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EDUCACIÓN EN VALORES: del dicho al hecho

4 mayo 2010

Se ha repetido hasta el cansancio que debemos educar en valores, pero nadie ha dicho cómo. Vivimos en un mundo de presupuestos culturales que nos han hecho creer que todos saben a lo que nos referimos cuando de valores se trata. Y es allí donde está el dilema y a los resultados nos atenemos.

Desde las altas esferas de gobierno hasta los estratos más bajos se habla de educar en valores. Lo proclaman, lo incorporan en su discurso, pero nadie sabe cómo. Y así entre el querer y el poder pasan los años, los quinquenios, los decenios y la educación en valores no ha pasado de ser una buena intención que calma los “remordimientos de conciencia”, “las tormentosas ganas”, pero ha sido adoptado como una armadura para estar en sociedad, pero en la cual cada uno marca su territorio de comprensión sobre lo que entiende por valor.

Concebimos que en la sociedad en que vivimos existen valores básicos y que el mundo ideal sería aquel en que disfrutemos de igualdad de derechos entre personas, rechazo a todo tipo de discriminación, respeto entre todos y a todas las culturas. Es lamentable reconocer que mediante nuestros actos, en la vida cotidiana, se nos olvidan estos buenos principios y propósitos. Nos encontramos inmersos en un sistema que nos ofrece en forma constante desarmonías entre nuestras expectativas y la posibilidad de logros, con los correspondientes riesgos que entrañan la posibilidad de baja de nuestra autoestima.

Vivimos sumergidos en los medios masivos de comunicación e invadidos en forma permanente por la publicidad, propagandas, promotoras, en un torbellino de consumo donde se lo sacraliza y construimos nuestros propios templos Hoy nuestros hijos no se visten con cualquier ropa, no compran cualquier equipo. Tiene que ser de marca, que es a su vez sinónimo de calidad, de estatus. Hoy vivimos anegados de avisos radiales, televisivos, encartes que ofrecen desde el mejor regalo para el día de la madre hasta la posibilidad de ir a Sudáfrica si compras un aparato para ver en televisión digital los partidos de fútbol (de otros países, pues el nuestro hace unos 25 años que no participa porque es poco competitivo, por no decir malo). Todo esto es inalcanzable para la gran mayoría y si lo pueden comprar, a la semana saldrán otros productos inalcanzables. Es el sistema económico con una economía perversa que va socavando principios, valores que deben ser lo central en la educación ciudadana.

¿Cómo hacer para que esta educación en valores pase del discurso a la práctica diaria y se torne convicción? Ahí la tarea pedagógica del docente en el aula, en la institución educativa. Poco ayudan las macro directivas de educación si no se dice el cómo. Y eso lo tiene que decidir el equipo docente de cada institución educativa, en reuniones especiales y para ello deben contar con el tiempo suficiente. Pero con normas represivas y prohibitivas pensadas sólo en el cumplimiento de horas y no en los resultados cuatitativos, poco se puede hacer.

Una educación en valores debería tener en cuenta dos dimensiones: la educación considerada como motora de la reproducción social o integración al sistema sociocultural dominante, según sea caserío, distrito, provincia, departamento, al que pertenecen los habitantes que conforman la comunidad educativa; y de otro lado la educación liberadora, que promueve el crecimiento personal y colectivo, que lleva a cambios sociales, culturales y políticos que enriquecen las libertades, los derechos, la participación, las críticas, la democracia y el verdadero poder de los ciudadanos. En este marco debe inspirarse y desarrollarse la educación en valores y enriquecerse de manera permanente. Pero mientras se piense que la escuela y el maestro son tutores de la educación de los niños y mientras el Estado no plantee sólo directivas controladoras, que deben ser cumplidas por temor y no por convicción, no habrá desarrollo de capacidades ciudadanas y menos valores que la promuevan y refuercen.

