10 Consejos para fomentar la asertividad entre tus alumnos

5 abril 2018

Santiago Moll

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La asertividad consiste en encontrar el equilibrio entre la agresividad y la pasividad. La asertividad es una de las claves para alcanzar la felicidad, porque una persona asertiva evita la agresividad verbal o física a la hora de defender una idea y el sometimiento a la opinión de los demás por defecto. La persona asertiva presenta una mayor capacidad para ser feliz porque defiende sus ideas de tal manera que siempre sale reforzada en su autoestima. La asertividad es un rasgo que denota madurez, firmeza y convicción. Pero, ¿cómo se adquiere la asertividad? ¿Cómo puedes fomentar la asertividad entre tus alumnos para que mejoren su autoestima y su autoconcepto? Pues bien, en el artículo de hoy te daré 10 consejos muy sencillos para fomentar la asertividad entre tus alumnos. ¿Me acompañas?

10 Consejos para trabajar la asertividad entre tus alumnos.

  1. NO. Hay que aprender a decir que no. Hay que enseñar a los alumnos la importancia de poder decir no en determinados contextos o cuando crean que realmente deben negarse ante una acción u opinión, por ejemplo. Saber decir no es algo vital en la vida de cualquier persona y, por supuesto, en la vida de tus alumnos, porque tiene una gran función reparadora y hace aumentar su seguridad.
  2. YO. La persona con asertividad, al tener mucha confianza en sí misma, es capaz de expresarse en todo momento con la primera persona del singular. Fíjate en la diferencia de estos dos mensajes con un mismo contenido pero dichos de manera muy diferente:
  • Este trabajo es muy pesado.
  • Estoy muy cansado. Necesito descansar un instante (frase asertiva en 1ª persona)
  1. BREVEDAD. Cuando me refiero a frases breves, quiero que entiendas la importancia de ser conciso a la hora de manifestar una opinión o postura. Las persona asertiva suele ser directa y muy breve, porque no tiene la necesidad de dar grandes rodeos para decir lo que piensa o lo que quiere. La persona asertiva no se justifica, sino que notifica lo que piensa o hace, siempre desde la moderación y el respeto. Algunas formas de empezar una frase asertiva serían:
  • Me siento…
  • Entiendo que tú… pero yo…
  • Yo creo…, yo opino…, yo creo…
  • Siento que…
  • Me gustaría que…
  • Quiero que…
  1. TONO. Es muy importante a la hora de demostrar asertividad utilizar un tono de voz que sea convincente y rotundo, pero no agresivo, es decir, hay que evitar un tono de voz que incite a la provocación, la burla, el menosprecio o la humillación.
  2. REPETICIÓN. Reafirmarse en uno mismo no siempre es fácil y no siempre sale a la primera. La persona asertiva es aquella que es capaz de insistir, de repetir las veces que haga falta lo que piensa, pero con la condición de que dicha repetición se fundamente en la paciencia, el respeto y evitando entrar en discusiones y enfrentamientos.
  3. LENGUAJE CORPORAL. Las personas con asertividad usan el lenguaje corporal para reafirmarse en sus opiniones. Algunos recursos propios de las personas con asertividad en lo que a lenguaje corporal se refiere son:
  • Mirar a la cara.
  • Mantener una postura relajada de brazos y manos.
  • Asentir con la cabeza cuando la otra persona habla (escucha empática).
  1. SENTIMIENTOS. Sin duda, una de las mayores dificultades con las que se encuentran los alumnos es poder expresar sus sentimientos. Y la asertividad es poder expresar las ideas, pero aún más importante es saber expresar los sentimientos. Y dichos sentimientos pueden ser:
  • Sentimientos positivos: Me gusta mucho tu camiseta. Te quiero mucho. Me encanta la manera con que me miras.
  • Sentimientos negativos: Estoy asustado. Me preocupa mi compañero.
  1. ERROR. La persona asertiva aprender del error. La persona asertiva es aquella que no tiene reparos en equivocarse, porque sabe que el error es el resultado de manifestar lo que siente y lo que piensa. Sobre la importancia de aprender del error te recomiendo la lectura del artículo titulado 5 Maneras de premiar el error entre tus alumnos.
  2. DISCULPA. La persona asertiva no se disculpa por lo que dice o por lo que siente o expresa. De lo que se trata es de saber pedir las cosas y, al pedirlas, hacerlo con educación. De lo único que se trata es de, una vez dicho, esperar la respuesta del otro, pero no avanzar una disculpa porque sí, porque hace que cualquier argumento se debilite.
  3. CONTEXTO. En la vida hay algo que es fundamental y es saber elegir tus propias batallas, es decir, hay veces que en determinadas situaciones o contextos la asertividad no funciona. Esto quiere decir que aún siendo una persona asertiva, en determinados contextos hay que tener la habilidad para actuar de otra forma.

La asertividad en una conversación.

A continuación te voy a poner un breve diálogo para que veas las diferentes maneras de responder ante la pregunta: ¿ME PRESTAS TU LIBRO DE TEXTO? (la persona que contesta no desea prestarlo):

  • Respuesta pasiva: Bueno… Vale… Aquí tienes…
  • Respuesta agresiva: ¡No me da la gana prestártelo ni ahora ni nunca!
  • RESPUESTA ASERTIVA: Lo siento, pero no acostumbro a prestar el libro de texto.

3 Frases sobre la asertividad.

Me gustaría acabar este artículo con 3 frases que guardan una relación directa con la asertividad y que creo que expresan a la perfección su significado:

  • Nunca discutas, repite tu afirmación, Robert Owen. [TUITÉALO]
  • La asertividad está diseñada para defenderse inteligentemente, Walter Riso. [TUITÉALO]
  • La asertividad no es lo que haces, es lo que eres, Cal Le Lun. [TUITÉALO]

*                                                     *                                                     *

 

 

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10 Consejos para enseñar con éxito las normas de clase

4 abril 2018

Santiago Moll

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Normas de clase. Este no es el primer artículo de Justifica tu respuesta referido a las normas de clase. En su momento publiqué la entrada titulada Prohibir despierta el deseo. Cómo evitar la palabra NO al dar una norma en clase. Dicho artículo se ha convertido a día de hoy en uno de los cinco artículos más leídos de este blog. Es por ello que hoy me gustaría incidir en ciertos aspectos de las normas de clase que me parecen interesantes y que pueden ayudarte a mejorar el clima y la convivencia en en el aula y en tu centro escolar.

¿Quieres que las normas de clase sean efectivas? ¿Crees que respetar las normas de clase mejorará en clima en el aula? ¿Quieres saber si tu forma de enseñar las normas de clase es efectiva? Si es así, estaré encantado de que me acompañes en la lectura de este artículo. ¡Comenzamos!

Cómo conseguir que las normas de clase sean efectivas.

A la hora de abordar las normas de clase, todos los centros educativos parten o suelen partir del reglamento de régimen interno de su centro, es decir, parten del documento relacionado con las normas de convivencia. Dichas normas están pensadas para todo un centro, independientemente del nivel o curso en el que estén tus alumnos. Son normas generales que lo que pretenden es conseguir una buena convivencia tanto dentro como fuera de las aulas.

Aún así, en muchos centros que se rigen por estas normas no acaban de ser todo lo efectivas que se desearía. Y esto se debe a una concepción tradicional de las normas.

¿Por qué el “reglamento tradicional” de normas no siempre es efectivo?

Aquí van algunas razones por las que las normas de clase pueden no funcionar:

  • Son demasiado teóricas.
  • El alumno no les ve aplicación en el aula o centro escolar.
  • Todas las normas tienen la misma importancia.
  • Son excesivas, es decir, son más de diez.
  • El alumno no las siente como suyas, piensa que no van con él.
  • Hay normas innecesarias o redundantes.
  • El alumno no participa en la creación de dichas normas de clase, es decir, le vienen dadas por el docente o por el equipo directivo del centro.
  • Se dan todas las normas en una misma sesión.

