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EL ORIGEN DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL. NUESTROS HEMISFERIOS CEREBRALES

10 julio 2013

Dos personas distintas habitan en nuestro cerebro, unidas como mellizos siameses, a lo largo de la línea media. Una de ellas es verbal, analítica, dominante. La otra es artística pero muda, casi misteriosa en su totalidad.

Estos son el hemisferio izquierdo y derecho de nuestro cerebro, las cápsulas gemelas que cubren el tallo central del cerebro. En gente normal, están conectados por millones de fibras nerviosas que forman un grueso cable llamado cuerpo calloso. Si se corta este cable, como debe hacerse en algunos casos de epilepsia grave, suceden una serie de circunstancias curiosas. El lado izquierdo del cerebro, el del habla, ya no sabe qué está haciendo el lado derecho, aunque insiste en encontrar excusas para lo que haya hecho la mitad muda, y sigue operando con la ilusión de ser una sola persona.

A juzgar por las apariencias, un gato o un mono con cerebro dividido es perfectamente normal: puede correr, comer, aparearse, resolver problemas como si nada le hubiera sucedido.

No obstante, Myers prosiguió investigando, y después de cortar a través el quiasma óptico de los gatos, también dividió su cuerpo calloso, separando los dos hemisferios. Luego los entrenó como antes, con un ojo tapado. Cuando les quitó el parche y se lo colocó en el otro ojo, hubo un cambio dramático: los gatos reaccionaron como si nunca hubieran visto los ejemplos. Les tomó tanto tiempo encontrar la diferencia entre un cuadrado y un círculo con el segundo ojo como lo habían hecho con el primero.

Myers estaba alborozado, y la pregunta fue esclarecida finalmente: era el cuerpo calloso el que transmitía la memoria y el aprendizaje de un hemisferio al otro.

El grueso cable de fibras quedó revelado como único medio de comunicación entre las dos mitades de la corteza cerebral. Sin él, los gatos podían ser entrenados separadamente con cada ojo. Cuando Myers intentó enseñar a algunos gatos de cerebro dividido a elegir el círculo con su ojo izquierdo y el cuadrado con el derecho, descubrió que aprendían esto sin la menor evidencia de conflicto. Actuarían en formas opuestas, de acuerdo al ojo que estuviera descubierto, como si tuvieran dos cerebros completamente separados.

En los animales, un cerebro dividido podría parecer de poca importancia. Después de todo, ambos hemisferios están comprendidos en una misma cabeza, vinculados a un solo cuerpo, y normalmente expuestos a idénticas experiencias. Más aún, las mitades izquierda y derecha de su cerebro efectúan exactamente la misma tarea. Pero esto no es aplicable a seres humanos.

Entre los mamíferos, el hombre es el único que ha desarrollado distintos usos para cada mitad de su cerebro. Esta asimetría, que todos reconocemos cuando decimos si somos derechos o zurdos, es el glorioso mecanismo a través del cual el hombre está capacitado para hablar. Es lo que nos diferencia de los simios. Al respecto hay varias teorías sobre cómo se desarrolló y si se encuentra presente desde el nacimiento, pero es bastante claro que en un niño a la edad de diez años, un hemisferio, generalmente el izquierdo, se ha hecho cargo de la tarea del lenguaje.

Para finalidades más simples, tales como recibir sensaciones de la mano de uno u ordenar movimientos a su pie, el cerebro humano permanece generalmente simétrico. Los impulsos nerviosos que llevan mensajes de un lado del cuerpo trepan por la médula espinal y cruzan hacia la parte opuesta del cerebro, para formar allí una especie de imagen reflejada de las partes que representan. Las conexiones nerviosas involucradas se establecen desde el nacimiento de una forma muy precisa que permite al cerebro saber instantáneamente de dónde provienen ciertas sensaciones y hacia dónde dirigir instrucciones específicas.

Sin embargo, cuando las tareas se tornan más complejas, se abandona esta representación espejada. Luego entran en acción las áreas de asociación del cerebro y cada una se desarrolla a su manera, de acuerdo a la experiencia. Ya que tenemos una sola boca (distinto del delfín, que tiene mecanismos de fonación separados para el lado izquierdo y el derecho de su cuerpo), en el cerebro no se necesitan centros del habla izquierdo y derecho. Por el contrario, éstos podrían estar en pugna uno con el otro y competir por el control de los mecanismos del habla. Por lo tanto, en la mayoría de la gente, los centros del habla están limitados a un solo centro del cerebro, generalmente el izquierdo, aunque alrededor del quince por ciento de los zurdos los tienen en ambos lados.

NUESTROS HEMISFERIOS CEREBRALES (II)

El estudio de las dos personalidades en nuestro cerebro no comenzó verdaderamente hasta 1961, cuando Roger Sperry se interesó en un veterano de cuarenta y ocho años cuya cabeza recibió el impacto de fragmentos de bomba durante la segunda guerra mundial.

