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LUIS JAIME, el educador

3 febrero 2011

“Soy docente, interesado en temas relacionados con mi diario trajín. No me considero un experto. Admito que he aprendido a vivir la educación gracias a mi contacto frecuente con maestros y estudiantes.”
Luis Jaime Cisneros

El jueves 20 la noticia de la muerte de Luis Jaime Cisneros corrió como pólvora de la radio, a la TV, a la prensa escrita, a las revistas. Lamentable noticia no sólo para los amigos y alumnos cercanos, sino para el país que perdía en la plena madurez a un educador, antes que al lingüista, filólogo y médico con estudios concluidos.

Quisiera rescatar al Luis Jaime educador, pues sería mezquino no reconocer que llevaba en su hacer y quehacer lo que otro pedagogo, perdido también, llamaba el arte de educar en esencia.

Habrán crónicas sobre su producción especializada y testimonios de discípulos con quien interactuó y recuerdan cómo mediante el diálogo iba haciendo que el interlocutor descubra aquello que era motivo de consulta, de consejo, de curiosidad. No imponía, no recomendaba. Daba pistas respetando al otro que tenía enfrente. Habrá testimonios importantes y anecdotarios también que permitirán tener el perfil de la persona que marcó con su enseñanza a más de una generación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica del Perú, sin desconocer a otras instituciones especializadas. Todo ello da la dimensión del educador perdido.

Luis Jaime se volvió el referente obligado tanto en política educativa como en el quehacer de la educación en el estudio y en el desempeño en el aula. Desde ese ángulo es necesario recordarlo pues a los maestros que fuimos sus alumnos y los demás que lo conocieron no por sus sabias lecciones en la Universidad sino por los artículos periodísticos que desde La Prensa, el Observador y estos últimos años en La República llegaban a los confines del país. Existen maestros que esperaban el domingo para leer el artículo y luego fotocopiarlo para distribuirlo en el sindicato, en la escuela. Comentarios tal vez simples, no académicos, pero sentían que les escribía para ellos, los maestros que lo conocieron por el periódico. No sé si alguna vez conoció Luis Jaime este detalle, pero lo rescato pues dice bien de cómo su mensaje se volvía enseñanza y nutría a docentes que sabían de su sapiencia y experiencia.

En estos últimos años hemos disfrutado desde 2008 hasta este último 16 de enero de su columna dominical que llamaba Aula Precaria. ¿Por qué eligió ese nombre? No he encontrado una respuesta, por ello supongo que nos quiso recordar dominicalmente que el aula desde la que se dirigía era de escasa estabilidad, seguridad o duración. También se referiría a que dicha aula carece de los recursos y medios económicos suficientes. Que eso es la educación en el Perú. Y fina y sutilmente nos lo recordaba, antes de entregarnos su preocupación central.

Veamos algunas reflexiones que seguirán repicando entre todos los peruanos y de manera especial en quienes tienen el deber de dirigir al país por los cauces educativos en donde el ser humano es el eje y la razón de ser del esfuerzo no sólo económico sino intelectual.

