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MERITOCRACIA a propósito de la entrevista al Ministro de Educación (El Comercio, Lima, 17.05.09)

29 mayo 2009

Sorprendió el último domingo la entrevista referida a escasos 10 días de cumplirse el plazo para que los docentes se inscriban para postular su ingreso a la Carrera Pública Magisterial (CPM).

Una entrevista muy de coyuntura en donde la CPM ha sido motivo para reiterar lo que todos los docentes saben, pero no confían. Donde se maltrata a docentes y se trata de hacerle ver que con la CPM ganarán más y que la Ley del Profesorado seguirá vigente en los puntos que no colisionen con la CPM. Asimismo, el enemigo no es la falta de profesionalidad y formación del docente en donde se esperaba una autocrítica a la formación docente que oferta el Estado, a través de los Institutos de Formación Docente (IFD) públicos y privados, sino todo lo contrario, lo es el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTEP) por distorsionar (sic) la naturaleza de la nueva norma y desinformar (sic) sobre despidos inminentes si no se aprueba la evaluación.

El diario pone como gorro de la entrevista, “ el ministro defiende a capa y espada la política de la meritocracia en el profesorado para elevar el nivel de la educación en el país” (Ibidem). Pero, ¿qué es la meritocracia? ¿qué entiende el Ministro por meritocracia? Pareciera que es la varita mágica que hará posible que la CPM sea atractiva para los docentes y con ello marca la diferencia a la alternativa chata de la Ley del profesorado que en lo que se refiere a aumentos los hace a todos por igual sin reparar en buenos y malos maestros.

Veamos qué significa esta palabra “mágica”: meritocracia viene del latín mereo que significa merecer, obtener. De acuerdo al caso de que se trate, la meritocracia es una definición muy amplia, en donde se accede, en el caso de los docentes a niveles laborales, no para acumular riqueza, sino por méritos que están ligados a su realización como profesionales y por los cuales se le reconoce un haber monetario establecido por ley. En el caso de los docentes los méritos están referidos al desarrollo de la inteligencia y de los conocimientos, a las capacidades intelectivas demostradas y ratificadas por el sistema escolar por el que ha desarrollado su formación.

Implantar la meritocracia significaría establecer un justo reconocimiento de los méritos de los docentes en base a una igualdad de oportunidades, por ello suena atractivo y novedoso hablar de ella en la incorporación a la carrera docente, pues se les reconocerá los méritos a quienes logren pasar la prueba. Está de moda casi en todos los campos del saber y desempeño profesional por todo lo que implica (revisar legislación, establecer nuevos escalafones, compatibilizar tiempo de servicios con remuneraciones, etc.), pero nada se dice que la meritocracia tiene que ver, también, con una modernización del Estado, para que realmente sea justa y equitativa, democrática y solidaria. Tal vez esta sea la gran falla en la presentación de la meritocracia que aparece como una “novedad” y enredada en una verborrea utilitarista antes que enriquecedora en su contenido.

Y esto es grave pues el concepto de meritocracia que empleamos aparece como muy ambiguo, pues no define con exactitud cuál es la noción de mérito a la que se alude. Por ello se la reduce en el mensaje que los docentes usan y entienden que está relacionada con la estructura ocupacional y es llenada no por criterios empleados, sino según ciertos criterios universales de logro, verificables mediante las calificaciones o credenciales educacionales. Y es aquí donde se tiene la confusión que nadie aclara, pero sí levantan el vocablo para presentarlo como parte del componente de la calidad educativa: tener un educador meritocrático es garantía de calidad. Esta es una falacia que esconde el ideal meritocrático, que es inalcanzable, pues se fundamenta en premisas neoliberales que responden a una economía separada de la sociedad, en donde el individuo, actor del sistema, es influenciado por el contexto social, actuando en función no sólo de la utilidad individual, sino por otras motivaciones. Pero la realidad nos lleva a otros escenarios en donde la actividad del individuo se encuentra dentro de redes sociales que la condicionan decididamente y por ello cuanto más moderna sea la sociedad, la meritocracia es menos relevante.

