EL AULA ES EL ESPEJO DEL ALMA DOCENTE

José Blas García Pérez

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¿Refleja tu aula la educación que despliegas en ella? ¿Están presentes en la organización de tu aula tus ideas y creencias sobre educación?

Este artículo quiere provocar una mirada sobre la necesidad de repensar aulas con organizaciones espaciales más complejas, que ayuden a caminar hacia  pedagogías alternativas mostradas por autores clásicos y, sin embargo, plenamente vigentes: Montesori, Dewey, Decroly o Freinet.

Antes de comenzar, me gustaría compartir y liberarme de una duda que me asalta en el momento que me dispongo a escribir este artículo: la conveniencia o no de reflexionar sobre «espacios escolares» en tiempos que de lo que más se escribe es de espacios y entornos virtuales; en un momento en el que la ubicuidad del aprendizaje y el discurrir horizontal de los flujos del saber son evidencias que nos «desconfortan»  a muchos docentes. Evidencias  de cambios que nos han hecho perder algunos puntos clave de  referencia didáctica: el control de espacios y tiempos en los que se  producían «los actos» de enseñanza y aprendizaje; y el control de los procesos didáctico-comunicativos que ocurrían en las aulas (emisores, receptores, códigos, canales… e incluso mensajes). Aún así,  y a riesgo de parecer retrógrado, continuaré con una propuesta centrada en el espacio físico, conocedor (desde el realismo de la experiencia) que todavía, y a pesar de los grandes pasos que se están dando en este sentido descentralizador de la obtención de  la información y de las formas de aprendizaje,  el aula es el escenario de trabajo frecuente de la docencia, y se convierte, por tanto, en el espacio básico de la comunicación pedagógica. Una comunicación que se hace más difícil si la disposición de los recursos espaciales (y por tanto el uso eficaz de recursos técnicos y tecnológicos) impiden que el alumnado pueda interactuar (aprehender + manipular + transformar) con su realidad cotidiana.

Las aulas como espacios con significación

Es innegable que  la organización de los espacios-aula está condicionada por algunos factores inamovibles: las características físicas y estructurales del edificio.  Mirar hacia adelante es reflexionar sobre otras posibilidades que estos elementos nos ofrezcan. El  «concepto» de lo que es enseñar y aprender que se desarrolla en cada aula, y la complejidad de cada contexto educativo, proporcionan suficiente información para forjar esquemas de organización espacial que vayan en sintonía con el sentido y la acción educativa que deseamos llevar a cabo. Estas decisiones dependen habitualmente del docente y, cada vez más, son consensuadas (por medio de evaluaciones compartidas del proceso de enseñanza) tanto por alumnos como por otros miembros de la comunidad educativa. Bien es cierto, dicho sea de paso, que la cultura del diálogo y las decisiones compartidas todavía es un camino largo por recorrer en los centros educativos.

Las aulas (en las que incluimos también las virtuales), para bien y para mal, se convierten en un escaparate de la enseñanza que desarrollamos. La organización del espacio-aula está cargada de significado y forma parte inexorable de un currículo oculto que planea por toda actividad de enseñanza y aprendizaje. Un currículum invisible que constituye, como bien sabemos, un poderoso elemento educativo.

¿Cómo es tu aula?

Veamos una clasificación de aulas-tipo, sin intencionalidad de  ser exhaustiva ni definitiva,  que sólo pretende provocar reflexión sobre la idea principal del artículo ¿Puedo mejorar mi modo de enseñar, y el modo de aprender de mi alumnado, modificando la organización espacial de mi aula?

  • Aulas incomunicadas. Son aulas donde el alunando está sentado uno detrás de otro, en filas que miran a una pizarra (en el mejor de los casos digital) y a la mesa del profesor (en el mejor de los casos sin tarima), y cuya disposición prácticamente imposibilita la comunicación horizontal (en claro anacronismo con las necesidades comunicativas de hoy en día). Estos espacios traducen una enseñanza  vertical colectiva y unidireccional (de uno para muchos); transmisora (no constructora) de conocimientos únicos, estándares y cerrados (empaquetados en forma de libro de texto y libro o texto digital). Las aulas incomunicadas suelen ser también Aulas desconectadas de un espacio-red ubicuo e infinito.  Esta aula refleja  un desinterés absoluto en el desarrollo  de interacciones  que ayudarían a modelar la manera de cómo nuestro alumnado experimenta su mundo (no olvidemos que fuera del aula hay vida) y cómo los docentes somos capaces de guiarlos para el conocimiento del mismo. A la vez, denotan un desprecio total hacia todo el valor que supone la pluralidad cultural, la entrada en el aula otras percepciones, otras ideas, otra comprensión del mudo.
  • Aulas sin movimiento. Se trata de espacios que visibilizan la creencia de que el alumnado sólo aprende si permanece quieto (trabajando en su cuaderno o dispositivo), en silencio individual (no dialógico y/o sin conexión) y en atenta escucha (activa o no), más comprensiva que expresiva, como canal principal de flujo del conocimiento. Aulas que evidencian un modo de hacer en el que se ignora que el alumnado necesita moverse para desarrollarse, para aprender, para atender, para controlarse y controlar sus impulsos y desasosiegos.1 
  • Aulas controladas. Espacios en los que su disposición pone el acento en el control de todo el espacio con un solo golpe de vista (o de pantalla). Estas aulas muestran que se valora en exceso la necesidad de formar individuos dóciles, disciplinados y obedientes. La movilidad, a la que hemos hecho referencia, requiere espacios cargados de contenido y procedimiento explícito, por los cuales se pueda transitar dentro de una libertad organizada. Movimiento no es sinónimo de caos. A través de esta organización control, el pupitre y/o su espacio virtual  se convierten en una zona controlada donde el alumnado se mantiene «vigilado» y donde las acciones de aprendizaje que se realizan son previstas, planificadas y organizadas de antemano.
  • Aulas de disposición espacial rígida que conforman un carácter inmovilista (tanto al profesorado como al alumnado) en contradicción con el concepto de individuo  creativo  actual, e imposibilita las variantes de individualidad, actividad, participación, interdisciplinariedad y globalización que exige una pedagogía para nuestro tiempo. Por cierto, una disposición rígida que continúa sin resolverse en las aulas virtuales.