Para quienes les gusta hablar de calidad de la educación –y ahora último hemos visto y presenciamos a las autoridades y a quienes postulan en las elecciones-, Luis Jaime dijo:“Una educación de calidad debe asegurarnos alumnos bien informados, conscientes de lo que vale la moral y de lo que significan los valores; con sólida formación cívica y enriquecidos con el saber. Una educación de calidad solamente puede ser ofrecida por maestros de clara vocación, preparados para ejercer profesionalmente la docencia. “La educación es fundamentalmente interacción de sujetos que aprenden (estudiantes) y sujetos que enseñan (docentes)”. La razón de ser de los maestros y maestras es “promover aprendizajes óptimos y pertinentes”. “Lo dice un documento del Consejo Nacional de Educación. Esa calidad de formación docente la garantiza ahora la nueva carrera pública magisterial. Una sociedad respaldada por una educación de calidad puede confiar en que educa a una comunidad capaz de asegurar el progreso y caminar rectamente hacia el porvenir. (Educación y calidad en el Perú. En La República, 31/05/2009).
Pero ¿qué es el magisterio? Reflexionando sobre Enseñar en el Perú luego de consideraciones muy importantes expresa: “El magisterio es una carrera profesional que se vive con ardorosa pasión y decidido empuje. No es un empleo circunstancial que nos distrae. Maestro que no esté concentrado en lo suyo está desmintiendo la imagen magisterial. Si hablamos de una ‘carrera’ hay que admitir que estamos aludiendo a una continuidad, que supone etapas: ingreso, marcha (y ascensos progresivos en la marcha) y cúspide. Esos ascensos están relacionados con el esfuerzo docente y los logros estudiantiles, y no con la antigüedad en el magisterio. La antigüedad sólo es mérito cuando va felizmente asociada a la calidad del aprendizaje, fruto de una enseñanza calificada. Y para que los ascensos no estén librados a circunstancias ajenas a la vida laboral, la ley previsoramente ha fijado los periodos en que el Estado debe convocar a concursos, que deben ser preferentemente bianuales. Claro es que debemos entender que, tratándose de una carrera, los deméritos conllevan medidas explicables en todo sistema de evaluación”. (Enseñar en el Perú. En La República, 13.09.2009)
Muchas críticas sin duda tuvo esta opinión. Reflexionaba con claridad desde su ferviente identidad de maestro, más allá de los intríngulis políticos que se han venido tejiendo. Su autoridad académica y profesional lo ponía por sobre estas rencillas domésticas. Y estas se daban tanto desde el Estado como desde la agremiación de docentes. Zanjaba de manera inmediata las disquisiciones sobre el tema sin complejizarlo. Así decía “Si existe, pues, una carrera magisterial, imprescindible es que nos preguntemos cuáles son los requisitos para acceder a ella. ¿Solo buena voluntad y entusiasmo? Por lo pronto, no basta haber terminado los estudios secundarios. Hay que tener conciencia clara de nuestra condición de país pluricultural. Desde el inicio debe quedar establecido que hay que merecer ser candidato a maestro. Un estudiante crecido en zonas costeras debe estar preparado para enfrentarse (si el destino así lo determina) a sus compatriotas del Ande o de la Selva. Debe, por tanto, estar vivamente interesado en compartir con ellos la vibración espiritual que los identifica como peruanos. Como peruanos del siglo XXI, necesitados de conocer las urgentes necesidades de los muchachos de estas generaciones nuevas para que la enseñanza pueda ofrecerles el camino correcto que conduce a la felicidad, la justicia y la verdad. ”. (Enseñar en el Perú. En La República, 13.09.2009)
Mirando a lontananza, Luis Jaime siempre se preocupó de lo que vendría, de los nuevos retos. Sobre el presente siglo su reflexión fue: “Estamos desarrollando la primera década del siglo XXI y nos apena comprobar que en muchos círculos todavía no se ha abierto paso el nuevo concepto de las Humanidades. Hablar de un nuevo concepto del término es, en realidad, un grave error. Lo que ha ocurrido es que las humanidades están recobrando su real significación y están actualizando su valor inicial. Es en el mundo universitario donde se advierte el problema con más eficacia, y es desde ese mundo de donde debe partir nuestra llamada de alerta. A medida que el conocimiento se nos va revelando como fruto del trabajo interdisciplinario, y de que hemos venido interesándonos por el qué y el cómo como modos de la realidad, estamos volviendo a las viejas lecciones de los griegos. Es el progreso tecnológico de los últimos 50 años el que ha devuelto al mundo griego el ímpetu y el ancho dominio de las humanidades.”
“A la universidad correspondía trabajar, en el siglo pasado, en ese campo, y es por eso por lo que cada vez que en las discusiones pedagógicas se tocaba el tema de las “humanidades”, la esfera consultada era necesariamente la universitaria. Ahora se impone reflexionar para adquirir una idea más clara del asunto. Desde la conferencia mundial sobre Educación Superior, convocada por Unesco en 1998, se ha venido observando cómo el fenómeno de la globalización y las exigencias de la sociedad de consumo han terminado por generar en el mundo universitario, tanto como en el mundo escolar, una conciencia clara del mundo cultural. La tajante división de las disciplinas, que fue fruto de discusiones intensas de nuestra vida escolar y universitaria, se está reemplazando, claramente, por una conciencia de la interdisciplinariedad.” (Pensar en el siglo XXI. 17.01.10)
