“La escuela en una encrucijada”

7 marzo 2017

Por Antonio Capriotti

El Ciudadano Web & gente

Junio 2015

.0.0.0.0.0.0.0.0.

Educación: Un especialista analiza el impacto de la cultura narco en la comunidad escolar. Para el psicólogo social Horacio Tabares, lo que predomina en el conjunto social se expresa en las instituciones escolares. “Prevalece el consumo de alcohol, que es una de las sustancias psicoactivas legales”, explicó el especialista.

Horacio Tabares es psicólogo y psicólogo social y viene trabajando sobre adicciones, violencia y escuela desde los años 80, en el territorio. Desde esa época, e instalado en Empalme Graneros, trabaja formando operadores sociales y recibiendo reclamos de docentes que, desbordados, le demandan ayuda. Tabares sostiene que la violencia en las instituciones escolares, “no es, nada más y nada menos, que la transcripción de lo que pasa en los contextos sociales conflictivos”.

Los datos incontrastables lo proveen los docentes que “sienten” el impacto del consumo de sustancias psicoactivas acompañado con incrementos de la violencia en las instituciones escolares. “Es un reflejo de la violencia social”, sostiene Tabares y agrega: “Lo que predomina en el conjunto de la sociedad se expresa en las instituciones escolares. Prevalece el consumo de alcohol que es una de las sustancias psicoactivas legales. Los docentes reportan que al comienzo de la semana se perciben indicadores claros de consumos desbordados sobre todo de alcohol. También marihuana y, en menor medida, psicofármacos”.

Para Tabares, las sustancias incentivan los niveles de violencia que aparecen en las instituciones escolares. Si bien siempre existieron algunos tipos de violencias, las de ahora van tomando un cariz más dramático y siniestro.

“Nuestras hipótesis encuentran su raíz en las «culturas narco»”, sostiene Tabares. “Si tomamos un ejemplo nos puede ayudar: el bullyng como conducta de agresión hacia otros, es conocido desde hace tiempo, pero ahora hay chicos que llevan facas y armas de fuego a las escuelas. El escenario es mucho más siniestro que hace unos pocos años atrás”.

—¿Por qué siniestro?

—Porque la violencia alcanza un alto grado de desproporcionalidad. Y no se respetan las condiciones físicas de un otro cercano, de alguien que representa una figura cuasi familiar. Se daña a un compañero, a un amigo. El agresor es alguien que comparte espacio y tiempo con su víctima, a la que inmoviliza y aterroriza.

Para Tabares, “se ha instalado en nuestra sociedad una cultura narco, agrupamientos narcocriminales que han crecido y se han desarrollado en los grandes centros urbanos del país, en los últimos años y que se están encargando de implantar modalidades feroces de imponerse, donde el terror forma parte de esa cultura, justamente para imponerla. Por eso se encargan de emitir un mensaje que subordine a quienes no conocen sus metodologías e, incluso, un mensaje para adentro de su propia gente. De este modo, logran imponer su hegemonía en los barrios”.

Rosario nos muestra este escenario con macabra insistencia. Hace pocos días un prepúber caía baleado desde el techo de una precaria construcción. Custodiaba un búnker en un barrio de la ciudad, con un arma de fuego y una molotov. Allí, en Rolando, están dramáticamente sintetizados el terror y lo siniestro.

Con la precisión de un profesional y con el dolor de un hombre, Horacio Tabares, ensaya un recorrido por su hipótesis: “En él, en ese chico prepúber, se cristalizan como mensaje lo siniestro y la implantación del terror. Un chico, que es empujado a repetir conductas que se dan en poblaciones que están en estado de guerra. Es como instalar un foco de guerra en medio de una ciudad que permanece indiferente y ni siquiera registra el hecho ni su gravedad. Lo que ocurre con estos hechos, es que no «alcanzan» a hacerse «comprensibles», en el medio donde irrumpen. Esto es justamente lo que nos conmociona y le dan a estos hechos su carácter siniestro”, enfatiza Tabares.

—No resulta difícil entender lo que estos mensajes buscan crear en la gente; lo que se hace difícil de comprender es que haya irrumpido con tanta brutalidad, lo por usted denominado, ‘la cultura narco’.

—Son formas de instalar hegemonías. Modalidades de ciertas características. Últimamente en nuestros grupos de estudio barajamos como hipótesis que estos agrupamientos narco están emparentados con los diferentes tipos de fascismos, por varias razones; en primer lugar, porque son expresiones de concentración de grupos corporativos que manejan un gran poder económico y un alto poder de fuego. Por la metodología con la que imponen una cultura, buscando subordinación para ejercer su hegemonía; y, a su vez, aparecen, frente a una población que va quedando indefensa, a la que le ofrecen prebendas, mostrando su costado populista. Grupos con comportamientos paternalistas y con perfil de pseudo protectores.

—¿Cómo se vuelcan esta cultura y sus comportamientos a la dinámica escolar?

—Uno de los objetivos atacados apunta a la erosión del vínculo pedagógico encargado de lograr el aprendizaje escolar; el otro es la alteración de la salud mental de los actores sociales vinculados al hecho pedagógico, es decir docentes, alumnos y padres. Y el otro es la modificación de la vida cotidiana escolar, la que, por efecto de los actos violentos hace que la institución escolar se vea forzada a «acorazarse»: enrejados, candados, medidas precautorias de la comunidad educativa para evitar que la violencias desde afuera se filtren para adentro. Una institución que debería estar abierta a la comunidad se «cierra» para autodefenderse, cuando en realidad debería ser lo contrario: trabajar para que aumente el caudal de comunicación entre escuela y comunidad.

Propuestas

Cuando se le piden propuestas para disminuir el índice de violencias en las instituciones escolares, Tabares se muestra cauto, aunque firme: “Hablamos de propuestas”, dice, “sólo pensando en aquello que es posible hoy. Por empezar si la sociedad no disminuye sus niveles de violencia, va a ser muy difícil disminuirlos en las instituciones escolares.

Luego, es preciso e impostergable el control sobre tráfico de drogas y de sustancias psicoactivas. Mientras tanto es necesario controlar los niveles de consumo. Hay algo que nosotros hemos aprendido. que es posible, pese a los contextos, generar climas institucionales que favorezcan la instalación, la circulación y la aprehensión de una cultura de la tolerancia y de respeto. Estos climas institucionales son laboriosas construcciones que tienen que realizarse a partir de encuentros, en primer lugar entre los docentes, pero también entre alumnos. Reflotar e incentivar a los consejos en los que los mismos alumnos establezcan normas de funcionamiento consensuadas con la propia comunidad docente. Trabajar e interrogar las relaciones refractarias. Entendemos por relaciones refractarias aquellos vínculos que son inconducentes como para generar un clima de trabajo y participación y de comprensión mutua entre docente y alumno, todo lo cual tiene que ver con propuestas pedagógicas”.

—Ustedes hablan de adolescentes preventores y de madres preventoras, ¿nos puede explicitar?

—Es un trabajo focalizado en formar a adolescentes preventores que no es otra cosa que incentivar el protagonismo de los adolescentes y de sus familiares para que se capaciten y puedan actuar ayudando a sus propios compañeros y vecinos del barrio en la tarea de prevenir el consumo de sustancias. Los que mejores pueden transmitir una cultura preventiva son los integrantes de una población involucrada en el problema. Este dispositivo busca generar un grupo de adolescentes, madres y padres que estén involucrados en llevar esta propuesta a la comunidad educativa y barrial. Hemos experimentado este sistema con cierto éxito en algunos lugares.

—¿Contempla, además, la implementación de mecanismos intrainstitucionales?

—Sí, de hecho, ya hay algunos que funcionan: cooperadoras, asociaciones de padres, centros de estudiantes. Además los docentes pueden, y algunos lo hacen, transformarse en referentes institucionales.

—¿Reciben muchas consultas de docentes?

—Justamente, son los docentes quienes tienen la necesidad y nos demandan capacitación, contención y ayuda para enfrentar diariamente estos temas vinculados a la violencia y al consumo de sustancias psicoactivas. La escuela en la encrucijada. Entre drogas y violencias; es un libro que escribí, presentado este año, con el objetivo de hacerlo llegar a la comunidad que necesita herramientas para enfrentar el desafío cotidiano de bajar los niveles de violencia social e institucional. Por otro lado, toda actividad de capacitación es ya y de por sí una actividad preventora”.

 

 

Derechos del niño, letra muerta para Rolando

6 marzo 2017

El Capital Rosario, Junio 2015

-0-0-0-0-0-0-0-0-

El nene de 12 años que llegó a Rosario escapando de la pobreza y encontró la muerte custodiando un búnker.