Todos estos modelos son ejemplos de una organización espacial que no responde a la idea de propiciar la necesaria comunicación e interacción, sino a modelos anacrónicos: verticalidad y transmisión. Observemos nuestras aulas, y por extensión nuestros centros, y analicemos si, de una u otra forma, se reflejan, o no,  estos modelos.

¿Qué podemos hacer?

Si, tal como parece, la organización del aula debe servir al programa educativo, erigiéndose como propiciadora de interacciones ricas y facilitadora del desarrollo individual, de la consecución de aprendizajes y del acceso al conocimiento,  ésta es la pregunta: ¿qué podemos hacer?

Siempre es un buen momento para atrevernos a realizar algún cambio espacial que proporcione «significatividad educativa» directa en nuestra aula (y en nuestro centro educativo) y, de paso,  transitar hacia una pedagogía alternativa que mejore nuestra práctica docente. Algunas decisiones (adaptadas de propuestas de  M.A. Santos Guerra2) que podemos tomar, pueden estar relacionadas con:

  • Eliminar una organización de espacios que indiquen autoridad, para propiciar una enseñanza democrática y un aprendizaje participativo. «Los límites de los espacios marcan territorios privados y las normas relativas al movimiento abren y cierran caminos dentro y fuera del aula».
  • Comunicar el aula mediante la disposición del alumnado en pequeños grupos, que facilite el trabajo en equipo y en los que el diálogo y la interacción sean obligados para el desarrollo de toda actividad de aprendizaje.
  • Propiciar aulas con acceso libre, rápido, individualizado y eficaz a los materiales, actividades y herramientas necesarias para la tarea de enseñanza-aprendizaje. Bibliotecas de aula (en analógico y/o digital) con acceso libre. En este sentido si, como es evidente,  el acceso a materiales TIC es crucial, la elección de materiales red es el paso definitivo hacia la personalización  y la inclusión.
  • Incluir espacios (virtuales y físicos) de ocio en las aulas y los colegios, que nos ayuden a la «ludificación del  aprendizaje» y el gusto por «permanecer y participar» en las actividades del aula y la escuela.

Hago aquí un inciso para exponer que estos dos últimos puntos son los elementos de mejora para este inicio de trimestre que nos hemos propuesto en nuestro centro. Vamos a establecer en nuestras aulas modelos (blended learning) de enseñanza combinada presencial y virtual (apoyada con tecnología m-learning). Nos proponemos crear y organizar  nuevos espacios de trabajo que ayuden a nuestro alumnado a tener accesos más personalizados, autónomos e inclusivos para buscar eficacia en sus aprendizajes, además de conseguir los objetivos específicos  propuestos en nuestro plan de centro. En nuevos  post comentaré el proyecto EDHOSPI que vamos a desarrollar en colaboración con otras agrupaciones escolares nacionales.

  • Diversificar los espacios del trabajo en el aula (rincones, ambientes…) y también más allá del aula (biblioteca, laboratorio, talleres, patio…) y de la escuela (biblioteca pública, centro social, pabellón de deportes, otros centros…), que atiendan a los intereses plurales de docentes y discentes.  Los espacios diversos y flexibles sugieren gran cantidad de acciones y pueden abarcar variedad de aprendizajes. Esta acción organizativa del espacio del aula  incorpora también la organización del espacio invisible que supone la red internet. Es innecesario repetir que la virtualidad es un gran aliado de la enseñanza presencial.
  • Crear espacios amables de encuentro en el aula, favorecedores de conocimiento y acercamiento mutuo (alfombras, rincones, espacios de lectura individual…). Un aula cálida y personalizada, con elementos distintivos de otras aulas. No quiero dejar de reconocer la complejidad que supone en aulas de secundaria introducir estos elementos, pero no olvidemos que las redes sociales pueden convertirse fabulosos espacios de encuentro y colaboración escolar.

También (aprovechando el momento) me surge la necesidad de recordar la importancia de ampliar estos  espacios de encuentro  a profesorado, alumnado y familias (físicos: salas de reuniones, de juegos, de descanso, de conversación…; y virtuales: retos colectivos, reuniones virtuales, consultas y mecanismos de apoyo en la red..)

  • Organizar espacios pensando en la diversidad y la inclusión. La adecuación de las características del espacio a las necesidades de los usuarios (alumnos, profesores y familias) «es un factor de inclusión educativa, ya que se asienta en la dignidad de las personas y en la igualdad de sus derechos», con acceso fácil por  todas las vías de percepción (visual, auditiva, manipulativa, audiovisual…) adecuadas para todo el alumnado.

En definitiva, evitar aulas anodinas, estáticas, ajenas, uniformes, autoritarias y frías,  y convertirlas en ecosistemas de aprendizaje vivos y democráticos, provocadores de construcciones activas  de conocimiento personal y colectivo entre los miembros del grupo.

Si lo crees necesario, ahora es un buen momento para mejorar la significatividad educativa de tu aula. 

No olvides que el aula es el espejo del alma docente…

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