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Los docentes y su desarrollo profesional

6 julio 2013

1. Los signos de los tiempos. Los cambios económicos y sociales, en que nos encontramos vienen demandando a la educación una respuesta y una transformación en los campos pedagógico y político administrativo, que es imprescindible. Una revista local afirma estos días que atravesamos un momento terrible, estamos, a nivel mundial, en la cola de la calidad educativa, lo cual es totalmente nefasto. “Según las últimas estadísticas (6 de mayo 2013) del Foro Económico Mundial, el Perú está en el puesto 132 de 144 países en cuanto a calidad de sistema educativo. Si enfocamos el análisis en la calidad de educación en matemáticas y ciencias, el Perú ocupa la ubicación 141 de 144 países, retrocediendo seis ubicaciones con respecto del 2011. Asimismo, la calidad de la educación primaria retrocedió tres ubicaciones, al situarse en el puesto 138 de 144 países evaluados en este campo” (CARETAS. Edición 2289. 27.07.13) .Sin comentarios.

A pesar de lo andado de este siglo no se vienen logrando resultados que nos permitan asegurar que estamos en la ruta precisa que debe seguirse. Quienes son responsables de la conducción de estos cambios vienen recibiendo muchas críticas –una veces infundadas otras fundadas- por el insuficiente éxito que vienen alcanzando en el desarrollo de la reforma educativa. Ahora no se trata de recursos -que los hay- sino de la dinámica que se aplica para un país diverso e intercultural. Se sigue pecando de centralismo y no se apuesta por el desarrollo de las capacidades profesionales de quienes en las regiones tienen la responsabilidad de aplicar las reformas pertinentes. Ese tutelaje hace que la educación aparezca como dependiente de decisiones políticas, no de acuerdo a un marco mayor de perspectivas de Estado, sino a decisiones de gobierno, con respecto a las que quiere mantener una subordinación. La educación de hoy requiere dinámica, resultados y nuevo comportamiento profesional de quienes son los responsables de realizarla y no muchas directivas renovadas cada año. El énfasis es puesto en lo administrativo y no lo suficiente en la gestión de los aprendizajes.

Los tiempos que vivimos exigen que la política educativa sea diligente, eficaz, eficiente y activada y respaldada por un sustento teórico en donde se construya un proceso educativo en el que todos los actores estén inmersos, y de manera especial los docentes de cada institución educativa. Debe ser una política educativa que se desarrolle y perciba en la escuela, lugar donde se dan tensiones entre alumnos y docentes y entre docentes y la dirección, aportando líneas y rutas que permitan mejores aprendizajes y conocimientos. ¿Son las autoridades conscientes de ello? ¿A qué se debe esta resistencia? ¿Sólo a cuestiones salariales? Sería bueno averiguarlo.

Otro signo que debemos tener en cuenta son los cambios que se vienen dando en la concepción del mundo como un ecosistema, un mercado único.

Se habla de la aldea global, de una cultura mundial generada por los medios de comunicación y las industrias culturales y circulando por las llamadas “autopistas de la información”, etc. ¿Todo esto, acaso no influye en la educación, en el proceso enseñanza aprendizaje, en los profesores y alumnos? Unos porque tienen que estar informados y actualizarse de manera permanente y en profundidad y los otros porque deben estar preparados para nuevos aprendizajes, para nuevas formas de abordar los conocimientos, los nuevos aprendizajes. ¿La formación recibida ha preparado para ello?

En suma, signos de los tiempos que se vuelven retos, provocación y desafíos para los docentes que tienen la responsabilidad de educar a niños adolescentes y jóvenes de nuestro país. ¿Nuestra política educativa está abierta para incorporar la demanda de nuevos conocimientos? ¿Cómo se viene incorporando por ejemplo la neuroeducación en la formación de docentes y su aplicación en el aula, en la dirección de la institución educativa? Y esta es una pregunta suelta de tantas otras que surgen en el día a día, en la lectura de textos, de libros especializados.

2. Los retos. Las exigencias que demandan los tiempos se convierten en desafíos educativos, que nos lleva a la preparación teórica y ética de los docentes así como por la organización de la institución educativa, para caminar juntos en el sentido de los cambios actuales.

Una avalancha de críticas de políticos, de familias, de empresarios, se hace al sistema educativo y su funcionamiento. Pero decir que esto se debe al sindicato, al que se le hacen muchas concesiones, es un disparate por decir lo menos. El drama es profundo e implica a todos. No es que el que tenga recursos para pagar una educación de élite, lo tiene todo asegurado.