Estos criterios de lo que considero normas tradicionales están muy instauradas en los centros educativos. Esto no significa que no sean efectivas, pero creo que de lo que se trata es de dar una vuelta de tuerca a dichas normas para que se conviertan en normas de clase efectivas y útiles.

Entonces,

¿cuál es la mejor manera de enseñar las normas de clase?

10 Consejos para enseñar de forma efectiva y con éxito las normas de clase.

Aquí van algunos consejos o pautas que creo que pueden mejorar el buen cumplimiento de las normas de clase. Antes de continuar, me gustaría dejar claro que este artículo no tiene la intención de dar a conocer qué normas deberían aplicarse a los centros educativos. Dichas normas son normas que deben elaborar los centros y sería realmente conveniente que las consensuaran con toda la comunidad educativa. Hecha esta aclaración, aquí van algunas consideraciones sobre cómo gestionar las normas de clase en un aula:

  1. Normas pogresivas. Se trata de evitar dar todas las normas de golpe y en la misma sesión lectiva. Si das todas las normas en una misma sesión, estas suelen quedar muy diluidas y al alumno le cuesta retenenerlas.
  2. De lo urgente a lo importante. Es fundamental enseñar a los alumnos que no todas las normas de clase tienen la misma consideración. Si estas normas se enseñan de forma progresiva, podrá conseguirse que el alumno aprenda distinguir entre las esenciales y las importantes.
  3. Menos es más. En función de la edad de tus alumnos, el número de normas debería ser distinto. Según la edad se podría optar por 3, 5 ó 10 normas de clase. En este sentido creo que las normas de clase nunca deberían se más de 10. Y si me apuras, creo que el número 5 sería un número excelente.
  4. De la teoría a la práctica. En muchas ocasiones se piensa que con enunciar una norma de clase esta norma ya queda fijada en el grupo de alumnos. Desgraciadamente, esto no suele ocurrir. De nada sirve explicar las normas de clase. Las normas de clase no se explican. Las normas de clase deben enseñarse y la mejor manera de hacerlo es a través de la puesta en práctica, es decir, dar a conocer casos prácticos en los que los alumnos se puedan sentir identificados. Sería bueno que fueran los alumnos los que explicaran casos prácticos que conozcan.
  5. Me puede pasar a mí. El alumno hará suya una norma si es consciente de que esa norma de clase le puede afectar directamente a él en algún momento del curso escolar. ¿Qué significa esto? Que debes intentar que el alumno interiorice esa norma y se la haga suya.
  6. De la palabra al texto. Para fijar una norma de clase no es suficiente con enunciarla en voz alta. Por tanto, de lo que se trata es de fijar dichas normas de clase por escrito. Una actividad que funciona realmente bien es colocar a los alumnos en grupos y que cada grupo trabaje con una norma determinada. Dicho trabajo podría ser un collage, una norma dibujada de una situación determinada, etc. Una vez trabajadas estas normas, cada grupo a través de un portavoz la explicaría al resto de sus compañeros. Finalmente, se pordrían colgar en las paredes del aula.
  7. Acción y reacción. Otro aspecto que me gustaría destacar a la hora de dar a conocer las normas de clase tiene que ver con las consecuencias de no cumplir con dichas normas. De nada sirve enseñar una norma si el alumno desconoce cuál es la consecuencia de incumplirla. En este sentido, hay que ser muy claro porque cada derecho implica en cierto modo un determinado deber.
  8. Las normas y sus circunstancias. Es importante hacer ver a los alumnos que el cumplimiento de una norma va en consonancia a las circunstancias que pueden rodear dicha norma, circunstancias que tienen que ver con la edad, el grupo, la materia, el entorno escolar, etc. De ahí que sea realmente útil hacer supuestos con el grupo y ver los posibles matices que toda norma encierra.
  9. Las normas también se hacen mayores. Otro aspecto que me gustaría destacar es que las normas no deberían ser algo que se enseña solamente a principio de curso y quedan como algo inamovible. La normas deben ser algo vivo y deberían estar sujetas a los cambios que se producen por determinadas circunstancias. Esto quiere decir que se deberían poder eliminar, incorporar, matizar e cambiar su orden importancia.
  10. La finalidad de una norma. He querido acabar estos consejos u orientaciones acerca de las normas de clase haciendo hincapié en la importancia de no sólo enseñar una norma, sino de transmitir a los alumnos qué finalidad tienen cada una de las normas trabajadas en el aula. Entonces, ¿para qué sirve una norma? Una norma debería ayudar a un alumno a crecer en su desarrollo personal, a asumir determinadas responsabilidades y a tomar las mejores decisiones. Sobre cómo tomar las mejores decisiones te recomiendo la lectura de este enlace.

Normas de clase. A modo de conclusión.

Hasta aquí el artículo de hoy. Un artículo en el que he querido reflexionar sobre la importancia no de las normas en sí, sino sobre la pedagogía que toda norma debería guardar. Soy consciente de que los centros educativos deben regirse por unas normas, por unos límites, pero creo que con este artículo te habrás dado cuenta de que hay muchas maneras de hacerlo.

 

Los 3 pilares para gestionar con éxito un grupo clase

3 abril 2018

Santiago Moll

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Gestionar con éxito un grupo clase es para cualquier docente uno de los mayores retos a los que se enfrenta a diario. Es por ello que el artículo de hoy quiere darte a conocer qué tres pilares son los que necesitas para crear un clima de clase que te permita enseñar y formar a tus alumnos con las mejores garantías.

¿Quieres saber cómo se gestiona el clima de una clase? ¿Quieres saber qué necesitas para enseñar en el aula con las mejores garantías? ¡Pues comenzamos!

Esto es lo que necesitas para gestionar un grupo clase.

Para la redacción de este artículo me he servido del libro de Joan Vaello titulado Cómo dar clase a los que no quieren. Se trata de uno de los mejores libros que he leído sobre gestión de aula. Si me gusta tanto el libro de Joan es porque es capaz de dar consejos prácticos y muy efectivos.

Pues bien, Joan Vaello plantea tres pilares básicos para una correcta gestión del aula.

Son estos: controlrelaciones y rendimiento. Cada uno de estos pilares se desarrolla en pequeñas actuaciones que son las que pasaré a enseñarte a continuación.

  1. Control. Sin control no hay enseñanza posible. Por tanto, debe convertirse en una de tus prioridades. Y quiero dejar claro que el término control no debe verse desde una perspectiva negativa, sino necesaria para poder llevar a cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje de tus alumnos. Para conseguir ese control se hace indispensable:

Fijar límites. La fijación de límites se consigue mediante la elaboración y cumplimiento de las normas de clase. Unas normas que deben ser explícitas, sin olvidar las implícitas. Sobre cómo enseñar las normas de clase te remito al siguiente  artículo: 10 Consejos para enseñar con éxito las normas de clase

  • Mantener límites. Tan importante es conocer los límites a los que todo grupo debe sujetarse como mantenerlos. Para ese mantenimiento hay que tener en cuenta :
    • Adventencias. Deben ser pocas, claras y muy dirigidas.
    • Sanciones. Deben ser excepcionales, pero contundentes.
    • Derivaciones. En casos extremos, determinados alumnos pueden ser derivados al equipo de orientación, equipos externos o al equipo directivo.
  1. Relaciones intrapersonales e interpersonales. No puede existir una buena gestión de aula si no hay una buena gestión personal. Si el control del aula tiene que ver más con una gestión administrativa, la relación personal tiene que ver con la gestión emocional. Es, por tanto, fundamental establecer un correcto equilibrio entre control y relación.

