RESCATAR LA PEDAGOGÍA DIFERENCIAL EN NUESTRAS AULAS: A PROPÓSITO DEL AGRUPAMIENTO POR CAPACIDAD

Javier Tourón/ INED 21

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Hace no muchos meses me dediqué a revisar a fondo la investigación disponible sobre el agrupamiento por capacidad, medida que es tan controvertida, particularmente por los que se aferran a la idea de que “la escuela tiene que promover la igualdad”. Y lo hice para producir un capítulo que formó parte de un Liber Amicorum que dedicamos al gran amigo y profesor emérito de la Universidad Complutense Arturo de la Orden, uno de los principales exponentes de la Pedagogía Diferencial en nuestro país, secundando al profesor Victor García Hoz, primer catedrático de Pedagogía Experimental y Diferencial.

La Pedagogía Diferencial, entendida como pedagogía de las diferencias individuales, es una disciplina que cobra cada día, a mi juicio, más relieve pues disponemos hoy de herramientas tecnológicas que nos permiten llevar a la práctica modelos de diferenciación y de individualización que entonces requerían un esfuerzo colosal por parte de los profesores y sus instituciones, por lo que se fueron abandonando no por falta de eficacia, sino de recursos que los hiciesen razonablemente viables. En un artículo que tuve el honor de escribir con dos grandes amigos y colegas (Eduardo López y María Ángeles González Galán), en los primeros años 90, señalábamos a propósito de este tema que: “La Pedagogía Diferencial que proponemos, toma como punto de arranque algo que es elemental, la referencia al individuo, a la persona, como sujeto de la educación. No parece necesario a estas alturas tener que señalar que las supuestas homogeneidades grupales son un mito. Los alumnos son diferentes, con características diversas y con ritmos de aprendizaje diferentes. Esto obliga a pensar en cómo adecuar la educación a tales diferencias, que no es otra cosa que individualizar la educación y por tanto la enseñanza. Lo que proponemos es construir una Pedagogía Diferencial que tome como punto de mira la adecuación a las diferencias humanas individuales”. 

Y seguíamos señalando que: “si queremos construir una Pedagogía Diferencial en función de las diferencias individuales, se precisa un modelo de aprendizaje individual, modelo que no seria relevante si no estuviera apoyado experimentalmente, entendiendo lo experimental en sentido amplio. Uno de los modelos con mayor apoyo experimental es el elaborado por Fraser y cols (1987, 1989) inspirado en el modelo de la productividad educativa de Walberg (1983). Este modelo se apoya en mas de siete mil estudios y en más de veintidós mil correlaciones o magnitudes del efecto. Aunque la mayor parte de las investigaciones que apoyan el modelo señalado son estudios realizados en contextos de enseñanza individualizada, pueden aportar información significativa sobre como adaptar la enseñanza a las diferencias individuales.(…)”. Comenzábamos a  arribar a la concepción de esta área de estudio apuntando que: “El sujeto de la educación es (…) ese o aquel hombre, un ser singular que encarna y realiza, de un modo sui juris la naturaleza humana; cada uno de ellos, con sus notas y cualidades singulares y, sobre todo, con sus singulares posibilidades (García Hoz, 1968). Orden Hoz (1975, 1988) coincide en las mismas apreciaciones. De su trabajo de 1988 entresacamos algunas expresiones que confirman esta línea individualizante: lo que hace que un hombre sea diferente de cualquier otro, es decir, un individuo singular e irrepetible, se expresa con la palabra personalidad. La personalidad es la configuración estructural y comportamental de cada ser humano. (…) Cada individuo, como manifestación de una peculiar combinación de rasgos comunes y específicos, exige, por su singularidad, un tratamiento educativo personal. Y finalizamos con un párrafo que consideramos de la máxima importancia por su cercanía con nuestra tesis: El énfasis en diferenciación educativa, en función de la personalidad del educando, esta en la base de toda la Pedagogía Diferencial, se refiera esta a normales o anormales, a hombres o mujeres, a párvulos o adultos. (…). 

“En resumen, que si las diferencias individuales exigen una acción educativa individualizada, esto ha de reflejarse en el contenido de la Pedagogía Diferencial. Es decir, es preciso construir una pedagogía en función de las diferencias individuales, pero preferentemente en contexto de grupo, que es como aquí concebimos la Pedagogía Diferencial”. 

Ya he dicho en diversas ocasiones que una escuela o educación que no se base en las diferencias individuales no puede llamarse tal; también me he referido en otros momentos a la cuestión de la equidad y la igualdad y de cómo la escuela está para promover la primera y no la segunda. Hemos tratado en las últimas entradas sobre un modelo (Flipped classrroom) de gran eficacia, pues se basa, entre otras cosas, en la implicación del alumno en su propio aprendizaje, que viene a facilitar que se incremente lo que llamaba Bloom el time on task, contemplando las necesidades y capacidades de cada aprendiz, lo que se emparenta (no es del caso ahora) con los modelos clásicos como el Mastery Learning; hemos hablado y mucho de tecnología y aprendizaje móvil. En suma que tenemos ya muchas piezas del complejo puzzle de la educación. 

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