Pero centrémonos en lo esencial del proceso, en quienes desencadenan los conocimientos, en quienes conducen a los alumnos: los profesores.

Ellos vienen recibiendo muchas críticas, que los desaniman y muchos sufren en silencio las consecuencias de la animadversión o indiferencia social, frente a un trabajo que, junto a algunas compensaciones, conlleva un gran esfuerzo hoy. Un clima insatisfactorio afecta el entorno escolar desde hace tiempo, que ha dado lugar a estudios e investigaciones sobre la visión externa que se tiene de los docentes, la opinión sobre su propio malestar y el descontento escolar y algunas visiones que surgen de ellos en estudios e investigaciones.

Seguir “machacando” a los docentes por los fracasos en el rendimiento de los alumnos en PISA y no pensar que se requieren reformas en el sistema educativo, desde la perspectiva pedagógica y no sólo en la gestión, es un dilema que los distintos gobiernos no se atreven a afrontar. ¿Qué significa decirle a los docentes que les falta “identidad”. ¿Acaso no la tienen quienes asumen la profesión por vocación? La vocación es una cualidad que hoy en la era del mercantilismo es muy rara, por no decir, esquiva, para quienes desempeñan sus conocimientos y esfuerzos a la formación de las personas. No se trata de un técnico, sino de un profesional que ha sido formado para educar a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

El reto de mantenerse fiel a una ética profesional, a normas pedagógicas y metodológicas hace del docente una persona diferente. Pero esta persona es un ciudadano que como profesional establece relaciones laborales con el Estado (en la educación pública) o con el promotor (en la educación privada) y como tal debe velar por sus derechos en una sociedad mercantilista que tiene carácter económico y fines de lucro. En ese esquema el docente pasa a ser una pieza más del proceso y como tal puede ser cambiado si no responde a determinado estándar que la empresa determine.

La historia de la educación recoge situaciones parecidas y desde los años 60 la UNESCO se ha preocupado por respaldar al docente en preparación y la OIT en defenderlo en el campo de las relaciones laborales. Pero eso no basta. Es necesario que la comunidad toda defienda al docente, como lo hacía antes.

3. Perspectivas. Existen muchas, pero quisiéramos centrarnos en lo que hoy se viene abordando con la ley de reforma magisterial. Debemos partir de la concepción de la formación docente como un continuo de acciones educativas que se enfocan como totalidad, no solo en referencia a las definiciones teóricas, sino, sobre todo con respecto al diseño de las políticas.

El desempeño del docente en la actualidad está constituido por vínculos de tipo doméstico y familiar (Vezub,2005ª Ejercer la docencia: ¿vocación, trabajo, profesión oficio? Revista DIDAC, 46) y se resiste a las lógicas racionalizadoras y científicas que aportan a una mayor profesionalismo. Por ello es necesario sentar las bases de una nueva identidad y profesionalidad. Hoy no puede pensarse en diseñar la formación docente como se ha venido desarrollando. Todo lo contrario, se debe pensar en un proceso de formación continua que iniciándose en la formación inicial debe continuar de manera permanente en postgrados y especializaciones y no una suma de cursos y actividades que ofrece el Estado luego de la formación inicial.

Por eso como escribe Flavia Terigi : “Esta tendencia refleja fielmente que “los maestros son profesionales, su labor es un complejo proceso para ayudar a los alumnos a aprender y, por ende, su preparación no es una capacitación ligera ni una combinación de oportunidades independientes, sino, más bien, un proceso permanente de oportunidades de aprendizaje y desarrollo concatenadas.

En los momentos que vivimos urge que se afirmen de una buena vez las bases de una nueva identidad y profesionalidad. Los cambios que se vienen dando en el mundo en diversos campos de lo social, político, económico, cultural que influyen además en la vida cotidiana y los nuevos perfiles de niños, adolescentes y jóvenes no pueden soslayarse introduciendo técnicas, pero sin un sustento teórico que los fundamente, con investigaciones que lo consoliden. De otro lado la comunidad exige y demanda redefinir el rol de la escuela y del ser docente. Las preguntas, cuestionamientos que se vienen dando a la profesión docente en los distintos campos que deben ejercer demanda reflexión y transformación. Esa exigencia involucra un crecimiento permanente en lo que es la profesión docente y su desempeño. Lejos quedan los hábitos tradicionales de contar sólo con un título y certificaciones, y diplomas de especialización. Un buen docente no es quien tiene la mayor cantidad de certificaciones y postgrados, sino aquel que profundiza sus estudios, que investiga, que desarrolla experiencias y las comparte con sus pares pedagógicos y en el campo interdisciplinario con otros profesionales que se interesan por la problemática educativa. El enfoque pedagógico no se debe quedar sólo a nivel metodológico sino abarcar otras ciencias como la neurología, la psicología y ramas pertinentes que permiten contar con elementos importantes para mejorar la calidad de la educación y formación que se ofrece.