El titular del periódico volvió a estremecernos: “Mataron a tiros a un chico de 12 años que custodiaba un búnker”.

El absurdo de una vida pequeñita torpemente tronchada nos subleva. Rolando recién comenzaba a caminar las sufridas callecitas de la humilde barriada de Ludueña, en senderos amasados por el barro de la miseria y la esperanza de un futuro mejor. Dejo allí su cuerpito menudo cegado por la bala asesina de otro pibe, que tal vez como él, se había embarcado en una apuesta macabra de defender con su cuero los oscuros intereses vinculados a la droga.

Pienso que en la corta vida de Rolando cristaliza parte del drama que sufre la otra Argentina. Aquella que no fue favorecida por “la mano invisible del mercado”, que no habita en los suntuosos edificios donde para solaz de pocos se goza del infinito de su “río marrón”. No, Rolando como muchos de nuestros hermanos, llegó escapando a la indigencia de un Chaco gerenciado por torvos capataces, y anidó en dolientes geografías, habitadas por gentes que como él soñaban con algo más promisorio para su existencia.

Trama siniestra. A este pibe, como a tantos otros, no lo esperaba el afecto de su maestra de escuela, el plato caliente de la mesa familiar y el picadito en el potrero de la esquina. El, como tantos otros, se topó con ese perverso maridaje que establece el comerciante local, con el policía corrupto y con el político más corrupto aún.

Es en el desanude de esta trama siniestra donde empezamos a encontrar razones para entender el destino de pibes como Rolando que llegan al mundo con sus límites marcados a flor de piel.

Porque estos hermanos, pobres de toda pobreza, huyen de su terruño, expulsados por los dueños de la tierra, para recalar en otro infierno. Es verdad, como acotará alguien, que los consumos de drogas (legales e ilegales) no son patrimonio de las zonas más desamparadas del ejido urbano. También en los colosos de vidrio y acero circulan sustancias de todo tipo. Pero allí, donde crecen los Rolandos, los consumos son más sórdidos, más letales. Como decía un vecino de Ludueña: “Tengo 25 años y soy falopero (drogadicto). Esto es Ludueña papá. Siempre hay alguien que te la vende. Mientras que otra doña acotaba: hay mucha indignación porque nosotros esto lo vivimos a diario. Muchas veces vemos cómo a los pibitos los molían a palos para que vendieran” (1).

Los derechos del niño han sido letra muerta para Rolando.

La muerte evitable de un pibe de 12 años nos subleva, pero si el hecho es consecuencia de una ejecución narco, donde ese niño era esclavo de otro comerciante, nuestra indignación no tiene límites. Es cierto, a este chiquito lo liquidó la pistola insensata de otro (quizás igual a él), pero quienes cargaron las balas habitan otros escenarios, en los que se mueve el dinero fuerte y a donde no llega el dolor amargo de la pobreza.

Derechos. Sin embargo otro interrogante que nos lacera: ¿Dónde están los funcionarios del Estado cuando esto ocurre? A estos señores desmemoriados, hábiles para maquillar situaciones conflictivas, me permito transcribirles un par de artículos de la Convención Internacional por los Derechos de la Niñez, convertida en la Ley Nacional 23.849:

“Art. 32.- Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligrosos, o que sean nocivos para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social” “Art.33.- Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas, incluidas medidas legislativas, administrativas, sociales y educacionales para proteger a los niños contra el uso ilícito de los estupefacientes y sustancias psicotrópicas?..” (2). El texto es de una claridad absoluta, pero parecería ignorada por algunos, dado que afirma los derechos de los niños contra la explotación y los protege de los consumos de sustancias, remarcando esta responsabilidad en el Estado.

Así es que muchos pibes como Rolando, que son parte de ese doliente universo de los “nadies” que con tanta precisión pintara Galeano, son excluidos de la categoría de niños, quedando invisibilizados por el sistema que solo advierte su presencia cuando son nota en las rojas crónicas policiales.

Deuda social. De chicos como él hemos escrito: “Así es que este pibe ingresa a un sistema perverso donde por imperio de las circunstancias se configura como víctima/victimario. Está armado, él que tendría que estar jugando con otros pibes, juega sí su vida en una guerra extraña, que le es ajena… puede desde allí matar, eliminar, imponer las marcas del terror. Pero él, como el otro, su antagonista, circunstancial enemigo, es prisionero de una malla siniestra, cuyos hilos son movidos desde otros lugares. Intuye quizás, que su vida tiene un precario horizonte e intenta vivir esa fugacidad con premura…” (3).

Para que nunca más tengamos que llorar a otro Rolando.

Por cierto que no son cárceles, ni policías prepotentes, ni leyes duras quienes van a impedir repeticiones de estas escenas siniestras. Hay que resolver la deuda social que condena a miles de hermanos a existir en condiciones inhumanas. Trabajo estable, vivienda confortable y atención de su salud. Necesitamos más y mejores escuelas nutricias, donde docentes dignificados transmitan/construyan colectivamente una cultura del respeto, de la tolerancia y del esfuerzo compartido. Estrategias de reducción de la oferta (que apunte al corazón de los carteles narco), de reducción de la demanda y de atención clínico terapéutica. Pero fundamentalmente apelar al protagonismo de la gente para reinstalar una ética solidaria necesaria para la construcción de una patria donde vivamos con dignidad.

(1) Graciarena, Leo, “El peor final para un pibe en Ludueña”, La Capital, pag.38 14/6/15

(2) Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Asamblea General de la ONU 20/11/89

(3) Tabares, H. “La escuela en la encrucijada: entre drogas y violencias”, Ediciones Del Revés. Rosario. 2015

 

“La escuela es la que hoy garantiza el hábito lector”

3 marzo 2017

La Capítal Rosario 205

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

La escritora Silvia Shujer asegura que los adultos leen poco, sin embargo les suelen achacar esta falta a los chicos.

Desde un rincón de la Biblioteca Popular Cachilo, Silvia Shujer responde con entusiasmo cada pregunta de las maestras. Todas apuntan a conocer sobre su oficio de escritora y su predilección por la literatura infantil. Comparte que disfruta a pleno del juego que le propone el lenguaje y que sigue divirtiéndose con las anécdotas que surgen en sus charlas con los chicos, como aquella vez que los padres de una escuela se alertaron porque pensaban que iba “Silvia Süller a conversar con sus hijos!”. También considera que “la escuela, la biblioteca son las que hoy garantizan la continuidad del hábito lector”. Y opina que “los adultos leen poco”, aunque siempre buscan achacarles a los chicos esa falta.

 

La autora de Las visitas, Oliverio junta preguntas y El pescador de sirenas (su último libro publicado) estuvo en Rosario el martes pasado. Por la mañana, en la biblioteca de la zona oeste en una capacitación que organizan junto al Plan Nacional de Lectura, que busca hacer de la escuela una comunidad de lectores. Y por la tarde mantuvo una charla con estudiantes de 3º y 4º años de los profesorados de inicial y primario en el Normal Nº 2. Shujer nació en Olivos (provincia de Buenos Aires), escribió para revistas infantiles y publicaciones especializadas en literatura infantil, y ha recibido premios y distinciones por sus producciones literarias; entre otros, el Premio Casa de las Américas (1986) por su obra Cuentos y chinventos y el Tercer Premio Nacional de Literatura por Las visitas 1995), otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación. Entre sus libros figuran Historia de un primer fin de semana, Un cuento de amor en mayo y A la rumba luna.

 

□Mientras termina de dedicar libros, habla de su perro Borges al que le escribió el poema Tango Feroz, recorre con la mirada la Cachilo y dice una y otra vez “qué lindo está esto”, “qué bien” sobre el encuentro con los docentes. También cuenta que eligió ser escritora porque sintió que era la mejor manera de expresar lo que sentía. Más cuando empezó a escribir para niños. “Fue como si las palabras hubieran estallado en toda su potencialidad en la escritura para chicos. La gracia, el sonido, toda la potencia me aparece ahí”, dice y se entusiama con lo que relata.

 

 —¿Es común que en los encuentros con los docentes te pregunten, como ocurrió aquí en la Cachilo, más por tu oficio que sobre qué hacer con los alumnos y la lectura?

 

—En realidad no hay una modalidad típica de pregunta, pero cuando están bien estimulados y leyeron cosas mías antes, las preguntas son más interesantes porque vienen a nutrirse, a averiguar sobre la cocina de la obra y el oficio de la escritura. Y, en realidad, es lo más rico que uno puede transmitir. Yo como escritora me siento mucho más cómoda hablando de esto que de la teoría literaria en general. Sí, me pareció interesante el nivel de preguntas que me hicieron aquí las docentes porque iban bien al corazón del oficio.
  —Ante la preocupación de muchos padres de que “no saben qué hacer” para que sus hijos lean, ¿no será que en las familias donde existe un ambiente de lectura y escritura esta pregunta no es tan necesaria?