Para ello hay que tener en cuenta en el seno del grupo aspectos como:

  • Autocontrol. No puede haber una buena gestión del aula si no existe un autocontrol por parte de los alumnos de un grupo clase. Desde mi punto de vista se trata de uno de los grandes retos a los que se enfrenta cualquier docente. Una buena forma de trabajar el autocontrol y autoconocimiento sería a través de dinámicas de grupo. Te recomiendo una muy interesante que puedes leer en el siguienteenlace.
  • Asertividad. La asertividad es básica para una correcta gestión del aula. Hay que enseñar qué es y cómo se practica. Para ello te remito al artículo titulado10 consejos para fomentar la asertividad entre tus alumnos.
  • Conocimiento de los roles individuales de los alumnos del grupo. Joan Vaello distingue hasta 26 roles de alumnos. Sobre los roles de alumnos publiqué un artículo en su momento que puedes leer en el siguienteenlace.
  • Autoestima. Muy en la línea del autoconcepto, sin autoestima se hace difícil mantener el control del aula y gestionar las relaciones entre iguales.
  • Comunicación entre alumno-alumno y alumno-profesor. Si quieres conocer algunas de las estrategias que utilizo para comunicarme con los alumnos no te pierdas el artículo titulado20 Consejos para mejorar la comunicación con tus alumnos.
  1. Rendimiento. El rendimiento académico y personal es el pilar fundamental para una correcta gestión del grupo clase. Es importante aclarar que el rendimiento no debe verse como un aprendizaje uniforme, sino que hay que ser conscientes de que el éxito del aprendizaje no está en que todos aprendan lo mismo y por igual, sino que cada alumno aprenda lo máximo posible dentro de sus posibilidades.

Cuando se habla de rendimiento escolar, siempre acaba por aparecer la palabra éxito. Pero, ¿qué se entiende por éxito en un grupo clase? Para mí el éxito no consiste en ser un buen alumno, sino en

ser un buen alumno siendo una mejor persona

Y ser una buena persona pasa por tener en cuenta:

  • Actitud. En lo referente a la actitud es muy importante que hagas ver a tus alumnos la diferencia que existe entre la actitud hacia tu asignatura y la actitud que el alumno tiene hacia el grupo, hacia sus compañeros.
  • Motivación. No hay transformación académica ni personal sin la presencia de la motivación. Es más, yo me atrevería a decir que como docente no debes buscar la motivación entre tus alumnos, sino la determinación para conseguir aquello que deseen. ¿Conoces la diferencia entre motivación y determinación? En esteenlace te lo enseño.
  • Atención. Joan Vaello insiste mucho en la importancia de una correcta atención para una correcta gestión del aula. Sobre cómo captar la atención de tus alumnos tal vez te interese el artículo que tituléAsí es como lograrás captar la atención de tus alumnos.
  • Respeto a la diversidad.

Exclusiónsegregaciónintegración e inclusión. Si quieres  saber cómo enseño la diferencia de estos conceptos en el aula, te remito al siguiente enlace.

Gestión de un grupo clase. A modo de conclusión.

Si has llegado hasta aquí te habrás dado cuenta de que para una correcta gestión de un grupo clase son necesarias las tres áreas de gestión que han conformado este artículo: controlrelaciones y rendimiento. Soy consciente que se trata de todo un reto y que después de haber leído esta entrada te sientas abrumado, pero creo que es el mejor punto de partida para sacar adelante a un grupo clase con las mejores garantías. ¿Aceptas el reto?

Fuente del artículo: Cómo dar clase a los que no quieren, de Joan Vaello.

 

 

¿Cómo le enseñarías a un niño qué es la resiliencia?

28 marzo 2018

Santiago Moll

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Hoy tengo el placer de escribir otro artículo acerca de la resiliencia. Seguramente esta es la entrada más especial de las que he escrito acerca de este término porque está enfocada a los niños y niñas en edades tempranas.

Para mí no es fácil escribir sobre estas edades por dos razones: la primera porque no tengo hijos y la segunda porque imparto clases a alumnos de entre 12 y 18 años.

El artículo de hoy es muy especial porque a través de un extraordinario vídeo de poco más de 3 minutos serás capaz de transmitir a tus hijos, serás capaz de transmitir a tus alumnos en qué consiste la resiliencia a partir de una metáfora tan sencilla como eficaz.

¿Quieres aprender cómo enseñar a tus hijos y/o alumnos qué es la resiliencia? Pues acompáñame.

La historia del niño y el hipopótamo. Una extraordinaria lección para enseñar qué es la resiliencia.

¿Qué es la resiliencia?

El vídeo que quiero enseñarte a continuación es un vídeo promocional que se realizó a propósito del VII Congreso de Resiliencia en México en el año 2011.

Un vídeo sensacional porque es capaz de transmitir y enseñar de una forma tremendamente sencilla un término tan complejo como es el de la resiliencia. No te entretengo más y te dejo con el vídeo.

A continuación haré una reflexión sobre el mismo. Espero que lo disfrutes como he hecho yo:

Así es como puedes enseñar a tus hijos y a tus alumnos qué es la resiliencia.

¿Qué es la Resiliencia?

La Resiliencia es cuando un ser vivo, planta, animal o ser humano

  • Resiste una presión tan fuerte y ¡se recupera!
  • Recibe golpes, ofensas y maltratos y ¡se recupera!
  • No se siente derrotado por lo feo, lo difícil o lo molesto que le pase en la vida, aunque se caiga y se ensucie.

Porque la Resileincia…

  • Te permite recuperarte.
  • Te permite luchar.
  • Te permite sacar de tu vida lo malo y sucio.
  • Te permite soportar cualquier presión.
  • Te permite volver a ponerte de pie.
  • Te permite recuperar el humor.
  • Te permite aprender algo de cada momento.
  • Te permite aguantar serios problemas.
  • Te permite estar tranquilo, aunque tu cuerpo esté inundado de tristeza.
  • Te permite usar tus habilidades para hacer frente a cualquier situación mala.
  • Te permite aprovechar una mala experiencia para sacar algo positivo de ella.
  • Te permite absorber lo bueno de casa vivencia.
  • Te permite exprimir las emociones negativas.
  • Te permite crecer teniendo en todo momento los pies en la tierra.
  • Te permite mejorar y ser mejor pese a todos los golpes que recibes en la vida.

10 Aspectos que destacaría acerca del vídeo sobre la resiliencia.

  1. Metáfora. Me parece muy original la idea de transformar una capacidad en un objeto, en este caso el vídeo cambia un concepto tan abstracto como la resiliencia en una esponja en forma de un hipopótamo.
  2. Experimentación. No hay mejor forma de aprender que experimentando. Lo que hace el niño en el vídeo es aprender a partir de la experimentación. En el fondo no está experimentando con un hipopótamo, sino con la propia resiliencia y este hecho me parece algo fantástico. Creo que es algo que hay que valorar enormemente en edades tempranas.
  3. Juego.Además de experimentar con la esponja en forma de hipopótamo, el niño está jugando con la capacidad de sobreponerse a las adversidades que tendrá de ahora en adelante. La importancia del juego, es más, la importancia del juego simbólico es otro aspecto muy positivo en la educación de cualquier emoción o capacidad, incluso la resiliencia.
  4. Mensaje. El mensaje de qué es la resiliencia en el vídeo tiene una cualidad que me parece muy positiva y es que está creado a partir de mensajes muy breves. Son oraciones muy simples a modo de eslogan y que son relativamente fáciles de aprender y memorizar.
  5. Lenguaje. El lenguaje se me antoja algo fundamental para explicar un concepto tan complejo como es la resiliencia. Además, dicho lenguaje debe estar enfocado a lo que está experimentando el niño y no en el concepto de resiliencia propiamente. ¿Qué quiero decir con esto? Que un niño no tiene por qué saber qué es la resiliencia, porque la resiliencia en estas edades no debe aprenderse en cuanto concepto, sino ser vivida y experimentada.
  6. Esponja. El objeto elegido para enseñar qué es la resiliencia me parece sencillamente genial. Se trata de un objeto que al niño le parece muy cotidiano, ya que forma parte del ritual de su baño diario. Además, las características de la esponja hace que por mucho que se manipule siempre vuelva a su posición original.

Este es el gran valor del objeto y este es el gran valor que hay que transmitir a los niños a la hora de enseñarles qué se entiende por resiliencia.

