EL CAMBIO EDUCATIVO

Óscar González / Profesor de Educación Primaria, escritor, / asesor educativo y conferenciante.

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«Para ser parte de la solución tienes antes que asumir que eres parte del problema»
Stephen Covey

Si nos detenemos un instante y miramos con atención a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que vivimos en una época convulsa en la que el conflicto es una constante en casi todos los ámbitos de la vida: la pareja, el trabajo, los negocios, etc. El mundo educativo no es ajeno a ello. En la actualidad estamos sufriendo una crisis económica temporal (o eso esperamos) pero al mismo tiempo vivimos inmersos en una crisis educativa permanente. Por tanto, es momento de empezar a trabajar y pasar a la acción para poder salir de esta crisis y dar paso a un cambio positivo que beneficiará positivamente a nuestra sociedad en muchos aspectos. Como muy bien señala el filósofo José Antonio Marina “la nostalgia educativa es una farsa. Nunca hemos tenido mejor escuela que ahora”. Tenemos indicios de que esto realmente es así, pero a pesar de ello todavía nos quedan muchas cosas por mejorar…

 

En muchos ámbitos, la humanidad ha conseguido grandes cambios y un desarrollo totalmente impensable hace unos años: grandes descubrimientos y avances científicos en campos como la informática, las comunicaciones, etc.

 

Todos estos avances están incidiendo de una manera u otra en el mundo educativo que, pese a algunas resistencias iniciales, está teniendo que cambiar y adaptarse a estas nuevas formas de vivir, comunicarse y; por tanto, de enseñar y aprender.

 

No obstante, nos seguimos encontrando con una gran contradicción pues observamos que a pesar de todas estas mejoras, avances y transformaciones estamos reincidiendo en los mismos errores y no acabamos de dar solución a una gran cantidad de problemas socio-educativos que no hacen sino extenderse como una verdadera epidemia que nos invade e incapacita para salir de esta crisis permanente que he mencionado anteriormente.

 

Los medios de comunicación no dejan de bombardearnos con palabras como bullying, fracaso escolar, etc. Nos transmiten el mensaje de que todo lo que tenga que ver con la educación es negativo, que está todo muy mal. No se hacen eco de los aspectos positivos de la educación. Lo malo vende más. De esta forma intoxican y contagian un pesimismo educativo que provoca que nuestro sistema educativo se debilite y enferme impidiéndonos avanzar con rumbo fijo para revertir esta situación.

 

Llegados a este punto, nos deberíamos plantear una serie de cuestiones:

 

  • ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación?
  • ¿Qué hemos hecho tan mal para estar así?
  • ¿Qué cosas no hemos tenido en cuenta para cometer estos errores?

 

Y sobre todo, cuestiones que nos hagan reflexionar a cada uno de nosotros y hacer propósito de enmienda:

 

  • ¿Qué grado de responsabilidad tengo yo (tanto por acción como por omisión) en este proceso de debilitamiento y crisis educativa?
  • ¿Qué puedo hacer yo para contribuir a un cambio positivo del mundo educativo?

 

Para que las cosas empiecen a cambiar es necesaria una mayor preocupación por el impacto que tienen nuestras pequeñas acciones sobre el sistema educativo del que todos formamos parte.

 

La educación tiene que cambiar. Esto es urgente y necesario y para que esto ocurra necesitamos del compromiso individual de cada uno de nosotros para aportar soluciones. Necesitamos con urgencia un compromiso educativo de la sociedad.

 

No podemos esperar de manera ingenua a que los gobiernos resuelvan el problema educativo porque hasta la fecha, hemos dejado esta toma de decisiones en manos de los políticos y la situación lejos de mejorar no ha hecho más que empeorar.

 

¿Por qué motivo? Porque las soluciones aportadas son pequeños parches: cambiar la ley educativa y establecer numerosas reformas que nos han ido encerrando en un callejón sin salida del que es difícil (pero no imposible) salir.

 

Hay una frase de Gandhi que me encanta y que nos indica cuál es el camino a seguir: “tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo” y que con mucho atrevimiento suelo utilizar aplicándola al tema que nos ocupa: “tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo educativo”. Y es que cada uno de nosotros debe tomar sus propias decisiones y comprometerse a llevar a cabo un cambio personal si realmente queremos cambiar algo. Y de este compromiso educativo personal surgirá un compromiso educativo social más amplio en el que todos y cada uno de nosotros seremos auténticos protagonistas: la escuela, las familias, los medios de comunicación, los políticos, etc. Seremos promotores de grandes cambios y transformaciones sociales.

