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¿Los docentes son la piedra angular del sistema educativo?

31 agosto 2013

Difícil decirlo y menos afirmarlo. Pero si es bueno reconocer que todas las políticas educativas, por excelentes que sean, fracasan si no cuentan con docentes generosos y preparados. Por ello no basta reconocerlos, es bueno velar porque sean tratados y considerarlos con una política laboral que prevea sus derechos de manera continua y no ceñida a lo que la economía ordene.

1. La formación docente. La deficiencia en los rendimientos de los alumnos es “responsabilidad” de los docentes, dicen. Hacia ellos va todo el peso de la responsabilidad. Y esto que se escucha de un año a otro, nos lleva a preguntar ¿cómo está su formación? ¿cumple con todo lo que demanda formar un docente?

Se ha puesto el énfasis en los aprendizajes de los alumnos y pareciera que los resultados no son alentadores. Las medidas tomadas para revertir esta situación no han sido las adecuadas.

Un sistema educativo debe saber seleccionar a quienes se presentan para ser formados como docentes en un país diverso, intercultural, multilingüe. La valla es muy alta, sin embargo es la que demanda un sistema educativo que aspira a brindar una buena educación para sus estudiantes.

Hemos surcado muchos ensayos, muchas experiencias exitosas, pero ninguna pensada desde nuestra cultura, desde nuestra realidad, menos desde nuestra idiosincrasia. Rememorar las experiencias de la Escuela Normal de Varones (El Pedagógico Nacional) o de la Escuela Normal de Mujeres y su aporte a la educación nacional por la calidad de docentes formados, no es la finalidad, sino reconocer que entonces tuvimos otra educación, otra forma de construir ciudadanía y formar líderes docentes de la comunidad.

La formación de docentes en los últimos años ha caído en el mercantilismo. Para proveer la demanda se promovió la participación privada en la formación docente que permitió el surgimiento de instituciones privadas de formación docente sin la prudencia y seriedad que una institución de esta naturaleza requería. La reforma de las instituciones que empezó en los 90 no fue evaluada y su currículo fue actualizado sin consultar a quienes lo habían aplicado. Se dio directivas y normas para mejorar la formación de futuros docentes, con capacidad de ser la vanguardia de la renovación pedagógica, pero con poco apoyo político. También hubo medidas restrictivas como la nota mínima 14, que dejó en la calle a un sin número de aspirantes que deseaban ser maestros pero alcanzaban el puntaje mínimo requerido.. ¿Qué se hizo por ellos? Se pensó que con esas medidas restrictivas se mejoraría la profesión de los futuros docentes.

2. Un docente no es cualquier profesional. Con el respeto que se merezcan las otras profesiones, el ser docente tiene una biografía que dice mucho de la persona que se dedica a desempeñar la profesión y el oficio de ser maestro.

El docente es el alumno que retorna a un lugar conocido de antemano, a un entorno de recuerdos, pero que ahora debe procesarlos e interpretarlos como adulto, como profesional de la educación. Situaciones, rituales cotidianos, traen a la mente cómo eran y cómo hoy se podrían cambiar, con un conocimiento renovado y enriquecido por lo que ha aprendido en su formación.

El docente tiene un carisma que muestra en cada momento de su quehacer porque puede dejar una huella en la vida de cada alumno. Recordamos a nuestros maestros no sólo por sus clases magistrales sino además por su enseñanza para la vida, la atención cálida a los alumnos dentro y fuera del aula y los consejos que alcanzó. Por ello se dice que la función del maestro es parecida a la del barquero que conduce a sus alumnos por realidades desconocidas e inhóspitas, pero haciendo que cada uno sea el protagonista de su propia vida, de su futuro.

Hablando del carisma recuerdo unas películas donde el protagonista es el maestro que desearíamos ser, formar, encontrar. Una de ellas marca la diferencia al mostrar un profesor carismático en “La sociedad de los poetas muertos”. El docente transmite a sus alumnos pasión por la lectura y en especial por la poesía. No todos están de acuerdo con él, pero sí habrá quienes lo sigan y comenzarán a reunirse para leer poesía de noche. Indica una senda, no la impone. Otra película del recuerdo pero que nos sirve para ejemplificar al docente carismático es la mal titulada Al maestro con cariño donde el profesor Thackeray controla su clase de adolescentes en uno de los colegios más conflictivos de Londres y logra conquistarlos entrando al mundo de donde provienen y a las actividades que frecuentan.

En el Perú Francisco Izquierdo Ríos nos ha legado un fresco de lo que es un maestro carismático en su novela Mateo Paiva el Maestro. “…era un joven maestro normalista, de espíritu nuevo. No se contentaba con su labor sólo dentro de la escuela, sino procuraba infundirla en la sangre de la comunidad, para que ambas se unieran en la tarea de forjar el provenir… En las escuelas donde la tocaba trabajar, rompía los viejos moldes. Insuflaba vida. Sacaba a los niños al campo, a la Naturaleza. Llevaba la naturaleza a la escuela, sembrando en ella árboles y flores. El vetusto Programa Oficial de Estudios no le servía sino como un simple documento de referencia. Ante una tempestad, un río, una mariposa, un arco iris, Mateo Paiva tiraba a un lado el Programa. Editaba periódicos escolares, en los que, aparte de los asuntos concernientes al colegio, se hablaba de problemas generales de la comunidad…” (MATEO PAIVA. El maestro. F.Izquierdo Ríos. Lima, mayo 1968)

¿Nuestras instituciones de formación docente forman en esta perspectiva a los futuros maestros para nuestro país diverso intercultural? ¿Qué les falta? ¿Qué han ido perdiendo? ¿Es sólo el currículo? ¿Cómo formar el talento y el talante del maestro peruano?