Unos años después de su lesión, W. J. había comenzado a tener ataques de epilepsia ; éstos se hicieron tan frecuentes y tan agudos que nada los podía controlar. Caía, inconsciente y echando espuma por la boca, lastimándose a menudo. Durante más de cinco años los médicos del White Memorial Medical Center, en Los Angeles, probaron cualquier remedio posible, sin éxito. Finalmente los cirujanos cortaron a través su cuerpo calloso, y los accesos pararon como por arte de magia. Hubo un duro período de recuperación, durante el cual W. J., un hombre de inteligencia superior a la normal, no podía hablar, pero después de un mes anunció que se sentía mucho mejor que en los últimos años. Parecía inalterado en su personalidad y perfectamente normal.

Mientras tanto, Sperry había interesado a un estudiante graduado, Michael Gazzaniga, para realizar una serie de pruebas en W. J.

Gazzaniga descubrió enseguida algunas cosas muy extrañas de su paciente. Para comenzar, W. J. podía llevar a cabo órdenes verbales (‘Levante la mano’, ‘Doble la rodilla’) solamente con el lado derecho de su cuerpo. No podía responder con su lado izquierdo. Evidentemente el hemisferio derecho, que controla los miembros izquierdos, no comprendía esa clase de lenguaje. Cuando W. J. estaba con los ojos vendados, no podía ni siquiera decir qué parte de su cuerpo le tocaban si esto sucedía en el lado izquierdo.

De hecho, mientras las pruebas continuaban, se hacía cada vez más difícil pensar en W. J. como una sola persona. Su mano izquierda hacía cosas que su derecha deploraba, si de alguna manera se daba cuenta de ello. Algunas veces trataría de bajarse los pantalones con una mano, mientras con la otra los empujaba hacia arriba. Cierta vez amenazó a su esposa con la mano izquierda mientras que la derecha trataba de ir en su rescate y traer bajo control a la mano beligerante.

Gazzaniga, profesor de psicología de la Universidad de Nueva York, recuerda que estaba jugando a las herraduras con W. J. en el patio del paciente, cuando W. J. levantó un hacha con su mano izquierda. Alarmado, Gazzaniga abandonó el lugar con discreción.

‘Era posible que el hemisferio derecho, más agresivo, hubiera tomado el control’, explicó. Y como no se podía comunicar con él, no quería ser la víctima en un experimento sobre ‘cuál parte del cerebro castiga o ejecuta la sociedad’.

Solamente la mitad izquierda podía hablar. La derecha permaneció muda para siempre, incapacitada para realizar tareas que requerían juicio o interpretación basadas en el lenguaje. Además, también era incapaz de leer. Esto significaba que cada vez que W. J. enfrentaba una página impresa, podía leer únicamente las palabras de la mitad derecha de su campo visual, las que se proyectaban a su hemisferio izquierdo. El cerebro parecía ciego. Por lo que el leer se le hacía muy difícil y cansador. También le fue imposible escribir palabras con su mano izquierda, aunque antes de la operación podía hacerlo con un poco de dificultad. (Era enteramente diestro).

En verdad, las primeras pruebas en W. J. parecían mostrar que su hemisferio derecho era prácticamente nulo. Pero llegó el día en que a W. J. con un lápiz en su mano izquierda, se le mostró el contorno de una cruz griega. Velozmente y sin dudar, la copió, dibujando la figura entera con una sola línea continua. Cuando se le pidió copiar la misma cruz con su inteligente mano derecha, sin embargo, no pudo hacerlo. Dibujó varias líneas en forma incoherente, como si viera solamente una pequeña parte de la cruz a la vez, y no pudo terminar el modelo. Con seis trazos separados, había dibujado solamente la mitad de la cruz. Incitado a hacer más, agregó unas pocas líneas pero se detuvo antes de completarla y decretó que estaba hecha. Se veía claramente que no era falta de control motor, sino un defecto en el concepto; en sorprendente contraste con la rápida comprensión de su mitad muda.

Desde entonces, ha comenzado a surgir una figura atormentadora del hemisferio mudo del cerebro. Lejos de ser tonta, la mitad derecha del cerebro es simplemente muda e iletrada. En realidad, percibe, siente, y piensa a su manera, que en algunos casos puede ser superior. El único problema es comunicarse con ella en forma no verbal, como si fuera un animal sumamente inteligente.

NUESTROS HEMISFERIOS CEREBRALES (III)

Existen algunas películas reveladoras sobre los primeros pacientes de cerebro dividido en el laboratorio de Sperry. Una secuencia muestra a un niño de doce años sentado delante de una pantalla con los ojos fijos en un punto en el centro de ella. Cuando se presentan imágenes de distintos objetos a la derecha o a la izquierda de este punto, cada imagen es vista únicamente por el hemisferio opuesto. Se presenta una imagen en el campo visual izquierdo del niño, que está controlado por la mitad derecha de su cerebro, y el niño dice no haber visto nada. (Es por supuesto el hemisferio izquierdo que habla). Pero al mismo tiempo su mano izquierda (controlada por su hemisferio derecho) busca detrás de la pantalla, desechando una amplia variedad de objetos, hasta que finalmente encuentra, al tacto, lo que está buscando: unas tijeras, para que hagan juego con las que vio el hemisferio derecho en la pantalla.

En otra película, se ve a W. J. tratando de arreglar algunos cubos de colores de acuerdo a un diagrama. No tiene problemas en hacer esta prueba de construcción con su mano izquierda. Pero cuando es su mano derecha la que trata, se embarulla sin remedio. Impaciente, su mano izquierda se adelanta para ayudar, pero el experimentador la vuelve hacia atrás. La mano derecha continúa moviendo los cubos hacia uno y otro lado, sin conseguir nada. Nuevamente la mano izquierda trata de ayudar, para volver a ser rechazada. Irritado, W. J. se sienta sobre esa mano para mantenerla quieta. Pero todavía no puede reproducir el dibujo con los cubos haciéndolo con su mano derecha. Cuando se le dice que puede probar con ambas manos, la situación empeora: ambas manos parecen luchar por el control, derribando la mano derecha lo que ha construido la izquierda.

En habilidades tridimensionales, el hemisferio derecho está claramente en ventaja. También reconoce mejor las caras que el dominante izquierdo, como se demostró recientemente con la ayuda de algunas caras divididas muy extrañas, desarrolladas por dos de los colegas del Dr. Sperry, los Dres. Colwyn Trevarthen y Jerry Levy. Cortaron varias imágenes de caras en dos, luego las pegaron en combinaciones diferentes: el lado izquierdo de un anciano con el derecho de una mujer joven, por ejemplo, y presentaron cada figura brevemente sobre la pantalla. Los pacientes de cerebro dividido que fueron utilizados como sujetos experimentales para esta prueba mantenían sus ojos fijos en un punto rojo en el centro del compuesto, de manera que la mitad de cara en su campo visual izquierdo podía ser proyectada únicamente a su hemisferio derecho, y viceversa.

Después de que cada figura compuesta aparecía en la pantalla, a los pacientes se les mostraba una variedad de caras y se les pedía que señalaran la cara que habían visto anteriormente. Ya sea utilizando su mano derecha o izquierda, siempre señalaban la cara que combinaba con la mitad que había aparecido en el lado izquierdo de la pantalla, la mitad que había sido proyectada al lado derecho del cerebro. Esto indica que el reconocer caras es una habilidad especial para la que el hemisferio derecho es el dominante, según creen los investigadores. El hemisferio izquierdo nunca tuvo oportunidad de seleccionar su candidato, ya que el derecho siempre eligió primero. (Aun en los pacientes de cerebro dividido, el hemisferio derecho puede controlar algunos movimientos de la mano derecha, así como también los de la izquierda).

Cuando, en lugar de señalar, se les pedía a los pacientes contar lo que habían visto, hacían la elección opuesta y describían la mitad de cara de la derecha, ya que esa era la única que había visto su lado verbal. Pero respondían de una manera extraña, como si estuvieran en un sueño, explicando que se encontraban confundidos. Algunas veces decían en forma vaga que no recordaban claramente. Sin embargo, nunca se quejaron de haber encontrado algo raro en la figura en sí.

En general, el hemisferio derecho parece mejor para captar la figura total, la estampa de una escena. Y este talento no puede estar limitado a la gente cuyos cerebros han sido seccionados. Debe ser una forma de especialización en todas las personas, resultante de una división de trabajo parecida a la que daba el lenguaje al hemisferio izquierdo.

¿Cuántas otras destrezas o talentos especiales son de la incumbencia del hemisferio derecho? Nadie sabe. Pero muchos de los aspectos poéticos o imaginativos pueden brotar de allí. Hace algunos años el psicólogo A. R. Luria describió a un compositor que se quedó sin habla después de una embolia cerebral, y sin embargo siguió componiendo mejor música que antes. No podía escribir las notas, pero podía tocar y recordarlas. Otros que habían perdido el uso de su hemisferio derecho permanecieron capaces de hablar, pero no recordaban las canciones. Por lo que se deduce, el talento musical, también parece estar localizado en el hemisferio derecho.

Tampoco el hemisferio derecho es totalmente mudo, después de todo. A excepción de W. J., que había tenido más daño en el cerebro antes de su operación, los pacientes examinados en el laboratorio de Sperry demostraron generalmente comprender sustantivos comunes y unos pocos verbos elementales con su hemisferio derecho. Algunos incluso podían sumar hasta diez, mientras esto fuera expresado en forma no verbal.