Vivimos hoy en una sociedad que va rigiéndose por nuevos paradigmas que son el resultado de procesos que empiezan en el paso de una economía industrial a una informal y de servicios, con la que convivimos y en donde las relaciones entre personas se valora y por ello vemos que –a no ser los economistas- poco se habla del valor agregado, que ha sido reemplazado por la atención al cliente, todo en un mundo en donde se desempeñan la comercialización y el marketing. Inclusive hoy se habla de que el eje central de la propiedad ha sido sustituido en la economía postindustrial por el eje del conocimiento y se habla del reemplazo de la inteligencia funcional o racional por la inteligencia emocional: la capacidad de comprender el entorno, de generar confianzas, de asociarse y de adaptarse al cambio, entre otras.

Si el Ministro de Educación cree que con la meritocracia mejorará la educación del país, no se da cuenta que con ella está estableciendo una mayor desigualdad al no reconocer que todos los docentes tienen derechos adquiridos ante la Nación por sus años de estudios, por su formación. Que ésta haya sido deficiente, que tenga muchos reparos, que no tenga el nivel que hoy se exige ¿es culpa de ellos o de quienes dirigieron la política educativa del sector? ¿Para los docentes no existe solidaridad? Se les exige y se les obliga a cumplir unas reglas que no les fueron consultadas. Y se les trata de “dorar la píldora” con la novedad de la meritocracia como un amuleto para estar en el sancta santorum de la calidad educativa.

Volviendo a la entrevista en mención donde la más alta autoridad de Educación del país no dice nada nuevo ni de nivel de política educativa; no dice por ejemplo cuáles han sido los problemas resueltos que quedaron pendientes en la mesa de diálogo que tiene el sector con el SUTEP. ¿Qué carácter tiene esta mesa de diálogo? ¿De conciliación?, ¿de solución de problemas?, ¿de qué problemas?, ¿cuáles son los temas pendientes?, ¿quiénes representan al sector en la mesa de diálogo y en qué períodos? Utilizar la mesa de diálogo como un cajón de sastre en donde no se tiene un inventario de lo que se guarda y menos dar cuenta, es una manera de tenerla como un pretexto para ilusionar incautos. Pero, sin duda entrar en estos temas menudos perturban la percepción de la política del sector, pero sería bueno un informe para apreciar quién es quien en el desempeño de sus encargos y no se recurra al sanbenito de que de todos los males de la educación tiene la culpa el Sindicato. ¿Maniqueísmos a estas alturas del nuevo siglo?

Otro de los datos que el ministro refrenda pues sus viceministros y funcionarios ya los dijeron, pero quedan pendientes de respuesta son aquellos referidos a la idoneidad de la prueba que constituyó la línea de base para establecer la capacitación docente. Se dice que se han capacitado 100 mil docentes, que en el año 2007 se les evaluó y las universidades que los capacitaron, los examinaron al inicio y al final. Aún se siguen esperando los instrumentos aplicados y sus resultados. Decir que “más del 50% tuvo 14 de nota y más del 50% aprobó la evaluación, que sólo desaprobó el 30% y que hay un 20% duro que no mejorará.” (Op.Cit.), es hablar de resultados que él solo y su entorno conoce. ¿Por qué no darlos a conocer? ¿Alguien en el Ministerio de Educación está haciendo un trabajo de investigación sobre estos resultados?

Esperábamos otro contenido en la entrevista que se le hace al Ministro. Esperábamos que hubiese un llamado a los docentes que tras el duro bregar de la jornada laboral deben dedicar sus horas de descanso a prepararse casi a ciegas para la prueba en donde la valla sigue siendo la nota 14 (sin fundamentación científica hasta hoy y tercamente mantenida por quien tiene la capacidad de decidir y esclarecer) y de acuerdo a la Matriz de Especificaciones de la Prueba Nacional escrita de la Primera Etapa: Evaluación Nacional Obligatoria (publicada recién esta semana), en donde se le informa además al docente postulante que la prueba está compuesta por 100 preguntas y se discurre en consideraciones generales y especificaciones de la prueba nacional ya fueron publicados en el diario oficial y que los docentes se agenciaron la fotocopia pues el diario era muy caro. ¿Cuánto hubiera costado publicar una separata sencilla en los diarios de mayor circulación nacional en el momento oportuno? ¿Cuánto se ha gastado en los spots y demás avisos?
La meritocracia que se oferta al docente que postule e ingrese a la CPM quiere formar una elite basada en el mérito que es fruto de su propio esfuerzo, de sus habilidades y de su talento (es decir, los cargos deben ser ocupados por los individuos mejor calificados); y por ello de manera egoísta no tiene deuda ni obligación alguna hacia una comunidad a la que pertenece, a ella los liga una relación meramente funcional, no afectiva, de compromiso, de identidad, de solidaridad. ¿Eso es lo que ofrecemos a los maestros peruanos a contrapelo de lo que deben formar? ¿Y los valores nacionales, la identidad, el compromiso con la comunidad, la solidaridad, la equidad, el reconocimiento de la diversidad, dónde queda? No se trata como parece ser que sólo los docentes mejor calificados con estudios y certificados son los más eficaces obviando la práctica profesional, central en la formación del docente. Aquí está la diferencia que trata de imponer un modelo empresarial en donde se realiza la formación de la persona humana y no el rendimiento, eficacia y eficiencia de una empresa.
Ofensiva y soberbia es la respuesta que da el ministro a la periodista cuando le pregunta ¿No hay manera de convencer al SUTEP? Responde el ministro: “No creo, porque perderían su bastión; la meritocracia es la destrucción del Sutep. Este es popular en la medida que dice: inteligentes y mediocres, trabajadores y flojos, todos ganan igual.” Si este es el concepto que tiene la primea autoridad educativa del país del Sindicato y de los docentes que a él pertenecen ¿qué lección está dando a la comunidad educativa, a la sociedad? Con ofensas y con soberbia no se puede construir alianzas. ¿Opinará igual el Presidente de la República, hijo de una maestra?
El concepto que tiene el ministro del Sindicato lo consideramos errado. No se trata de “un bastión” de la dirigencia del SUTEP en el poder, como trata de conceptuar al Sindicato. Ser bastión significa ser un reducto fortificado que se proyecta hacia el exterior. Sería bueno recordarle que el sindicato es en esencia una asociación libre para integrar a los trabajadores en defensa y promoción de sus intereses sociales, económicos y profesionales. Los sindicatos tienen como objetivo orientar sus acciones al logro que respondan a las necesidades de quienes forman parte de él. El eje central del objetivo es la dignificación de las condiciones de vida de sus afiliados. Por ello, velan por un salario justo, mejores condiciones de trabajo, empleo estable para toda persona, el mejoramiento de reivindicaciones sociales y económicas y la permanente democratización de la sociedad. En este sentido, si hubiese querido hacer una crítica al gremio que hubiera ido a lo sustantivo del mismo y al cuál de una manera u otra el propio sector ha contribuido a su distorsión con medias medidas y medios acuerdos y por hacer crónica una mesa de trabajo en donde se habla de una agenda que nadie conoce pero sí de la que se echa mano cada vez que las contradicciones se agudizan.
El concepto de lo popular que tiene el ministro es de lo más peyorativo pues referirse que en SUTEP confluyen “inteligentes y mediocres, trabajadores y flojos, todos ganan igual”, es ponerse por encima de acuerdos, normas y leyes acogidas por sus antecesores y por él mismo. ¿Por qué caer en estas consideraciones de desprecio, cuando de todas partes se habla de diálogo? Si la primera autoridad en educación se expresa así de los docentes por estar sindicalizados, buen mensajero tiene el gobierno actual que desdice lo poco realizado desde la primera evaluación censal. ¿Estas expresiones tienen que ver con el concepto de meritocracia que se trata de instituir? ¿No será el modelo educativo el que da bandazos pues no tiene un sustento claro y que los responsables circunstanciales del mismo no saben de qué se trata?
(23.05.09)

A propósito de la calidad de la educación peruana ¿Puede un vino nuevo guardarse en odres viejos?

31 marzo 2009

En la cultura pedagógica se introdujo el tema de la calidad de la educación en la década de los 80, cuando fueron convocados pensadores latinoamericanos y norteamericanos para discutir y profundizar el concepto desde la perspectiva de la educación.

En estos cerca de 30 años, a nombre de la calidad de la educación se nos ofertaron y nosotros “compramos” modelos educativos que fueron cambiando sin evaluarlos previamente, sin apreciar los resultados y sin que los responsables del ejercicio de la función pudiesen rendir cuentas. Una oferta de esta magnitud que implicaba cambios en el enfoque y concepción de la educación demandaba medidas profundas de reformas y no sólo metodologías y técnicas.

Quienes ejercen la autoridad educativa en este quinquenio del primer decenio del Siglo XXI siguen la misma senda y pasará el tiempo y no se alcanzarán las metas trazadas, los logros esperados pues existe una tozudez digna de antología de querer empezar de nuevo, siguiendo el complejo adánico. Expresar que se brinda calidad de la educación por las decisiones y medidas que se vienen tomando es caminar en una nube, pues lo que el discurso expresa no va en la línea de lo que debería ser una educación de calidad.

Inés Aguerrondo y Cecilia Braslavsky fueron quienes desde la perspectiva educativa trabajaron el tema y sus escritos nos indican por qué así nomás no se puede hablar de calidad de la educación, como para estar de moda. Es un concepto que ha costado irlo construyendo y descontaminarlo de las tendencias económicas que encierra y que el modelo neoliberal lo ha diseminado en reemplazo de lo que el docente y el padre de familia conoce como buena educación. Sin duda es necesario que se revisen estos escritos, pues son clásicos en la formación docente y en la cultura educativa..

Debe romperse el discurso complementario que por inercia se utiliza desde las altas esferas del sector, los medios de comunicación y quienes tienen que ver con la educación. Es necesario en su justo contenido y lo que implica utilizarlo en un proceso que demanda tiempos, política educativa coherente, perdurable, es decir sin interrupciones de gobiernos, fruto de consenso. Diríamos que en esta trayectoria nos hemos quedado en lo adjetivo, renunciando a lo sustantivo. ¿Por qué, si existen maestros en la alta dirección? ¿el afán burocrático los ha ganado? Si juzgamos por los resultados es una pena.

Por que no queremos que la situación educativa del país siga así han surgido iniciativas desde organizaciones no gubernamentales y ahora el Consejo Nacional de Educación. Pero ahí están, aportando en el tejido de una educación que responda a lo que los actores demandan y no a lo que los acreedores imponen. Ahí están los aportes de otras organizaciones no gubernamentales internacionales que contribuyen de manera persistente con el intercambio de documentos, de tendencias, enfoques y experiencias. Y a nivel planetario, con su representante regional, UNESCO persiste en promover líneas de acción, actividades, publicaciones que aportan a la reflexión educativa. ¿Por qué el sector educación no es permeable a todos estos aportes? ¿Por qué no se valoran los aportes y se profundiza en el discurso y los nuevos modelos pedagógicos?

En esta perspectiva tenemos un Proyecto Educativo Nacional que tiene la fortaleza por haber sido consultado a nivel nacional y además ser reconocido y aprobado políticamente por el actual gobierno. El gran problema que late preocupante es la no apropiación del contenido del Proyecto Educativo Nacional (PEN) y su aplicación y desarrollo. La apropiación exige mirar un horizonte que trascienda la temporalidad de los gobiernos que en lugar de dar continuidad caen en maniqueísmo, no de ahora solamente, sino desde los años 70 del siglo pasado en donde con medidas efectistas se deslegitimó todo lo planificado y realizado en los primeros años de la Reforma Educativa.