—Ahora la modificaron por otra: “El chico está todo el tiempo en la computadora”. Es una manera de cambiar el eje de una misma cuestión que toma a los chicos como chivos expiatorios de una realidad que tiene mucho que ver con los adultos, en todo caso con una problemática social: se lee poco.

 

Los grandes leen poco. Los adultos leen poco. Están frente a las pantallas pero no en general frente a textos de ficción y de divulgación. Entonces muchas veces se recae sobre los chicos con esto de que “están mucho frente a las pantallas”, “que no leen”, cuando en verdad es un problema más general. En estos momentos la labor más importante en relación con la posibilidad de dar de leer a los chicos está muy mediatizada por la escuela; con lo bueno y lo malo que eso significa. Pero hay políticas, planes en relación a la lectura que son muy potentes, que tienen a la biblioteca de la escuela como un lugar de trascendencia.
  —¿Por ejemplo?

 

—Hay políticas como las de la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), por las que todos los años se les da dinero a las bibliotecas para que compren sus propios libros. No está centrado desde Buenos Aires, como pasaba en otras épocas. Que se descentralice la compra del material es muy importante, también que cada bibliotecario, de acuerdo a la región a la que pertenece, pueda definir qué es lo que necesita su biblioteca para conectarse con la comunidad y los lectores.

 

Me parece que ese es uno de los mayores logros de estas políticas. También el Plan Nacional de Lectura, que mejores y peores hubo en casi todos los gobiernos. Este viene siendo muy sostenido. Incluye la compra de libros que es fundamental porque no hay plan sin libros. Entonces, yo creo en lo individual, porque en una casa en donde hay libros y donde hay lectores es mucho más factible que aparezca un chico lector, pero en este momento sobre todo creo que lo que garantiza la continuidad del hábito lector tiene mucho más que ver con lo institucional.

 

  —¿Con la escuela?

—Con la escuela o las bibliotecas.
  —Hace poco y en una conferencia Emilia Ferreiro sostuvo que los chicos de ahora llegan a la escuela con las pantallas y en la escuela se encuentran con los libros, mientras que para los docentes el proceso es inverso. ¿Se trata de una oportunidad para ofrecerles una buena experiencia de lectura desde los primeros grados?

 

—Desde la educación es poco lo que tengo en claro sobre cómo se da ese proceso, mejor lo puede decir Emilia Ferreiro. Sí, sé, y tengo a un nivel intuitivo, que la biblioteca y la escuela cumplen un rol muy importante para que los libros circulen. En las casas están circulando más las pantallas. Yo misma conservo todas mis enciclopedias, pero si necesito averiguar algo no me paro y busco la enciclopedia, lo hago por internet. El rol de la escuela es importante en el sentido del acercamiento a los libros.

  —¿En qué momento de tu trabajo sentís más placer?

—Cuando termino el libro. Otra de las situaciones es cuando al estar trabada en algún punto y logro salir, eso es maravilloso como sensación. Y algo que disfruto mucho es la corrección una vez que el trabajo está terminado. Algunos disfrutan más escribir la historia, yo corregir porque lo que me gusta mucho es el juego con el lenguaje, ese pulido, ese trabajo me produce mucho placer.
  —¿Es posible transmitir la escritura como algo placentero?

—No sé si transmito mucho del ser escritor. A mis alumnos lo que les transmito es más el esfuerzo que otra cosa. Una de las primeras cosas que digo es que escribir es muy difícil. No es solo el manejo del código. Hay momentos penosos dentro del proceso de escritura, de mucha zozobra. Es importante que quien decida hacerlo no pierda la ilusión de que hay algo que es muy placentero, pero también que es un trabajo que requiere mucho esfuerzo.

 

Vivencias de una escritora

Silvia Shujer llegó a la Biblioteca Cachilo, de Virasoro al 5600, para participar de la capacitación que ofrece este espacio junto al Plan Nacional de Lectura (Región IV) a los docentes. Entre esas propuestas está el encuentro con los escritores. La autora fue invitada a conversar sobre literatura infantil, humor y poesía. Una propuesta que repitió con las estudiantes de los 3º y 4º años de los profesorados del nivel inicial y primario, del Normal Nº 2. En este caso, convocados por el espacio Itinerario por el Mundo de la Cultura. Entre encuentro y encuentro, conversó con La Capital y Aire Libre sobre las anécdotas que les dejan las visitas a las escuelas.
Visitas. “Me gusta estar en contacto con los niños, lo hago menos que en otros tiempos, es que hace 30 años que publicó y ando dando vueltas. Todos los años voy a unas cuantas escuelas, porque hay que estar en contacto con el mundo”, comparte sobre una de las actividades que le proporcionan ricas anécdotas. “En una escuela hubo quejas de padres porque cuando la maestra anunció que iba Silvia Shujer los chicos transmitieron Silvia Süller. Entonces fueron a quejarse sobre «qué iba a hacer Silvia Süller!» a la escuela de sus hijos”.
También recordó cuando en otra oportunidad y al ser presentada ante los alumnos por la maestra, ésta les hizo notar que estaban ante la autora de los libros que leyeron y que podían comprobar que “un escritor es de carne y huesos”. “Un chico dijo «más bien de huesos»”, en alusión a lo delgada.

“Una escuela inclusiva, una escuela para cualquiera”

2 marzo 2017

LA CAPITAL. Rosario// Entrevista  al profesor Néstor Caraza por   Marcela Isaías

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Para el profesor Néstor Carasa, la inclusión educativa es la que permite que todos, con sus diferencias, puedan aprender.

“Qué hacemos con las diferencias en las escuelas”. Para Néstor Carasa esa pregunta es común entre los docentes preocupados por construir una educación, una enseñanza inclusiva. Carasa es profesor en educación especial, está al frente de la secretaría hómina de Suteba, coordina la comisión de la modalidad en la Ctera y participa de la comisión de discapacidad de la CTA. Su principal experiencia docente la ha desarrollado en escuelas de La Matanza. Hace poco estuvo en Rosario compartiendo un plenario con docentes de la zona sur y también ofreció un seminario organizado por el Instituto de Formación Pedagógica y Sindical Rosita Ziperovich (Amsafé), sobre “La educación y la cuestión de las diferencias”.

  —¿Cuando se habla de inclusión, qué plantean los docentes de Rosario o La Matanza como preocupación común?

—Hay problemas que son comunes, al menos sobre lo que nos estamos preguntando en torno a la inclusión y a la integración escolar. La pregunta ineludible es qué hacemos con las diferencias en la escuela. La situación de discapacidad es una diferencia, pero hay otras no es la única. Cuando hay un grupo social allí se expresan diferencias, existan o no situaciones de discapacidad. Las situaciones de discapacidad, en términos educativos, agregan el desafío de poder visualizar qué es lo que el sujeto puede y cuál es la dificultad o situación que lo limita de hacer algunas cosas. Eso es lo que cruza la inclusión y la integración escolar en cualquier escuela de nuestro país. A partir de ahí vemos qué puede hacer la escuela con estas preguntas, qué es lo que hizo hasta ahora, qué definiciones se dieron hacia el interior de la institución. Sobre todo, qué se hizo para generar prácticas vinculadas con el ejercicio del derecho o relaciones de igualdad entre los sujetos. Esto tiene que ver también con un conjunto de factores: los docentes, la historia de la institución, las cosas que la escuela se anima a construir, los espacios de participación que hay o no, la relación con la comunidad y los padres; además de saber con qué recursos cuenta, recursos provistos desde el Estado, desde los ministerios de Educación para sostener esas prácticas de inclusión.

  —¿Qué diferencia hace entre inclusión e integración educativa?

—En términos educativos sostenemos que la inclusión es un derecho de todos, tengan o no tengan discapacidad, es el derecho a estar escolarizados, a recibir educación, a estar en la escuela y aprendiendo.

  —Sería la diferencia con garantizar solamente un banco.

—Claro. En la década del 90 había una línea que planteaba que la inclusión educativa se resolvía haciendo entrar a los pibes a la escuela. Nosotros decimos que entrar a la escuela es lo primero, un punto de partida, un derecho pero hay pibes que necesitan determinados apoyos y estrategias para que además puedan aprender.

La integración escolar es una estrategia educativa destinada a chicos con discapacidad para que puedan realizar su escolaridad en la escuela común. Es decir, con una maestra integradora, con una acción institucional de una escuela especial.

  —¿Eso incluye también las condiciones de accesibilidad?