Es necesario tener el coraje de replantearse desde la profesión docente el ser docente hoy en medio de los retos, las amenazas y las demandas de una sociedad que tiene inequidades, pobreza extrema, violencia. Por ello hacemos nuestras las palabras de Lea Vezub cuando dice “Ser maestro, ser profesor en los nuevos escenarios de agudización de la pobreza y la exclusión social, de surgimiento de nuevas configuraciones familiares e identidades juveniles, en el marco de las transformaciones culturales y de los modos de procesar el conocimiento y la información, puede ser una oportunidad para que los docentes desarrollen nuevos conocimientos, esquemas de percepción, clasificación y acción, y asuman el control sobre su práctica, mejorando las experiencias escolares de los niños y jóvenes, ocupando un rol protagónico en la transmisión y producción cultural, construyendo nuevos sentidos para la tarea de enseñar.”

Ello requiere un cambio de mentalidad, de concepción de lo que es ser docente, en la perspectiva de renovar la profesión desde sus inicios y desarrollarla de manera permanente, continua, sin la complacencia de haber obtenido el último diploma y por ello creerse dueño de la verdad. Tampoco ser cautivo del mercado y responder de manera fácil a los problemas que se tiene con soluciones que habrán funcionado en otras latitudes, pero cuyos resultados no son de los más satisfactorios para el desarrollo personal.

Antes que clamar por la privatización de la educación, luchemos por que se diseñen políticas educativas sostenidas en el tiempo que permitan el desarrollo profesional y la mejora de las condiciones laborales.

Se acaba de anunciar el “Plan Perú Maestro” que está dirigido a “…renovar y fortalecer la relación entre el Estado y los profesores.” Sin duda auspicioso porque denota inquietud y preocupación por el desarrollo docente.

Hubiera sido importante que los maestros conozcan los lineamientos del Plan Perú Maestro y construirlo de acuerdo a lo que requiere nuestra educación y la formación de los profesionales encargados de la formación de los niños, adolescentes y jóvenes del país. No dudamos de las buenas intenciones, pero bien podría ser un presente griego, si no está anclado en decisiones políticas de Estado. En este nuevo aniversario del docente, juguémosle limpio, y tratémosle como adulto y profesional que es. Feliz día maestro (06.07.13)

