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En Busca de la Excelencia en la Actividad Docente

21 abril 2013

Piedad Santos Gómez
Publicada en la revista REFLEXIONES. Facultad de Educación Universidad Autónoma de Bucaramanga. Vol. 7 Nº 8, Junio 1999. Colombia

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No se engañe!. Atrévase a preguntarse si el ser maestro es la actividad que lo apasionara y cubre las expectativas personales y profesionales de su existencia…
¿Encontró una respuesta?
Si para usted ser maestro es un trabajo al que llegó por cosa del destino o exigencias de la vida, producto de la necesidad de sobrevivir, y siente, como síntomas de una enfermedad, el transcurrir lento del día cuando está con sus estudiantes: la alegría con el toque de campana para el recreo o la salida; el aburrimiento para pensar y preparar sus clases; la expectativa por la llegada del fin de mes para cobrar el sueldo; la pesadez de la carga por llevar sobre los hombros la responsabilidad de la educación de su grupo de estudiantes; la mayor felicidad cuando no hay clase… usted es un ser desdichado porque hace aquello para lo cual no ha sentido, ni siente, real inclinación ni deseo.
Si para usted ser maestro es una profesión como ninguna otra, que lo divierte y satisface, aún a pesar de los problemas que debe afrontar diariamente como suyos, así no lo sean; que disfruta los momentos del día en forma consciente, con la tendencia a esforzarse cada vez en ser mejor al exponer su saber, corregir a un estudiante, acompañarlo en su proceso de aprendizaje o atender la solicitud de un padre de familia… usted es un ser feliz porque eso que hace alimenta su espíritu, enriquecer su ser y su saber, lo mantiene vivo y deseante.
¿Cuál es la primera condición para la excelencia?
En atención a la situación descrita en los párrafos anteriores, lo más importante es HACER aquello que a uno le GUSTE; esa actividad por la cual uno se apasiona, sin importar qué tan insignificante sea ella a los ojos de los demás.
Sin lugar a dudas, ser maestro no es una actividad despreciable; lo único que la hace poco digna es el ser ejercida por aquellos sujetos que llamándose maestros, la desprestigian con sus comportamientos.
Ser maestro no es tarea fácil y menos en un mundo que se abre camino hacia un nuevo siglo con tendencia a la globalización, al auge incontrolable de la ciencia y la tecnología, a la concepción de patria sin fronteras y a la universalización en todos los niveles, incluso el de la comunicación.
En consecuencia, el maestro afronta un retro importante frente a su antiguo rol2 : necesita “mudar de piel”; generar un cambio de paradigmas para el cual no estaba preparado. Ahora, necesita ser competente en el saber hacer; con pensamiento analítico, reflexivo y crítico para que pueda generar también estas condiciones de pensamiento en sus estudiantes, a la vez que creativo y capaz de liderar proyectos que congreguen a un núcleo poblacional específico que lucha por mantener su identidad y raíces culturales y sociales, sin que ellas le impidan acomodarse a las condiciones que impone el mundo de hoy.
Muchos lectores – maestros pueden exponer en este momento un sinnúmero de factores, actuantes todos ellos, en contra de ese tipo3 de maestro descrito en el párrafo anterior. Algunos de esos factores pueden ser la condiciones precarias de trabajo, la falta de garantías para el desarrollo de acciones como líder social, la incredulidad de las gentes en la importancia de la educación como posibilitadora de ascenso en la escala social3 e incluso, la pobreza y miseria absoluta de las poblaciones escolares, con los implementos que ellas originan en la salud y la nutrición de los infantes, el acceso a libros y materiales educativos entre otros.
Sin embargo, gracias a las autobiografías escritas por maestros y maestras, o en su defecto, al testimonio real aportado por un buen número de investigadores de la escuela, es posible constatar la presencia y existencia de hombres y mujeres, maestros y maestras, que han logrado desarrollar su labor por encima de la presencia de uno o varios factores señalados, porque son seres cuya profesión forma parte de sus planes de vida, de su razón de existir;
“Llegamos por fin a nuestro destino y cuál sería mi sorpresa cuando me mostraron la escuela; una casa de bahareque muy antigua con toda clase de carencia; no había acueducto ni alcantarillado, ni ventanas; los pupitres eran unas bancas de madera muy pesadas, el tablero una tabla pequeña, no había espacio para la recreación…Pasaron los primeros días y en poco tiempo, casi sin darme cuenta, me convertí en el eje central de la vereda; era profesora, psicóloga, médica, ingeniera, agrónoma, al extremo de que todo cuanto se hacía en la vereda me lo consultaban…4”
“… nunca había visto una escuela con ocho postes, techo de paja y un tablero en mitad del salón totalmente a la intemperie… mis primeras clases fueron un poco improvisadas debido a mi experiencia pedagógica, pero con el paso del tiempo se fueron enriqueciendo; me sentí estimulado cuando meses después empecé a notar el adelanto de mis alumnos. Creo que la satisfacción más grande del maestro es cuando nota que sus alumnos aprenden a leer, a escribir y a manejar las operaciones matemáticas básicas… Lo único que podemos dejar los docentes son las huellas imborrables: una comunidad mejor organizada, alumnos mejor preparados, institución mejorada y, eso sí, una imagen para que nuestro paso no haya sido infructuoso”5.
Siguiendo a McCann (1992)6 , estos maestros y maestras son una muestra viviente del deseo de dar y de encontrar gratificación en el servicio ofrecido a los necesitados de ese servicio. Gracias a ello lograron transformar, no sólo sus vidas, sino las de todas las personas que de una u otra forma los conocieron; la escuela progresó; las comunidades se re-crearon y la huella de la acción educativa quedó instalada en la mente de cada uno de sus integrantes.
Cabe aquí la pregunta ¿cuál es realmente el el obstáculo apara el logro de la excelencia en la actividad docente? Y la respuesta es UNO MISMO.
Que no se nos pase la vida haciendo eso para lo cual no estamos comprometidos –en cuerpo, mente y espíritu- no sea que al final de nuestras vidas, sólo tengamos palabras para decir que hemos “estado ocupados todo el tiempo en hacer nada”.7
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1. Centrado en la transmisión de contenidos.
2. Para ellos y ellas, ideal no real.
3. Ahora más que nunca, el valor social de la educación como condición para asegurar el ascenso social cede frente a la presencia de otras condiciones como el poseer riqueza, dinero y/o bienes (así sean de dudosa procedencia).
4. GIRALDO LÓPEZ, Alba Inés. Todo lo que no supe… En Alegría de enseñar. Fundación FES, Nº26, 1996.
5. CALLEJAS AGUDELO, Marco Tulio. Transcurso a la docencia. En Íbid.
6. McCANN, Ron. El placer de servir. México. Editorial Pax, 1992.
7. SÉNECA, Lucio Anneo. Diálogos. Barcelona: Ediciones Altalaya, 1994.