—Eso sería hasta una cuestión básica. Pero también se corre un riesgo, porque algunos cuando hablan de inclusión hablan solamente de accesibilidad y lo remiten a una cuestión material y física, de si tiene o no rampa la escuela. La escuela puede tener rampas y ascensores, y los chicos no tener un lugar.
  —Chicos con discapacidad, alumnos que no resisten las cuatro horas de clases diarias, nuevas generaciones de secundarios. ¿Cómo trabajar con esas diferencias en una institución gestada para homogeneizar?

—Es sumamente complejo y no se puede simplificar. No hay recetas. Pero sí hay algunas puntas para trabajar. Primero hay que estar dispuestos a revisar y discutir algo de las prácticas y de las herencias institucionales con las que nos formamos. Allí hay cosas para revisar, discutir, mirar en términos de la enseñanza como responsabilidad en el trabajo docente. Y esto requiere un abordaje colectivo, en un marco donde hay normativas. Implica estar dispuestos a revisar, repensar algo de las formas organizativas conocidas, cómo fue pensada la escuela, a manera de preguntas de qué cosas son un obstáculo para dar lugar a la diferencia. Una manera de entrar a ese tema es complejizarlo con preguntas.

  —Entre esas cuestiones a revisar está la formación docente. ¿Qué punto clave aquí es importante analiza?

—Si se quiere avanzar en prácticas inclusivas o de integración escolar es necesario actualizar la formación. Y esto no puede limitarse a la formación inicial de los cuatro años de los profesorados, ni quedarse en decisiones personales de hacer un curso o leer un libro. Importan las decisiones institucionales como las que generan las escuelas, como está organizada en Rosario. Desde los gremios docentes hemos asumido desde hace muchos años espacios para actualizarnos e instalar algunas discusiones necesarias para poder pensar una escuela que sea mucho más inclusiva.

  —¿Cómo respetar los tiempos de aprendizaje de cada chico sin hacer una escuela para cada uno?

—Una buena síntesis para pensar una escuela inclusiva es en una escuela para cualquiera; donde cualquiera con sus diferencias pueda aprender. Ahora para que esto se pueda producir se requieren de determinadas decisiones y recursos que hace mucho más compleja la actividad. En términos de condiciones y recursos, una maestra puede atender mejor los procesos individuales de sus alumnos si el grupo escolar con el que trabaja es reducido. Si es una cantidad mayor será más difícil reconocer algo de los procesos individuales. Se pueden tener aproximaciones, pero no es una cuestión voluntarista. No alcanza con ponerse a pensar cómo generar prácticas inclusivas, se requieren de otras acciones, algunas propias y otras vinculadas a las decisiones que se toman desde otros lugares.

Debates pendientes

A pesar de las discusiones en torno a la inclusión, a las normativas que garantizan derechos para los chicos con necesidades educativas especiales, cada año se repite la queja de padres que peregrinan con sus hijos con alguna discapacidad para que sean aceptados en la escuela. “Es un discurso cruzado también con una herencia.

La escuela como institución ha sido generada y construida desde una idea homogeneizante, normalizadora, donde a la escuela se va a para aprender lo que está prescripto. Un formato histórico que en las instituciones ha adoptado formas muy rígidas”, responde el profesor Néstor Carasa sobre esta discusión pública que suele aparecer sobre todo en tiempos de inscripciones a la escolaridad obligatoria.

—Ahora, más allá de esas prescripciones, ¿no debería primar aquí la sensibilidad, el sentido común?

—Uno supone que sí, pero la realidad muestra que no siempre es así. Y para ponerlo en contexto más amplio ¿cómo se tratan en lo social las diferencias? Tomemos el ejemplo de los medios de comunicación social:

¿Cómo tratan las diferencias? ¿Qué se dice y cómo se presentan las diferencias? Ni hablemos de la discapacidad. La escuela no está ajena. Puede producir algunas rupturas pero aún faltan algunas discusiones hacia dentro de la sociedad.

 

 

El enfado y el futbol

1 marzo 2017

Antonio Esquivias  Desarrollando la educación emocional desde 1992

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Primero aclarar que hablo del futbol pero se puede aplicar igualmente a los deportes donde un equipo o una persona individual vence a otro en un juego, por ejemplo baloncesto, rugby, tenis. El futbol es especialmente indicado porque es un juego de contacto donde además la victoria se logra atravesando el terreno del contrario, arrebatando el balón.

 

Esta es una entrada dedicada específicamente a la Educación Emocional. Vamos a ver que el futbol es una escuela del enfado como emoción primaria. Son necesarias en la educación situaciones que ayuden a modelar las emociones y el deporte es una importante como vamos a ver en relación al enfado y la ilusión y el entusiasmo.

 

La necesidad debajo es la necesidad de logro, de lograr metas y objetivos en la vida, necesidad que bascula en la dualidad entre entusiasmo e ilusión y enfado. El entusiasmo y la ilusión son de la familia de la alegría y están presentes porque son las emociones que nos abren el futuro. El enfado es el tono emocional que nos proporciona la energía necesaria para superar obstáculos. Estamos en el 4º nivel de la pirámide de Maslow: la libertad, que se satisface con los logros. Los logros se relacionan con el reconocimiento y la propia autoestima. Aprender a gestionar la pareja enfado-ilusión tiene que ver muy directamente con la autoestima.

 

Una idea importante, enfado es un género y las emociones son siempre particulares. El enfado que nos permite ganar un partido es específicamente el que se dirige a obtener la victoria, a meter gol. Cualquier otro enfado, y es fácil que aparezcan precisamente porque estamos en el terreno del enfado, por ejemplo un enfado contra el árbitro o contra un jugador del equipo contrario, no son el enfado que lleva a ganar, sino que más bien puede entorpecer, ya que pondrán anteojeras a la persona enfocándola a un obstáculo, el árbitro o el contrincante, que le cada de su meta final.

 

Quizá sea necesario recordar que en el ser humano la emoción no es la conducta, hay una distancia entre emoción y conducta, un espacio que precisamente permite el ejercicio de la libertad de la persona. La existencia de ese espacio es importante subrayarla precisamente en el enfado, porque las conductas del enfado pueden tener una dosis de violencia no aceptable en una conducta humana respetuosa de la otra persona. Evidentemente me refiero aquí al enfado como emoción básica y por tanto también a todas las emociones de la familia del enfado: enfado, enojo, indignación, odio, cólera, cabreo, furia, etc.

 

Es decir, especialmente el enfado, es importante para aprender introducir ese espacio entre la emoción y la conducta para poder gestionar y obtener conductas que sean eficaces y no lesivas en el terreno de las relaciones humanas. Es decir, especialmente el enfado es importante en la educación emocional porque necesita el autocontrol. Esto es así porque el enfado es una emoción que libera mucha energía, prepara a la acción y para ello inyecta adrenalina y catecolaminas en sangre, de modo que la persona se encuentra preparada para la acción con toda su capacidad. Aprender a regularse con todo esa energía en juego es exactamente la clave de la regulación emocional del enfado. Dirigir su energía exactamente en la dirección que lleva a ganar el juego.

 

Ahora bien el futbol es una escuela de esa regulación. La situación que pone en marcha el enfado como emoción básica es una situación en la que nuestro sistema emocional detecta que hemos perdido o queremos conseguir algo que consideramos nuestro. Es decir el enfado detecta una pérdida recuperable o un obstáculo para nuestra meta.

 

Como en todas las situaciones de la vida en el futbol aparecen todas las emociones, aparece por ejemplo el miedo: a un contrincante fuerte, a perder. Aparece constantemente el enfado, tanto que el futbol está exactamente diseñado para llenar todas las condiciones del enfado. Las normas están para moverse todo el tiempo alrededor de recuperar algo. Se asigna a cada equipo un terreno y sobre todo una portería. El logro es ganar, conseguir hacerse con la portería del contrario: meter un gol. Es un juego de ocupar y avanzar y retroceder. Las normas también están pensadas para regular estrictamente la expresión del enfado.

 

Por todo ello, las emociones más adecuadas en el campo son el enfado y su pareja la ilusión y el entusiasmo. No se puede salir al campo solo con alegría, porque te meten dos goles en los primeros 10 minutos. La alegría lleva a compartir y es dispersa, mientras el enfado lleva a conseguir lo propio y concentra en el objetivo. Hay que salir con enfado. El enfado focaliza en el logro, en el balón, todo el sistema emocional afirma es mío y señala la meta. Todo el juego sirve para canalizar la descarga de la adrenalina. La alegría llega con la victoria. Además como la energía puesta en juego es mucha, la explosión de alegría es enorme.