En este caso hay mucha capacidad mental en el hemisferio mudo e inarticulado. Aparejado con esto viene un amplio complemento de emociones. Una parte de la película hecha en el laboratorio de Sperry muestra a una mujer joven comenzando a sonreír en una forma embarazosa al ser proyectada una figura desnuda en su campo visual izquierdo. Cuando se le pregunta qué había en la pantalla, responde que no ha visto nada. Nuevamente se proyecta el desnudo en el lado izquierdo de la pantalla. Esta vez la mujer se ruboriza. En su cara se dibuja lentamente una amplia sonrisa, y esconde la cara con turbación. Pero cuando se le pregunta lo que vio, insiste nuevamente en que allí no había nada. Incitada a explicar por qué reía, todo lo que puede decir es: ‘¡Oh!, ¡esa máquina tan graciosa!’

De la misma forma que el hemisferio derecho puede hacer reír la cara entera (aunque el hemisferio izquierdo no sepa el porqué), puede hacer expresar desagrado, aun después de ser cortado el cuerpo calloso.

“Esto se evidencia en el enojo, mueca, cabeceo negativo y otros semejantes, en las situaciones donde el hemisferio menor oye al mayor cometer errores verbales estúpidos, en otras palabras, donde la respuesta correcta es solamente conocida para el hemisferio menor -hace notar Sperry-Este parece ser completamente fastidiado en tales situaciones por la errónea respuesta vocal de su mejor mitad’.

En tales momentos, la mitad verbal del cerebro sería incapaz de decir por qué la cara a la cual está vinculada fruncía el entrecejo o respingaba, o por qué la cabeza se movía.

Todas estas habilidades indican la presencia, en el hemisferio derecho, de un ‘segundo sistema, separado y consciente que es definidamente de tipo humano’, dice Sperry. Sin embargo, el hemisferio dominante no confía verdaderamente en su gemelo, por lo menos en pacientes de cerebro dividido, y generalmente prefiere ignorarlo, si no humillarlo.

El hemisferio izquierdo generalmente negará que la mano izquierda pueda hacer algo como recobrar, de adentro de una bolsa con objetos diversos, uno que haya sido sentido previamente con esa mano. Cuando se le pide hacer esto por primera vez, los pacientes de Sperry generalmente se quejan de que no pueden ‘trabajar con esa mano’, que la mano es ‘torpe’, o que ‘simplemente no pueden sentir nada’ o ‘no pueden hacer nada con ella’. Si la mano izquierda procede a realizar el trabajo correctamente, y esto se hace notar al paciente, la mitad que habla responderá: ‘Bueno, solamente estaba adivinando’, o ‘Lo debo haber hecho inconscientemente’. Nunca siquiera reconoce la existencia de su gemelo.

El comportamiento de los dos medios cerebros en la gente normal está rodeado de mucho misterio. Nadie sabe si estas dos mitades gemelas también se ignoran entre sí, se inhiben una a otra, cooperan, compiten, o se turnan para los controles.

Sperry cree que en general cooperan, debido a los doscientos millones de fibras que las conectan. Pero hay también otras opiniones.

EL ORIGEN DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

9 julio 2013

ENTREVISTA REALIZADA A DANIEL GOLEMAN EN SU PASO POR LA ARGENTINA (‘FERIA DEL LIBRO’ DEL AÑO 1999)

Durante su visita a nuestro país para presentar ‘La Inteligencia Emocional en la Empresa’ le preguntaron más de una vez por qué considera más importante la inteligencia emocional que el coeficiente intelectual y que la educación convencional. Palabras más, palabras menos, su respuesta siempre fue:

“No pienso que el coeficiente intelectual no importe. Evidentemente, tiene importancia, pero no toda la que puede pensarse. Es muy importante en términos del trabajo que podemos conseguir y mantener: hace falta un coeficiente intelectual alto para ser ingeniero y quizá no tan alto para otros campos del trabajo. Pero una vez que el individuo está en el trabajo, el coeficiente intelectual es un mecanismo malo de predicción respecto de lo bien que le puede ir. El hecho de que a alguien le vaya bien en el trabajo depende de la Inteligencia Emocional: si tiene confianza en sí mismo e iniciativa, si puede adaptarse bien, si está motivado, cuán bien puede percibir cómo reaccionan los demás ante él y trabajar con las demás personas de manera eficiente (ya se trate de clientes o compañeros de trabajo). Si se mira a los trabajadores-estrellas y los trabajadores medios, la inteligencia emocional tiene una incidencia dos veces mayor que el coeficiente intelectual. Para el liderazgo, la Inteligencia Emocional es el 90% de lo que separa a las estrellas del promedio”.

La otra pregunta, que también se caía de madura, fue si en un país como la Argentina, donde el índice de desocupación ronda el 20%, es aplicable la Inteligencia Emocional a la difícil búsqueda de un empleo. Para Goleman la respuesta es sí.

“Absolutamente, y por simples razones. Una es que las empresas no están aisladas de lo que pasa en otras partes del mundo. Es una economía global. Y las empresas comparten las mejores prácticas. La mayoría de las grandes empresas, incluso aquí en la Argentina, buscan al contratar, además de gente con conocimientos técnicos, aquellos con mayor inteligencia emocional. Los empleadores lo tienen presente cuando uno se postula para un trabajo, especialmente en una gran empresa. Y agrego que la gente con inteligencia emocional que busca trabajo lo consigue más rápido y mejor”.

Para Goleman, la Inteligencia Emocional es aplicable también a la escuela. Según los estudios que reunió para el que será su próximo libro, el desarrollo de las aptitudes emocionales en los chicos garantiza menores índices de violencia, drogadicción y abandono escolar mientras que eleva notablemente el rendimiento académico. Sobre eso conversó con funcionarios del Ministerio de Educación y especialistas vinculados con la Reforma Educativa, a quienes propuso la aplicación de programas parecidos a los implementados en su país

En la Argentina, los grandes problemas de violencia, deserción y drogadicción están vinculados con los niveles de pobreza. ¿Cómo se podría aplicar un plan diseñado para países ricos?

“Es que el camino para salir de la pobreza es la educación. Si se puede hacer algo para ayudar a chicos pobres para que sigan en el colegio más tiempo se estará haciendo algo muy positivo para mejorar su posición en la vida”.

NUESTRO COMPLEJO CEREBRO

Estructuralmente, el cerebro es una máquina pavorosamente compleja. Permanece como una de las cosas que más desconoce aún el hombre.

Y en cuanto a sus funciones, la conciencia representa sólo una pequeña parcela de nuestra psiquis…

En todo caso, parece indudable que nos afectan muchos estímulos que no percibimos conscientemente y que, por lo tanto, no podemos evaluar de manera racional. Algunos llegan a ser importantes. Esto es el origen, por ejemplo, de las “corazonadas’, o de lo que manifestamos en ocasiones con frases como ‘intuyo que…’

El número de neuronas que contiene nuestro cerebro- sólo en la corteza – puede calcularse en diez mil millones. Y el número de conexiones entre ellas supera toda imaginación.

Dos personas distintas habitan en nuestro cerebro, unidas como mellizos siameses, a lo largo de la línea media. Una de ellas es verbal, analítica, dominante. La otra es artística pero muda, casi misteriosa en su totalidad.

Estos son el hemisferio izquierdo y derecho de nuestro cerebro, constituido por dos mitades unidas por una compleja red de fibras nerviosas que forman un grueso ‘cable’ llamado cuerpo calloso.

La conexión con el sistema nervioso determina que el hemisferio izquierdo controla la parte derecha del cuerpo, y el hemisferio derecho controla el lado izquierdo.

Si se corta este cable, como debe hacerse en algunos casos de epilepsia grave, suceden una serie de circunstancias curiosas. El lado izquierdo del cerebro (en el que está alojado el centro del habla), ya no sabe qué está haciendo el lado derecho, aunque insiste en encontrar excusas para lo que haya hecho la mitad muda, y sigue operando con la ilusión de ser una sola persona.

Entre los mamíferos, el hombre es el único que ha desarrollado distintos usos para cada mitad de su cerebro. Esta asimetría, que todos reconocemos cuando decimos si somos derechos o zurdos, es el glorioso mecanismo a través del cual el hombre está capacitado para hablar. Es lo que nos diferencia de los simios.

Cada parte del cerebro está a cargo de diferentes procesos mentales:

Hemisferio izquierdo Hemisferio derecho
Lógica Emociones
Razonamiento Música
Lenguaje Imaginación
Números Imágenes
Análisis Color
Linealidad Reconocimiento de formas
Abstracciones Creatividad general

Como se ve, y a diferencia de lo que se pensó en un principio, lejos de ser tonta, la mitad derecha del cerebro es simplemente muda e iletrada. En realidad, percibe, siente y piensa a su manera, que en algunos casos puede ser superior a la del hemisferio izquierdo. El único problema es comunicarse con ella en forma no verbal.

El comportamiento de los dos medios cerebros en la gente normal está rodeado de mucho misterio. Nadie sabe si estas dos mitades gemelas también se ignoran entre sí, se inhiben una a otra, cooperan, compiten, o se turnan para los controles.

Casi todos nosotros, sin advertirlo, y en diferentes circunstancias, tendemos a utilizar sólo el hemisferio cerebral derecho. Analicemos estos ejemplos:

Sin darse cuenta, usted ha cambiado de lugar un objeto. Aunque piense en la secuencia de todo lo que hizo antes, no recuerda en dónde lo puso. Esa noche, mientras divaga sentado en la sala de su casa, se le ilumina la memoria: había dejado el objeto en la mesa del taller. ¿De dónde provino ese destello de intuición ? De su hemisferio cerebral derecho, con datos que le proporcionó el izquierdo.