También pensaba en la escuela y su rol en este nuevo siglo y el enfoque que debería tener. No ajustaba su discurso a la política del gobierno de turno, todo lo contrario, daba pistas para un reflexión mayor que diese contenido teórico a la propuesta que era impulsada. Concerniente a la escuela en este siglo nos dijo: “La escuela no puede estar ajena a esta realidad (se refiere a la descrita en el párrafo anterior). Desde ella, el alumno debe estar preparado para saber que no hay respuestas definitivas para cada problema, que debe ser abordado desde varias perspectivas, con espíritu crítico. Hay una manera de que esto se entienda desde la esfera escolar. Basta con observar que tan importantes para la formación son el arte y los deportes, como Antropología, Matemáticas, Lingüística y Geografía. Quiere decir que antes de iniciar una especialización, el candidato debe hallarse interdisciplinariamente preparado. Estas son las razones por las que los grandes pensadores de la hora han hecho del tema su gran preocupación. Esa reflexión nos sirve, por lo pronto, para no hacer de la interdisciplinariedad un “comodín metodológico”. En el fondo, debemos reflexionar sobre el saber y sobre el conocimiento. Se trata de entender que ya no es tan fácil comprender al hombre y a la sociedad desde una determinada esquina del conocimiento. Por otro lado, para que el espíritu se vea beneficiado es necesario devolverle a la reflexión y a la crítica sus viejos y permanentes valores. El camino que nos conduce a esa nueva realidad está cruzado de disciplinas diversas. (Pensar en el siglo XXI. 17.01.10)
Meses después se preocupa, por un tema que hemos venido planteando desde hace tiempo: informar, dar cuenta de lo que se hace en el sector por parte del Ministro de Educación y quienes comparten con él la responsabilidad de la educación nacional. Los informes se reducen a quejas, señalamientos de culpables y nunca una autocrítica. “Cuando hacemos frente a los informes que las autoridades y las instituciones comprometidas hacen sobre lo conseguido hasta ahora en materia de educación, comprobamos cuán desinformada está, en verdad, la ciudadanía sobre los proyectos educativos en ejecución. Poco se sabe cuánto hemos avanzado del Proyecto Educativo Nacional y cuánto queda pendiente”.
Nos preguntamos por qué las autoridades se preocupan del PEN, sólo cuando existen reuniones protocolares. A la ciudadanía se le obvia, se le ignora. Sólo se da cuenta a través de los medios de lo que es exitoso en el sector –que por lo general son construcciones o textos- ¿y lo demás? Cisneros nos dice al respecto: “La duda principal que todos deberíamos tener presente, y que es la clave del problema educativo: cómo conseguimos que se logre un aprendizaje de calidad, y que ese aprendizaje esté garantizado a lo largo de toda la república para todo tipo de estudiante. La calidad –es cosa sabida– no tiene que ver con lo que se enseña y lo que se aprende, sino en cómo se enseña y cómo se aprende. Es un asunto que concierne al método. Y el responsable, en primer grado, es ciertamente el profesor. No lo entienden bien muchos padres de familia, que creen que el método del profesor debe servir para todo el salón. El asunto está en que el método del profesor se relaciona con el alumno: con su índole, con sus aptitudes, con su capacidad y su inteligencia, con su aptitud para razonar y argumentar.
Si el profesor no conoce a los alumnos, no hay manera de que pueda ofrecer una enseñanza de calidad, ni puede esperar que los muchachos logren un aprendizaje de calidad. Los padres de familia deben comprender esta realidad. Un salón de clases congrega a muchachos de aptitudes distintas. No han ido al colegio a recibir instrucción determinada, como ocurre con los soldados en el cuartel. Han ido para recibir educación. La tarea del profesor es trabajar para que el alumno descubra y organice sus aptitudes y aprenda a ordenarlas con el objeto de organizarse como ‘persona’, con sus personales aciertos y errores. Enseñar a aprender y a argumentar son tareas que el profesor debe cumplir para iniciar la búsqueda del conocimiento. Ese es el camino. (Hora de reformar la escuela. 04.04.10)
Lo que expresa no debería ser novedad pues la fuente de su reflexión fue el Proyecto Educativo Nacional. Decía “Todo eso estaba previsto en el Proyecto Educativo Nacional (PEN). Por eso conviene analizar, a la luz de los objetivos que el PEN tuvo desde el comienzo, qué se ha logrado y qué constituye todavía una esperanzadora expectativa. Para empezar, el objetivo central del PEN es lograr la estructura del sistema educativo. Cambiar radicalmente. Un cambio de estructuras tiene que lograr, por ejemplo, que los alumnos de las escuelas urbanas reciban la misma educación que los que estudian en las escuelas rurales. No cabe discriminación de esa naturaleza, y esa es la primera lección que deben aprender los peruanos. Pero no basta haber logrado igualar los métodos en la ciudad y en el campo. Hay que hacer que la educación esté a la altura de la que se ofrece en las escuelas de otros países, que dedican a la educación una participación en el PBI superior (muy superior) al 3%, que es una penosa muestra frente a lo que pueden ofrecer, acá en América, países como México, que es del 8.2%. Para que podamos lograr un cambio radical, la ciudadanía entera debe sentirse comprometida en el cambio y, por lo tanto, en las operaciones que garantizan la radical nueva estructuración.”.(Hora de reformar la escuela. 04.04.10)
Expresa luego cómo de manera pedagógica el Consejo Nacional de Educación induce a través de preguntas lo que se requiere para asegurar los pasos que se vienen dando: “El Consejo Nacional de Educación, en un documento de su presidente, formuló cinco preguntas necesarias de plantearse para poder asegurar de verdad la reforma. No se refieren concretamente ni al alumno ni al profesor. Se refieren a la responsabilidad que el gobierno tiene que asumir (y con él la ciudadanía) para que el cambio sea efectivo. Algunas de esas preguntas tendrían que ser memorizadas por la ciudadanía. Pongo, por ejemplo, la que pregunta “cómo garantizamos a los niños, en especial a los más pequeños y más pobres, todas las condiciones que les permitan un inicio auspicioso de su escolarización”. Otra pregunta que la ciudadanía debería formularse como deber cívico: “cómo reformamos la profesión docente de un modo que abra paso a prácticas más efectivas de enseñanza en escuelas, a su vez, rediseñadas y fortalecidas”. Una de estas preguntas apunta a un aspecto que la escuela no puede ignorar: cómo se alimentan nuestros estudiantes en las zonas pobres, “en particular las rurales”. Estudiante mal alimentado en el hogar será estudiante de bajo rendimiento en la escuela: no hay manera de que se nos ofrezca un aprendizaje de calidad.