Las carencias que se tienen hoy y que se patentizan, no es culpa de ellos solamente sino de quienes diseñaron una política de formación docente, de quienes los formaron, de quienes no les dieron el tratamiento de educación superior sino los siguieron escolarizando, los adocenaron en su formación. El enfoque en el que fueron formados no ha sido el que corresponde a una educación de adultos. Del nivel académico depende en mucho el labrar el carisma que tiene el docente de vocación. El nivel académico debe poseer un saber pedagógico, pues la actuación del docente, su desempeño, no puede, ni debe estar limitado sólo a consumir conocimientos producidos por otros (Elliot, 1997), sino que debe contribuir como docente investigador, a la generación de teorías para producir nuevos conocimientos partiendo de un proceso reflexivo socializado y sistematizado y puesto al servicio de la sociedad.

Nos falta mucho camino por recorrer. Sin embargo debe iniciarse seriamente y garantizar la formación de promociones de docentes que no sean interrumpidas por los intereses mercantiles de gobiernos, congresistas o empresarios, que no persiguen mejora de conocimientos y aprendizajes, sino el lucro. Existen muchos ejemplos que nos rodean y que empiezan a ser parte del paisaje educativo peruano y generadores de su crisis.

Un experto peruano César Guadalupe (Especialista Principal de Programa en el Instituto de Estadística de la UNESCO) nos dice “El maestro es probablemente el agente más importante en el proceso educativo en tanto es el que organiza de modo directo la experiencia de aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, las políticas educativas en general no se encuentran informadas por un cuerpo sólido de evidencia sobre los maestros y el impacto de sus prácticas profesionales sobre la experiencia educativa. La importancia de desarrollar esta agenda de investigación es indudable a fin de mejorar la calidad de la educación en América Latina.” (Maestro: agente central en el sistema educativohttp://www.focal.ca/es/publications/focalpoint/260-june-2010-cesar-guadalupe-sp

3. Nadie construye su casa con cimientos de arena. Frase dicha hace dos mil años, que bien puede aplicarse para nuestro sistema educativo. Las bases en que se edifica el edificio del sistema educativo nacional, son débiles, no resisten el soplo del viento que emanan sobre todo de tendencias económicas, que “sugieren” su modelo para que vayamos al ritmo de quienes hoy son los mejores en el mundo. Quizá tengan razón, pero ¿acaso no hemos demostrado que en nuestro país podemos forjar una pedagogía moderna acorde a nuestra realidad y que procese las sugerencias y tendencias que existen en el mundo?

No nos sentimos fuertes en nuestros planteamientos. Son otras profesiones las que piensan sobre lo que debe hacerse en nuestro sistema educativo. Se acoge la estandarización cuando nuestra realidad diversa no permite que todos los alumnos y profesores desarrollen el proceso de aprendizaje de manera uniforme, sino a partir de determinados lineamientos recreados de acuerdo a cada realidad.

¿Por qué no tenemos una masa crítica en educación formada por docentes investigadores que sean la plasmación de lo que dice la letra del currículo de formación inicial y fortalecida con postgrados? ¿Por qué el desarrollo de la formación docente asume un enfoque escolarizado cuando debe ser en el marco y objetivos de la educación superior? ¿Por qué se renuncia en la formación docente el espacio para decidir, para elegir? Eso hace posible desarrollar el pensamiento y la crítica. A pesar de estar en la palabra y espíritu del PEN y de documentos oficiales, demoran en hacerse realidad.

El sistema educativo será débil porque no son los maestros quienes lo elaboran y desarrollan. El enfoque formativo desde la perspectiva de adultos, permitirá que el docente se asuma como sujeto de derecho, como sujeto democrático y como sujeto productor de conocimientos y hará que el saber pedagógico no sea reducido a reproducción de “experiencias exitosas”, tampoco al desarrollo de innovaciones que no tienen sustento teórico.

El sistema educativo requiere docentes profesionales en el pleno sentido de la palabra, líderes de la pedagogía y no seguidores de tendencias y de disciplinas que no forman a los futuros ciudadanos del país. Un sistema educativo con bases débiles siempre estará a merced de quienes desde otras realidades, nos quieren imponer sus recetas, que sabemos no darán resultados esperados en el país. Y esto porque somos un país intercultural bilingüe. Tampoco podrán porque somos un país sesgado por la exclusión, por la pobreza, por la falta de oportunidades.

Los docentes serán la piedra angular del sistema educativo nacional cuando sean reconocidos y valorados como profesionales en el pleno sentido del término. Ellos, son los imprescindibles en la dirección y gestión del sistema, porque conocen la dinámica del aula, del patio escolar, entienden que el desempeño profesional pasa por reconocer su identidad, su quehacer en el día a día y conocer la institución donde se desempeñan; su propio lenguaje y los códigos con que se relaciona con los alumnos y sus propios colegas. La conjunción de todo ello es lo que se convierte en la fortaleza del docente. Si logramos con seguir esto algún día, creemos que los docentes serán la piedra angular de nuestro sistema educativo. (31.08.13)