 

Todos debemos empezar a preocuparnos por las repercusiones que tienen nuestras acciones en el mundo educativo pues nuestra responsabilidad educativa es compartida. Es momento de actuar. Como destaca José Antonio Marina: “la inteligencia humana termina en la acción. Gracias a ella, lo irreal puede hacerse real”. Tenemos que hacer que sucedan cosas. Por desgracia, el pesimismo educativo que he citado anteriormente actúa como paralizador porque genera miedo, dudas, desconfianza, etc. En nosotros mismos y también en el propio sistema. Damos por sentado que las cosas son así y que no se pueden cambiar. No nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort e intentar cosas nuevas…

 

El gran Albert Einstein ya dijo “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. Esta magnífica afirmación encierra una gran verdad. Y la tenemos que poner en práctica desde ya mismo. Parafraseando a Miquel M. i Pol:

“Todo está por hacer,
todo es posible todavía
¿quién sino todos nosotros?”

 

Aquí encontramos la clave del cambio educativo: el COMPROMISO. Para ello son necesarias dos elementos básicos:

 

  1. Que empecemos a tomar conciencia de manera individual de la magnitud del problema al que nos estamos enfrentando.
  2. Que descubramos y confiemos en nuestro propio potencial. Todos podemos ser impulsores y promotores de grandes cambios educativos. Solo tenemos que ponernos en marcha. El secreto está en la ACCIÓN.

 

Aunque no lo creamos así, aunque pensemos que vamos a contracorriente, fruto del pesimismo educativo que se contagia a una velocidad de vértigo, somos muchísima gente deseando el cambio. Tenemos que vernos a nosotros mismos como pequeñas semillas capaces de crecer y multiplicarnos. Ninguna imprescindible pero todas necesarias.

 

Pero te preguntarás, ¿y qué es lo que tenemos que cambiar en educación?, ¿hay tanto por cambiar?

 

Evidentemente no vamos a cambiarlo todo de la noche a la mañana. No vamos a poner “patas arriba el sistema educativo” de forma inmediata. Tenemos que empezar cambiando pequeñas cosas que nos irán llevando y conduciendo a otras mayores. Unas cosas nos llevarán a poder solucionar otras. Tenemos grandes retos y desafíos. Ojalá pudiésemos abordarlo todo al mismo tiempo pero además de que es imposible, nos desbordaría. Recomiendo que empecemos poco a poco, paso a paso buscando nuevas soluciones y aportaciones.

 

Estas son algunas cuestiones que me preocupan y que podríamos empezar a cambiar:

 

  1. El elevado índice de fracaso y abandono escolar así como el nivel de paro juvenil. Tremendo.
  2. Los resultados de nuestro país en las pruebas internacionales que evidencian que hace falta un cambio, una transformación profunda de nuestro sistema educativo.
  3. Las continuas reformas educativas por parte de los políticos de turno. Como bien afirma Richard Gerver “los Gobiernos no tienen el valor necesario para comprender que el futuro no es una serie de continuas reformas, pequeños ajustes y nuevas políticas. Se trata de emprender una transformación radical”.
  4. Nuestro sistema condena el error y no lo aprovecha como una oportunidad de aprender y crecer.
  5. La desconfianza de la administración hacia los profesionales de la educación. Como destaca Ken Robinson: “la educación no sucede en las salas de comités de nuestros edificios legislativos sino en salones de clases y escuelas, y las personas involucradas son los maestros y alumnos, y si se quita su criterio, deja de funcionar. Hay que devolvérselo a la comunidad educativa”.
  6. El sistema no se adapta a la diversidad sino a la conformidad, no se individualiza la enseñanza y el aprendizaje de nuestros alumnos.
  7. Existe un recelo y una desconfianza mutua entre familias y profesorado. Necesitamos formar un auténtico EQUIPO educativo de calidad. No podemos perder el tiempo en competir, necesitamos compartir.
  8. Una excesiva politización de la educación a todos los niveles (sindicatos de profesores, AMPAS, etc.). Como afirma R. Gerver “tenemos que limitar el control que tienen los políticos para que los educadores puedan educar y los niños puedan aprender de una forma centrada exclusivamente en los jóvenes y en el desarrollo de su potencial”. Que nuestros políticos empiecen a preocuparse más por las generaciones futuras y menos por las próximas elecciones.
  9. La educación actual no fomenta la creatividad y la curiosidad sino que más bien la reprimen y anulan.
  10. Seguimos sin emprender una auténtica transformación de la educación, esperando a que “alguien lo haga por nosotros”. No podemos olvidar que TODOS podemos aportar nuestro granito de arena a este CAMBIO EDUCATIVO.

 

Por tanto, es momento de parar y preguntarnos cada uno de nosotros: ¿qué puedo aportar yo para dar solución a todo esto? Aportando nuestro pequeño granito de arena estaremos provocando un movimiento de cambio que nos conducirá en un futuro a dar solución a estos y otros problemas. No es momento de seguir enumerando problemas sino de buscar soluciones y llevarlas a cabo. Poco a poco, paso a paso iremos abordando y solucionando más problemas hasta conseguir una estabilidad y mejora de nuestra educación. El objetivo último de mejorar la educación es conseguir un mundo mejor para todos y todas. Si somos capaces de comprender esto empezaremos a cambiar el mundo…

 

Te animo a pasar a la acción y a hacerlo realidad.

 

 

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