  1. Hipopótamo. Otro acierto que considero que tiene el vídeo es el uso de la esponja en forma de animal, concretamente en forma de hipopótamo.

El hecho de que a la hora de trabajar la resiliencia con el niño la esponja adopte una forma reconocible para cualquier niño le añade un valor muy significativo a la explicación. ¿Por qué? Pues porque el niño cuando tiene la esponja en forma de hipopótamo deja de pensar que es una esponja y sólo piensa en el hipopótamo como animal, como ser vivo, un ser vivo igual que él.

  1. Música. Otro elemento que me gustaría destacar del vídeo es la música que lo acompaña. En este sentido he editado el vídeo para ponerle una música que fuera acorde con el concepto de resiliencia. Me parece importante que cuando se esté visionando el vídeo sobre resiliencia se pueda crear una atmósfera adecuada, ya que se trata de un concepto que está íntimamente ligado con el dolor, la pérdida y el sufrimiento.
  2. Carcajadas. Al hilo del punto número 8, también me ha parecido oportuno añadir al final del vídeo las carcajadas de unos niños. Creo que este pequeño recurso puede ayudar a los niños a que se den cuenta de que por mucho que sufra el hipopótamo, por mucho que sufra el propio niño, al final, si son personas resilientes podrán salir de cualquier adversidad con la mejor de las sonrisas.

Porque la resiliencia es un proceso, pero lo más importante de este proceso es que se puede salir de él con la risa, con la carcajada de un niño.

  1. El niño. Aunque el gran protagonista de este vídeo sobre resiliencia es la esponja en forma de hipopótamo, también me gustaría destacar la presencia del niño. Personalmente me ha gustado que casi en todo el vídeo sólo aparezca una parte de su rostro. ¿Por qué? Porque lo importante no es el niño en sí, sino lo que hace el niño con sus manos.

¿Y qué hace el niño con sus manos? Pues experimentar con la resiliencia. Sólo al final del vídeo es cuando aparece el niño con su mejor sonrisa, una sonrisa que te avisa de que ha entendido qué es la resiliencia.

El sufrimiento del hipopótamo por parte del niño. La resiliencia se puede y se debe enseñar.

A lo largo de los poco más de tres minutos que dura el vídeo, la esponja en forma de hipopótamo pasa por:

  • Ser golpeado hasta car al suelo. En la vida es inevitable recibir golpes. Hay golpes que son muy duros y que duelen mucho. Pero por muy duro que sea el golpe, siempre hay que tener la fuerza para volverse a poner de pie. Y la resiliencia lo hace posible.
  • Ser sepultado por la arena. En muchas ocasiones la vida te cubre de dolor y de sufrimiento. Pero todo ese dolor y ese sufrimiento llega un momento en que se detiene. Al detenerse es cuando la resiliencia se encarga de apartar ese dolor, de barrer ese dolor para dejarlo a un lado y permitir poder proseguir con la vida.
  • Ser sepultado por la presión de una roca. En la vida hay momentos en que la presión que rodea a las personas es tan fuerte que acaba por sepultarlas, por hundirlas. Por eso es tan importante la resiliencia, porque la resiliencia es más fuerte que cualquier piedra, porque la resiliencia es capaz de soportar la mayor de las presiones. La resiliencia permite apartar la presión de la piedra para tener la posibilidad de volver a ponerse de pie.
  • Ser inundado por litros y litros de agua. Hay veces en la vida que se tiene la sensación que no se pueden absorber todas las dificultades que se presentan. Pero lo que la gente no sabe es que la resiliencia tiene la capacidad de absorber esas dificultades para luego gestionarlas debidamente.
  • Ser exprimido. Cuando las personas se sienten totalmente absorbidas por sus adversidades, es cuando la resiliencia se hace más necesaria e imprescindible que nunca. Porque la resiliencia tiene a capacidad de expulsar toda esa agua que nos tiene absorbidos, porque la resiliencia se convierte en la oportunidad de sacar fuera, de exprimir los problemas, las penas y el sufrimiento que cada uno lleva en su interior y siempre desde el autoconocimiento y la serenidad.

Gracias a la resiliencia se puede transformar el sufrimiento en una oportunidad para sacar lo mejor de uno mismo. Seguro que conoces la expresión “lo que no te mata te hace más fuerte“. Pues bien, lo que hace la resiliencia es, precisamente, hacerte más fuerte ante todas las adversidades que vayan surgiendo en la vida.

Y lo más importante es que de cada situación adversa vivida hay que saber extraer un conclusión positiva, es decir, se trata de absorber lo malo para sacar de lo malo lo bueno como, por ejemplo, una enseñanza, una experiencia, una vivencia que te permita seguir adelante, que te permita seguir de pie, que te permita resarcirte.

Para saber más sobre la resiliencia.

Si quieres saber más sobre resiliencia te dejo tres artículos publicados en Justifica tu respuesta al respecto de este término:

Junto con estos artículo también me permito recomendarte estos libros sobre resiliencia que me parecen realmente instructivos:

 

10 maneras de enseñar resiliencia a tus alumnos

27 marzo 2018

Santiago Moll

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Hay artículos que salen de la experiencia. Otros del corazón. El de hoy es fruto de varias semanas de trabajo en las que he aprendido muchísimo acerca del término del que os hablaré hoy: resiliencia. No es la primera vez que me refiero a la resiliencia en este blog, pero sí es la primera entrada que dedico exclusivamente a hablar sobre este término.

¿Qué se entiende por resiliencia?

Si atendemos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la resiliencia es la ‘capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas‘. Por tanto, se trata de un proceso de adaptación a las experiencias de vida difíciles o extremas. Realmente se trata de un término que no se tiene demasiado en cuenta en los centros escolares y mucho menos en los currículos de la mayoría de las asignaturas. Esto ha hecho replantearme sobre la necesidad y la obligación que tenemos los docentes de incorporar la resiliencia dentro de las aulas, para que los alumnos estén preparados para afrontar con las mejores garantías todos los reveses que puedan padecer a lo largo de su educación.

Los que me leéis con asiduidad sabéis de la importancia que otorgo a la empatía, a la capacidad de ponerse en la piel del otro, haciéndonos partícipes de sus anhelos y de sus preocupaciones. En este sentido te recomiendo la lectura del artículo titulado 5 consejos para aumentar la empatía de tus alumnos. Pero creo que hay que ir un paso más allá y también conceder la importancia que se merece a la resiliencia para afrontar con plenas garantías el desarrollo integral de nuestros alumnos. Porque en una sociedad donde cada vez se corre más, donde impera la cultura de la inmediatez y donde se niega el fracaso, se hace más necesario que nunca que elaboremos estrategias conjuntas para formar alumnos no sólo desde el punto de vista intelectual, sino también y, sobre todo, desde el punto de vista emocional. He aquí la razón de este artículo y por qué creo que la resiliencia puede ser un factor clave de prevención de problemas relacionados con el crecimiento personal de nuestros alumnos.

Mientras estás leyendo estas líneas pensarás que tal vez no eres capaz de enseñar resiliencia a tus alumnos. Pero te puedo asegurar que no es así. Es por ello que te invito a que leas estas sencillas pautas que puedes llevar a cabo en el aula y que te aseguro serán tremendamente útiles para tus alumnos. ¿Me acompañas?

¿Cómo podemos enseñar resiliencia a nuestros alumnos?

