REVALORIZAR AL DOCENTE

Entrevista a Andrea Ruffinelli, investigadora chilena

VARIEDADES N° 397/ El Peruano Lima

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Al analizar la realidad magisterial, se suele decir que el problema es de presupuesto. ¿Se necesita un cambio de actitud antes de hablar de recursos?

–Creo que hay que trabajar las dos dimensiones a la vez. En el fondo, no podemos esperar un cambio de actitud antes de movilizar los presupuestos. Y tampoco podemos exigir un presupuesto para ver si eso cambia la actitud. Si mañana decidiéramos, por ejemplo, que el sueldo del profesor se equiparara con los de otros profesionales con los mismos años de estudio, seguro que cambiaría el perfil de quienes postulan a la carrera de Pedagogía, porque habría otras condiciones laborales; sin embargo, eso no pasaría de la noche a la mañana. Necesitamos que el maestro tenga remuneraciones que correspondan a la envergadura de la tarea que se le ha encomendado.

 

–En ese escenario, ¿la primera responsabilidad es del Estado?

–Hay una responsabilidad, sí, pero depende sobre todo de la conciencia  ciudadana, de un imaginario colectivo que revalorice al docente y que entienda

que la labor del maestro es estratégica.

 

–¿En qué momento se originan o se agravan las carencias más notorias de la formación docente?

–El problema es que hemos tomado una muy mala decisión. Y es que quisimos hacer creer que el ser profesor es un derecho. A lo que tenemos derecho es a la educación; pero el ser profesor, el ser maestro, no es un derecho…

 

–¿Cómo?

–Eso significa que, en el fondo, necesitamos seleccionar a los mejores para estudiar Pedagogía. Cuando digo ‘los mejores’, hay que tener mucho cuidado porque hoy, con las pruebas de selección que se aplican acá y allá, los mejores

son siempre aquellos con los mayores recursos económicos y sociales. El rendimiento se asocia a eso. Y eso es precisamente lo que queremos evitar.

 

–Sin embargo, los jóvenes talentosos están mirando hacia otras carreras…

Sí. ¿Y por qué? Porque, en el fondo, no hemos asegurado los distintos niveles de la profesión docente. Debemos seleccionar a los mejores para ofrecerles una formación de la más alta calidad. ¿Y para qué? Para que vayan a trabajar a las escuelas en buenas condiciones, con remuneraciones adecuadas, y garantizarles el acceso a un retiro digno. Son varios elementos de una misma

cadena.

 

–La teoría de modificabilidad cognitiva explica que el contexto no determina el aprendizaje; sin embargo, el discurso más repetido es que mientras haya pobreza, no podremos mejorar.

–Esa es una profecía autocumplida en la que nos escudamos. Si fuese así, no habría esperanza alguna y, entonces, ¿para qué desarrollamos sistemas educativos, para qué formamos profesores? No tendría sentido. El sentido está

en que podemos modificar esas condiciones y que, efectivamente, con una mediación apropiada, con la intervención de formadores adecuadamente capacitados, podemos hacer cambios en las capacidades que creíamos estructurales entre nuestros estudiantes.  Eso sí, insisto: hay etapas que son más sensibles a ese desarrollo. Evidentemente, los niños pequeños son mucho

más plásticos y se puede lograr cambios importantes con ellos.

 

–Mensajes en torno a la desnutrición crónica y sus implicancias en el aula, por ejemplo, ¿también tendrían que ser modificados?

–Tendrían que ser modificados, considerando sobre todo que, entre los niños, la plasticidad es notable. Los cambios que podemos esperar son enormes, pero para ello necesitamos profesores con una formación de altísimos estándares, capaces de mediar de manera apropiada para cambiar las condiciones que aparecen como estructurales, al menos en el desarrollo cognitivo de los niños.

 

–¿Cómo mediar en términos educativos cuando se comparte la escena con actores de muchísimo poder, como los medios de comunicación?

–Tenemos que ser más ingeniosos. A veces decimos que la escuela les resta capacidades creativas a los niños. Lo mismo se dice de los medios. Creo que eso no tiene que ver con la televisión en sí, o con la computadora, sino con el uso que le damos a la tecnología. Hoy tenemos que incorporar todos estos elementos al proceso educativo porque son parte de la cultura, son parte de este dinamismo.

 

–Pero, fuera del aula, internet es sinónimo de entretenimiento…

–La escuela es una oportunidad de aprovechamiento de la tecnología, pero eso no significa que la vida entera haya que vivirla en función de la educación. Cada uno irá decidiendo.

 

–¿Qué ajustes haría en la formación docente?

–Primordial: ser capaces de atraer y seleccionar a los mejores. Segundo: ofrecerles la mejor formación, de la más alta calidad. No sacamos nada si los formadores de formadores siguen siendo los mismos de siempre y seguimos transmitiendo un discurso constructivista y demonizando a la educación tradicional sin mejorar la capacitación que ofrecemos. Y luego, por supuesto, abrir condiciones laborales acordes a la tarea encomendada: mejorar remuneración, condiciones de trabajo apropiadas dentro de la escuela y retiro digno para todos los maestros.

 

 

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