“La escuela es la que hoy garantiza el hábito lector”

La Capítal Rosario 205

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La escritora Silvia Shujer asegura que los adultos leen poco, sin embargo les suelen achacar esta falta a los chicos.

Desde un rincón de la Biblioteca Popular Cachilo, Silvia Shujer responde con entusiasmo cada pregunta de las maestras. Todas apuntan a conocer sobre su oficio de escritora y su predilección por la literatura infantil. Comparte que disfruta a pleno del juego que le propone el lenguaje y que sigue divirtiéndose con las anécdotas que surgen en sus charlas con los chicos, como aquella vez que los padres de una escuela se alertaron porque pensaban que iba “Silvia Süller a conversar con sus hijos!”. También considera que “la escuela, la biblioteca son las que hoy garantizan la continuidad del hábito lector”. Y opina que “los adultos leen poco”, aunque siempre buscan achacarles a los chicos esa falta.

 

La autora de Las visitas, Oliverio junta preguntas y El pescador de sirenas (su último libro publicado) estuvo en Rosario el martes pasado. Por la mañana, en la biblioteca de la zona oeste en una capacitación que organizan junto al Plan Nacional de Lectura, que busca hacer de la escuela una comunidad de lectores. Y por la tarde mantuvo una charla con estudiantes de 3º y 4º años de los profesorados de inicial y primario en el Normal Nº 2. Shujer nació en Olivos (provincia de Buenos Aires), escribió para revistas infantiles y publicaciones especializadas en literatura infantil, y ha recibido premios y distinciones por sus producciones literarias; entre otros, el Premio Casa de las Américas (1986) por su obra Cuentos y chinventos y el Tercer Premio Nacional de Literatura por Las visitas 1995), otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación. Entre sus libros figuran Historia de un primer fin de semana, Un cuento de amor en mayo y A la rumba luna.

 

□Mientras termina de dedicar libros, habla de su perro Borges al que le escribió el poema Tango Feroz, recorre con la mirada la Cachilo y dice una y otra vez “qué lindo está esto”, “qué bien” sobre el encuentro con los docentes. También cuenta que eligió ser escritora porque sintió que era la mejor manera de expresar lo que sentía. Más cuando empezó a escribir para niños. “Fue como si las palabras hubieran estallado en toda su potencialidad en la escritura para chicos. La gracia, el sonido, toda la potencia me aparece ahí”, dice y se entusiama con lo que relata.

 

 —¿Es común que en los encuentros con los docentes te pregunten, como ocurrió aquí en la Cachilo, más por tu oficio que sobre qué hacer con los alumnos y la lectura?

 

—En realidad no hay una modalidad típica de pregunta, pero cuando están bien estimulados y leyeron cosas mías antes, las preguntas son más interesantes porque vienen a nutrirse, a averiguar sobre la cocina de la obra y el oficio de la escritura. Y, en realidad, es lo más rico que uno puede transmitir. Yo como escritora me siento mucho más cómoda hablando de esto que de la teoría literaria en general. Sí, me pareció interesante el nivel de preguntas que me hicieron aquí las docentes porque iban bien al corazón del oficio.
  —Ante la preocupación de muchos padres de que “no saben qué hacer” para que sus hijos lean, ¿no será que en las familias donde existe un ambiente de lectura y escritura esta pregunta no es tan necesaria?

—Ahora la modificaron por otra: “El chico está todo el tiempo en la computadora”. Es una manera de cambiar el eje de una misma cuestión que toma a los chicos como chivos expiatorios de una realidad que tiene mucho que ver con los adultos, en todo caso con una problemática social: se lee poco.

 

Los grandes leen poco. Los adultos leen poco. Están frente a las pantallas pero no en general frente a textos de ficción y de divulgación. Entonces muchas veces se recae sobre los chicos con esto de que “están mucho frente a las pantallas”, “que no leen”, cuando en verdad es un problema más general. En estos momentos la labor más importante en relación con la posibilidad de dar de leer a los chicos está muy mediatizada por la escuela; con lo bueno y lo malo que eso significa. Pero hay políticas, planes en relación a la lectura que son muy potentes, que tienen a la biblioteca de la escuela como un lugar de trascendencia.
  —¿Por ejemplo?