La Ley de Reforma Educativa fue reemplazada por una nueva Ley General de Educación que poco aportaría y menos complementaría a lo que se criticó a la Ley de Reforma Educativa. Muchos funcionarios y ciudadanos de entonces siguen vinculados al tema educativo y generando opinión sin autocriticarse, sin reconocer que poco hicieron en el momento por defender lo avanzado. La historia de la educación peruana queda con el encargo de evaluar esta etapa pues existen documentos oficiales y documentos especializados para hacerlo.

En estos tiempos que vivimos un proceso acelerado, en donde existen enclaves relevantes como la informática, la robótica, los nuevos procesos y materiales, el crecimiento de áreas de servicios, el cambio de viejas categorías profesionales, la educación oficial que se oferta no tiene el nivel ni calidad para responder con dinámica que demandan los tiempos a estos nuevos retos.

Sin duda todo invita a repensar y replantear la política educativa. Por ello un grupo de profesionales peruanos diseñaron y formularon el Proyecto Educativo Nacional de todos conocido y frente al cual las autoridades actuales dicen aplicarlo, pero por partes y a elección política de los objetivos y metas. Por ello resulta intrascendente e incoherente lo que se viene realizando. En este contexto llama la atención lo expresado por el Ministro de Educación en un programa de televisión cuando expresa que su portafolio está trabajando los seis objetivos del PEN. “Hemos incorporado estos seis objetivos estratégicos que plantea el Proyecto Educativo Nacional. Unos más que otros han sido abordados con más energía por este Gobierno. Tal vez el tema de los maestros bien formados, que es el objetivo número 3 de este PEN, ha sido el que más tiempo nos ha inquietado, y estoy seguro que es el que más resultados tendrá dentro de la formación y finalmente dentro de los logros de aprendizaje de los niños”, indicó. (TV Canal 7 – Megaproyectos del Perú 13/03/09). A confesión de partes relevo de pruebas, como dicen los abogados.

¿Acaso no tuvo el presente gobierno este PEN? ¿Por qué fragmentar un todo como el PEN y expresar luego que “los próximos gobiernos…”? ¿No es que falta voluntad política? ¿Sabe esto el Presidente de la República o forma parte de este libreto de “soplar la pluma”? Como lo expresamos en entregas anteriores es el Presidente quien da la pauta y el ministro es su fiel compañero y por lo tanto es el canal político que expresa sólo lo que los oídos presidenciales quieren escuchar, temiendo que en un arrebato regale a la audiencia con un exabrupto más de los que nos tiene acostumbrados.

Y parte de esta situación además se demuestra en estos días cuando se presentan los postulantes a los Institutos de Formación Docente que tienen que cumplir una serie de requisitos para ingresar a las instituciones, uno de ellos obtener en el examen de conocimientos la nota 14. ¿En qué se fundamenta? Hasta ahora estamos esperando la respuesta y vamos por el tercer año. Sin embargo quienes tienen que ver con la educación superior no universitaria y universitaria y tomar decisiones en pro de la calidad de la formación del futuro docente invocan a las universidades públicas y privadas que establezcan la nota mínima de 14 como exigencia para ingresar a sus facultades de educación a fin de avanzar en el mismo sentido que los institutos pedagógicos, para poder contar con docentes de calidad que contribuyan a la mejora permanente de la enseñanza pública. (ANDINA, 21 de marzo 2009, declaraciones del viceministro de gestión pedagógica). Sabemos que toda invocación cae en saco roto y que una autoridad de nivel ministerial no puede “invocar” sino expresar la necesidad de medir con la misma exigencia a quienes postulan a la carrera magisterial. Si no se vuelve cómplice de las inequidades que se vienen dando. No es haciendo una venia a la autonomía universitaria que mejorarán las cosas sino teniendo a la mano el documento legal que lo permita. ¿De quién es la responsabilidad de que las Facultades de Educación sean la tierra de nadie y se den el lujo de aprobar alumnos que no han sido aprobados en los institutos pedagógicos? ¿No es vox populi que el negocio de la educación es el más pingüe negocio y que bajo el manto de la autonomía de la educación se dan las licencias evaluativas más repugnantes? La política del agua tibia no es compatible con principios.

