene tu ropa sucia por el suelo, los libros desordenados, las camisas amontonadas en la silla, los zapatos con barro (describe el problema) Me preocupa que no puedas controlar tus propias cosas y que además tu hermano aprenda de este descontrol. Siento que no eres respetuoso con el resto de la familia (primer paso: hablar de nuestros sentimientos).
  • Enrique: ¡No está tan desordenado!
  • Madre: También entiendo que estás cansado por la mañana y apenas te queda tiempo para ordenar tu habitación. Tienes muchas cosas que hacer y ordenar tu cuarto no es tu prioridad (primer paso, hablar de las necesidades de tu hijo).
  • Enrique: Es que me acuesto muy tarde haciendo deberes… Y los días de fútbol estoy muy cansado.
  • Madre: Comprendo… Sin embargo, es un asunto importante no solo para ti sino también para los demás ya que todos vivimos bajo el mismo techo y tu descontrol no solo afecta a tu cuarto sino también a la cocina o al cuarto de baño, por ejemplo. ¿Cómo te sentirías si al ir a estudiar a tu mesa estuviera llena de ropa y trastos de tu hermano? Así se siente él…
  • Enrique: No hay para tantooo….
  • Madre: ¿Qué tal si pensamos en una solución que satisfaga a todos? (Segundo paso: buscar soluciones conjuntas, sean válidas o no)
  • Enrique: ¡Vale! La mejor solución es que no entres a mi habitación..
  • Madre: De acuerdo. ¿Qué más?
  • Enrique: Podrías decirle a Miguel (su hermano de 10 años) que limpiara mi cuarto por mi.
  • Madre: Ja,ja, dudo que quiera colaborar… ¿Qué tal otra solución más realista?
  • Enrique: Vale. Puedo levantarme 10 minutos y ordenar. Pero el problema es que no tengo sitio en el armario para todo.
  • Madre: Entonces se me ocurre que podría ayudarte una primera vez a ordenar contigo el armario para conseguir el espacio suficiente.
  • Enrique: Eso estaría bien. Ya que tú me ayudas con el armario, yo intentaré hacerme cada día la cama. Pero solo estirarla ¿vale?
  • Madre: ¿Crees que sería útil ponerte una estantería nueva para que pudieras tener espacio para tus libros?
  • Enrique: ¡Eso es genial! Y que Miguel no entre sin mi permiso a mi cuarto. Muchas veces él es quien me desordena los libros.
  • Madre: Uhmm, ¿cómo podríamos solucionar eso?
  • Enrique: No sé, le daré algunos de los libros que ya no leo para ver si se monta su propia biblioteca y ya no me molesta. 
  • Madre: ¡Buena idea! Ahora la ropa sucia. ¿Cuál es el problema para no tirarla al cesto de la lavadora?
  • Enrique:  ¡Es que el cesto está muy lejos y como no lo veo, se me olvida¿Puedo colocar el cesto de la ropa sucia más cerca de mi cuarto, junto al pasillo? Así me acordaré de tirarla al cesto por la noche. Y si me dejas tener la caja de limpiar los zapatos en mi cuarto de baño en lugar del lavadero, también podría limpiar un día a la semana los zapatos del colegio. Tú podrías ayudarme con el barro de los deportivos los días de lluvia.
  • Madre: Lo apunto. ¿Qué más?
  • Enrique: Sí, que no me gustaría que vinieras cada día a mi habitación para controlar cómo la he dejado. Apunta que solo te pasarás los domingos.
  • Madre: Me parece sensato. ¿Algo más? ¿No? Pues miremos nuestra lista.

Ahora lee en voz alta todo lo que han dicho, las valoran, eliminan las que no son operativas y hace una nueva lista con las medidas tomadas por consenso (tercer paso: elegir las estrategias más válidas para la situación).

  • Madre: Hemos quedado que:

– Te levantarás 10 minutos antes cada día para ordenar tu habitación.
– Yo te ayudaré una tarde a organizar el armario para que tengas espacio suficiente para mantenerlo ordenado y con la ropa en su sitio.
– Harás cada día tu cama, aunque sea estirándola.

– Colocaremos una estantería nueva para que puedas colocar todos los libros que ahora están amontonados en tu mesa y en la mesita de noche

– Le pasarás a tu hermano aquellos libros que ya no leas para que él tenga su propia biblioteca.

– Colocarás el cesto de la ropa sucia cerca de tu cuarto y te limpiarás los zapatos en tu baño una vez a la semana.

– Yo te ayudaré con el barro de los zapatos los días de lluvia.

– Papá o yo supervisaremos tu cuarto los domingos. ¿Qué te parece la lista? ¿Crees que podremos llevarla a cabo?

  • Enrique: Probemos…puede que funcione… ¡Gracias, mamá!

Te sorprenderá ver un gran cambio de actitud en tu hijo cuando al acercarte no buscas castigos sino ayudarle a solucionar sus problemas. A veces, como en el ejemplo, es un proceso largo, pero merece la pena dedicar 15 minutos a solucionar definitivamente un problema que a veces se cronifica o empeora.

A partir de aquí, valora sus esfuerzos por mantener las estrategias. Observa dónde falla y vuelve a hacer resolución del conflicto intentando buscar nuevas soluciones a aquellas que fallaron. Por ejemplo, si Enrique se hace la cama, tira la ropa a lavar pero continua con el armario muy desordenado, valora sus mejoras y reflexiona junto a él sobre la mejor estrategia para mantener el armario ordenado: quizás tiene demasiada ropa, quizás deba aprender a doblarla de otra manera que ocupe menos, quizás debe trasladar parte del contenido…

Un problema es el mejor material para ayudar a nuestros hijos a detectar el error y buscar las mejores estrategias resolutivas. Ante una situación conflictiva, lápiz y papel y resolución de problemas.

 

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