El enfado y el futbol

Antonio Esquivias  Desarrollando la educación emocional desde 1992

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Primero aclarar que hablo del futbol pero se puede aplicar igualmente a los deportes donde un equipo o una persona individual vence a otro en un juego, por ejemplo baloncesto, rugby, tenis. El futbol es especialmente indicado porque es un juego de contacto donde además la victoria se logra atravesando el terreno del contrario, arrebatando el balón.

 

Esta es una entrada dedicada específicamente a la Educación Emocional. Vamos a ver que el futbol es una escuela del enfado como emoción primaria. Son necesarias en la educación situaciones que ayuden a modelar las emociones y el deporte es una importante como vamos a ver en relación al enfado y la ilusión y el entusiasmo.

 

La necesidad debajo es la necesidad de logro, de lograr metas y objetivos en la vida, necesidad que bascula en la dualidad entre entusiasmo e ilusión y enfado. El entusiasmo y la ilusión son de la familia de la alegría y están presentes porque son las emociones que nos abren el futuro. El enfado es el tono emocional que nos proporciona la energía necesaria para superar obstáculos. Estamos en el 4º nivel de la pirámide de Maslow: la libertad, que se satisface con los logros. Los logros se relacionan con el reconocimiento y la propia autoestima. Aprender a gestionar la pareja enfado-ilusión tiene que ver muy directamente con la autoestima.

 

Una idea importante, enfado es un género y las emociones son siempre particulares. El enfado que nos permite ganar un partido es específicamente el que se dirige a obtener la victoria, a meter gol. Cualquier otro enfado, y es fácil que aparezcan precisamente porque estamos en el terreno del enfado, por ejemplo un enfado contra el árbitro o contra un jugador del equipo contrario, no son el enfado que lleva a ganar, sino que más bien puede entorpecer, ya que pondrán anteojeras a la persona enfocándola a un obstáculo, el árbitro o el contrincante, que le cada de su meta final.

 

Quizá sea necesario recordar que en el ser humano la emoción no es la conducta, hay una distancia entre emoción y conducta, un espacio que precisamente permite el ejercicio de la libertad de la persona. La existencia de ese espacio es importante subrayarla precisamente en el enfado, porque las conductas del enfado pueden tener una dosis de violencia no aceptable en una conducta humana respetuosa de la otra persona. Evidentemente me refiero aquí al enfado como emoción básica y por tanto también a todas las emociones de la familia del enfado: enfado, enojo, indignación, odio, cólera, cabreo, furia, etc.

 

Es decir, especialmente el enfado, es importante para aprender introducir ese espacio entre la emoción y la conducta para poder gestionar y obtener conductas que sean eficaces y no lesivas en el terreno de las relaciones humanas. Es decir, especialmente el enfado es importante en la educación emocional porque necesita el autocontrol. Esto es así porque el enfado es una emoción que libera mucha energía, prepara a la acción y para ello inyecta adrenalina y catecolaminas en sangre, de modo que la persona se encuentra preparada para la acción con toda su capacidad. Aprender a regularse con todo esa energía en juego es exactamente la clave de la regulación emocional del enfado. Dirigir su energía exactamente en la dirección que lleva a ganar el juego.

 

Ahora bien el futbol es una escuela de esa regulación. La situación que pone en marcha el enfado como emoción básica es una situación en la que nuestro sistema emocional detecta que hemos perdido o queremos conseguir algo que consideramos nuestro. Es decir el enfado detecta una pérdida recuperable o un obstáculo para nuestra meta.

 

Como en todas las situaciones de la vida en el futbol aparecen todas las emociones, aparece por ejemplo el miedo: a un contrincante fuerte, a perder. Aparece constantemente el enfado, tanto que el futbol está exactamente diseñado para llenar todas las condiciones del enfado. Las normas están para moverse todo el tiempo alrededor de recuperar algo. Se asigna a cada equipo un terreno y sobre todo una portería. El logro es ganar, conseguir hacerse con la portería del contrario: meter un gol. Es un juego de ocupar y avanzar y retroceder. Las normas también están pensadas para regular estrictamente la expresión del enfado.

 

Por todo ello, las emociones más adecuadas en el campo son el enfado y su pareja la ilusión y el entusiasmo. No se puede salir al campo solo con alegría, porque te meten dos goles en los primeros 10 minutos. La alegría lleva a compartir y es dispersa, mientras el enfado lleva a conseguir lo propio y concentra en el objetivo. Hay que salir con enfado. El enfado focaliza en el logro, en el balón, todo el sistema emocional afirma es mío y señala la meta. Todo el juego sirve para canalizar la descarga de la adrenalina. La alegría llega con la victoria. Además como la energía puesta en juego es mucha, la explosión de alegría es enorme.

 

Esta relación tan fuerte con el enfado se nota en muchos aspectos. Por ejemplo en la violencia verbal y a veces no solo verbal que se genera en los espectadores en los partidos. Tanto que pienso que el futbol es una de los drenajes de la indignación social colectiva. Esto lo vieron ya los romanos en su panem et circensis. También hay otro elemento que se puede indicar sin entrar a fondo: el futbol refleja el diverso modo en que la educación del enfado afecta a hombres y mujeres. El enfado ha sido y a mi entender todavía lo es en muchos ambientes, bien aceptado en los hombres (en los niños) y mal aceptado en las mujeres (en las chicas). Esta diferencia explica alguno de los elementos del futbol que sigue teniendo un aspecto predominantemente masculino.

 

Como último aspecto señalaré la importancia que para la autoestima tiene la realización de un deporte, para ello bastaría fijarse en la importancia social de los astros del futbol. Conseguir logros, y las victorias deportivas lo son, es clave para la autoestima. Hacerlo en un juego permite hacerlo en un contexto que permite graduar la importancia, precisamente porque es fácil de relativizar. Es decir el futbol es un terreno también para aprender a ganar y a perder.

 

Volviendo al origen de nuestra entrada, pienso que se puede entender que el futbol como deporte de equipo es toda una escuela de gestión emocional del enfado. Por eso la importancia de que tanto niños como niñas practiquen deportes de contacto y aprendan a regularse, a conseguir los logros de una forma reglada, a relacionarse con los demás en cuanto a un objetivo determinado mientras se dan cuenta que la relación personal está por encima, etc. etc.

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