“Una escuela inclusiva, una escuela para cualquiera”

LA CAPITAL. Rosario// Entrevista  al profesor Néstor Caraza por   Marcela Isaías

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Para el profesor Néstor Carasa, la inclusión educativa es la que permite que todos, con sus diferencias, puedan aprender.

“Qué hacemos con las diferencias en las escuelas”. Para Néstor Carasa esa pregunta es común entre los docentes preocupados por construir una educación, una enseñanza inclusiva. Carasa es profesor en educación especial, está al frente de la secretaría hómina de Suteba, coordina la comisión de la modalidad en la Ctera y participa de la comisión de discapacidad de la CTA. Su principal experiencia docente la ha desarrollado en escuelas de La Matanza. Hace poco estuvo en Rosario compartiendo un plenario con docentes de la zona sur y también ofreció un seminario organizado por el Instituto de Formación Pedagógica y Sindical Rosita Ziperovich (Amsafé), sobre “La educación y la cuestión de las diferencias”.

  —¿Cuando se habla de inclusión, qué plantean los docentes de Rosario o La Matanza como preocupación común?

—Hay problemas que son comunes, al menos sobre lo que nos estamos preguntando en torno a la inclusión y a la integración escolar. La pregunta ineludible es qué hacemos con las diferencias en la escuela. La situación de discapacidad es una diferencia, pero hay otras no es la única. Cuando hay un grupo social allí se expresan diferencias, existan o no situaciones de discapacidad. Las situaciones de discapacidad, en términos educativos, agregan el desafío de poder visualizar qué es lo que el sujeto puede y cuál es la dificultad o situación que lo limita de hacer algunas cosas. Eso es lo que cruza la inclusión y la integración escolar en cualquier escuela de nuestro país. A partir de ahí vemos qué puede hacer la escuela con estas preguntas, qué es lo que hizo hasta ahora, qué definiciones se dieron hacia el interior de la institución. Sobre todo, qué se hizo para generar prácticas vinculadas con el ejercicio del derecho o relaciones de igualdad entre los sujetos. Esto tiene que ver también con un conjunto de factores: los docentes, la historia de la institución, las cosas que la escuela se anima a construir, los espacios de participación que hay o no, la relación con la comunidad y los padres; además de saber con qué recursos cuenta, recursos provistos desde el Estado, desde los ministerios de Educación para sostener esas prácticas de inclusión.

  —¿Qué diferencia hace entre inclusión e integración educativa?

—En términos educativos sostenemos que la inclusión es un derecho de todos, tengan o no tengan discapacidad, es el derecho a estar escolarizados, a recibir educación, a estar en la escuela y aprendiendo.

  —Sería la diferencia con garantizar solamente un banco.

—Claro. En la década del 90 había una línea que planteaba que la inclusión educativa se resolvía haciendo entrar a los pibes a la escuela. Nosotros decimos que entrar a la escuela es lo primero, un punto de partida, un derecho pero hay pibes que necesitan determinados apoyos y estrategias para que además puedan aprender.

La integración escolar es una estrategia educativa destinada a chicos con discapacidad para que puedan realizar su escolaridad en la escuela común. Es decir, con una maestra integradora, con una acción institucional de una escuela especial.

  —¿Eso incluye también las condiciones de accesibilidad?

—Eso sería hasta una cuestión básica. Pero también se corre un riesgo, porque algunos cuando hablan de inclusión hablan solamente de accesibilidad y lo remiten a una cuestión material y física, de si tiene o no rampa la escuela. La escuela puede tener rampas y ascensores, y los chicos no tener un lugar.
  —Chicos con discapacidad, alumnos que no resisten las cuatro horas de clases diarias, nuevas generaciones de secundarios. ¿Cómo trabajar con esas diferencias en una institución gestada para homogeneizar?

—Es sumamente complejo y no se puede simplificar. No hay recetas. Pero sí hay algunas puntas para trabajar. Primero hay que estar dispuestos a revisar y discutir algo de las prácticas y de las herencias institucionales con las que nos formamos. Allí hay cosas para revisar, discutir, mirar en términos de la enseñanza como responsabilidad en el trabajo docente. Y esto requiere un abordaje colectivo, en un marco donde hay normativas. Implica estar dispuestos a revisar, repensar algo de las formas organizativas conocidas, cómo fue pensada la escuela, a manera de preguntas de qué cosas son un obstáculo para dar lugar a la diferencia. Una manera de entrar a ese tema es complejizarlo con preguntas.

  —Entre esas cuestiones a revisar está la formación docente. ¿Qué punto clave aquí es importante analiza?

—Si se quiere avanzar en prácticas inclusivas o de integración escolar es necesario actualizar la formación. Y esto no puede limitarse a la formación inicial de los cuatro años de los profesorados, ni quedarse en decisiones personales de hacer un curso o leer un libro. Importan las decisiones institucionales como las que generan las escuelas, como está organizada en Rosario. Desde los gremios docentes hemos asumido desde hace muchos años espacios para actualizarnos e instalar algunas discusiones necesarias para poder pensar una escuela que sea mucho más inclusiva.

  —¿Cómo respetar los tiempos de aprendizaje de cada chico sin hacer una escuela para cada uno?

—Una buena síntesis para pensar una escuela inclusiva es en una escuela para cualquiera; donde cualquiera con sus diferencias pueda aprender. Ahora para que esto se pueda producir se requieren de determinadas decisiones y recursos que hace mucho más compleja la actividad. En términos de condiciones y recursos, una maestra puede atender mejor los procesos individuales de sus alumnos si el grupo escolar con el que trabaja es reducido. Si es una cantidad mayor será más difícil reconocer algo de los procesos individuales. Se pueden tener aproximaciones, pero no es una cuestión voluntarista. No alcanza con ponerse a pensar cómo generar prácticas inclusivas, se requieren de otras acciones, algunas propias y otras vinculadas a las decisiones que se toman desde otros lugares.

Debates pendientes

A pesar de las discusiones en torno a la inclusión, a las normativas que garantizan derechos para los chicos con necesidades educativas especiales, cada año se repite la queja de padres que peregrinan con sus hijos con alguna discapacidad para que sean aceptados en la escuela. “Es un discurso cruzado también con una herencia.

La escuela como institución ha sido generada y construida desde una idea homogeneizante, normalizadora, donde a la escuela se va a para aprender lo que está prescripto. Un formato histórico que en las instituciones ha adoptado formas muy rígidas”, responde el profesor Néstor Carasa sobre esta discusión pública que suele aparecer sobre todo en tiempos de inscripciones a la escolaridad obligatoria.

—Ahora, más allá de esas prescripciones, ¿no debería primar aquí la sensibilidad, el sentido común?

—Uno supone que sí, pero la realidad muestra que no siempre es así. Y para ponerlo en contexto más amplio ¿cómo se tratan en lo social las diferencias? Tomemos el ejemplo de los medios de comunicación social:

¿Cómo tratan las diferencias? ¿Qué se dice y cómo se presentan las diferencias? Ni hablemos de la discapacidad. La escuela no está ajena. Puede producir algunas rupturas pero aún faltan algunas discusiones hacia dentro de la sociedad.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: