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Cómo reconocer capacidades a partir de las diferencias individuales

23 abril 2013

Sandra Mayeni Argüello M. y Claudia Milena García C.
(Publicada en la revista Reflexiones de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Vol7 Nº8, Junio 1999. Colombia)

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“La educación moderna desarrolla el intelecto y concede habilidades, pero no promueve las cualidades” (Estas son cortos apartes de discursos pronunciados por un maestro hindú, amplio conocedor de los principios que rigen la educación y la vida. Tomado del libro de Loraine Burows en donde se encuentran recopilados los discursos más sabios de este erudito hindú. Educación en Valores. Editorial ERREPAR, 2ª edición, 1992.)

El hombre tiene en él el Sol de la Sabiduría pero la ignora, y se comporta como si tuviera que vivir en una mazmorra oscura…

Así, pues, el maestro al que se le ha confiado la tarea de iluminar las mentes tiernas, tiene que reconocer la luz de cada una de ellas, de manera que las pueda inspirar mientras están bajo su cuidado (Op.Cit.)

Actualmente la actividad escolar es el epicentro de numerosas transformaciones, ajustes y “cualificaciones”, producto de una reflexión profunda de la formación integral de los educandos y el favorecimiento de su desarrollo humano.

Dichos cambios representan un gran avance en la educación, puesto que se han dejado atrás ideas tradicionales en cuanto a las masas receptivas, repetitivas y reasignadas para dar paso a la concepción de hombre y mujeres, inter – activos, originales y rebeldes; es decir, al reconocimiento de la heterogeneidad entre los individuos.

Esta pluralidad en las personas, se refiere tanto a la fisiología, como a las capacidades, habilidades e intereses que poseen, y que son, aunque discrepantes, igualmente válidas e importantes.

La pedagogía moderna, en su afán de alcanzar y concretar el idela de formar seres humanos individuales, “únicos e irrepetibles” en el aula de clase; ha llegado a plantear un principio clave y fundamental: EL RESPETO POR LAS DIFERENCIAS INDIVIDUALES.

Pues bien, aunque en un principio el término suscitó gran interés entre los docentes por conocerlo más y aplicarlo en la escuela, poco a poco empezó a decaer la expectativa, desvirtuándose la idea inicial.

La mayoría de los maestros, creyendo tener un manejo real del tema, reconocen y establecen las desigualdades de sus alumnos sólo en aspectos fácilmente perceptibles, como el carácter o el temperamento, demostrando el conocimiento superficial que tienen sobre las diferencias individuales, al concebirlas únicamente como comportamientos y no como indicadores de capacidades listas a ser desarrolladas.

Esta errónea concepción se observa, por ejemplo, en la clasificación que hacen los educadores en cuanto al nivel de timidez, sagacidad, colaboración y dinamismo de sus estudiantes. Estas son, para ellos, muestras de personalidades distintas, cuando puedan ser en realidad habilidades para realizar labores que impliquen reflexión, trabajo individual, relación con otros, espíritu de liderazgo y aptitudes de organización o dirección.

Por esto, su práctica, en cuanto al respecto de la disparidad, es irreal y equívoca, pues solamente se reconocen y respetan características más obvias, pero no se potencian.

El no tener una comprensión correcta de lo que ellas significan (las diferencias) y el no poseer los fundamentos reales o la información suficiente para llevar esto a la práctica, obstaculiza los intentos de llegar realmente a tocar y a “CONQUISTAR” al estudiante; ya que como bien sabemos, el conocer las inclinaciones y habilidades particulares de los alumnos, permite acercarse a sus intereses y atraer su atención, despertar su motivación intrínseca, estimular su curiosidad y enriquecer sus conocimientos.

Con respecto a esto se debe tener claro que los tipos de comportamientos son importantes, en tanto que indican la disposición, el gusto o agrado para hacer determinada actividad, o la habilidad para realizarla con calidad por tener cualidades que se lo permiten, siendo así señaladores de las áreas en las que se poseen capacidades.

Para concretar algunas de las capacidades que todo docente debe detectar y favorecer en sus alumnos el desarrollo dentro del aula, se retoma la teoría del psicólogo Haward Gardner, investigador de Harvard, quien determinó inicialmente la existencia de siete potenciales o tipos de inteligencia en el ser humano:

Pizza De IM (Inteligencia Múltiples) Thomas Armstrong

Esta teoría propone siete grandes grupos en los cuales se pueden catalogar la totalidad de los seres humanos, dando como resultado siete estilos de personas existentes, que son:

• El lógico – matemático, inclinado generalmente, por todo aquello que se relaciona con números, operaciones, cantidades, investigaciones, solución de problemas, temas de actualidad científica, y curiosidad por descubrir el funcionamiento de aparatos extraños o cotidianos.
• El lingüístico, quien se interesa por aspectos relacionados con el lenguaje oral o escrito, mediante narraciones, charlas, chistes y construcción de cuentos, entre otros.
• El espacial, atraído por el color y la forma de los objetos, además del manejo y la ubicación de éstos en el espacio.
• El musical, apasionado por la técnica vocal, la interpretación de instrumentos, la composición y arreglos de diferentes melodías.
• El cinético – corporal enfocado hacia tres aspectos: la realización de actividades físicas (que impliquen movimiento, fuerza, velocidad y resistencia, como son los deportes); las labores que permitan expresar emociones o sentimientos (a través del cuerpo como la actuación, la danza, la pantomima) y las tareas que requieran de la manipulación hábil y precisa de herramientas u objetos, como la digitación.
• El interpersonal o social que gusta de estar en contacto con las demás personas para desempeñar labores de servicio y ayuda, o bien para intercambiar puntos de vista o pasatiempos.
• El intrapersonal caracterizado por la tendencia a la individualidad, la reflexión constante, el conocimiento personal, y, en algunas ocasiones, el aislamiento.

Teniendo en cuenta la diversidad de intereses y potencialidades que poseen los individuos, el docente debe, inicialmente, concienciarse de la existencia de éstas no sólo en sus estudiantes, sino en él mismo; darse la oportunidad de explorar y conocer más sus fortalezas y habilidades para desarrollarlas y darle una mejor aplicación a la hora de trabajar con sus estudiantes; además debe permitirse reconocer, en cuáles requiere el apoyo de personas capacitadas.

Por otra parte, el maestro está obligado a aceptar, pero, sobretodo, a ESTIMULAR el desarrollo de las diversas potencialidades de su grupo escolar para el aprendizaje de variadas formas como:

1. Traducir una misma información a los diferentes lenguajes que manejan los estudiantes (el que todos manejen un mismo idioma no garantiza que un mensaje expuesto oralmente sea comprendido de igual forma por la audiencia; debido a que algunos captan mejor a partir de gráficos, gestos, sonidos, entre otros, que estén relacionados con su área potencial).
2. Dotar de MUCHOS materiales a los estudiantes – teniendo en cuenta que se dicen ”Muchos” no “Costosos” – para que sean ellos quienes seleccionen y decidan cómo trabajar un mismo concepto.
3. Facilitar espacios de expresión múltiple, en donde los estudiantes reconstituyan y expongan sus conocimientos a través del medio que deseen (gráfico, escrito, oral, corporal, lógico, entre otros).

Por otra parte, se puede focalizar la actividad de la clase hacia un tipo de inteligencia especial, para que cada alumno determine su nivel de rendimiento y por tanto su habilidad en cada una; organizar trabajos en los cuales el estudiante tenga la libertad de interactuar con otros o desenvolverse de modo individual según sea su inclinación.

Este estilo de trabajo en que el alumno siente que se le valoran sus capacidades y se le ofrece la oportunidad de mejorarlas dentro del ámbito escolar, favorece tanto su nivel cognitivo como personal.

Para el primer aspecto, el cognitivo, ofrecer variedad de elementos y espacios a los alumnos, amplia la gama de oportunidades para comprender los contenidos y procesos, lo que conlleva una verdadera interiorización de los conceptos, y por tanto un mejor rendimiento académico, a partir de un mayor desenvolvimiento dentro de todas las actividades pedagógicas.

Lo anterior facilita un 100% la labor del docente y garantiza el cumplimiento de sus deberes con la institución y consigo mismo, pero ante todo con aquellos seres que tiene a su cargo, y específicamente en ellos, ,lo que está bajo su responsabilidad.. Su formación.

Por otra parte, en los personal, la eficiencia dentro de las actividades escolares, los resultados positivos en el desarrollo de tareas y el obtener reconocimientos por el buen desempeño en determinadas tareas y en general en lo escolar, contribuye en gran parte al aumento de la autoestima y la autovaloración.

Estas experiencias positivas garantizan al estudiante un mejor desempeño en un futuro, ya que por una parte tiene claramente establecidos los intereses y capacidades que posee al momento de elegir un camino en su proyecto de vida y, en segundo lugar, ha construido seguridad en sí mismo, aspecto básico para su desempeño laboral y personal.

Por último, es importante recalcar que la formación de los alumnos incluye tanto a los miembros de la escuela, como a todas las personas próximas a los alumnos, padres, hermanos, amigos, entre otros; por lo tanto, es labor de los docentes informar y vincular constantemente a estos actores al proceso que está desarrollando con cada uno de sus estudiantes, para que ellos a su vez, y desde fuera de la institución, apoyen y contribuyan con dicha información.

De esta forma, hay más posibilidades de alcanzar las metas propuestas durante la última década, sobre “calidad educativa” y por ende, “calidad de vida” de TODOS los individuos para el próximo milenio.

“La educación debe abrir los ojos de cada individuo y debe se5rvir para engrandecer la visión, ampliar la perspectiva… y otorgar autoconfianza a los mismos” (Retomado del libro de Loraine Burrows en donde se encuentran recopilados los discursos problema de traducción más sabios de un maestro hindú. Educación en Valores. Editorial ERREPAR 2º edición, 1992. Págs. 130-131.)