Durante un largo viaje en auto, se da usted cuenta de que el tiempo y la distancia han transcurrido sin notarlo. ‘Tenía la mente a millones de kilómetros de allí’, comenta con un amigo/a. En realidad, sólo se había desviado unos centímetros, del lado izquierdo del cerebro hacia el derecho, que entonces lo ‘distrajo’ a usted durante el viaje con una serie animada de imágenes e intuiciones.

Su talonario de cheques no da el balance exacto. Más tarde, durante su ejercicio corporal cotidiano, se le ocurre por qué. ‘Se ve’ a sí misma/o en el supermercado, escribiendo el cheque que omitió registrar. ¿Qué le proporcionó la solución? La ‘divagación’ del cerebro derecho, que casi todos tenemos durante una actividad física, una caminata o un paseo.

EL CEREBRO REPTIL

El cerebro humano está formado por varias zonas diferentes que evolucionaron en distintas épocas. Cuando en el cerebro de nuestros antepasados crecía una nueva zona, generalmente la naturaleza no desechaba las antiguas; en vez de ello, las retenía, formándose la sección más reciente encima de ellas.

Esas primitivas partes del cerebro humano siguen operando en concordancia con un estereotipado e instintivo conjunto de programas que proceden tanto de los mamíferos que habitaban en el suelo del bosque como, más atrás aún en el tiempo, de los toscos reptiles que dieron origen a los mamíferos.

La parte más primitiva de nuestro cerebro, el llamado ‘cerebro reptil’, se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo sexual, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas tipo ‘pelea-o-huye’.

En los reptiles, las respuestas al objeto sexual, a la comida o al predador peligroso eran automáticas y programadas; la corteza cerebral, con sus circuitos para sopesar opciones y seleccionar una línea de acción, obviamente no existe en estos animales.

Sin embargo, muchos experimentos han demostrado que gran parte del comportamiento humano se origina en zonas profundamente enterradas del cerebro, las mismas que en un tiempo dirigieron los actos vitales de nuestros antepasados.

‘Aun tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo y el cocodrilo’, dice el neurofisiólogo Paul MacLean, del Instituto Nacional de Salud Mental de los EE.UU.

Nuestro cerebro primitivo de reptil, que se remonta a más de doscientos millones de años de evolución, nos guste o no nos guste reconocerlo, aún dirige parte de nuestros mecanismos para cortejar, casarse, buscar hogar y seleccionar dirigentes. Es responsable de muchos de nuestros ritos y costumbres (y es mejor que no derramemos lágrimas de cocodrilo por esto).

EL CEREBRO EMOCIONAL

El sistema límbico, también llamado cerebro medio, o cerebro emocional, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala cerebral (no debemos confundirlas con las de la garganta).

Estos centros ya funcionan en los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor o la agresión.

En el ser humano, estos son los centros de la afectividad, es aquí donde se procesan las distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas

El papel de la amígdala como centro de procesamiento de las emociones es hoy incuestionable. Pacientes con la amígdala lesionada ya no son capaces de reconocer la expresión de un rostro o si una persona está contenta o triste. Los monos a las que fue extirpada la amígdala manifestaron un comportamiento social en extremo alterado: perdieron la sensibilidad para las complejas reglas de comportamiento social en su manada. El comportamiento maternal y las reacciones afectivas frente a los otros animales se vieron claramente perjudicadas.

Los investigadores J. F. Fulton y D. F. Jacobson, de la Universidad de Yale, aportaron además pruebas de que la capacidad de aprendizaje y la memoria requieren de una amígdala intacta: pusieron a unos chimpancés delante de dos cuencos de comida. En uno de ellos había un apetitoso bocado, el otro estaba vacío. Luego taparon los cuencos. Al cabo de unos segundos se permitió a los animales tomar uno de los recipientes cerrados. Los animales sanos tomaron sin dudarlo el cuenco que contenía el apetitoso bocado, mientras que los chimpancés con la amígdala lesionada eligieron al azar; el bocado apetitoso no había despertado en ellos ninguna excitación de la amígdala y por eso tampoco lo recordaban.

El sistema límbico está en constante interacción con la corteza cerebral. Una transmisión de señales de alta velocidad permite que el sistema límbico y el neocórtex trabajen juntos, y esto es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras emociones.

EL CEREBRO RACIONAL

Hace aproximadamente cien millones de años aparecieron los primeros mamíferos superiores. La evolución del cerebro dio un salto cuántico. Por encima del bulbo raquídeo y del sistema límbico la naturaleza puso el neocórtex, el cerebro racional.