 

Esta relación tan fuerte con el enfado se nota en muchos aspectos. Por ejemplo en la violencia verbal y a veces no solo verbal que se genera en los espectadores en los partidos. Tanto que pienso que el futbol es una de los drenajes de la indignación social colectiva. Esto lo vieron ya los romanos en su panem et circensis. También hay otro elemento que se puede indicar sin entrar a fondo: el futbol refleja el diverso modo en que la educación del enfado afecta a hombres y mujeres. El enfado ha sido y a mi entender todavía lo es en muchos ambientes, bien aceptado en los hombres (en los niños) y mal aceptado en las mujeres (en las chicas). Esta diferencia explica alguno de los elementos del futbol que sigue teniendo un aspecto predominantemente masculino.

 

Como último aspecto señalaré la importancia que para la autoestima tiene la realización de un deporte, para ello bastaría fijarse en la importancia social de los astros del futbol. Conseguir logros, y las victorias deportivas lo son, es clave para la autoestima. Hacerlo en un juego permite hacerlo en un contexto que permite graduar la importancia, precisamente porque es fácil de relativizar. Es decir el futbol es un terreno también para aprender a ganar y a perder.

 

Volviendo al origen de nuestra entrada, pienso que se puede entender que el futbol como deporte de equipo es toda una escuela de gestión emocional del enfado. Por eso la importancia de que tanto niños como niñas practiquen deportes de contacto y aprendan a regularse, a conseguir los logros de una forma reglada, a relacionarse con los demás en cuanto a un objetivo determinado mientras se dan cuenta que la relación personal está por encima, etc. etc.

12 geniales recursos para aprender ortografía

28 febrero 2017

Tiching

-0-0-0-0-0-0-0-0-

Según la Real Academia la ortografía es “el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua, un elemento de gran importancia debido a que es el responsable de asegurar que el mensaje llegue exactamente tal cual lo pensó su autor, evitando la comunicación equívoca o ambigua. Pero no te preocupes si todavía cometes errores, ¿sabías que practicar y mejorar la ortografía puede ser más divertido de lo que imaginas? ¿No te lo crees? ¡Vamos a descubrirlo!

De 3 a 6 años

  •  Descubriendo las vocales: ¡Nada mejor para aprender nuevas letras que los simpáticos dibujos de este recurso! Además de las vocales, también trabajarás las minúsculas y las mayúsculas. ¿Quien dijo que la ortografía era aburrida?
  • Jugando con las vocales: Una vez has practicado en clase y en casa las vocales, ¿qué mejor que unos cuantos juegos para consolidar tus conocimientos? Un lápiz muy curioso te acompañará en esta fantástica aventura.
  • Adivina, adivinanza: A los más peques les encantan los acertijos, ¿verdad? Con este conjunto de adivinanzas relacionadas con la ortografía trabajarás el lenguaje de manera divertida, descubriendo los misterios de cada una de las letras del abecedario.

De 6 a 12 años

  •  Construyendo palabras: Cuando los más pequeños empiezan en Educación Primaria es normal que al principio les cueste un poco asimilar todo lo que aprenden. ¡Con este juego podrán relacionar múltiples letras para construir tantas palabras como quieran!
  • Ortografíate: Podrás aprender sobre la sílaba, palabras con B o V, acentuación y mucho más en esta genial página educativa. Mientras disfrutas con sus recursos interactivos, resolverás todas aquellas dudas que siempre se te olvidan. ¡Ni una falta ortográfica más!
  • Tu clase en casa: ¿Te gustaría poder repasar la clase de lengua en casa? ¡Tenemos la solución! Con este recurso no solo podrás acceder a contenidos teóricos, sino que también podrás poner en práctica todo aquello que has aprendido. Suena bien, ¿verdad?
  • Pon a prueba tu ortografía: ¿Y si intentas averiguar qué es lo que sabes? Ponerte a prueba permitirá detectar con qué reglas tienes problemas y cómo puedes mejorar. ¿Listo para ser todo un as de la ortografía?
  • Aprender jugando: Para tener buena ortografía también son importantes el vocabulario, la gramática y las habilidades orales y escritas. ¡Te presentamos un recurso con más de 100 juegos de lengua!
  • Elemental, querido Watson: ¿Conoces al famoso detective Sherlock Holmes? Conviértete en su fiel ayudante e investiga distintos casos en los que la ortografía parece ser la clave del misterio.

De 12 a 16 años

  •  Un pequeño repaso: ¿Has trabajado en clase la acentuación, las formas homónimas y la puntuación? Trabaja estos cuatro bloques con ejemplos y evalúa tu nivel.
  • Todas las reglas: ¿Tienes algunas dudas por resolver? ¡Con esta página no hay falta ortográfica que se resista! Abreviaturas, gentilicios, palabras homófonas y todo lo que buscas.
  • ¡Un poco de literatura!: Con este recurso podrás poner en práctica todos tus conocimientos mientras lees las aventuras del increíble libro de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.

 

 

10 valores para trabajar a través de la lectura

27 febrero 2017

Por Tiching

-0-0-0-0-0-0-0-

El fomento de valores humanos positivos en la infancia contribuye al desarrollo del individuo y a la formación de ciudadanos comprometidos con la sociedad e implicados con lo colectivo. El respeto al diferente, la confianza, la toma de responsabilidades, la empatía…son materias que no se incluyen en ninguna asignatura, pero que deben trabajarse de forma transversal, tanto en las aulas como fuera de ellas.

No obstante, al tratarse de valores un tanto abstractos, en ocasiones puede parecer complicado abordar temas así. Es probable que el docente encuentre complicaciones a la hora de introducir este tipo de materia, y de adaptarla  según la edad y el nivel de sus alumnos.

Una buena forma de hacerlo es leyendo entre todos alguna historia y desarrollando después actividades relacionadas con ésta; como trabajos en grupo, exposiciones, o debates. Por ello queremos proponerte un listado con diferentes lecturas, tanto para los más pequeños como para los ya adolescentes, clasificadas por el valor que trabajan. ¿Te animas?

  1. Amistad:

La amistad es uno de los valores más importantes, y uno de los que más rápido aprende el ser humano. Desde bien pequeños sabemos qué es la amistad, pero una reflexión algo más profunda en torno a su significado siempre podrá aportar cosas nuevas. Te recomendamos estas lecturas:

Para los más pequeños, de entre 6 y 10 años, te recomendamos la historia de Sixto Seis Cenas y el cuento de Mis amigos los piratas. Para los mayores, de entre 10 y 14 años, puedes proponer la ya conocida novela de El Mago de Oz o una novela para adolescentes como Amigos Robots.

  1. Responsabilidad:

Una persona responsable toma decisiones de forma consciente y acepta las consecuencias de sus actos. En ocasiones, los niños y adolescentes reclaman más libertad sin entender que conllevará cierta responsabilidad ligada a ella, por lo que tratar este valor en clase será de gran importancia. Para ello, las historias El regalo del duende y Cubrelunas harán las delicias de los peques de menos de 10 años. En Educación Secundaria, Las aventuras de Ulises. La historia de la «Odisea» es un libro básico que permite tanto conocer la cultura clásica de la antigua Grecia, como tratar diferentes valores (entre ellos, la responsabilidad).

  1. Solidaridad:

Solidaridad significa tomar conciencia de las necesidades ajenas y desear contribuir a que se satisfagan. Es uno de los valores más importantes, ya que nace del respeto a la dignidad de las personas, Se debe basar en una relación entre iguales (para diferenciarse de la caridad) y con la empatía como ingrediente principal. Seguro que las siguiente lecturas puedan ayudarte en el cultivo de los valores solidarios:

Si trabajas con niños de 6 a 10 años, las lecturas Todos para uno y uno para todos, ¡Hace frío! y La economía de la sonrisa te serán de mucha utilidad. En el caso de los más mayores, seguro que el clásico Estampas de Platero y yo podrá generar interesantes debates en clase.

  1. Diversidad:

Los niños pueden aprender a ver las diferencias como algo positivo y enriquecedor, si su entorno así se lo transmite. Deben entender que la diversidad existe, y que el respeto está siempre por encima de ella. Con cuentos como éstos podemos inculcarles que, en lugar de criticarla, podemos aprender mucho de la diversidad:

  1. Generosidad:

Se trata de la voluntad de ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, de repartir lo que es nuestro con alguien que lo necesite también. Aunque la generosidad suele vincularse con el dinero, también podemos tratar este valor mediante el tiempo o el trabajo personal. Algunos cuentos, como El bolsillo mágico, o la historia de Juanillo y las habichuelas mágicas, te permitirán enseñar este valor tan positivo a niños y niñas de Educación Primaria. Si trabajas con estudiantes algo más mayores, seguro que la novela El niño del pijama de rayas o  Relatos de monstruos te serán muy útiles.