 

—Hay políticas como las de la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), por las que todos los años se les da dinero a las bibliotecas para que compren sus propios libros. No está centrado desde Buenos Aires, como pasaba en otras épocas. Que se descentralice la compra del material es muy importante, también que cada bibliotecario, de acuerdo a la región a la que pertenece, pueda definir qué es lo que necesita su biblioteca para conectarse con la comunidad y los lectores.

 

Me parece que ese es uno de los mayores logros de estas políticas. También el Plan Nacional de Lectura, que mejores y peores hubo en casi todos los gobiernos. Este viene siendo muy sostenido. Incluye la compra de libros que es fundamental porque no hay plan sin libros. Entonces, yo creo en lo individual, porque en una casa en donde hay libros y donde hay lectores es mucho más factible que aparezca un chico lector, pero en este momento sobre todo creo que lo que garantiza la continuidad del hábito lector tiene mucho más que ver con lo institucional.

 

  —¿Con la escuela?

—Con la escuela o las bibliotecas.
  —Hace poco y en una conferencia Emilia Ferreiro sostuvo que los chicos de ahora llegan a la escuela con las pantallas y en la escuela se encuentran con los libros, mientras que para los docentes el proceso es inverso. ¿Se trata de una oportunidad para ofrecerles una buena experiencia de lectura desde los primeros grados?

 

—Desde la educación es poco lo que tengo en claro sobre cómo se da ese proceso, mejor lo puede decir Emilia Ferreiro. Sí, sé, y tengo a un nivel intuitivo, que la biblioteca y la escuela cumplen un rol muy importante para que los libros circulen. En las casas están circulando más las pantallas. Yo misma conservo todas mis enciclopedias, pero si necesito averiguar algo no me paro y busco la enciclopedia, lo hago por internet. El rol de la escuela es importante en el sentido del acercamiento a los libros.

  —¿En qué momento de tu trabajo sentís más placer?

—Cuando termino el libro. Otra de las situaciones es cuando al estar trabada en algún punto y logro salir, eso es maravilloso como sensación. Y algo que disfruto mucho es la corrección una vez que el trabajo está terminado. Algunos disfrutan más escribir la historia, yo corregir porque lo que me gusta mucho es el juego con el lenguaje, ese pulido, ese trabajo me produce mucho placer.
  —¿Es posible transmitir la escritura como algo placentero?

—No sé si transmito mucho del ser escritor. A mis alumnos lo que les transmito es más el esfuerzo que otra cosa. Una de las primeras cosas que digo es que escribir es muy difícil. No es solo el manejo del código. Hay momentos penosos dentro del proceso de escritura, de mucha zozobra. Es importante que quien decida hacerlo no pierda la ilusión de que hay algo que es muy placentero, pero también que es un trabajo que requiere mucho esfuerzo.

 

Vivencias de una escritora

Silvia Shujer llegó a la Biblioteca Cachilo, de Virasoro al 5600, para participar de la capacitación que ofrece este espacio junto al Plan Nacional de Lectura (Región IV) a los docentes. Entre esas propuestas está el encuentro con los escritores. La autora fue invitada a conversar sobre literatura infantil, humor y poesía. Una propuesta que repitió con las estudiantes de los 3º y 4º años de los profesorados del nivel inicial y primario, del Normal Nº 2. En este caso, convocados por el espacio Itinerario por el Mundo de la Cultura. Entre encuentro y encuentro, conversó con La Capital y Aire Libre sobre las anécdotas que les dejan las visitas a las escuelas.
Visitas. “Me gusta estar en contacto con los niños, lo hago menos que en otros tiempos, es que hace 30 años que publicó y ando dando vueltas. Todos los años voy a unas cuantas escuelas, porque hay que estar en contacto con el mundo”, comparte sobre una de las actividades que le proporcionan ricas anécdotas. “En una escuela hubo quejas de padres porque cuando la maestra anunció que iba Silvia Shujer los chicos transmitieron Silvia Süller. Entonces fueron a quejarse sobre «qué iba a hacer Silvia Süller!» a la escuela de sus hijos”.
También recordó cuando en otra oportunidad y al ser presentada ante los alumnos por la maestra, ésta les hizo notar que estaban ante la autora de los libros que leyeron y que podían comprobar que “un escritor es de carne y huesos”. “Un chico dijo «más bien de huesos»”, en alusión a lo delgada.

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