A los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente, de comprender las relaciones globales existentes, y de desarrollar un yo consciente y una compleja vida emocional.

Hoy en día la corteza cerebral, la nueva y más importante zona del cerebro humano, recubre y engloba las más viejas y primitivas. Esas regiones no han sido eliminadas, sino que permanecen debajo, sin ostentar ya el control indisputado del cuerpo, pero aún activas.

La corteza cerebral no solamente ésta es el área más accesible del cerebro: sino que es también la más distintivamente humana. La mayor parte de nuestro pensar o planificar, y del lenguaje, imaginación, creatividad y capacidad de abstracción, proviene de esta región cerebral.

Así, pues, el neocórtex nos capacita no sólo para solucionar ecuaciones de álgebra, para aprender una lengua extranjera, para estudiar la Teoría de la Relatividad o desarrollar la bomba atómica. Proporciona también a nuestra vida emocional una nueva dimensión.

Amor y venganza, altruismo e intrigas, arte y moral, sensibilidad y entusiasmo van mucho más allá de los rudos modelos de percepción y de comportamiento espontáneo del sistema límbico.

Por otro lado -esto se puso de manifiesto en experimentos con pacientes que tienen el cerebro dañado-, esas sensaciones quedarían anuladas sin la participación del cerebro emocional. Por sí mismo, el neocórtex sólo sería un buen ordenador de alto rendimiento.

Los lóbulos prefrontales y frontales juegan un especial papel en la asimilación neocortical de las emociones. Como ‘manager’ de nuestras emociones, asumen dos importantes tareas:
• en primer lugar, moderan nuestras reacciones emocionales, frenando las señales del cerebro límbico.
• en segundo lugar, desarrollan planes de actuación concretos para situaciones emocionales. Mientras que la amígdala del sistema límbico proporciona los primeros auxilios en situaciones emocionales extremas, el lóbulo prefrontal se ocupa de la delicada coordinación de nuestras emociones.

Cuando nos hacemos cargo de las preocupaciones amorosas de nuestra mejor amiga, tenemos sentimientos de culpa a causa del montón de actas que hemos dejado de lado o fingimos calma en una conferencia, siempre está trabajando también el neocórtex.

Cómo solucionar las dificultades en la comprensión de los textos

3 julio 2013

Según la Unesco, el 44% de los adolescentes argentinos no comprende lo que lee

La estimulación de la lectura es 100% eficaz antes de los diez años de edad
• Cuando el tratamiento se realiza más tarde, el 75% persiste en sus problemas de lectura
• Esto se debe a que las áreas cerebrales involucradas ya han perdido plasticidad

Cuando la Unesco difundió, en 2003, los resultados de su evaluación internacional de alumnos realizada en 41 países, la Argentina no quedó bien parada: el 44% de los adolescentes no pudo comprender un texto sencillo o tuvo dificultades para lograrlo.

De querer revertir su dificultad deberán trabajar muy duro en los próximos años, ya que el 75% de los chicos con problemas de lectura sin tratamiento antes de los nueve años no logra una recuperación exitosa que le permita ser un lector experto.

“Toda la gran plasticidad del cerebro se cierra a los diez años -explica a LA NACION la licenciada Bibiana Cañás de Ameal, presidenta de la Fundación Latinoamericana de Trastornos del Desarrollo y el Aprendizaje-. Hasta ese momento, el pequeño cerebro está en pleno desarrollo y todo lo que aprende lo almacena rápidamente en la memoria a largo plazo.”

Por eso es muy útil que desde chiquitos los padres les lean cuentos, les deletreen palabras o les enseñen a escribir sus nombres a medida que los pequeños lo piden.

Con excepción de la dislexia -una deficiencia cerebral para procesar sonidos y palabras- y el trastorno de déficit atencional -la imposibilidad de concentrarse en las tareas-, la incomprensión de un texto puede ocurrir por una disfunción genética o de aprendizaje. Por eso, lo más importante es un diagnóstico preciso de los subprocesos involucrados en la lectura.

“Todos los chicos que reciben un tratamiento basado en la estimulación de la lectura y en la práctica de la comprensión antes de los nueve años recuperan ambas capacidades que hoy son deficientes hasta en adultos -dice desde su experiencia como docente universitaria-. Llegan a la fundación adolescentes que leen muy mal, porque no han desarrollado la comprensión.”

Para procesar un texto, nuestro cerebro pone en marcha múltiples funciones cognitivas en milésimas de segundo: la memoria, la atención, la percepción, el lenguaje, la lectura y el pensamiento.

“A diferencia del cerebro del adulto, y gracias a la tecnología de última generación para conocer qué pasa dentro del cerebro infantil y adolescente, podemos conocer científicamente que el cerebro del niño tiene una gran capacidad de modificarse, ya sea por estímulos externos, el aprendizaje o la maduración”, señala la licenciada Cañás de Ameal. Esa plasticidad en los más chicos ocurre por un desarrollo de las dendritas y los axones de las neuronas.