  1. Justicia:

Formar en la justicia es mucho más que enseñar las leyes, ya que incluso en ocasiones estos conceptos no van de la mano. Hablar de justicia es algo más abstracto, utilizando como base otros valores como la tolerancia y el respeto, para enseñar que debemos tratar al otro como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Aunque es un concepto complejo y que, sin duda, generará debate, puedes introducirlo con novelas como Los viajes de Gulliver, en el caso de adolescentes, o Arroyo claro, fuente serena y Erase una vez don quijote con estudiantes de menos de 10 años.

  1. Creatividad:

Aunque todos los valores se transmiten mejor con la práctica, quizá la creatividad tiene en este aspecto un papel protagonista. No obstante, también podemos hacer una reflexión sobre el propio concepto: qué es algo creativo y qué no, cómo puede conseguirse, cómo nos hace sentir… ¿Te animas, para empezar, con estos relatos?

  1. Tolerancia:

Ser tolerante significa respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás, aunque sean diferentes o contrarias a las nuestras. La tolerancia juega un papel vital en la relación del niño con sus iguales, ayudando a que consigan una buena integración en un grupo o equipo. Algunas ideas de lecturas que tratan este valor son Los conquistadores y El jardín de Tadeo, dirigidas a los más pequeños, o El Hombre de Hierro, una novela para adolescentes que toca este tema desde una interesante perspectiva.

  1. Compromiso:

El compromiso nos permite responsabilizarnos de ciertas tareas o causas, por lo que trabajar en ello conllevará más seguridad en nosotros mismos, y el desarrollo de la confianza en nuestras capacidades. Con niños de 6 a 10 años, las historias  Cuento del jardinero y El leopardo en su árbol te permitirán explicar este concepto de forma sencilla. Para indagar algo más en ello, con estudiantes más mayores, las novelas Grandes esperanzas,  Una vez o Cuento de Navidad son una buenísima forma de empezar a tocar este tema.

  1. Confianza:

Se trata de un valor básico, que nos abrirá multitud de puertas. La confianza, tanto en nosotros mismos como en el otro, nos posibilita tomar decisiones con tranquilidad, y con ello, seguir avanzando en el camino escogido. Confiar en los demás nos permite establecer fuertes enlaces con otras personas, generando sentimiento colectivo y pudiendo disfrutar de todas las ventajas de trabajar y vivir en sociedad. Los relatos El patito feo y Fermin miedo (de 6 a 10 años) o Mitos griegos y Speak (de 10 a 14) tratan el tema desde diferentes puntos de vista, ¡no te los pierdas!

 

Darío Villanueva: “Hay que aprovechar el potencial de la literatura para seducir”

23 febrero 2017

Darío Villanueva // Director de la Real Academia Española

+ + + + + + + +  +

Hace ya algunos años Carlos García Gual nos alertaba sobre el creciente descrédito de las humanidades y la literatura en la sociedad actual. De hecho, los programas educativos actuales han reducido considerablemente el número de horas dedicadas a la lectura y estudio de la literatura. ¿Cree que existe un desapego real por la cultura literaria? 

Sí, lo atribuyo a una visión muy reductora de la formación de las personas. Existe un orden de valores trastocados donde se le concede importancia absoluta a lo que, visto desde otro punto de vista, resulta secundario. Se da mucha importancia a la pragmaticidad, a la supuesta eficacia, también se utiliza el término empleabilidad. Se considera que es más importante enseñar destrezas puntuales y prácticas que contribuir a la configuración de la personalidad, que es lo fundamental en las primeras etapas de la formación de las personas. En este sentido, lo que no se aprende durante la infancia es imposible aprenderlo más tarde porque la persona va madurando mientras está siendo educada y cuando llega a cierta edad se desliga del proceso educativo. Pero las destrezas concretas y puntuales siempre se pueden aprender. De hecho, la propia configuración de la sociedad, cada vez más, nos va a exigir una formación continua. Yo creo que es una falta de perspectiva respecto a lo que es sustantivo en esa etapa primera de formación básica, donde hay que configurar en plenitud la personalidad de los jóvenes.

¿Qué valores y qué destrezas puede aportar la literatura a la formación de los estudiantes?
En primer lugar, tiene una función fundamental que es enseñar de manera grata la lengua. La primera destreza que la gente adquiere al leer es la destreza expresiva: conoce su idioma, su vocabulario, se familiariza con las estructuras gramaticales y aprende ortografía. No hay mejor manera de aprender ortografía que leyendo. Aparte de esto, la literatura enseña la condición humana y proporciona un gran número de informaciones complementarias de tipo histórico, artístico, económico, científico. Está llena de contenido y de sabiduría. Yo distinguiría tres utilidades máximas: el conocimiento del idioma, el enriquecimiento de los contenidos de los que ya hemos hablado, y por último la condición del sentido estético. La literatura emociona a través de la belleza y a través de la palabra, y esa vinculación entre emoción, belleza y palabra es uno de los réditos mayores que podemos obtener de la literatura.

¿Qué consecuencias cree que puede traer consigo este desdén por los estudios humanísticos?
Lo que ya hace años algunos sociólogos como Marcuse llamaban el “hombre unidimensional”, es decir, seres humanos enormemente limitados con unas perspectivas muy chatas, muy reducidas. Llegaríamos a un despilfarro del enorme potencial de desarrollo que la condición humana nos proporciona y que la formación humanística nos ayuda a desarrollar en plenitud. Esto tiene unas consecuencias muy malas porque la propia vida social, la propia democracia, necesita de ciudadanos excelentes, formados al máximo. La atención a las humanidades tiende a crear individuos y ciudadanos mejores.

A pesar de ello, a todos nos gustan las buenas historias y sobre todo a los niños y niñas. ¿Qué cree que se puede hacer desde las aulas para que el alumnado aprecie los buenos libros y goce con su lectura?
Precisamente esto. Los profesores tenemos que conseguir que brote la chispa del disfrute estético en nuestros alumnos. Hay que tener mucho cuidado en no presentar la literatura como una disciplina árida o con unas exigencias utilitarias. Tenemos que aprovechar el potencial que tiene la literatura de seducir, de emocionar, de producir un efecto de percepción de belleza en los estudiantes. Tenemos que evitar que nuestra manera de enseñarla introduzca una barrera entre el estudiante y la propia literatura. El profesor debe ser muy transparente y dejar que sea la propia literatura la que actúe e interaccione con el estudiante. Hay determinadas estrategias que pueden ayudar mucho a esto.

¿Qué tipo de estrategias?
Sobre todo una buena selección de los textos, una buena interpretación de cuáles son los horizontes de expectativas de los alumnos que pueden cambiar de un año al otro, de una promoción a otra promoción. Tener las antenas muy desplegadas para empatizar con el alumno. Con el conocimiento que los profesores tenemos, debemos saber proyectar sobre nuestros alumnos aquella literatura que en ese momento a ellos les pueda enganchar. No se trata de enseñarles la literatura que ellos prefieran, sino crear una confianza con ellos para introducir toda la literatura que nosotros creemos que deben conocer.

¿Y las familias, cómo pueden transmitir a los más pequeños el gusto por la lectura?
Que sean ellos mismos los favorecedores de la lectura. Esto pasa por la aproximación al libro, en cualquiera de los soportes. Yo creo que el libro impreso va a continuar teniendo vigencia, pero si hoy en día los nativos digitales empiezan a leer a través de dispositivos electrónicos, no desdeñar tampoco que la primera lectura literaria llegue desde allí. De todos modos, la propia pujanza del sector editorial demuestra que sigue muy vigente la aproximación al libro. Los libros que hoy se editan están concebidos en función de las expectativas de los más jóvenes, son muy seductores. Pueden ser una obra de arte, una máquina muy perfecta. Los padres lo que tenemos que hacer es que nuestros hijos sepan que la lectura forma parte de nuestra vida.

Este año se celebra el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de el Quijote. ¿Qué hace de esta obra un libro tan universal?
Es la obra más universal de nuestra literatura, y casi podría decir que es la más universal de todas las literaturas. El Quijote es fundamentalmente y, al mismo tiempo, un libro regocijante, melancólico y sabio. Está lleno de sabiduría culta y popular. Don Quijote y Sancho son dos arquetipos que aportan las dos dimensiones cultas: la de los libros y la de la vida. Como se pasan todo el tiempo hablando, porque el Quijote es un libro de diálogos, resulta muy seductor para los lectores porque se acaban por sentir inmersos en una conversación en la que se habla de muchas cosas que siguen teniendo plena vigencia hoy. No defrauda nunca. Hay mucha gente que hace con el Quijote como con la Biblia: abrirlo por una página al azar y empezar a leer. Y lo que está leyendo le resulta de utilidad. Es un libro gracioso e irónico, pero tiene una profundidad humana muy grande. Es un libro melancólico porque todos nos sentimos identificados con lo que querríamos ser y lo que la vida nos permite. El choque entre el modo en que nos gustaría ver las cosas y cómo las cosas son definitivamente.