Por ello arroparse con el manto de la calidad educativa, como lo hacen nuestras autoridades no hace sino corroborar lo que la Dra. Aguerrondo expresa: “Nuestra educación no ha sabido cambiar para enfrentar los nuevos desafíos” (Aguerrondo, Inés La calidad de la educación, ejes para su definición y evaluación. Parámetros para la innovación). Ella expresa que la educación del siglo XXI supone innovaciones estructurales, es decir un salto de paradigma.
Las transformaciones globales del orden internacional y el avance del reordenamiento de las economías mundiales en torno al valor de la tecnología han puesto en el ojo de la mira a los sistemas educativos. En ellos recae la responsabilidad de generar y difundir el conocimiento en la sociedad y por lo tanto, se instituyen en la instancia decisiva que está a la base de la carrera tecnológica (es decir, de las posibilidades económicas futuras de la sociedad). (Ibidem). Es decir, “el crecimiento y la expansión educativa no presentan a la visión política sólo un problema de escuela (pongamos más profesores o maestros, más escuelas, más aulas), sino que plantea desafíos cualitativos que hacen volver a pensar hacia dónde ir y cómo debe organizarse y conducirse una escuela, un grupo de escuelas, un sistema educativo.”
La Dra. Braslavsky en año 2001 ya expresaba “El tema de la equidad en el contexto de la globalización y frente a los avances en la incorporación de progreso técnico en algunos sectores de la producción y su disminución en otros, así como de la aparente falta de voluntad política global de disminuir las desigualdades, es central en el nuevo contexto internacional. En lo que hace a la posibilidad de comprender y resolver las cuestiones de la equidad educativa, en particular, subsisten tres dificultades. La primera es que no abundan análisis comprehensivos de la multiplicidad de factores explicativos de los déficit en la equidad educativa de sistemas particulares, que den cuenta tanto de las condiciones de educabilidad que el entorno social impone al sistema educativo, como de las variables políticas intervinientes para operar sobre esa realidad, y de los factores propios de la esfera educativa, incluyendo entre estos a los propios programas desarrollados para combatir la inequidad. Los abordajes que se limitan a uno solo de estos factores, sin perjuicio de su valor, son necesariamente parciales. La segunda carencia consiste en que hay pocas evaluaciones sistemáticas de las políticas y proyectos específicos implementados. Por último, en muchos países parece haber poca conexión entre la información disponible actualmente y los equipos que definen políticas. En parte, esa desconexión puede explicarse por el hecho de que el bagaje de información estadística, que abarca cientos de variables, no ha sido reprocesado de forma tal de producir un recorte analítico que aporte al debate de cuáles políticas son necesarias hoy en día y cuáles son sus impactos previsibles.” (Congreso”Calidad, Equidad y Educación” PANORAMA INTERNACIONAL SOBRE CALIDAD Y EQUIDAD EN LA EDUCACIONDonosita, 28 y 29 de agosto de 2003)
Consideramos que el Proyecto Educativo Nacional sintoniza con estas reflexiones y otras que se vienen dando en el campo educativo. ¿No las conocen quienes tienen la responsabilidad de conducir la educación nacional? ¿Sus asesores?
El PEN es un todo, por lo tanto no puede justificarse que en su nombre las autoridades responsables de la educación nacional lo empiecen a desarrollar descuartizándolo. El discurso oficial dice que se aplica el PEN identificando a fortiori los objetivos tal o cual. Estamos dejando de hacer lo que en verdad debió ejecutarse hace tres años. ¿Rendirán cuenta de esta situación quienes alegremente hablan de la calidad de la educación sin conocer lo que verdaderamente ésta encierra?
Las nuevas ideas educativas requieren como el vino, no odres viejos sino odres nuevos. ¿Será posible algún día?