Maestros bien formados constituyen una garantía de buena enseñanza calificada. Alumnos bien alimentados constituyen modelos en quienes se puede lograr buen aprendizaje. Si constituimos de estos una preocupación necesaria y un signo claro de peruanidad, es probable que estemos trabajando por la reforma de la educación“. (Hora de reformar la escuela. 04.04.10).
A quien le cae el guante que se lo chante, dice el refrán popular. Cada uno saque su conclusión. Cisneros fue claro, directo y enfático al emitir sus opiniones. La sapiencia fruto del conocimiento, la experiencia y de haber dedicado tiempo para pensar el Perú, le da autoridad para poner por escrito lo que debería servir como lineamientos generales que puedan inspirar una política educativa centrada en el sujeto de la educación, en la institución educativa, en los padres de familia, en la comunidad. Muchos de los que se dicen sus discípulos y están en cargos públicos deben hacer de sus escritos lectura obligada para un mejor ejercicio de la función educativa.
Nos dice que “Estamos insertos dentro de un proceso de cambios radicales, que aspira a instaurar un nuevo tipo de sociedad. La educación ha sido afectada por este proceso, y se orienta ahora a robustecer la relación hombre-trabajo. Participar en esta sociedad reclama varias esferas del hombre. Acá se trata de participar en tanto que miembro del núcleo familiar responsable. En el marco aludido, la familia se integra dentro de la comunidad, y es la célula de todo este sistema social. Sin ella no tiene sentido el esquema. En la estructura de la reforma social está consagrada la intangibilidad de la familia. Porque la reforma educativa reconoce esto: los padres de familia son copartícipes y corresponsables de la educación. Pero esta responsabilidad no se circunscribe a la educación de nuestros hijos concretos: debe interesarse por el proceso de educación que afecta a todos los estudiantes del Perú. Se trata, pues, de una responsabilidad social, por la que puede pedirme cuentas la comunidad.” (Reflexiones sobre la escuela. 26.12.10)
También nos dice que “Una sólida reforma educativa es asunto de generaciones. La lograremos acá si el esfuerzo conjunto nos permite descubrir los resquicios por los que ahora se cuelan malos vientos, Si es verdad que la orientación principista suele parecer clara en las declaraciones, no es menos cierto que esa orientación todavía no se advierte con eficacia en nuestra escuela secundaria. La orientación ideológica de nuestra enseñanza tiene que ser rigurosamente humanista. Solo que esa calificación no dice, en este siglo XXI, lo que decía cuando éramos estudiantes. Las investigaciones de Bohr son avances logrados, como en la época de los griegos, por los retos del humanismo de su época.” Hoy se trata de “… revitalizar al hombre. Pero debemos revitalizarlo en esta hora concreta del mundo, donde los otros pueblos juegan su destino en medio de una gran confusión. Un alumno debe egresar de la secundaria con una clara posición filosófica ante la vida y ante los hombres, y ante la justicia y el poder. Todo eso implica ciertamente una ideología. Si creemos que una determinada ideología puede ser perniciosa, y preferimos la que nutrió nuestra propia educación, corremos el grave riesgo de malograr la educación de nuestros hijos. Apenas lo afirmo, me asusto y me preocupa el alcance que pueda darse a mis palabras. (Reflexiones sobre la escuela. 26.12.10)
Recomienda, como si fuera un asesor que monitorea el sistema educativo nacional, que se debe “Procurar que los alumnos aprendan a observar y descubran que la experiencia no solamente debe ser compañera indispensable del conocimiento, sino estímulo para mejorarlo constantemente refleja una ideología. Si los estudiantes deben ir desechando el prestigio de sus propias facultades creadoras, están recibiendo una ideología. Y si, en fin, se educan con una constante preocupación por el hombre peruano necesitado de ir afianzando su condición de tal en un medio duro, y aprenden a reconocer los diversos oficios por los cuales este compatriota es capaz de construir el Perú, y a reconocer los lugares en los que labra la felicidad de todos ellos, están recibiendo una ideología. Como la reciben cuando leen los principios aristotélicos de la verdad. Lo que ocurre es que, a nosotros, en una hora distinta, no nos preocupaban esas cosas”. (Reflexiones sobre la escuela. 26.12.10)
Para finalizar tres respuestas de Luis Jaime a preguntas realizadas por la revista Ideele de marzo de 2010 que resumen lo que es su pensamiento y querer pedagógico: “Como experto en educación, ¿qué medidas plantearías para mejorar la educación escolar, especialmente la pública? Soy docente, interesado en temas relacionados con mi diario trajín. No me considero un experto. Admito que he aprendido a vivir la educación gracias a mi contacto frecuente con maestros y estudiantes. Una mesa redonda entre docentes serviría para descubrir nuestras carencias en materia educativa. Pero, para empezar, no hay una preocupación nacional por estos temas. Hace años, el Consejo Nacional de Educación propuso un Plan Educativo, que está vigente en el papel. No dará sus frutos hasta que nosotros, como ciudadanos, no sintamos que la educación es un tema personal de cada uno. • (Entrevista por Ernesto De la Jara en la Revista IDEELE de Marzo del año pasado)