¿Es esa la razón por la que este libro continúa apelando al lector tal y como lo hacía hace 400 años?
Sin duda alguna, esa es una prueba incontestable. Los clásicos son los libros que le siguen diciendo cosas a los lectores que pertenecen a una sociedad distinta a aquella en la que el libro fue escrito. Lectores que ya no tienen contacto posible con quien fue el autor. En el caso del Quijote, incluso apela a lectores que no pertenecen a la lengua en la que fue escrita y tampoco a la sociedad ni al país. El Quijote es una obra profundamente española, pero al mismo tiempo aporta unos valores de universalidad.

¿Usted cree que se lee suficientemente el Quijote en nuestros centros educativos?
No puedo emitir una respuesta al respecto porque no dispongo de datos exactos. Lo que sí podemos decir es que el sistema no ofrece garantías de que el Quijote sea una lectura, no digo obligatoria, pero sí obligada dentro de los planes de estudios. Hace 100 años, cuando se conmemoraron los 300 años de la publicación de las dos partes del Quijote, hubo varios decretos del Gobierno para establecer la lectura obligatoria en todas las escuelas. Entonces hubo polémica porque algunos escritores decían que estaba muy bien, por ejemplo Miguel de Unamuno, pero también hubo quien se postuló en contra, como Ortega y Gasset. Su argumento era que consideraba que el Quijote era una obra desmitificadora y que a los niños hay que ofrecerles mitos, cosas en las que crean.

Algunos docentes creen que la extensión de la obra o el lenguaje cervantino son obstáculos a la hora de leer y estudiar el Quijote en las aulas. ¿Recomienda usted aproximarse a él a través de adaptaciones?
Sí, sin duda alguna. El Quijote es un libro para leerlo más de una vez y a mí me parece que la primera vez, para engancharse, la mejor manera de hacerlo es a través de las magníficas adaptaciones que existen ya desde el siglo XIX.

¿Qué características debe tener una buena adaptación?
Fundamentalmente que, con mucho respeto a la lengua de Cervantes que aún es un lenguaje muy similar al nuestro, evite aquellos párrafos y aquellos términos donde hay una distancia mayor. Que las palabras no se conviertan en una barrera para su compresión. También es muy interesante aligerar los meandros y recovecos que el Quijote tiene sobre todo al principio, y que distraen el argumento principal y pueden resultar disuasorios. La intercalación de historias ajenas a la línea principal es algo que también puede aligerarse en las ediciones adaptadas.

¿Qué papel atribuye usted a los clásicos en la educación?
Para mí es un papel fundamental. La literatura es un repertorio de obras eminentes que han conseguido superar las barreras del tiempo y el espacio. De modo que, aunque yo soy decidido partidario de leer la lectura actual y creo que se debe fomentar que los jóvenes se conviertan en lectores de la literatura de su momento, sin embargo, los clásicos han dicho cosas que no se han mejorado después de ellos y que nos hablan a nosotros de nuestra realidad. Esa es la condición de un clásico. Es como si hubieran conseguido acuñar de manera perfecta los sentimientos, las pasiones, las circunstancias.

¿Las nuevas tecnologías están cambiando los hábitos de lectura de los estudiantes?
Sí, en general, toda nueva tecnología cambia nuestros hábitos. McLuhan decía que las nuevas tecnologías actúan como extensiones de nuestros sentidos. Modifican nuestra relación con el entorno, pero no hay que ser catastrofistas. No hay que pensar nunca que los cambios van a destruir la condición humana, que es muy fuerte y muy poderosa. Son cambios que no son modificaciones irreversibles. Igual que la radio no terminó con la conversación, la televisión y el cine no terminaron con el teatro, hoy en día el libro electrónico no está terminando con el libro de papel.

Las editoriales se esfuerzan cada vez más en conseguir formatos que resulten atractivos para un público saturado de estímulos a su alrededor. ¿Qué cree que debe hacerse para que la edición impresa siga resultando atractiva para esta generación?
A mí me parece que las ediciones pensadas para un público juvenil son muy atractivas, y que los diseñadores son unos auténticos artistas, no solo porque se expresen artísticamente, sino porque saben encontrar el punto del receptor: saben colocarse en la perspectiva estética de este. No es un tema que me preocupe en absoluto. Creo que la industria editorial va por muy buen camino y el libro de papel, sin dar el paso a la interactividad que posibilita el mundo digital, goza de muchísimos elementos y factores de extraordinaria atracción para el lector.
Yo sigo muy atentamente la producción de literatura juvenil  e infantil y verdaderamente me quito el sombrero ante lo que editores y diseñadores están haciendo.

Además de la interactividad que ofrecen los formatos digitales, ¿Qué más ventajas cree que tienen este tipo de libros?
Tienen la ventaja de la hipertextualidad, que se refiere a la relación del texto con otros textos. También la neutralización entre lo oral y lo escrito, y también la contraposición de los signos simbólicos, que son las palabras, y los signos icónicos, que son las imágenes. El libro electrónico incluye voz, sonido, imagen, movimiento, y también permite que el actor interaccione con él. Es como un gran complejo de comunicación. El libro tradicional también es interactivo porque el acto de leer también es un acto de interacción. Al leer, debemos cooperar con el libro, inquiriendo sobre aquello que le falta al libro y poniéndolo nosotros con nuestra imaginación. Por esto la lectura es una actividad extraordinariamente activa.

Y por contra… ¿algún inconveniente?
Puede ocurrir que la capacidad de seducción que tienen acabe favoreciendo más la superficialidad que la profundidad del concepto. Que la carcasa sea tan seductora que no permita ir al fondo de la cosa.

Joan Domènech: “Los docentes debemos creer más en nosotros mismos”

22 febrero 2017

Por Tiching

Joan Domènech: Director de la escuela Fructuós Gelabert. Cuando era pequeño, dedicaba mucho tiempo a sus colecciones de sellos, de coronas de puro y de postales. Ahora también colecciona peonzas aunque, a su pesar, tiene menos tiempo para ellas. En el colegio los profesores que más conectaron con él fueron los de ciencias, razón por la cual sacaba excelentes calificaciones; mientras que en la historia, la filosofía y las letras flaqueaba un poco.

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

¿Hemos perdido el ritmo de la vida?
Seguramente. Hay un predominio del tiempo desde su punto de vista cuantitativo, valoramos más los aspectos de aceleración: cuantas más cosas hagas y más rápido, mejor. Ahora valoramos más el tiempo que utilizamos para hacer muchas cosas que el que utilizamos para hacer cosas en su merecido tiempo.

¿Y qué hemos perdido con ello?
Las cosas que antes tenían valor han pasado a un segundo plano. Los griegos tenían dos dioses relacionados con el tiempo: Kronos, vinculado al tiempo que duran las cosas y Kairos, que está ligado a los ciclos de la naturaleza, al tiempo que necesitan los acontecimientos para desarrollarse plenamente. Nuestra cultura sólo conoce y valora a Kronos.

Esta concepción, ¿la hemos trasladado a la educación?
Si, por supuesto. La tendencia es pensar que cuanto más tiempo estudien los niños, cuanto más rato dediquen al aprendizaje formal, más listos serán y más cosas sabrán. Esto es falso. El aprendizaje es interdisciplinar, y cada individuo tiene su ritmo. No podemos globalizar ni acelerar el aprendizaje.

¿Qué te provocó, personalmente, la necesidad de establecer un cambio en la forma de educar?
El tiempo como variable siempre me había hecho reflexionar. Cuando preparas los cursos siempre intentas organizarte mejor que el año anterior para alcanzar los objetivos, pero siempre llegas a final de curso sin terminar todo lo que querías hacer. Un día te das cuenta que no es una cuestión de organización sino del sistema. Fragmentar el tiempo implica fraccionar el saber y esto no es garantía de un mejor aprendizaje ni tampoco que sea homogéneo en el aula.

¿Y cuál fue la conclusión?
El tiempo siempre es el mismo. Puedes fragmentar el tiempo y meter con calzador todas las actividades que tienes que hacer, o puedes plantearte que necesidades tiene el niño y gestionar el tiempo de acuerdo a ellas.

¿Qué es lo más importante para llevar a cabo la segunda opción?
Tener claras las prioridades. Actualmente la administración diseña el sistema educativo en función de la realidad social actual, perpetuando un modelo que solo da respuesta a este input. Pero la educación a lo que debe dar respuesta es a la necesidad del ser humano de desarrollarse.