6 de Julio: Día del maestro

7 julio 2009

Sin duda este día tiene poco significado para los ciudadanos del país, pero encierra mucho para quienes nos dedicamos por vocación a la docencia, a ser educadores. Este día es bueno recordarlo –es dedicado al maestro- tiene su inicio en la historia de nuestra vida republicana, pues el 6 de julio de 1822 el Libertador don José de San Martín por Decreto Supremo, creó la primera Escuela Normal de Preceptores. Su primer director fue un ciudadano inglés llamado Diego Thompson, quien implantó el modelo educativo llamado Sistema Lancasteriano en la preparación de los maestros. Se utilizaba una nueva técnica pedagógica por la cual los alumnos más avanzados enseñaban a sus compañeros.
Al maestro de entonces se le preparaba para que pudiese enseñar a 200 alumnos con los que bajaba el costo de la educación. Los alumnos deberían estar divididos en pequeños grupos de 10; cada grupo recibía la instrucción de un monitor o instructor, que era un niño de más edad, y más capacidad, previamente preparado por el director de la escuela. Las asignaturas que se impartían eran: escritura, lectura, aritmética y además se les enseñaba doctrina cristiana.
Al maestro se le preparaba para que tuviera al niño desde la entrada a la escuela hasta su salida por la tarde. Sus actividades las controlaba con una serie de requisitos, órdenes, premios y castigos. Un día común en una escuela Lancasteriana era de 6 o 7 horas de clase, con un descanso de dos horas al medio día para comer en casa.
Muchas décadas pasaron y también vicisitudes así como indiferencia de los gobernantes que ocupados por el día a día y sus ambiciones se olvidaron de la formación de las futuras generaciones, e inclusive cerraron la institución formadora de maestros. El año 1850, durante el gobierno de don Ramón Castilla, y con la denominación de Escuela Normal Central de Lima se reiniciaron las labores de formación docente. Debido a cambios en 1871 fue modificado su nombre por Escuela Modelo de Instrucción Primaria.
En 1905, época del gobierno de José Pardo, se transforma en Escuela Normal de Segundo Grado. Fue en 1929, gobernando Augusto B. Leguía, que se le dio el nombre de Instituto Pedagógico Nacional de Varones, y amplió su cobertura de profesionalización a la formación de maestros de educación secundaria. El año 1951 empieza a formar profesores de educación técnica y se firmo un acuerdo con el Servicio Cooperativo Peruano Norteamericano de Educación (SECPANE), para la construcción de su nuevo local con los requerimientos que demandaba su alta responsabilidad y competencia. Las labores académicas, en su nueva sede de La Cantuta en Chosica, se inician el 6 Julio de 1953. El año 1955, fue convertida en Escuela Normal Superior Enrique Guzmán y Valle, nombre en homenaje a quien fuera el primer profesor peruano que asumió su dirección entre 1919 y 1923. Desde entonces la institución se desarrolló significativamente, y produjo importantes cambios curriculares que contribuyeron al sistema educativo peruano, como la concepción del currículum integral, que remarcó la excelencia académica en la formación de los maestros. Por dichos méritos, la ley 12502 le dio jerarquía universitaria. En 1956 estableció el régimen de profesionalización para docentes en ejercicio pero sin título pedagógico. En 1965, por ley 15519 se convirtió en Universidad Nacional de Educación, hecho que se concretó dos años después, el 23 de Mayo de 1967.
Diez años más adelante, el 20 de Febrero de 1977, la UNE fue recesada por el gobierno militar de entonces, paralizando sus actividades académicas, hasta que con el retorno de la democracia, el presidente Fernando Belaúnde reabrió sus puertas el 28 de Julio de 1980. En Mayo de 1991 es ocupada por un destacamento del ejército Peruano y se establece una base militar en su campus, al igual que en otras universidades públicas del país. Esta situación se mantuvo hasta 1999. La historia actual es ya conocida.
Hasta 1871 la formación había sido sólo para maestros varones. Era gobernante del país don Manuel Pardo, quien preocupado por que el país no contaba con un centro para la formación de maestras decidió su creación. Luego de analizar experiencias de formación de docentes en Europa decide invitarlas a trasladarse al Perú. En el año 1876 por Decreto Supremo crea oficialmente la Primera Escuela Normal de Mujeres.
En el año 1956 en el gobierno del General Manuel A. Odría (1950-1956) se tomó la decisión de dotar de un local propio para la Escuela Normal Central de Mujeres en Monterrico, el mismo que fue inaugurado en 1958 por el Presidente Dr. Manuel Prado. La institución tiene actualmente rango universitario.
Dos historias tomadas resumidamente de libros y diarios de la época. Sin duda será necesario escribirlas de manera enjundiosa, para conocer las fuentes desde donde maestras y maestros peruanos del siglo pasado se formaron y forjaron. Hoy la profesión docente se puede seguir en las universidades – facultades de Educación, en las instituciones de formación docente (ex Institutos Superiores de Educación) públicos y privados.
Sin duda dos sólidos referentes de instituciones educativas que sembraron desde el siglo XIX y en diferentes épocas el ser maestro en el Perú. El ser maestro cuando se requería tomar decisiones y empezar a caminar por vías pocos conocidas en educación en tránsito a una sociedad de la colonia a la república, del virreinato a la emancipación; con las cargas ideológicas de entonces y los enfoques pedagógicos iluminados por la filosofía y teología de unos y las ideas de la revolución francesa de otros. Poco se ha hurgado en estas “vetas” de los orígenes y fundamentos de la educación peruana de manera crítica, pero con sentido histórico en la construcción de ideas pedagógicas que bebieron de fuentes diversas y que sincronizaron en una realidad mestiza, en donde se debían formar los ciudadanos de una joven nación