  1. Enseña a hacer preguntas. Muchas veces los docentes pensamos en las respuestas que nos darán nuestros alumnos. El profesor pregunta y el alumno responde aquello que le hemos enseñado. En ocasiones es importante no sólo buscar respuestas, sino enseñar a elaborar preguntas. Las preguntas invitan a la reflexión, a la introspección y ello puede ser determinante en el caso de que un alumno pase por un momento personal difícil. Enséñale a formular preguntas abiertas y harás de tus alumnos unos alumnos más reflexivos y capaces de verbalizar sus preocupaciones y adversidades.
  2. Enseña la bondad. Se trata de un recurso tremendamente efectivo. Consiste simplemente en pedirles que durante un día piensen en hacer un favor a alguien que les importe. Una vez hecho este favor deben verbalizarlo, es decir,  explicarlo en voz alta en clase. Los denominamos actos de bondad son un arma muy poderosa no sólo por el acto de bondad en sí, sino por la gratitud que recibimos por dicho acto. Si educas a tus alumnos en la bondad, les educarás también en la gratitud, serán más sensibles a lo que les rodea y les permitirá afrontarlo con la mejor de las predisposiciones. La gratitud es la que pone la perspectiva a los acontecimientos que podemos considerar como dramáticos.
  3. Enseña hábitos saludables. Se trata de un aspecto fundamental si queremos educar a nuestros alumnos en la resiliencia. ¿Por qué? Pues porque una rutina saludable permitirá a los alumnos afrontar con mejores garantías cualquier adversidad que se les presente. Y por hábitos saludables debemos entender el ejercicio físico, dormir las horas necesarias, comer de forma saludable y evitar situaciones estresantes. Con estos cuatro hábitos las posibilidades de afrontar con éxito una crisis siempre aumentarán.
  4. Enseña a ser útil. Debemos esforzarnos para que todos nuestros alumnos de una forma u otra se sientan útiles. Si conseguimos que tengan la sensación de que sirven para algo, automáticamente estaremos ante alumnos con una elevada autoestima. Serán alumnos felices y esta felicidad podrá ser determinante no sólo para afrontar sus adversidades, sino también para ayudar a sus compañeros ante cualquier dificultad que surja.
  5. Enseña positivismo. Ser positivo consiste en valorar por encima de todo aquello que tienes. Personalmente creo que el positivismo está muy ligado al autoconcepto que todos tenemos de nosotros mismos. En una sociedad tremendamente consumista hay que invertir los valores que tienen los alumnos, es decir, hay que fomentar no lo que les falta, sino todo aquello de que disponen. Hay que hacerles ver de manera consciente qué es aquello que tienen y qué es lo que más valoran de lo que tienen, tanto en lo material como en lo que a las personas y a sus cualidades se refiere. Haz reflexionar a tus alumnos. Convénceles de lo mucho que tienen, y de lo muchos que pueden dar. Para mí, educar a las personas en el positivismo es tremendamente importante y, de hecho, puede ser determinante en caso de que un alumno pueda experimentar algún tipo de pérdida, ya sea de un familiar, de algún animal de compañía, o de algún bien de carácter personal.
  6. Potencia habilidades. Este es otro aspecto al que doy mucha importancia a la hora de educar a nuestros alumnos en la resiliencia. También va muy ligado al autoconcepto. De lo que se trata es de que sean los propios alumnos los que descubran por sí mismo cuáles son sus habilidades, es decir, en qué son buenos, en qué pueden llegar a ser los mejores. Una vez lo hayan descubierto, nosotros los docentes debemos potenciarlo al máximo con los recursos que tengamos. Pensar en el potencial que puede suponer una clase de treinta alumnos. Son treinta potencialidades distintas. Es un tesoro enorme del que ellos no tienen conciencia. Estas habilidades podrán resultar claves para poder superar experiencias que se consideren traumáticas.
  7. Enseña a resolver problemas. Posiblemente este sea uno de mis apartados favoritos. La resolución de problemas, o de conflictos, es un aspecto que cada vez más se tiene en cuenta en los centros escolares. Debemos ver el conflicto como una oportunidad, es decir, como una posibilidad de resolución. En este sentido las comisiones de convivencia de los centros escolares resultan claves y la formación de alumnos mediadores son una extraordinaria oportunidad de gestionar conflictos no individuales, sino de centro. Aquellos centros escolares que tejen una buena red de mediadores, serán centros que estarán mucho más preparados para afrontar las adversidades que puedan surgir a lo largo de un curso escolar. Al respecto de este punto recomiendo la lectura del artículo El conflicto escolar visto como una oportunidad.
  8. Fomenta la autoestima. La autoestima puede jugar un papel decisivo para hacer frente a cualquier tipo de adversidad. De ahí que debamos insistir en reforzar al máximo la autoestima de nuestros alumnos. Y podemos hacerlo a través de lo que denomino el refuerzo positivo incondicional, es decir, recordando y verbalizando lo mejor de cada uno de tus alumnos, celebrando sus logros y compartiéndolos con el resto.
  9. Crea redes de apoyo. Es fundamental tranmitir a nuestros alumnos que nunca estarán solos ante una adversidad, sea del tipo que sea. De ahí que es muy recomendable establecer redes de apoyo entre compañeros, establecer grupos, alianzas entre los miembros de un mismo grupo. De lo que se trata es crear vínculos, de crear amistades que puedan perdurar en el tiempo y que en la adversidad se conviertan en una red de seguridad. A través de esta red de apoyo los alumnos pueden dar lo mejor de sí en cada momento y retroalimentarse de la gratitud y de la bondad que reciben por parte de sus compañeros.
  10. Enseña perspectiva. La perspectiva no es más que el punto de vista desde el cual analizamos la realidad que nos rodea. Por eso es tan importante enseñarla a nuestros alumnos. Ante una situación adversa, la perspectiva juega un papel fundamental para la superación de la misma. De lo que se trata es de descentralizar el foco del dolor y del sufrimiento a través, precisamente, de la perspectiva. Con la perspectiva lo que lograremos es relativizar el problema, es decir, disminuir su magnitud y la desproporción que experimentamos en una situación adversa. A mayor perspectiva, mayor visión. Y a mayor visión, mayor será la posibilidad de superar una situación traumática.

Estas son algunas de las actuaciones que pueden hacer de tus alumnos unos alumnos educados en la resiliencia. Soy consciente de que el reto es ambicioso, pero estoy seguro de que hay muchas de las actuaciones que aquí propongo que en algún momento has puesto en práctica. De lo que se trata es de ir construyendo día a día, sesión a sesión , unos mecanismos que propicien que puedas enseñar la resiliencia en tus sesiones lectivas. Estoy convencido de que los centros que fomenten la cultura de la resiliencia serán los centros que mejor gestionen las adversidades, tanto desde el punto de vista individual como colectivo.

Quisiera acabar el artículo de hoy con una cita que me gusta recordar cuando me enfrento a alguna adversidad. Desconozco su autor y reza así:

No pidas una carga ligera, sino una espalda fuerte 

Cómo conseguí que un alumno me diera su móvil durante una sesión lectiva

23 marzo 2018

Santiago Moll

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Hoy vengo a contarte una historia. Hoy vengo a contarte cómo conseguí que un alumno con una alta conflicitividad en el aula me diera su móvil tras haberlo estado utilizándo durante una sesión lectiva. Lo que te voy a contar es exactamente lo que pasó. Y te lo voy a contar para que veas que existen muchas formas de pactar con nuestros alumnos, que existen muchas formas de llegar a acuerdos y que lo más importante no es que ganes tú, sino que ganes tú, el alumno y el grupo.

El perfil del alumno.

El alumno protagonista de esta historia es un alumno de 13 años, con un problema de conducta severo en el aula y que forma parte del programa de integración del centro, al tener un desfase en su currículum de más de dos años. Es un alumno que no sigue las clases ordinarias y que rechaza la realización de otras actividades. Durante el curso lleva acumuladas docenas de expulsiones, principalmente por no respetar las normas del centro y por faltas continuas de respeto hacia sus profesores y compañeros.

La norma del centro acerca del móvil.

La norma del centro acerca del móvil es muy clara y viene recogida en el Reglamento de Régimen Interno del Centro.

  • Cuando un alumno saque el móvil durante el transcurso de una sesión lectiva, el docente se lo requisará y se lo entregará al jefe de estudios que será el encargado de custodiarlo durante el resto de la jornada escolar. Al alumno se le sancionará con una hoja de incidencias.