¿El currículum responde a las necesidades del alumno?
Hay un error de concepción en el currículum: es excepcionalmente rígido y está sobrecargado de contenidos. El currículum además es prescriptivo cuando debería ser orientativo. No puede ser que nos marquen hasta las lecturas que debemos realizar. Es como si a un médico cirujano le dijeran desde la administración con que bisturí debe operar.

¿Qué solución propone para la sobrecarga del currículum?
Actualmente tenemos poco margen, pero lo tenemos. Yo creo que debemos seleccionar los contenidos claves y trabajarlos más profundamente. Pero tal y como está diseñado el sistema sólo se puede pasar superficialmente por los contenidos. Los maestros debemos creer más en nosotros mismos y romper con el seguidismo que nos propone la administración.

¿En su escuela practican la educación lenta?
Practicamos lo que podemos ya que el margen que da la administración es limitado. Nosotros tenemos unos horarios más flexibles e interdisciplinares y los resultados son muy buenos.

Y  esto no va en contra de lo establecido, ¿no?
No, en ningún sitio lo prohíbe. Contamos además con el apoyo de toda la comunidad educativa de nuestro centro. Profesores, familias, equipo directivo y alumnos estamos de acuerdo en trabajar de esta forma y defendemos nuestro derecho de hacer esta lectura de la normativa.

¿Qué pautas de trabajo se proponen los profesores de su escuela para trabajar así?
La más importante, y la que nos cuesta más cumplir, es entrar con serenidad al aula. Nuestro sistema reclama una autoexigencia superior y esa presión recae en los profesores. Es un poco contradictorio, ya que para aplicar nuestra filosofía lo interesante es poder ejercitarla también como individuo en el caso del profesorado. Pero nos esforzamos cada día por transmitir a los alumnos las ganas de profundizar en lo que aprenden.

¿Cómo valoran los padres y tutores el sistema?
Muy positivamente. Todos estamos de acuerdo además que nuestra fórmula es la más exigente con los resultados. Solo la educación que se adapta a las necesidades de cada alumno puede exigir el máximo de cada uno de ellos. No hay que caer en el error de pensar que la educación lenta va asociada al libre albedrío. Nosotros promovemos que cada alumno dedique el tiempo que necesita a aprender lo que se le enseña.

¿Las TIC les ayudan en su tarea diaria?
La tecnología por sí sola no cambia nada. Lo que sí hace es poner en cuestión muchas de las cosas que hacemos. Ciertamente, hemos integrado las TIC en nuestras aulas y nos son de gran ayuda porque sabemos exactamente qué finalidad tiene la herramienta. De nada sirve personalizar las actividades si no tienes claro para que las quieres personalizar, por ejemplo.

¿Qué hábitos cree fundamentales en casa para favorecer la educación lenta?
Darle tiempo al niño para desarrollarse. Los niños deben jugar, hablar con lo padres, dialogar y escuchar. Deben participar de las actividades cotidianas, ir a comprar, preparar actividades con el resto de la familia, etc. Han de poder aplicar lo que aprenden en clase en la vida cotidiana pero no repetir lo que hacen en el colegio.

Nancie Atwell: “Animo a los profesores a que nunca dejen de aprender”

21 febrero 2017

Nancie Atwell // Profesora, innovadora, y ganadora del Global Teacher Prize

-0-0-0-0-0-0-0-0-

¿Qué ha significado para usted ganar el Global Teacher Prize?
Ha sido el hito más importante en mis cuarenta años de carrera profesional. No tengo suficientes palabras para expresar el entusiasmo que supone haber sido la escogida entre los nueve finalistas, entre los cuales había maravillosos profesores muy comprometidos con la profesión.

Según su opinión, ¿qué importancia tiene este premio para la profesión de profesor?

Es un premio que ayuda y acompaña a incrementar el reconocimiento por parte de la sociedad hacia nuestra profesión, ya que considero que los profesores no estamos suficientemente valorados.

¿Cómo definiría a un buen profesor?

Lo primero que debe tener es un cierto nivel de conocimiento sobre la disciplina que debe enseñar, en mi caso lectura y escritura inglesa. Leo todo lo que puedo relacionado con investigaciones y métodos de enseñanza. También llevo a cabo investigaciones en mi propia clase, estudiando la forma en que leen y escriben cada uno de mis alumnos y tratando de aportar valor a mis observaciones. Desde mi punto de vista, este es el primer punto que debe tener todo buen docente.

¿Y el segundo?

Debemos conocer las particularidades de los grupos con los que trabajamos. En mi caso, doy clases a niños de 12, 13 y 14 años, y este es un periodo especial en la vida de los estudiantes. Tengo que ser inteligente para saber quiénes son esos niños, cuáles son sus motivaciones, qué les importa a esa edad… La enseñanza debe reflejar todos estos elementos. Sé que no es fácil, pero nuestra profesión es compleja, y este es el principal motivo por el cual adoro ser profesora.

¿Cuál cree que debería ser el rol de los profesores?

Los profesores deberían jugar el papel que han tenido siempre. Creo que la responsabilidad y el deleite real de enseñar es saber que tendrás una influencia, incidirás de forma positiva en la vida de tus estudiantes. Ellos sabrán, porque se lo he transmitido, la importancia que supone saber leer y escribir correctamente para convertirse en personas más grandes, más inteligentes y, por tanto, mejores.

Sus estudiantes leen una media de 40 libros al año, ¿cuál es la clave de su método?

La clave del éxito es que mis estudiantes escogen los libros que leen, tengo una enorme biblioteca con muchísimos volúmenes que he escogido y estudiado título a título. Ellos eligen lo que leerán individualmente a partir de la selección de miles de libros, lo que hace que les encante y les motive leer. Y como están motivados, leen mucho, y como leen mucho, se convierten en muy buenos lectores.

¿Qué importancia tiene para un niño leer tantos libros?

Primero de todo, que se convierten en buenos lectores. Después viven muchas experiencias y se adentran en todo tipo de culturas y personajes… Y como han adquirido muchos conocimientos a través de la lectura, saben más cosas del mundo y de su funcionamiento. Y pienso que todo esto hace que se conviertan en personas más inteligentes al estar claramente influenciadas por el  lenguaje literario.

¿Cómo pueden los profesores transmitir a sus estudiantes la pasión por la lectura? Nos puede dar algunos consejos…

Déjales leer lo que quieren leer, llena la clase de libros, rodéate de muchos títulos adecuados para el nivel de tus estudiantes. También es importante facilitarles el tiempo para leer en la escuela, para que puedan perderse en las maravillosas historias que nos aportan los libros.

¿Qué otras innovaciones en educación está llevando a cabo?
Otra de las innovaciones tiene que ver con el programa de escritura, que está relacionado con el de lectura. Como método de enseñanza, todos los estudiantes de mi escuela escogen sus temas y escriben sobre sus propias ideas, por lo que acaban tratando cuestiones que realmente les interesan y les preocupan.

¿Han llevado a cabo alguna innovación respecto a las evaluaciones?

Hace veinticinco años fundé el Centro para el Aprendizaje y la Enseñanza y hemos innovado a lo largo de todo el plan de estudios. Cuando tenemos que evaluar a los estudiantes, ellos recopilan sus trabajos de todas las asignaturas en portafolios e incorporan comentarios sobre su proceso de aprendizaje. Y en lugar de recibir un certificado de notas, los estudiantes marcan sus objetivos en cada asignatura, al igual que hacen los profesores.

Es un buen método…

Además, los alumnos llevan a sus padres a la escuela y junto a sus profesores les explican los trabajos que han desarrollado, exponen lo que han logrado y determinan lo que creen que deben trabajar y mejorar. Es un buen sistema para involucrar a los padres, ya que son un elemento clave en la educación de sus hijos.

¿Cuáles son las necesidades que deben satisfacerse con la educación?

Las necesidades de la humanidad son las mismas ahora que a lo largo de los años. Queremos que nuestros estudiantes sean cultos, buenos ciudadanos, empáticos, que se preocupen por la justicia, sean curiosos, estén motivados…

¿Nos puede explicar sus próximos objetivos?

Quiero ser una buena embajadora de la Fundación Varkey, dar lo mejor de mí para representar a la organización y a los profesores en general. A la vez que ayudar a otros docentes a gozar de una experiencia profesional como la que yo he tenido el placer de disfrutar.

¿Un último consejo para los profesores?

Animarles a que nunca dejen de aprender. Que lean sobre nuevos métodos, que indaguen en nuevas investigaciones, que sean siempre curiosos y que estén atentos a los últimos descubrimientos educativos.