Es un trabajo bastante complejo y nada simple. El mundo es cambiante a un ritmo mayor que cuando éramos estudiantes y los procesos de cambio que genera la educación empiezan a mostrar resultados a mediano y largo plazo. Pero hay que luchar además con medidas que impiden el desarrollo de capacidades y prácticas democráticas. ¿Cómo evitar por ejemplo que se promueva la responsabilidad ciudadana en las escuelas si existen convenios para impulsar la organización de la policía escolar? ¿Cómo la directiva del Ministerio prohíbe dedicar tiempo a desfiles y de otro lado se les “recompensa” a quienes sean policía escolar si cumplen con determinadas formas que requiere la institución policial: Puntualidad y presentación (04 puntos); Escolta y estado mayor (05 puntos); Alineamiento (04 puntos); Uniformidad en el saludo de los brigadieres (03 puntos); Marcialidad y gallardía (04 puntos). (EL DIARIO DEL CUSCO, 28.04.10) Borramos con el codo lo que escribimos con la mano. ¿Así queremos ufanarnos de educar en valores? ¿Qué valores? ¿Para qué tipo de sociedad? ¿Qué tipo de ciudadanía? ¿´Qué hacen el director, el docente de la escuela del interior? Ejemplo de que se estructuran directivas y normas sin tener en cuenta rasgos culturales y relaciones institucionales y humanas que se dan en el interior del país? ¿Se castigará a los docentes por esta infracción? ¿Qué dirán los monitores y supervisores que en las llamadas “expediciones” han recorrido el país? ¿Informarán sobre estas y otras contradicciones?

Estos días estamos saturados en informaciones sobre el tema del mayor escándalo de corrupción en el país. Por ella cayó un gabinete. Se descubrió un sistema de escucha telefónica llamada “chuponeo” a determinados personajes del gobierno y de empresas que tenían que ver sobre la entrega de lotes petroleros para su explotación. Hasta ahí el tema delincuencial estuvo sancionado, sin embargo se empezaron a “visualizar” las pistas y se fue descubriendo una madeja de información que se refería a tratos dolosos en sutiles lobbies, desde altos funcionarios del Estado. La ciudanía aprecia desconcertada cómo a diario aparecen más pruebas y de tanto escucharlas, verlas, los alumnos las van tomando como reglas de juego para poder conseguir no sólo estatus aprovechando el cargo político sino recursos económicos. ¿Qué señales estamos dando a los alumnos si no decodificamos y esclarecemos esta maraña de información? ¿Dónde están los valores en que fueron formados estos personajes que han dirigido a la nación o han pertenecido a instituciones tutelares de la patria?

Es doloroso como maestros apreciar esta realidad y no tener un mensaje alternativo sino la trillada y recurrente “es necesario educación en valores” ¿Qué valores?

Es necesario volver la mirada al aula y enfatizar resembrando el trato diario, nuestra actitud, conductas y valores observados en la vida cotidiana en la institución educativa, en las relaciones con los colegas, con los demás alumnos, en sus evaluaciones. Este rescatar y resembrar el trato cotidiano pasa por valorar la participación y no el enfrentamiento y la competencia; la forma de interactuar con los otros; el exponer ideas frente a los demás respetando las ideas contrarias, y otras maneras de educar y no de enseñar solamente. Esto lleva a cuestionar también la forma cómo se evalúa cuestionando si es conveniente calificar los procesos actitudinales de los alumnos.

La práctica diaria del docente en el aula está compuesta por la suma de sucesos en donde no existe una correlación entre la evaluación actitudinal y los procesos de adquisición de conocimientos y saberes, casi siempre cuantificados. ¿Cómo se aborda esta contradicción? ¿Y cómo educar en valores en medio de una realidad que da contravalores?

La educación en valores es una práctica inculcadora y no reproductora como lo piensan la mayoría de las autoridades y los padres de familia que demandan la formación premilitar como una forma de “disciplinar” a los alumnos. Debemos entenderla como un espacio de cambio y transformación personal y colectiva, no es una práctica que se confunde la más de las veces parecida a la educación religiosa, la educación política, social, cívica. Es un proceso de construcción de razonamientos morales, solidarios, de cooperación en situaciones que suponen conflicto de valores.

Para ello, desde una posición crítica a la educación que hoy se brinda desde el estado, cada docente debe alentar en los alumnos una respuesta libre y personal sobre su identidad, sobre sus aspiraciones y sus metas. Debe buscarse una formación plena que le permita al alumno configurar su identidad de ser humano en proceso de desarrollo. Esto implica que se vayan descubriendo los valores, los entienda y los adhiera afectiva y emocionalmente y que los manifieste en acciones. Para ello deben fomentarse buenos hábitos operativos y hacer que los alumnos empiecen a desarrollar pequeñas acciones a favor de sus compañeros, de la comunidad. Es importante que vean en su entorno docentes y padres de familia que hacen lo que dicen; tratan con respeto al entorno de amigos y familiares, no arrojan papeles en la calle, respetan las leyes. Así descubrirán el concepto que encierra cada valor. Tanto en casa como en la escuela las normas deben tener sentido y cada regla debe tener un valor que le dé firmeza.