Una parte importante del país tiene como idioma original el quechua, el aimara o el shipibo, pero desde que entran al colegio estudian en castellano. ¿Cómo afecta esto al aprendizaje, la identidad, la autoestima? ¿Cómo debería ser? “Ése es el nudo umbilical que explica las dificultades para desarrollar con éxito una plausible política educativa. Todavía nos cuesta entender que somos un país pluricultural y, en consecuencia, plurilingüe. Lo tuvo en cuenta Sendero Luminoso durante sus largos años de terror. Y nunca le dieron al tema los gobiernos, la esperable atención. La política cultural bilingüe, cuyas ventajas apreció debidamente el Gobierno de Velasco, no ha alcanzado todavía sus frutos totales. Pero hay que convencerse: el niño debe iniciar su vida escolar en el idioma adquirido en la casa. (Entrevista por Ernesto De la Jara en la Revista IDEELE de Marzo del año pasado)
Que no sea olvidada la reflexión y el mensaje pedagógico de Luis Jaime Cisneros. Que su recuerdo no se diluya con los calores del verano, sino abrigue el pensamiento creativo e innovador de quienes tienen la gran responsabilidad de educar. Dijo al responder a la pregunta ¿Algún error o arrepentimiento en tu trayectoria? “Vivo en constante actitud crítica, y me es fácil reconocer errores. La docencia me ha acostumbrado a rectificarme cuando es necesario. ¡Y me rectifico a menudo!” (Entrevista por Ernesto De la Jara en la Revista IDEELE de Marzo del año pasado) . (29.01.11).