La historia del alumno que me dio su móvil durante una sesión lectiva.

Todo empezó en el transcurso de una sesión lectiva. En esta sesión me llamó la atención el tiempo que llevaba callado  el alumno que protagoniza esta historia. En ese momento le miré y observé que tenía las manos debajo del pupitre y la cabeza agachada y con cara de concentrado. Me alcé de la silla y entonces vi que estaba usando su móvil. En ese momento yo estaba sentado en mi silla y él estaba situado en la otra punta de la clase.

Primer intento para que me diera su móvil.

Cuando le vi, me volví a sentar, paré la clase y me dirigí de palabra hacía él, sin moverme de mi sitio. Le dije que le había visto usar el móvil y que el reglamento era claro al respecto. Así que le pedí por favor que me entregara su móvil. ¿Cuál fue la reacción del alumno? La reacción del alumno fue la de negar que estaba usando el móvil. Mientras me dirigía a él de palabra, él escondió su móvil en el bolsillo. Dijo que no tenía ningún móvil. Lo negaba una y otra vez.

Segundo intento para que me diera el móvil.

Lo que hice a continuación fue algo que quiero que recuerdes bien. Me levanté de la silla y avancé hasta quedarme pegado a la pizarra, a una distancia considerable del alumno. Se trataba de la primera negociación y no era conveniente acercarse mucho al alumno. En esta posición conseguí ganar visibilidad y presencia, pero también intenté ganarme al resto de la clase para que me ayudara a que el alumno me diera su móvil. Yo le repetí al alumno que le había visto usando el móvil y que debía respetar las normas del centro, como los demás compañeros de clase. En ese momento se trataba de ir empatizando con el alumno y con el grupo. Y ahí se produjo un cambio. El alumno reconoció que había usado el móvil, pero que no pensaba dármelo.

Tercer intento para que me diera el móvil.

Llegó el momento en el que me acerqué a él, pero respetando su espacio vital, sin agobiarlo. El tono que había utilizado para hablar con él había sido en todo momento relajado, pausado, tranquilo y con unas instrucciones claras en las que le había recordado el reglamento. Por tercera vez le pedí que me diera su móvil y continuó negándose. Y en ese momento fue cuando decidí pactar, en ese momento vi que no podía ganar del todo, que para ganar también tenía que perder.

¿Cómo negocié para que me diera su móvil?

Cuando vi que la conversación se estaba enquistando, decidí cambiar de estrategia y negociar, es decir, llegar a un pacto en el que el alumno se diera cuenta de que él también podía ganar algo. Lo que pacté con él fue que a cambio de que me devolviera su móvil, yo le prometía que al final de la sesión lectiva se lo devolvería en lugar de dárselo al jefe de estudios. Además, para evitar una hoja de incidencias, le pedí que se comprometiera a no sacar el móvil nunca más en mi clase. Cuando terminé de explicarle el pacto, pasó algo asombroso y lo mejor de la historia. Dos alumnos de la clase, casi al unísono, se dirigieron a su compañero y le dijeron que era un buen pacto, que valía la pena aceptarlo, que a ellos les parecía justo. Lo que había conseguido era poner a la clase a mi favor y eso fue determinante, porque en ese momento el alumno se levantó de su silla, metió su mano en el bolsillo, me entregó su móvil y me dijo que no lo sacaría más en mi clase.

¿Qué hice a continuación?

Lo primero que hice fue darle las gracias por haberme dado su móvil y luego di las gracias al grupo por haberme ayudado a solucionar entre todos el conflicto. Yo le repetí el pacto al alumno. Es más, cogí el móvil y lo dejé encima de mi mesa recordándole que al final de la clase se lo devolvería en lugar de llevarlo al jefe de estudios. Una vez dicho esto, seguí con la clase.

¿Qué puedes aprender de la historia del alumno que me dio su móvil?

Una de las fases de la resolución de un conflicto, de una mediación consiste en pactar. Sin duda, se trata de uno de los procesos más importantes de una mediación porque en esta fase, cada uno de los miembros debe ceder en algo.

En muchas ocasiones los docentes nos olvidamos de pactar y sancionamos directamente. Sí. Sé que no cumplí la norma del centro respecto al móvil, pero en ocasiones hay que pasar por delante de las normas y evaluar la situación y el perfil del alumno. Y determinadas situaciones requieren determinadas soluciones. Lo que pacté con el alumno en la gestión de conflictos se denominacompromiso, que no es más que utilizar estrategias que permiten obtener una parte de tus intereses a cambio de ceder en otros. También se denomina miniganar / miniperder.

  • Miniganar:
    • Yo obtengo el móvil del alumno. El alumno se compromete o no volver a sacarlo.
    • El alumno obtiene el móvil al final de la sesión lectiva. Evita una hoja de incidencias.
  • Miniperder:
    • No cumplo a rajatabla con la norma impuesta por el centro.
    • El alumno se queda sin móvil el resto de la sesión lectiva y se ha comprometido de palabra que no lo sacará más en mis clases.

Para finalizar, quiero recordarte algunas actuaciones que conviene tener presente en estas situaciones:

  • Mantén un tono firme, pero no autoritario.
  • No alces la voz, no grites. Mantén un tono conversacional y te ganarás la confianza del alumno y del grupo.
  • No vayas en primera instancia hacia el alumno. Vete acercándote paulatinamente para que no se sienta presionado desde un principio.
  • No le hables sólo al alumno, dirígete también al resto de la clase y gánate su complicidad.
  • Agradece al alumno y al resto de compañeros el hecho de que hayáis llegado a un compromiso, a un pacto.

Cuando pienso en la palabra pactar siempre pienso en el color gris, en ese color a camino entre el blanco y el negro, entre la victoria y la derrota, entre la imposición y la negociación… Por cierto, el alumno cumplió su palabra y no ha vuelto a sacar su móvil en mi asignatura.

 

Esto es lo que necesitan tus alumnos para sentirse felices

22 marzo 2018

Santiago Moll

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Hacer que tus alumnos se sientan felices. ¡Cuánto me apetecía escribir esta entrada! El artículo de hoy tiene como finalidad darte a conocer de qué manera puedes hacer que tus alumnos se sientan más felices, es decir, quiero enseñarte de qué manera puedes contribuir a la felicidad de tus alumnos. Para ello me centraré en cinco aspectos que me parecen esenciales y que en muchas ocasiones olvidamos con demasiada facilidad. Te aseguro que, después de haber leído este artículo, te darás cuenta de cuán fácil es a veces convertir a un alumno en un ser feliz.

¿Quieres hacer felices a tus alumnos? ¿Te apetece descubrir las cinco necesidades básicas para que tus alumnos sean personas felices? Si es así, te invito a que sigas leyendo el artículo que espero te sea de utilidad.

Del HACER al SER en el aula. ¿Cómo se consiguen alumnos felices?

Cada vez tengo más y más claro que hay dos maneras de entender la educación actual. Una sería la educación del hacer y otra la educación del ser. ¿Qué diferencias existen para mí entre ambas?

  • La escuela de HACER:Esta escuela representa para mí todo lo relacionado con el contenido, con los resultados, con el éxito personal. Es la escuela que prima la selección por encima de la inclusión. Es la escuela de la individualidad y de la productividad.
  • La escuela del SER:Esta escuela representa para mí la escuela centrada en las emociones, la escuela centrada no en los contenidos, sino en las personas, donde lo importante no radica exclusivamente en lo que uno sabe, sino también en lo que uno es o puede llegar a ser. Es una escuela que se rige por valores, que prioriza los procesos por encima de los resultados, una escuela social donde ser feliz debe ser el punto de partida y de llegada de cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje.

Sé que puede resultar una distinción demasiado simple, pero creo que ejemplifica en qué tipo de escuela quieres que aprendan y sean tus alumnos.

A partir de aquí y hecha esta distinción entre el hacer y el ser en el aula, llega el momento de pensar de qué manera puedes influir en tus alumnos para que sean unos alumnos felices. Tal vez te preguntes:

¿qué necesidad tengo de hacer felices a mis alumnos?