Estos detalles de cómo promover la educación en valores deben ser debatidos por los docentes en su propia institución educativa de acuerdo a su entorno, a los actores de la comunidad, a sus instituciones. No es una proclama ni receta que hace el milagro de la educación en valores. Todo lo demás que se diga son palabras que se las lleva el viento. Los maestros son los creativos que en la discusión del tema y el problema encontrarán rutas pedagógicas, técnicas y materiales educativos que promuevan la educación en valores para que deje de ser una intención sin sentido, para cumplir con expresarla, pero no hacer nada para construirla.

La vitrina en donde se exponen políticos –disputándose beneficios a partir del desempeño de un cargo-, el cardenal valiéndose de un programa radial dedicado a la palabra, denostar de académicos que no coinciden con su pastoral sui géneris, de futbolistas que antes de jugar por la patria reclaman un pago, del funcionario que antes de cumplir su función dice “cómo es” o de la autoridad policial que pide “alguito” para hacerse de la vista gorda en una infracción; invita a seguir comportamientos y discursos que deshacen todo lo construido en la educación en valores.

Para que la educación en valores prenda y de frutos es necesario darle libertad, valorarla desde el aporte más humilde hasta el académico. No existen recetas para aplicarlas. Son los padres de familia, la sociedad y el maestro los que la inculcarán. ¿Será posible comprender que esta educación sea reinsertada en el proceso educativo como vivencia y no como norma?

Los avatares de la educación peruana

18 abril 2010

Hace una semanas el mercado cinematográfico, como en otras épocas, nos saturó con la película Avatar ambientada en el 2154. Antes fueron las sagas La guerra de las Galaxias, El señor de los Anillos, Harry Poter y otras. Una tras otra han ido dejando huellas en la infancia y adolescencia peruana con la secuela de los merchandising, que tiene por objeto aumentar la rentabilidad estimulando el comercio en los puntos de venta. Son las reglas del mercado y sin duda hay que respetarlas.
Sin embargo como docentes responsables de la educación de niños y adolescentes debemos saber develar lo que se encierra a nivel pedagógico detrás de estos mensajes que invaden todos los medios de comunicación con la finalidad de vender más, establecer puntos de venta rentables para que la economía se desarrolle. Es decir, primero el producto y casi nunca la persona. Hemos visto en la campaña escolar cómo las tiendas se disputan las ventas con catálogos que se reparten gratuitamente con determinados diarios, cada cual no informa sobre las bondades del producto sino el dibujo, la calcomanía etc. que traen los útiles y que cada niño sueña con tenerlo en su mochila. ¿Alguno de nosotros como docentes ha pensado cómo develar lo que significa toda esa parafernalia que se pide para el nuevo año escolar? No se trata sólo de advertir, desde el Ministerio de Educación que se observen determinadas reglas en cuanto a útiles escolares. Se trata además de sugerir un plus esclarecedor sobre lo que ofrece el mercado y sus finalidades. ¿Por qué renunciar a explicar el significado de todo esto en medio de un país que tiene un alto porcentaje de pobreza? Lo que significa la equidad, la valoración de lo nuestro y tantos otros mensajes que se pueden elaborar en las reuniones del equipo docente en cada institución educativa. Lo máximo que hemos visto y escuchado han sido advertencias sobre la calidad de los productos, de las pinturas y otros elementos de la canasta escolar.
La renuncia a esclarecer todo hecho o acontecimiento relacionado con la educación que oferta el Estado y el sector privado en el país, es un mal síntoma, es una preocupación que no dice bien de la formación de los docentes y de la política educativa que se impulsa. Se habla y mucho de participación, de equidad, de respeto al otro y se hace todo lo contrario. Dice bien poco de la organización gremial de los docentes que con su silencio avala todo lo que el mercado ofrece. La renuncia al espíritu crítico, es decir a realizar análisis, emitir opiniones y establecer juicios sobre una determinada idea o concepto, es algo que debilita la formación ciudadana y la construcción de la democracia en nuestro país. Tener espíritu crítico nos permite descubrir y superar nuestros propios errores e insuficiencias. El espíritu crítico se contrapone al dogma, a la especulación, al prejuicio y así permite clarificar conceptos y el mundo de las ideas, las que están en permanente revisión…

El espíritu crítico se desarrolla cultivando un pensamiento abierto y no cerrado y permite promover la pluralidad en la búsqueda de la verdad independiente de intereses creados por grupos, corrientes y tendencias. ¿Por qué los docentes hemos perdido ese filo de la criticidad y sólo lo empleamos como sinónimo de reivindicación y no del desarrollo del intelecto? ¿En los cursos de formación docente y luego en los de actualización se ha previsto transitar por las rutas del espíritu crítico? ¿Acaso cultivarlo en los docentes no permite la práctica del diálogo y la utilización de la razón para tratar de discernir de argumentos en pro y en contra frente a determinados hechos, posiciones?

