UN ARQUITECTO LLAMADO MAESTRO

José Blas García Pérez INED 21

Planificar, diseñar, construir, promover, proyectar, crear… son verbos unidos al sustantivo maestro en una concepción actualizada de la enseñanza y el aprendizaje. Observando esto es fácil relacionarlo con la idea  de que todo maestro lleva un arquitecto en su interior o, cuanto menos, porta a un ingeniero sobre sus hombros: la tecnología de un maestro es más compleja que la de un ingeniero, pues en ella interviene la razón y el corazón. Los maestros construimos personas, no objeto. Ni tan  siquiera construimos  profesionales, sólo personas –comento con frecuencia a mis alumnos universitarios.

Los maestros pensamos como arquitectos. Planificar la enseñanza es un proyecto humano complejo. ¿Construimos para hoy? -interrogo a mi alumnado – construimos hoy pero imaginando cómo será el mañana– llegamos a concluir- A los maestros no nos basta con ser buenos técnicos, tenemos que ser creativos, es obligatorio ser geniales (nos recuerda el actor Robby Novak en la interpretación de su personaje Kid President). Aprender es construir. Somos arquitectos de individualidades. Conocer no es replicar. Hay que planificar construcciones únicas en cada ser humano.

El aprendizaje contribuye al desarrollo en la medida en que aprender no es copiar o reproducir la realidad. Para la concepción constructivista aprendemos cuando somos capaces de elaborar una representación personal sobre un objeto de la realidad o contenido que pretendemos aprender. (Solé  y  Coll, 1993)

El arquitecto llamado maestro no puede partir de cero. Nuestros solares son allanados con grandes retroexcavadoras. Construimos desde esquemas que ya poseen los individuos, los cuales no podemos (sobre todo, no debemos) destruir. El individuo necesita asirse a su historia y sus experiencias. El vacío sobre sus pies imposibilita la construcción. De-construir y re-construir: dos operaciones de la ingeniería docente. De hecho re-construimos sobre «edificios » anteriores, levantados consecuente (e inexorablemente) en relación natural al terreno que se ubican y el medio que les envuelve. Nuestros cimientos parten de una potente «roca madre» formada a partir de materiales con tejido social y cultural.

…no se trata de una aproximación vacía, desde la nada, sino desde las experiencias, intereses y conocimientos previos que presumiblemente pueden dar cuenta de la novedad. Podríamos decir que con nuestros significados nos acercamos a un nuevo aspecto que a veces sólo parecerá nuevo pero que en realidad podremos interpretar  con los significados que ya poseíamos, mientras que otras veces nos planteará un desafío al que intentamos responder modificando los significados de los que ya estábamos provistos de forma que podamos dar cuenta del nuevo contenido, fenómeno o situación. En ese proceso, no sólo modificamos lo que ya poseíamos, sino que también interpretamos lo nuevo de forma peculiar, de manera que podamos integrarlo y hacerlo nuestro  (Solé  y  Coll, 1993)

Un arquitecto llamado maestro sabe de futuro: Enseñar es construir futuro. Estamos obligados a concebir grandes obras de ingeniería civil  y ciudadana que entrarán en funcionamiento activo  dentro de 20 años. La dificultad reside en conocer cuáles serán las necesidades de esa sociedad, tan cercana y sin embargo tan futura, en claves de hoy. Enseñar es apostar por modelos y valores. Una apuesta solidaria con los preceptos de nuestra época. No individual y solitaria. Una apuesta de visiones compartidas, contrastadas y comprometidas con los derechos de la humanidad. La misión de un maestro es compleja pues necesita prever el futuro y construirlo. Un futuro incierto y dinámico, profundamente cambiante. ¿Podemos divisar algo tan difuso? Arriesgar es crecer.

…desde una concepción Platoniana de la enseñanza, es preciso insistir que el saber no tiene su vertiente natural en la memoria sino en la búsqueda que aparece ejemplificada en sus diálogos como un progresar en sus preguntas y respuestas. Ello conllevará a una didáctica en el que entender equivaldrá a saber preguntar y saber responder (Jiménez Redondo en Habermas 1995)

El futuro no se puede construir con herramientas del pasado. Las herramientas del pasado no nos sirven. Acaso  nos dan seguridad, pero una seguridad engañosa: la certeza de la nada. Un arquitecto llamado maestro necesita arriesgarse para cambiar la vida de su alumnado y la sociedad. El futuro incierto no se puede calcular sólo se puede soñar. Soñar trabajando a pie de obra, porque la reflexión es acción. Una acción colaborativa mejor que individual es la que indica el camino del cambio y la mejora.