Para mí la respuesta a esta pregunta es muy sencilla. Cuanto más felices sean tus alumnos, mayor capacidad tendrán para aprender y relacionarse.

Lamentablemente, en demasiadas ocasiones nos centramos exclusivamente en lo que deberían saber, sin pensar en la importancia de lo que deberían ser.

¿Qué necesitan tus alumnos para ser felices?

PARA QUE TUS ALUMNOS SEAN FELICES NECESITAN…

Ø     SER ACEPTADOS

Ø     SER VALORADOS

Ø     SER AMADOS

Ø     SER RESPETADOS

Ø     SER AYUDADOS

 

La respuesta a esta pregunta la he encontrado en un libro que me ha cautivado de principio a fin. Se trata del libro titulado Razón y emoción, de Ferran Salmurri. Un libro cargado de ideas realmente prácticas para, precisamente, pasar del HACER al SER en el aula.

Pues bien, Ferran Salmurri afirma que para ser felices necesitamos sentirnos:

  1. Aceptados.Tus alumnos necesitan se aceptados por sí mismos, por el grupo y por ti. Dicha aceptación hará que tus alumnos ganen en autoconfianza, en seguridad y se sientan cómodos durante el tiempo que conviven contigo y con sus compañeros en el aula.
  2. Valorados.Otro elemento fundamental para que tus alumnos sean unos alumnos felices es que se sientan en todo momento valorados por ti. De lo que se trata es de reforzar a tus alumnos positiva e incondicionalmente. De ahí que sea tan importante gestionar correctamente el error. Sobre cómo premiar el error de tus alumnos te recomiendo la lectura de esteenlace.
  3. Amados. Siempre he pensado que  amar consiste por encima de todo en un acto de generosidad. La profesión de docente es, básicamente, una profesión centrada en el dar. A mí me gusta practicar esa generosidad que se transforma en amor a partir de pequeños detalles. Detalles tan simples pero tan efectivos como una sonrisa, estar pendiente si necesitan algo, formularles una pregunta abierta al inicio de clase, en definitiva, preocupante por lo que les preocupa. Si quieres saber cómo enamoro a mis alumnos en el aula, no te pierdas la lectura del artículo10 Trucos para enamorar a tus alumnos.
  4. Respetados. El alumno respetado es aquel alumno que se siente escuchado por ti. Esa escucha debería ser una escucha activa, una escucha empática. ¿Y qué es la escucha empática? La escucha empatía es aquella escucha que sale del corazón.
  5. Ayudados. Esta última necesidad que hace posible que tus alumnos sean felices es una de las que más valoro. Seguramente coincidirás conmigo que hay ocasiones en las que te sientes desbordado intentando ayudar a tu alumnos en el aula, es decir, te sientes desbordado porque tienes la sensación de que no llegas a todo. Pero cuidado, este tipo de ayuda no tiene que ver con el ser, sino más bien con el hacer. Hay veces que para ayudar no hay que hacer, sino simplemente estar, estar al lado de tus alumnos, es decir, que se sientan acompañados por tu presencia.

Si lees bien estas cinco necesidades, te darás cuenta de que son necesidades básicas que en muchas ocasiones obviamos en el aula porque estamos demasiado pendientes haciendo, produciendo y generando contenido.

Ser felices, ¿un deber? A modo de conclusión.

Aceptarvaloraramarrespetar y ayudar. Cinco necesidades, cinco retos para una escuela de personas, una escuela donde tus alumnos crezcan desde los valores, una escuela que fundamente sus cimientos desde la felicidad.

Ojalá que esta entrada te haga feliz para poder así hacer felices a tus alumnos. Acabaré con una de mis citas favoritas que aparece en el libro El principio 80/20: El secreto de lograr más con menos, de Richard Koch y que reza así:

“La felicidad es un deber. Deberíamos decidir ser felices. Deberíamos esforzarnos para lograrlo. Y, al hacerlo, deberíamos ayudar a quienes están a nuestro lado, e incluso a los que sólo pasan de camino, para que puedan compartir nuestra felicidad.”

 

El día que decidí 25 formas de desaprender para seguir aprendiendo

21 marzo 2018

Santiago Moll

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Desaprender para aprender. Desaprender para crear. Desaprender para innovar. Desaprender para ser feliz. Así de fácil. Así de difícil. En el artículo de hoy te quiero explicar qué supuso para mí tomar la decisión de desaprender. Una decisión que ha transformado la forma que tengo de entender la educación y, por qué no decirlo, de entender el mundo. Seguramente, de lo que se trataba no era de buscar respuestas, sino de hacerme a mí mismo las mejores preguntas. De ahí que te explique algunos de misdesaprendizajes para que veas cómo se puede aprender desaprendiendo. ¿Aceptas el reto?

Desaprender para aprender y reaprender.

Desaprender no es lo contrario de aprender. Desaprender consiste en ir mucho más allá, consiste en replantearte lo que hasta este momento se ha considerado inmutable. Supone romper muchos esquemas que tienes tan asumidos que ni siquiera te replanteas cuestionar. Es por ello que quiero demostrarte en qué ha consistido, en que está consistiendo mi desaprendizaje.

  1. Dar más importancia al proceso que al resultado.
  2. No enseñar aquello que el alumno puede aprender por sí sólo.
  3. Asumir que el alumno puede aprender tanto fuera como dentro del aula.
  4. Asumir que el alumno también puede enseñarme algo.
  5. Lo que se aprende en la clase no tiene por qué quedarse en la clase.
  6. Los alumnos pueden aprender de ellos mismos y de sus compañeros.
  7. Cambiar elYo hablo y tú te callaspor el Y tú, ¿que opinas?
  8. Premiar positivamente el error.
  9. No enseñar aquello que nunca será de utilidad.
  10. Potenciar la reflexión y el espíritu crítico y rebajar la carga memorística.
  11. Asumir que el aprendizaje no es local, sino ubicuo.
  12. El saber no cabe en un libro de texto.
  13. Dar la oportunidad de que el alumno participe en el currículum del área.
  14. Los alumnos no deben aprender conceptos, sino destrezas y habilidades.
  15. El aprendizaje no termina cuando suena timbre. Empieza precisamente en ese momento.
  16. El alumno debe aprender a resolver problemas en lugar de recibir soluciones.
  17. Asumir las Nuevas Tecnologías como un medio, no como un fin.
  18. Enseñar al alumno que puede aprender cuando no está aprendiendo.
  19. Transformar la rigidez en flexibilidad.

20 Transformar la sanción por la negociación.

  1. Asumir que el aprendizaje académico pasa por un aprendizaje social.
  2. Cambiar los temas por las situaciones.
  3. Conectar lo que se enseña con lo que se vive.
  4. Asumir que se puede aprender jugando.
  5. Unir puentes entre aquello que enseñamos y lo que la sociedad demanda.

En la era del conocimiento ya nos es suficiente con aprender a aprender. Se hace imprescindible desaprender para dar cabida a nuevos procesos mentales, a nuevas destrezas, a nuevos retos. Sólo desaprendiendo serás capaz de ver la forma que tienes de enseñar desde otra perspectiva, una perspectiva alejada de prejuicios y viejos clichés.

 

3 Tipos de preguntas que como docente debes conocer. ¿Cómo debes formular una pregunta a tus alumnos?

20 marzo 2018

Santiago Moll

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Este artículo trata sobre cómo formular las mejores preguntas para obtener de tus alumnos las mejores respuestas. Unas respuestas que den pie al análisis, a la reflexión y que también sirvan para trabajar las emociones. 