El espíritu crítico provoca la discusión y se alimenta de ella. ¿Qué hacer frente a un Estado que practica el dogmatismo de la norma, la directiva y el reglamento? ¿Qué hace el docente si no le permiten planificar en su institución educativa de acuerdo a los requerimientos y le prohíben realizar talleres planificados teniendo en cuenta los requerimientos del DCN? ¿Cómo puede afirmarse el docente como profesional si tiene una espada de Damocles pendiente desde la capital que en lugar de promover sanciona, que en lugar de reconocer, ignora los esfuerzos que hacen a pesar de todos los problemas que tiene en el día a día? ¿Por qué se habla en los discursos de descentralización cuando en la práctica todo se decide y aprueba en Lima y luego se convoca a los Directores Regionales para informarles de lo decidido y así decir que todo se hace con la participación de las autoridades de las Regiones?

Otros avatares de la educación peruana están signando a quienes motejan a los docentes “que están dependiendo del pensamiento arcaico” son aquellos que no permiten la promoción y desarrollo del espíritu crítico; quienes convierten al enemigo político en rival, antes que los arcaicos problemas educativos que padecemos. Ser autoridad no es tener el monopolio de la verdad, es un primum inter pares, que reconoce que el otro tiene dignidad y puede establecer el diálogo para aclarar diferencias y buscar una salida armónica.

¿Qué sucede con una política educativa que se redacta a partir de las corazonadas del Presidente de la República, pues su Ministro de Educación sabe tanto de ella como sí sabe hacer inversiones en educación superior? Cómo puede el Presidente decir que es el mejor Ministro de Educación quien no tuvo reparos en “descuartizar” el Ministerio de Educación en una actitud despótica y engañar a la opinión pública diciendo que se haría un nuevo edificio y hoy están los funcionarios tugurizados como inquilinos precarios en diversas dependencias. El pretexto fue la precaria resistencia del edificio ante un sismo de magnitudes del de Pisco. ¿Qué dijo Defensa Civil? Si uno pasa por van de Velde 160 en San Borja, puede apreciar aún que el “edificio peligroso” ahí está cerrado y llenándose de polvo. Monumento a la ineficiencia, a la improvisación, a la falta de perspectiva en lo que se quiere hacer con la educación nacional. Si esto sucede en lo macro, ¿qué pasará en lo micro? Hubo ingenio y osadía para la creación del Colegio Mayor y la reconstrucción de los Colegios Emblemáticos, pero ninguna creatividad para lo que es el recinto central de la educación del país.