La paradoja de la educación de comienzos del siglo XXI se encuentra en la desconexión entre la excelente capacidad institucional de las escuelas y su bajo desempeño en preparar a los estudiantes para inventar un futuro que responda adecuadamente las oportunidades y desafíos globales. (Cobo y Moravec, 2011)

Para los arquitectos llamados maestros su espacio de diseño es un aula con doble vocación: interior y exterior. Diseño desde dentro pero mirando hacia fuera. El aula ya no nos sirve como espacio de diseño controlado. Los materiales constructivos han cambiado. Construimos con materiales líquidos y trasparentes, pero con una realidad ineludible: la coherencia dentro-fuera. No sirven las burbujas controladas, los laboratorios experimentales, las jaulas doradas de princesa. Ahora el aula y la calle se confunden entre redes de pasillos interconectados. Ya lo comentábamos en otros artículosUna escuela permeable, que mediante relaciones osmóticas con su contexto socio-cultural enriquece sus fines y provoca desarrollo local en el contexto que se radica.

Somos arquitectos en diálogo permanente con nuestros proyectos: La larga y constante interacción de vía ancha.  El terreno condiciona el proyecto que construimos. La comunicación como armazón del diseño y planificación. Las dependencias del futuro tienen «puertas vaiven». Ahora sirven para entrar y, también ahora, sirven para salir. Un arquitecto llamado maestro compagina la técnica de construir y el arte de fluir. Proyecta elementos únicos e irrepetibles, basados en una estructura y armazón sólida pero al mismo tiempo, impredecibles y creativos. Esa es su misión. Construir robots no es arquitectura. Individuos con capacidades globales, válidas en cualquier cultura, intelectualmente diversos y múltiples,  pero al mismo tiempo, culturalmente útiles para una sociedad cercana y contextual.

Los significados construidos por los alumnos son siempre incompletos o, si se prefiere, perfeccionables, de tal manera que, a través de las reestructuraciones sucesivas que se producen en el transcurso de otras tantas situaciones de enseñanza y aprendizaje, dichos significados se enriquecen y complican progresivamente, con lo que aumenta su valor explicativo y funcional. (Col y Solé, 1989)

No utilizamos la física ni creemos en la exactitud de las matemáticas. La educación no se escribe en recetas ni con fórmulas infalibles. Nuestro trabajo son matemáticas que utilizan la aproximación al resultado como resultado válido, los intervalos abiertos como espacios donde transitan las soluciones. Las inecuaciones están presentes en los algoritmos docentes. La interrogación como paradigma de la creación.

Construir mediante un conjunto articulado de principios desde donde es posible diagnosticar, establecer juicios y tomar decisiones fundamentadas sobre la enseñanza: ¿Cómo aprenden mis alumnos?  ¿Por qué aprenden cuando aprenden? ¿Por qué a veces no consiguen aprender, al menos en el grado en que me había propuesto? ¿Qué puedo/debo hacer para que aprendan? ¿Qué quiere decir que «aprenden»? ¿Aprender es repetir? ¿Es construir conocimiento? Si es esto último, ¿qué papel juega la enseñanza en una construcción personal? ¿Qué es lo que se construye? ¿Qué papel debe atribuirse a los contenidos? ¿Ya la escuela, y a la educación? ¿Reproduce, aliena, libera, desarrolla? y tantas más. (Coll y Solé, 1993)

Concluiremos con palabras de Menchén (2009) en su artículo inspirador de este post. «Diseñar la enseñanza es cuestión de arquitectura: optimizar los recursos, mejorar los rendimientos, distribuir responsabilidades, crear valor y establecer el sistema para verificar la puesta en práctica del plan. El maestro que se encuentra al frente de un aula debe ser un visionario, debe dominar la arquitectura estratégica y debe saber armonizar las distintas competencias y habilidades de sus alumnos y conectarlas apropiadamente».

«Solamente el ser humano es el arquitecto de su destino»  William James

Fuentes:

  • Cobo, C. y Moravec, J. (2011). Aprendizaje invisible. Hacia una nueva ecología de la educación. Barcelona: UBe.
  • Coll, C. y Solé, I. (1989). Aprendizaje significativo y ayuda pedagógica. Cuadernos de pedagogía168.
  • Habermas, J. (1995). Conocimiento e interés/La filosofía en la crisis de la humanidad europea (Vol. 12). Universitat de València.
  • Menchén Bellón, F. (2009). El maestro creativo: nuevas competencias. En Tendencias pedagógicas, nº 14, pp. 279-289.
  • Solé, I. y Coll, C. (1993). Los profesores y la concepción constructivista. El constructivismo en el aula, 7-23.

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