“De las dendritas salen nuevas ramas que forman una mayor cantidad de redes en el cerebro -dice la especialista en neuropsicología de los trastornos del aprendizaje graduada en la Universidad de Miami, en Estados Unidos-. Esto es propio de los chicos debido a su crecimiento, al aprendizaje y a los estímulos, ocurre cíclicamente en distintas zonas del cerebro, pero no durante toda la vida: el cerebro adulto podrá modificarse con estimulación externa.”

Un gran almacén
Pero, ¿qué pasa en el cerebro frente a una palabra? Esta, luego de ser percibida visualmente, pasa a través del nervio óptico y llega al tálamo, “que es como una estación central que enlaza todas las rutas de las funciones cognitivas”, define. De ahí pasa a la zona occipital, en la parte posterior de la cabeza, para un primer procesamiento. Si la palabra es hablada, en cambio, el tálamo envía la información a las zonas temporales, ubicadas a los costados de la cabeza.

La zona occipital intenta reconocer la palabra y asignarle pronunciación con la ayuda de la memoria a largo plazo. Si lo logra, el chico la puede pronunciar. De lo contrario, la palabra pasa a la zona de Broca, involucrada en el desarrollo del lenguaje, y junto con la parietotemporal la analiza para “ponerle sonido” a cada letra.

En la lectura participan 17 zonas cerebrales. “Cualquiera de ellas puede tener un déficit -sostiene la licenciada Cañás-. Si esto ocurre, el resultado será una lectura pobre y falta de comprensión.” La primera zona evaluada en los chicos para determinar el nivel de comprensión es la zona frontal, que permite el razonamiento de nivel superior. “Es lo primero que se estudia por sus conexiones de ida y vuelta con todo el cerebro -explica la entrevistada-. Allí se conoce si la información llega bien al nivel de comprensión.”

Alrededor del 10% de los chicos que no pueden comprender un texto sencillo son disléxicos. En ellos, el entrenamiento y la ejercitación compensan la deficiencia orgánica mediante la “creación” de nuevas zonas que reemplazan las funciones faltantes.

En los tres primeros meses de tratamiento, asegura la especialista, los chicos logran silabear palabras y relacionar correctamente la letra y su sonido. La clave para lograrlo es respetar la continuidad del tratamiento y un promedio de cien horas de ejercitación para “consolidar” la reorganización de las zonas cerebrales.

En cambio, el resto de los chicos que no entienden lo que leen se ubican en dos grupos definidos: los que leen mal y los que leen bien.

“En el primer caso puede existir un problema en la memoria que no les permite recordar el principio de la frase cuando llega al final, por lo que el déficit no está en la comprensión sino en la memoria a largo plazo, que les impide la asociación de ideas previas, o en la memoria operativa, que acumula la información con la que están trabajando en un momento dado”, afirma la licenciada Cañás.

En el caso de los chicos que leen bien, en cambio, sólo un pequeño grupo padece algún problema de comprensión. “La mayoría no presta atención a lo que lee porque en ellos está tan automatizado el proceso de lectura que se distraen, ya sea porque esa lectura no los motiva o porque perciben estímulos internos o externos más importantes”, sintetiza.
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION
Un test diagnóstico
Una prueba diseñada por la licenciada Bibiana Cañás permite evaluar en cinco minutos si un chico tiene desarrolladas las capacidades que va a tener que utilizar para aprender a leer. Y su certeza es del 95%, según los resultados obtenidos entre 215 chicos de cinco y seis años evaluados, de nivel socioeconómico medio y medio bajo.
“Ellos son los que realmente están teniendo ahora muchos problemas y a los que tenemos que enseñarles”, dice la especialista.
La prueba, la primera de su tipo nuestro país, es el primer trabajo de prevención y diagnóstico desarrollado localmente. Consiste en un conjunto de preguntas muy simples de lectoescritura y compresión: quienes las resuelven tienen sus habilidades cognitivas en orden. Quienes no las completan, presentan algún déficit, es decir, son chicos en riesgo de presentar desde un mínimo trastorno lector hasta una dislexia.
“Así como el cerebro es plástico para consolidar los nuevos aprendizajes en nuevas redes neuronales, también es plástico para consolidar los déficit, de ahí que los chicos con problemas de lectura en primero y en segundo grado terminen la escuela con esos mismos problemas”, concluye la especialista.
El equipo de trabajo de la Fundación Latinoamericana de Trastornos del Desarrollo y el Aprendizaje fomenta la prevención de los trastornos de lectura, escritura y comprensión (informes: 011-4775-4318).

http://www.lanacion.com.ar/04/04/04/sl_589312.asp

LA NACION | 04/04/2004 | Página 13 | Ciencia/Salud