EL DEBER IMPRORROGABLE DE RACIONALIZAR LOS DEBERES ESCOLARES

Juan Carlos de Miguel Sanz // Licenciado en Filosofía y CC. de la Educación por la Universidad Autónoma de Madrid.

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Hagamos un experimento mental…

Vd. llega a casa después de su jornada laboral de 6, 8, 10 horas diarias, come, merienda o cena, se va a su cuarto y continúa trabajando durante una hora y pico más en lo mismo, ya habrá tiempo luego de hacer las cosas que le gustan antes de marcharse a la cama. Llega el fin de semana, no se acomode ni se relaje demasiado, lo primero son las tareas, unas poquitas o muchas, eso depende de vd., las necesarias en cualquier caso para que no olvide en qué trabaja y cuáles son las principales rutinas de su puesto laboral.

¿Se lo imagina? Ah, esto es aún peor, ¡LE SUCEDE!

Seguramente esté en uno de los siguientes casos:

Tiene una seria adición al trabajo.

Es vd. docente en época de exámenes.

Trabaja en el sector creativo o de la investigación (en ambos casos también es probable que esté vd. exiliado). O lo más seguro…

es un estudiante de Enseñanza Primaria, Secundaria o Bachillerato del estado español.

Ahora en serio, ¿son necesarios los deberes?, ¿sirven para algo?, ¿cuál es su finalidad?, ¿son eficientes? La mayoría de los docentes los utilizamos (o los hemos utilizado en alguna ocasión) porque pensamos que son necesarios, pues así ayudamos a nuestros alumnos a mejorar el aprendizaje de nuestra materia, especialmente en las materias instrumentales como matemáticas, ciencias, lengua, idiomas, etc donde la repetición de un determinado proceso puede mejorar su aprendizaje. Y si esto fuera cierto, ¿cuáles serían las más eficientes?, ¿las tareas creativas o las repetitivas, las productivas o las puramente reproductivas, las cooperativas o las individuales…? Para gustos los colores, lo que es indudable es que no todas sirven para todo ni para todos ni para el mismo fin, que ha de ser la mejora del aprendizaje. Es necesario por tanto que tengan una calidad mínima y que estén contrastadas por la experiencia, de lo contrario serán contraproducentes.

Y una vez que hayamos seleccionado la calidad de las tareas habrá que tener en cuenta la cantidad.

Según un estudio de la OCDE de Diciembre de 2014 los estudiantes españoles de 15 años dedican una media de entre 6 y 7 horas semanales a las tareas escolares cuando llegan a casa. Curiosamente en este ranking, que forma parte del informe PISA (en el que nuestro país no suele destacar), estamos los quintos entre todos los países de la OCDE, solo superados por  Polonia, Irlanda, Italia y Rusia (esta última a la cabeza, con  una media de 10 horas de tareas semanales).

Tal vez sorprenda más conocer qué países son los colistas de este ranking: Finlandia, Corea, República Checa y Eslovaquia, con una media de entre 2 y 3 horas semanales, precisamente algunos de los países que mejores resultados académicos obtienen en el informe PISA.

Entonces ¿podemos concluir que hay una relación inversa entre el número de horas que los estudiantes dedican a hacer los deberes en casa y sus resultados académicos?

Pues no exactamente pero, como señala el informe PISA 2009, hacer tareas mejora el rendimiento escolar hasta que se superan las cuatro horas semanales. A partir de esa cantidad, el tiempo extra comienza a tener un efecto negativo.

Pero es que aún hay más. Como bien refleja el título del citado informe, ¿Perpetúan la desigualdad los deberes en la Educación? los deberes para casa generan desigualdad entre los estudiantes que provienen de entornos familiares y económicos más desfavorecidos y sus compañeros mejor situados, ya que los primeros dedican necesariamente menos tiempo a la realización de las tareas escolares, bien porque se ven obligados a desarrollar alguna actividad laboral, bien porque tienen cargas familiares, bien porque carecen del espacio adecuado para el estudio, o simplemente porque no tienen a nadie que les anime, les ayude o les motive cuando llegan a casa.

Además, mientras nuestros niños y jóvenes hacen esas tareas, (las más de las veces, reconozcámoslo, repetitivas, monótonas, intrascendentes y que no aportan nada a la mejora de su aprendizaje), se quedan sin tiempo para estudiar, para preparar sus exámenes o porqué no decirlo, para cualquier otra actividad de ocio que les permita crecer como personas: leer un buen libro, ver una película, tocar un instrumento, hacer deporte o jugar a videojuegos con sus amigos, entre otras.

Resumiendo, aun cuando se elijan muy bien su cantidad y calidad, las tareas escolares son ineficaces pues no cumplen lo que prometen, producen desigualdad y distraen del verdadero aprendizaje.

Por todo ello, creo que merece la pena que nos pongamos manos a la obra (padres, madres, docentes y legisladores) para alcanzar cuanto antes un acuerdo en relación a la racionalización de los deberes escolares. Urge.

 

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