Es bueno destacar como se tuvo que ir rompiendo estereotipos de enfoques y percepciones como aquella que hoy parece anécdota, pero es una constatación histórica de cómo se tarda en tomar decisiones, así la razón nos indique lo contrario. Si en la primera Escuela Normal de 1822 sólo se formaban maestros varones, debieron pasar 54 años para que en 1876 se fundara la Escuela Norma de Mujeres. ¿Dónde estaba entonces la equidad de género? Sin duda, como hoy, lejos del discurso del común de las gentes. Sólo una elite social e intelectual se refería a ello, sin embargo ya el sacerdote Gonzáles Vigil hablaba en su opúsculo “La importancia de la educación del bello sexo”, como un derecho que toda mujer debe tener a la educación.
Olvidamos, sin duda, a muchos maestros y maestras genuinas que se entregaron por vocación a la consigna de enseñar, por querer desarrollarse de manera profesional en los sitios más remotos del país, hasta las ciudades modernas. Sin embargo, esta profesión digna siempre estuvo entrampada en las reglas de un estado tutor que ha sido y sigue siendo el principal obstáculo para la formación de maestros, su desempeño y respeto como profesional De manera noveleada, pero testimonio real de lo que ha costado y cuesta ser maestro en el Perú lo tenemos en el libro de Francisco Izquierdo “Mateo Paiva, el maestro”, editado en 1978. Al recordarlo y citarlo quisiera reivindicar a cientos de maestros anónimos que escribieron y aportan al país, lejos de la gloria y de las oportunidades que otros como Encinas sí tuvieron. Pero deben quedar en el recuerdo de los que nos formamos en la escuela pública los esfuerzos que hacían los maestros y maestras en distritos y provincias para preparar sus clases, para hacer más novedosas e innovadoras las asambleas de los lunes, para que el Himno Nacional no sea un remedo de canción sin sentido, para preparar las veladas escolares. Y cómo se daba el encuentro y colaboración de los padres de familia, cómo se atendía en la escuelita rural unidocente a quienes llegaban a pie o en acémilas a estudiar. Ahí están el recuerdo de cada profesional de hoy, el recuerdo de sus maestros insignia.
¿Cuántas ideas pedagógicas se fueron olvidando en toda nuestra historia educativa nacional? ¿Cuántas experiencias? Hoy se recurre a eventos y concursos para recoger experiencias, pero ¿qué tanto de ellas y sus aprendizajes son tenidas en cuenta por la política del sector y sus responsables de gobierno? La curiosidad por lo que hoy se presenta evaluado por jueces diversos, todos de la capital, es parte de lo cotidiano del ser maestro en el aula y es el conocimiento que siempre han tenido y tienen nuestros maestros, aunque la voz oficial del sector los denigre y los trate de aparecer poco preparados, sin hacer un mea culpa que esos maestros a quienes critican –por ser sindicalizados además- son producto de la formación que el estado les da y certifica a nombre de la Nación…
En este día de homenaje a los maestros que debe ser de reconocimiento, de valoración de sus esfuerzos y de defensa en medio de una corriente que contamina personas e instituciones, el enfoque neoliberal, que desde la lupa del libre mercado anatematiza sistemas, aportes y enfoques de una sociedad que tiene raíces culturales milenarias. Que en lugar de ética y sólida formación pedagógica se le exige competitividad, excelencia; que en lugar de profundizar en filosofía de la educación, de Metodología y Didáctica para el mejor desarrollo de procesos cognitivos, se le quiere volver experto en técnicas de motivación; que en lugar de ser equitativo e inclusivo su desarrollo profesional, se le trata de excluir frente a las mesas interdisciplinarias, de acuerdo a las disciplinas y tendencias en boga.
La historia de la educación peruana más allá del enfoque cronológico y anecdótico debe centrarse en el rescate y difusión de las ideas pedagógicas genuinas que permitan contar con un repertorio de fundamentos filosóficos y pedagógicos que cimienten en este sentido la propuesta educativa. El Proyecto Educativo Nacional (PEN) sin duda es un avance, sin embargo, tiene un déficit que es necesario saldarlo y no dejar que desde otras disciplinas se aporten soluciones, se problematice el sistema educativo, sin el aporte pedagógico ni el parecer de los maestros.
La educación peruana tiene un linaje de maestros que debemos recordarlos por las ideas que fueron forjando en su diario quehacer de enseñar. Existen aportes y experiencias que se forjaron sin haberse cerrado, pero sí acogido el aporte de otras disciplinas. Desde ellos y con ellos recuperemos el pensamiento pedagógico genuino y profundicémoslo como defensa frente a la mundialización que quiere imponer sus tendencias sin tener en cuenta los cambios de paradigmas y la riqueza cultural que existe en nuestra cultura.
El recuerdo de maestras y maestros peruanos que contribuyeron desde el anonimato a la formación de ciudadanos y la consolidación de una sociedad equitativa y solidaria a contracorriente de la política oficial y temporal de los gobiernos de turno. Por ancestro y linaje pedagógico tenemos derecho a ser respetados y también obligaciones que cumplir como ciudadanos. Que el recuerdo de este día sirva para reafirmarnos en nuestros compromisos, a pesar de las autoridades que deberían tener más respeto por el maestro y sus instituciones
(04.07)