La desconfianza en el alumno

Antonio Esquivias

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De nuevo he vuelto a encontrarme con una situación extraña dentro de las relaciones que se producen en el contexto de la educación. Un alumno de diecisiete años sufrió hace casi dos años una fortísima lesión de tobillo con rotura de tibia y peroné. Al cabo de dos años y varias operaciones, el profesor de educación física, que no ha variado en todo este tiempo, le pide que le traiga un informe del médico con lo que puede y no puede hacer.

El alumno queda todo sorprendido, máxime porque acaba de recibir el alta y la recomendación del traumatólogo ha sido que el regulador es el dolor, es decir la percepción del alumno. Resumiendo, se puede hacer lo que el alumno considere que puede y no hacer lo que crea que no puede. Esta no es la primera petición de este tipo, el alumno ha tenido que justificar cada uno de los pasos del largo proceso: idas al médico, restricciones de ejercicio. Su impresión es que en vez de haber encontrado en su profesor de educación física un apoyo ha encontrado un funcionario preocupado de los papeles y cuyo interés en el alumno y lo que le sucede es solo marginal. Por cierto la desconfianza no es objetiva: es la que el alumno percibe y el buen docente debe ser sensible a ella.

Lo que a mí me sorprende, y mucho, y me hace entender que hay profesores que todavía no han incluido dentro de su profesionalidad el cuidado de la relación con el alumno. El alumno ha vivido como desconfianza del profesor todo el proceso y según relata una vez le enseño la escayola y le dijo: «¡Basta como justificante!». Lo mismo le sucedió a un compañero, con escayola en el brazo, en otra ocasión.

Me preocupa mucho que estos modos de establecer relaciones sean vistos como lo normal, que en el aula en lugar de relaciones de confianza se establezcan relaciones administrativas. Las consecuencias en la motivación de los alumnos es enorme. Se genera un desapego de los estudios difícil de remediar.

Pero para mí lo más preocupante es que el profesor cree estar haciendo lo que debe hacer. Un profesor puede creer que está cumpliendo su trabajo sin atender a la relación que ha establecido con sus alumnos. Esa seguridad me desarbola, ya que su modo de actuar en los alumnos afectados puede afectar y normalmente afecta para mal, al futuro de estos.

No me cansaré de repetirlo. El aprendizaje se produce dentro de la comunicación que se establece en el aula. Cuidar la relación de comunicación es incluso más importante que el contenido. Porque con la relación de comunicación bien establecida siempre se aprende algo. Con contenidos pero sin relación de comunicación, no se consigue nada.

La Educación Emocional es imprescindible y resulta especialmente preocupantes que haya todavía profesores que actúen como si no existe.

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