Literatura infantil e identidad

Los cuentos infantiles como valor pedagógico van más allá de los contenidos curriculares y de la necesidad de iniciar al niño en la lectoescritura. Cómo la tradición y la cultura son decisivas a la hora de contar historias fantásticas.

Por Fabio Montero/

El Ciudadano Web & gente / Abril 2015

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“Había una vez una aprendiz de hada madrina, mágica y maravillosa, la más lista y amable de las hadas. Pero era también una hada muy fea, y por mucho que se esforzaba en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban empeñados en que lo más importante de una hada tenía que ser su belleza”. (El Hada Fea. Pedro Sacristán)

La lectura infantil es trasmisora de identidad y valores que se manifiestan a través de la simbología que de manera tácita o expresa deja traslucir. Mediante estos símbolos, las generaciones adultas se aseguran la continuidad cultural de una sociedad. Los cuentos infantiles son una caja de resonancia del capital cultural de que dispone una comunidad en un momento histórico determinado.

En este sentido, la literatura infantil posee un valor pedagógico que va más allá de los contenidos curriculares y de la necesidad de iniciar al niño en la lectoescritura. Son portadores de principios éticos y morales que servirán de cimiento para la vida adulta.

La organización social se reproduce a partir de la producción que los hombres hacen de la vida material, en condiciones concretas de existencia.

Generalmente, el primer contacto del niño con los cuentos se da en el ámbito familiar y está mediatizado por la necesidad comunicativa que los adultos comienzan a establecer con el infante.

Así, la lectura se constituye en el nexo inicial entre el niño, la familia y el mundo exterior a través de la visualización de personajes fantásticos. En este sentido, los niños comienzan a internalizar los conceptos de buenos, malos, héroes, villanos, ogros y princesas.

El cuento, dice la licenciada Sandra Salcedo, a diferencia de otros relatos literarios, “se rigen por leyes que se mueven en un mundo de magia y fantasía, donde lo sobrenatural y la capacidad de transformación se desarrollan fuera del tiempo, donde un instante puede ser cien años. El “Había una vez” y “Vivieron felices por siempre” son apertura y cierre de una zona que no tiene comienzo ni fin.

El mito y la magia comienzan a jugar un rol preponderante como intento de dominio de la realidad. “El ritual mágico –dice la psicóloga Ana Quiroga– tiene el poder de resolver o apaciguar las ansiedades de un individuo o de toda la comunidad. La magia apela siempre al lenguaje codificado esotérico, en la fantasía de que ese idioma extraño pueda ser descifrado por el destinatario del mensaje. Este es siempre un Dios único y universal que habita lo oculto y del que cada uno de los seres forma parte.”

La tradición y la cultura serán decisivas a la hora de contar historias, en este sentido, las leyendas de los cuentos infantiles nos acercarán a los orígenes. Por ello, es importante que lo que se trasmita esté vinculado con el “ser social”. Es necesario contar la propia historia resignificada en un acto de creatividad, que nos acerque a los orígenes de nuestra identidad cultural vinculada, entre otra, con los pueblos originarios.

El licenciado Xabier Erle sostiene que “es indudable la estrecha relación existente entre la literatura infantil juvenil y la transmisión de diversos valores o, dicho de otra manera, el discurso moral de los libros que componen la literatura actual. El estilo, el léxico e incluso el idioma que utilizamos; los personajes, el papel que desempeñan, la actitud favorable o contraria a algunos estereotipos, fomentan una determinada ideología, un discurso (moral) concreto. Discurso éste que puede ser claramente impulsado por el escritor o ilustrador de la obra, aunque a veces también puede aparecer a través de una redacción “neutra”, no rupturista, pero que afianza la ideología existente y potencia los estereotipos actuales”.

En este sentido, algunos valores como la amistad, la libertad, la solidaridad, etc, aparecen en las narraciones infantiles junto a otros que en apariencia son neutros pero que responden a mantener estereotipos culturales como la competencia negativa, la desigualdad de sexos, la supremacía y la fuerza masculina, etc. Una investigación realizada por docentes de la Universidad de Princetown revela que de quince colecciones analizadas, los niños eran protagonistas de 881 cuentos y las niñas, de 344; en este sentido, señala el estudio, niños y niñas aprenden que los varones son dominadores y las mujeres pasivas.

En Argentina la dictadura militar controló con firmeza la literatura infantil y juvenil, intentando que sólo reflejen determinados valores de familia, patria y religión. Gran parte de ese control se realizó a través de las escuelas bajo el nombre de “Operación Claridad”. Cuentos que reflejaban la vida cotidiana de los argentinos fueron censurados por contenidos que ponían en tensión la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad, entre otros.

Sin lugar a dudas, las escuelas y los docentes son un factor primordial en la difusión de los cuentos infantiles. La licenciada Sandra Carracedo sostiene que la tarea de educar no es sólo instruyendo, sino enseñando, el valor simbólico que tienen las palabras para que produzcan en el niño un efecto creativo y, a su vez, le permitan no sólo liberar su imaginación, sino también expresar su creatividad.

La presencia de los cuentos en las escuelas se impone en la medida en que decrece la importancia de la lectura en los hogares, la falta de lectores adultos como modelos influye negativamente en los infantes. Para que esto tenga una verdadera eficacia, la lectura debe codificarse en clave de placer más que como pasatiempo, o en el peor de los casos, como castigo.

Según la Unesco, “en Argentina cuatro de cada diez personas dicen haber leído de uno a tres libros en los últimos seis meses. Sólo el 5,1 por ciento de la población leyó más de diez. Pero el 27,2 por ciento de los argentinos admitió no haber abierto ni una sola página en el mismo período. En la Argentina, un alumno lee en promedio menos de medio libro por año. En Estados Unidos, obligatoriamente un alumno de 8º año lee 6 y 7 libros por año”.

La literatura, sostiene la licenciada en Pedagogía Infantil Mónica Rincón, “se convierte en una oportunidad de acceder a la cultura, de expresarse y una forma de lograr la equidad y la igualdad. La literatura infantil específicamente es una puerta a la exploración de diferentes formas de lenguaje, conocimiento de diferentes mundos que les permite a los niños y niñas fantasear, soñar por medio de los cuentos y los personajes, además tienen oportunidad de sentirse identificados y se convierte en una forma de enfrentar sus miedos, dudas e inquietudes”. Motivos más que suficientes para plantearnos la importancia que tienen los cuentos en la vida cultural y social del niño.

 

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