Estos han sido días de discursos autoelogiosos y de remembranzas educativas del único protagonista que los medios difunden: el Presidente de la República. Ha dicho muchas cosas como aquella que sirvió de titular para el diario oficial: “La educación es justicia social y la mejor riqueza” (EL PERUANO.14.04.10). Bajo ella pasó revista de lo que viene haciendo su gobierno “… el esfuerzo de evaluar y capacitar a los maestros mejorando sus capacidades, se está evaluando permanentemente a los alumnos, se está mejorando la infraestructura de los colegios y los textos de los alumnos, se les está entregando computadoras y laboratorios técnicos de física y química.” (EL PERUANO. 14.04.10). Ni una palabra sobre el Proyecto Educativo Nacional que impulsa el Consejo Nacional de Educación. ¿No merece un reconocimiento?
Si este es el contenido digno de un competidor electoral, el mensaje para lo estudiantes es reflejo del sistema económico dominante “este siglo es de ideas y conocimiento, y … el valor del comercio mundial en un 60% ahora es inteligencia, conocimiento, fórmulas químicas y físicas con las que se produce en cada lugar.” (EL PERUANO. 14.04.10) Hizo hincapié en que “para manejarnos bien en este mundo de economía inmaterial al que vamos avanzando, con la capacidad de aprender un mundo que cambia permanentemente, es imprescindible una buena educación desde los primeros años.” “Lo que acá aprendamos, posiblemente, dejará de ser cierto dentro de unos años, y lo que necesitamos es aprender a aprender permanentemente; un estudiante debe tener la capacidad de comprender, de sistematizar y organizar lo que ve en un conjunto comprensible, y debe tener la capacidad de criticar y crear a partir de eso que comprendió. (EL PERUANO. 14.04.10)
El Ministro de Educación no perdió oportunidad para dejar su mensaje y anunciar medidas que uno por más que las busca, no las encuentra en documentos oficiales conocidos. Todo se decide entre reuniones donde la imaginación y palabra del Presidente dan la pauta. Cabe preguntarse en medio de este caos de anuncios, inauguraciones, supervisiones, monitoreos y medidas punitivas para los docentes que “pierdan horas de clase” para realizar talleres de autocapacitación ¿Conoce realmente el presidente el sistema educativo peruano? ¿Conoce el Ministro la problemática de los niveles educativos? De nada sirve que la Ley de Educación y sus Reglamentos reconozca que la Institución Educativa “es una comunidad de aprendizaje y enseñanza…” y que en ella “se toman decisiones orientadas a mejorar los aprendizajes de todos los estudiantes, siguiendo los lineamientos de política y normas nacionales, regionales y locales incorporados en su Proyecto Educativo Institucional” (Reglamento de Gestión del sistema Educativo Título I Capítulo I Art. 11).. Sigue el autoritarismo centralista del siglo pasado
Esto nos lleva a preguntar además ¿qué concepto de educación pública tiene el gobierno? Sin duda está muy lejano de lo que es en esencia: una filosofía, un concepto educativo y un modelo pedagógico. Esto supone reconocer el derecho de todos a la educación y asignar el presupuesto necesario y las normas legales para hacerlo realidad. Por eso suena a promesa electorera decir como lo hizo el Ministro “que la educación pública recuperará la jornada escolar completa, empezando por las instituciones públicas emblemáticas cuya infraestructura viene siendo recuperada y modernizada para mejorar la calidad de la educación” (ANDINA. 14.04.10). El Presidente para no quedarse sin decir palabra añadió “se evalúa implementar la jornada escolar completa, desde las 8:00 hasta las 15:30 horas” y continuó diciendo “Estamos haciendo el balance presupuestal para ver cómo para los primeros 50 mil alumnos de los colegios emblemáticos podemos optar por la jornada completa” (ANDINA.15.04.10). Estas declaraciones al alimón dicen mucho y poco de quienes se deben preocupar con mayor seriedad de la educación nacional.
Lo expresado por las más altas autoridades indica que todo el discurso de calidad es una entelequia que no tiene base, no tiene una filosofía, menos responde a un discurso pedagógico.
Como dijimos al iniciar este artículo el mercado está tan imbricado en la política educativa, que todo lo que se ha venido construyendo no significa nada para quienes gobiernan. El complejo adánico que ha caracterizado al partido en el gobierno sigue latente que ni la engolada voz del Presidente lo puede ocultar. Frases efectistas, lenguaje de las nuevas tecnologías, devaluación de conceptos, es lo que distingue los avatares de nuestra educación nacional. Decir que la apuesta es por la educación porque remodelarán cien grandes unidades escolares y que al igual que el nefasto Fujimori que dijo que inauguraría una escuela por día, hoy el Presidente señala que inaugurará dos colegios por semana. Populismo puro. Padres de familia, estudiantes y docentes “encandilados” por los presentes del gobierno en las ceremonias de inauguración. Y en el éxtasis de las declaraciones el Ministro anuncia que los colegios abrirán los fines de semana y pondrán al servicio de la comunidad sus bibliotecas, laboratorios y áreas deportivas. ¿Cómo se programará tamaña decisión? ¿Tendrán presupuesto para el personal? ¿Quién responde por el cuidado del material? ¿Será un nuevo plus que se les pedirá a los profesores?
La saga del gobierno de García llega a su fin y debe hacer lo posible e imposible porque se le recuerde que hizo algo por la educación; pero al igual que su primer gobierno que es recordado por la feroz inflación que nos dejó y el descalabro económico, en esta oportunidad será recordado por la improvisación, el voluntarismo y el populismo y por su entrega al mercantilismo dejando de lado la justicia social que encarna un discurso donde el centro y motivo sea la persona y no la empresa (17.04.10).