  1. Preguntas abiertas. Son aquellas preguntas que no pueden responderse con un o un no. Este tipo de preguntas incide sobre lo informativo, lo descriptivo, pero también sobre lo emocional. Se trata, sin duda, del tipo de pregunta que debes fomentar en las aulas y cuando te dirijas a tus alumnos. Con este tipo de preguntas fomentas la conciencia de tus alumnos y aumentas la responsabilidad en lo que a las respuestas se refiere. Con las preguntas abiertas invitas a tus alumnos a que reflexionen. También son preguntas que te ofrecen un feedback o retroalimentación muy valiosa para con tus alumnos. Para ello debes empezar este tipo de preguntas con los pronombres interrogativos qué, cuándo… Siempre que te sea posible evita empezar con un por qué, dado que lleva consigo una crítica implícita y hace que el alumno se ponga a la defensiva.
  • ¿Qué razones tenía el personaje de esta novela para abandonar su casa?
  • ¿Cuáles son las causas de la Revolución francesa?
  • ¿Cómo describirías el estado en el que te encuentras?
  • ¿Por qué llegas tarde? (Criticas al alumno por su tardanza. Con esta pregunta generas desconfianza)
    • ¿Qué motivos han provocado que llegues tarde a clase? (Te interesas por la tardanza de tu alumno. Con esta pregunta trabajas las emociones)

Sobre las preguntas abiertas tal vez te interese este artículo publicado en el blog y titulado Cómo puntuar una pregunta abierta en un examen.

  1. Preguntas cerradas. Son aquellas preguntas que se responden con un , un no o una respuesta muy corta. Son preguntas que no invitan a la reflexión, que no invitan al diálogo. Es un tipo de pregunta que debes evitar siempre que te sea posible, sobre todo, cuando se trata de hacer preguntas en momentos emocionalmente complejos. La reiteración de preguntas cerradas puede dejar entrever que estás sometiendo a un interrogatorio a tu alumno, lo que hará que se distancie de las repreguntas y adopte una posición defensiva. Además, las preguntas cerradas tienden a aburrir a los alumnos, disminuyen el nivel de atención, obtenemos poca información y no trabajan las emociones. En muchas ocasiones las preguntas cerradas son tan generales que la información que se obtiene no es significativa.
  • ¿Cómo te encuentras?
  • ¿Tienes alguna duda? (Al alumno no le estás preguntando qué dudas tienes, que es en el fondo lo que te gustaría preguntar)
  • ¿Se ha entendido?
  • ¿Te ha gustado el libro?
  1. Preguntas implícitas. Son aquellas preguntas que dan por sabidas de antemano las respuestas. Se trata de un tipo de pregunta que debes evitar, porque ya dar por hecho que el alumno no es capaz de responder por sí mismo, que no tienes ninguna confianza en la respuesta que vaya a dar. Determinadas preguntas implícitas son poco útiles para trabajar las emociones, porque en ellas no se refleja tu preocupación hacia el alumno o hacia lo que sabe el alumno. Algunas de ellas también van acompañadas de una crítica implícita.
  • ¿Seguro que se hace así?
  • ¿Lo vas a entregar de esta manera?
  • ¿Otra vez quieres ir al lavabo?
  • ¿Se puede saber de dónde vienes?

A modo de conclusión. 

Si os habéis fijado en el nombre que recibe este blog, veréis que lleva por título Justifica tu respuesta. Lo cierto es que se trata de un título del que me enamoré y que siempre tuve claro que sería el título de un blog que es tan mío como tuyo. Pero además se trata de un título que creo que refleja a la perfección el espíritu de este blog. Un blog que no para de hacerse preguntas, que no para de hacerse preguntas abiertas que sean capaces de generar nuevas preguntas, que sean capaces de generar las mejores respuestas, que inviten a la reflexión, que inviten al conocimiento, que generen críticas y agradecimientos. Por mi parte ten por seguro que seguiré formulando las mejores preguntas para ti. Acabaré esta entrada con una cita de Wallace Stevens:

La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas.

 

 

En la distracción puede estar el aprendizaje

16 marzo 2018

Rosa María Torres / Pedagoga

La Capital. Rosario, octubre 2015

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Una invitación a revisar aquella ideología escolar que se obsesiona con la atención de los chicos en la clase y el control de la disciplina.

Cuando conversamos nos sucede que, al escuchar a nuestro interlocutor(a), de pronto nos desconectamos y nos “vamos”. Algo de lo que dice o hace nos recuerda una situación vivida, dispara una idea o bien echa luz sobre un objeto o un acontecimiento, y nos quedamos momentáneamente “enganchados” en esa conexión. Porque nos sucede, sabemos que a nuestros interlocutores también les sucede, y a veces con signos reconocibles.
Ese “desconectarse” del otro y ese “conectarse” con el propio pensamiento mientras se escucha hablar, es inevitable, por interesante que sea lo dicho (e incluso precisamente por eso). Nadie puede escuchar, sin distraerse, durante mucho tiempo. Ya sabemos por estudios que el tiempo de atención es corto entre niños y adolescentes, y que tiende a reducirse cada vez más en el mundo actual, lleno de apuros y distractores.
Es importante recordar, por otra parte, que escuchar —igual que observar o leer— no es una actividad pasiva. Quien escucha se involucra, relaciona lo que escucha con su propio conocimiento y experiencia. Es justamente en ese “desconectarse” y “conectarse” cuando se produce la “química del aprendizaje”: la información que se selecciona, se incorpora, se procesa y se convierte en conocimiento.
Esto que sucede en la conversación, sucede también en el aula. Mientras que la conversación implica diálogo, la clase tradicional suele ser monólogo —profesor que habla, alumnos que escuchan— y simulacro de diálogo —profesor que pregunta, alumnos que responden. El juego preguntas-respuestas es útil justamente como mecanismo para intentar mantener un estado de alerta permanente. Pero alerta no es necesariamente interés; es comportamiento inducido y controlado.
Atención y control.  La ideología escolar tiene obsesión con la atención en clase y el control de la disciplina. Asume que es posible una atención al 100 por ciento y que de ésta —garante de la disciplina— depende que se aprenda o no; que los aprendizajes se realizan a puertas y ventanas cerradas, en la intimidad del encierro institucional; que la lengua es la mejor tecnología de enseñanza y los oídos los dispositivos más idóneos de aprendizaje; que mantenerse sentados y escuchar es parte de la naturaleza humana y de la naturaleza de la enseñanza y el aprendizaje; que todos los alumnos aprenden lo mismo, de la misma manera y al mismo ritmo. Todo esto no hace más que anular la posibilidad misma de aprender.
Es objetivamente imposible estar todo el tiempo atento en clase: los alumnos “se van” y “vienen” constantemente, se aburren por momentos, se interesan en otros.

 

La “clase magistral” ha perdido el estatus que solía tener. Los aprendizajes más importantes no ocurren dentro de un aula. La lengua no es la tecnología más apropiada de enseñanza ni los oídos los canales más confiables para aprender. Los alumnos necesitan ser motivados a aprender, estimulados a descubrir qué les motiva, qué les apasiona.
Cada quien aprende de manera diferente y a su propio ritmo, se interesa por cuestiones diferentes, se distrae y se engancha en momentos diferentes. Por eso la necesidad de aceptar que puede haber abismos entre lo dicho y lo escuchado, entre lo enseñado y lo aprendido. Por eso la necesidad de ser muy cuidadosos y responsables con la etiqueta de “déficit de atención con hiperactividad” (TDAH) que con tanta facilidad se aplica hoy a los alumnos. La investigación dice que el ejercicio físico mejora notablemente la atención y la cognición, y que el aburrimiento puede ser un poderoso aliado de la creatividad…
Lo que parece “distracción” puede ser el verdadero momento del aprendizaje: la conexión entre lo que se escucha y lo que se recuerda, entre lo que se ve y lo que se imagina, entre el aula y el mundo real. La viñeta de Frato que ilustra este texto es una poderosa metáfora pedagógica sobre la necesidad de abrir las ventanas para dejar que ocurra el aprendizaje, para descubrir y apreciar la mariposa de verdad.

El artículo pertenece al blog otra-educacion.blogspot.com.ar y es reproducido con autorización de la autora